<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411</id><updated>2012-01-09T22:01:16.291+01:00</updated><category term='roncesvalles'/><category term='pamplona'/><category term='santiago'/><category term='navarra'/><title type='text'>Roncesvalles</title><subtitle type='html'>Roncesvalles carolingio y jaconeo es ese lugar histórico y legendario del Pirineo de Navarra por donde entra en España el principal ramal del Camino de Santiago. En un principio entraba por los montes de Cise siguiendo el trazado romano, pero desde el siglo XII a hoy lo hace por la hondonada de Valcarlos. Roncesvalles es sublime porque la retaguardia al mando del conde Roldán fue aniquilada por pamploneses y vascones.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>30</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-7814783381652405482</id><published>2009-03-11T18:17:00.002+01:00</published><updated>2010-05-23T20:02:57.263+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='navarra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='santiago'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='roncesvalles'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pamplona'/><title type='text'>Historia completa de Roncesvalles</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000066;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbf0iAzLDZI/AAAAAAAAMXI/LQElNIgOkzI/s1600-h/03_01_Roncesvalles.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311983150674152850" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 140px; TEXT-ALIGN: center" alt="Roncesvalles" src="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbf0iAzLDZI/AAAAAAAAMXI/LQElNIgOkzI/s400/03_01_Roncesvalles.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;Historia ordenada, completa y veraz de Roncesvalles desde las primeras entradas de gentes en la prehistoria, a los relatos carolingios y a los peregrinos jacobeos. Montes, caminos, ríos, poblaciones y edificaciones religiosas y civiles. Los personajes relacionados con el auge y caída de Roncesvalles...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgwLCbHWOI/AAAAAAAAMYI/E1UZ11RLPrQ/s1600-h/charlemagne.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312048726670792930" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 137px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="Carlomagno" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgwLCbHWOI/AAAAAAAAMYI/E1UZ11RLPrQ/s200/charlemagne.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#330099;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbhb72168rI/AAAAAAAAMaQ/qztwbKoeJPs/s1600-h/RONCES.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312096844375585458" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 230px; CURSOR: hand; HEIGHT: 40px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbhb72168rI/AAAAAAAAMaQ/qztwbKoeJPs/s400/RONCES.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo empezó en una ruta transpirenaica&lt;br /&gt;hacia la península ibérica&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;La vía natural para acceder a Navarra desde la prehistoria era Valcarlos, el valle que conoció el paso de cazadores nómadas, pastores constructores de dólmenes, pueblos, ejércitos, peregrinos jacobeos y comitivas reales. Ese fue el origen de todo lo que vendría luego con el nombre universal de Roncesvalles. Aquel Valcarlos de la leyenda carolingia existió entre la villa de St-Jean Pied de Port y la aldea de Arnéguy, aunque nunca fue conocido con ese nombre. Ese es el Valcarlos genuino de los cantares de gesta y cronicones; el lugar en el que acampaba el rey cuando tuvo noticia de la tragedia de Roldán. &lt;span style="color:#666600;"&gt;“Hacia el norte está el Vallis Caroli” (Aymeric Picaud); el valle en el que “Carlomagno permaneció con su ejército mientras morían sus guerreros en Roncesvalles” &lt;/span&gt;(Pseudo Turpín). Ese escenario, que existió y fue real, se ha pensado que tenía que estar muy cerca del “portiello de Mont Conseill que se clama Arrataqua"; el Mocossalia pórtico del antiguo Pays de Cise, uno de los siete de la Tierra de Ultrapuertos que pertenecía a Navarra y que ya en manos de Francia se llamó y se llama Basse-Navarre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbgwmve6x1I/AAAAAAAAMYQ/vDR49QvqMk0/s1600-h/02_01_Pirineo_de_Roncesvalles.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312049202622809938" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 119px" alt="Llanada de Roncesvalles" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbgwmve6x1I/AAAAAAAAMYQ/vDR49QvqMk0/s200/02_01_Pirineo_de_Roncesvalles.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Aquel espacio es el valle que recorre entre prados y sotos ribereños el Nive d’Arneguy, nombre singular de tres torrentes de origen pirenaico que se funden en el “Grand Nive” en el paraje “Les Trois Eaux” para desembocar finalmente en el Adour. El valle ha carecido y sigue careciendo de nombre en Francia, y sólo es conocido por sus términos municipales (communes). El nombre Valcarlos apareció citado por primera vez en el poema épico alemán del siglo XII “Kaiserchronik”, como “Karlestal”, que menciona la presencia legendaria de 56.000 doncellas que acudían en ayuda de Carlomagno. Las doncellas clavaron sus lanzas en la tierra y amanecieron floridas, señala la crónica. El vocablo pasó al latín como “Vallis Caroli” y de ahí a “Baill Karles” y al definitivo Valcarlos. El topónimo alemán tuvo que ser introducido en Navarra por los propios peregrinos, como creía el romanista francés Joseph Bedier, y que acabaron recogiendo los monjes que habitaban en Roncesvalles. El escritor pamplonés Arturo Campión -que dedicó parte de su tiempo a la historia y al paisaje histórico de Roncesvalles-, sostenía que aunque &lt;span style="color:#336666;"&gt;“el nombre de Valcarlos no suene hasta el siglo XII, el silencio nada prueba de su existencia anterior. Valcarlos se difundió a lo lejos en alas de la fama poética, pero comenzó siendo un nombre local muy humilde&lt;/span&gt;”. No es acertada esa apreciación, tratándose de tierras completamente inhóspitas y deshabitadas hasta avanzado el siglo XIV, en tanto que nadie deseaba establecerse, ni constituir un vecindario con casas y posesiones, en una tierra expuesta a saqueos y campañas depredadoras en una de las rutas más transitadas del continente europeo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valcarlos perduró y perdura en el actual municipio de clara transposición toponímica, lo normal en un tiempo en que los elementos locales más insignificantes podían hacerse extensibles a los nombres de las comarcas. El Valcarlos de hoy arranca en Arnéguy, la recoleta aldea fronteriza que hasta el siglo XVII aún dependía eclesiásticamente de la parroquia valcarlina. Valcarlos no es valle propiamente dicho, sino angosto barranco, profundo desfiladero y tierras altas entre arroyos, cascadas y hayedos que conforman una “basaburua” en euskera antiguo. Hay parajes en lo más hondo en los que las dos laderas descienden en cuña hasta casi tocarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgwyURy1bI/AAAAAAAAMYY/Cz8wdjSycIs/s1600-h/02_02_Llanada_desde_Burguete.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312049401478436274" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 120px" alt="Campos de Roncesvalles nevados desde Burguete" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgwyURy1bI/AAAAAAAAMYY/Cz8wdjSycIs/s200/02_02_Llanada_desde_Burguete.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los relatos del siglo IX vieron en ese ámbito el escenario tenebroso del desastre carolingio, que englobaban en un ambiguo “Pyrenaei saltum” o “Pyrenaei wasconum" de "lugares angostos" (angustus locus), "tupidos bosques" (opacitas silvarum) y "estrechos caminos" (angustiae viae). El entorno lo describió del mismo modo, ilustrado con topónimos, José María Jimeno Jurío: &lt;span style="color:#660000;"&gt;“El formidable paisaje de La Reclusa, con las imponentes moles de pizarra gris del Mirachilota, al norte de Gañecoleta, combinadas con las praderas y los bosques verdes por Olaberri y los acantilados rocosos que parecen acechar peligrosamente al caminante desde lo alto de Chirrisquin, hasta salir a la fosa de Gorosgaray, desde donde se contempla la hondonada cubierta de boscaje de hayas y la cima de Ibañeta señoreando desde el portillo el fabuloso paisaje."&lt;/span&gt; Nada ha cambiado al parecer. Las apreciaciones siguen siendo las mismas a los ojos de los peregrinos, que durante varias horas de ascensión tienen tiempo para observar y reflexionar en la trascendencia que tuvo que tener el Pirineo. Los cantares de gesta y los cronicones del siglo XII seguían mencionando angosturas y alturas circundantes, que ceñían a un topónimo que correspondía a toda la comarca francesa: Sizera (Nota Emilianense), Sizer (Chanson de Roland) y Ciserei (Crónica Turpini). En ese espacio entre montañas donde “quiebra el Pirineo”, en expresión de José de Moret (s. XVII), sobrevino la tragedia para mucha gente. El escenario exacto estaba entre Ibañeta y el desfiladero de la Reclusa, únicos parajes posibles para aniquilar a una fuerza militar de aquella magnitud. Los atacantes fueron vascones de los valles más recónditos de ambas vertientes pirenaicas, no muy apartados. La rapidez con que discurrían los acontecimientos desde que los francos derribaron las murallas de Pamplona, no permitía mayores dilaciones, por lo que no es factible que hubiesen podido concentrarse más de 300 hombres, suficientes en un entorno absolutamente favorable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arremetieron desde la cara norte del monte Guirizu lanzando dardos o "azconas" y piedras proyectadas con cestas, y sobre todo, echando a rodar monte abajo peñascos como los que cabe ver entre los hayedos. El ataque se desencadenó primero sobre la cola, extendiendo el pánico al resto de la retaguardia, lo que motivó el despeñamiento por el hondo barranco que bordea el camino milenario que de Ibañeta sale al caserío Guardiano. Los francos ni podían pasar a las tierras bajas de Arneguy por impedírselo el desfiladero que es de suponer que tenían cortado los vascones, ni encaramarse al collado con el propósito de buscar el campo de lucha en el llano de Roncesvalles, que les hubiera dado la victoria. El aniquilamiento de la mayor parte del ejército debió de producirse pronto. Tampoco disponían de mucho tiempo ante el riesgo de un repentino regreso de Carlomagno y su vanguardia, como así fue, por lo que la huida debió de ser rápida, casi con seguridad habiendo recurrido al camino de Palomeras que de Ibañeta conduce al collado de Lindux, que les habría permitido alcanzar los intrincados montes de Quinto Real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgxBE2kd2I/AAAAAAAAMYg/ujbVq0-7IDQ/s1600-h/03_02_Itzandegia-Santiago-S.Spiritus-La%20Posada"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312049655035754338" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 96px" alt="Roncesvalles" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgxBE2kd2I/AAAAAAAAMYg/ujbVq0-7IDQ/s200/03_02_Itzandegia-Santiago-S.Spiritus-La%2520Posada" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;La emboscada a Roldán según Anales &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;y Crónicas de los siglos IX y X.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Anales no eran crónicas, sino una ordenada compilación de hechos acaecidos al cabo de los años. Los más notorios fueron catalogados y estudiados por Ramón Menéndez Pidal. Los "Anales Mettenses Priores” (hasta el 805), anónimos, escritos en Metz a los 25 años de la masacre, son los más cercanos en el tiempo y aunque “silencian el desastre son valiosísimos por cuanto anotan expresamente la ruta seguida por Carlomagno entre Aquitania y Pamplona”, puntualizaba Jimeno Jurío. Era la primera vez en que se constataba que los francos habían cruzado el "Yugo de los montes Pirineos", otra de las maneras con que identificar Ibañeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los “Anales Mettenses Posteriores” (hasta el 903) también dan cuenta del retorno del monarca: “Arrojados de Pamplona los sarracenos y derruidos los muros de la ciudad, subyugados los vascones hispanos y los navarros, regresó a Francia" (in Franciam reuertitur). Los "Anales Regios", anónimos, aunque falsamente atribuidos a Eginhardo, fueron escritos a los 50 años de los hechos: "Habiendo decidido volverse (a Francia), entró en los bosques del Pirineo (Pyrenei saltum ingressus est), desde cuyas cimas los vascones habían tendido una emboscada. Al atacar a la retaguardia (extremun agmen) se extiende el tumulto por todo el ejército."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgxO9hsXpI/AAAAAAAAMYo/Fy3AXPvUX0k/s1600-h/03_04_Torreon_de_Sta_Maria.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312049893587312274" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 145px" alt="Torreón del siglo XIV de la iglesia de Santa María de Roncesvalles" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgxO9hsXpI/AAAAAAAAMYo/Fy3AXPvUX0k/s200/03_04_Torreon_de_Sta_Maria.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los cronistas propiamente dichos arrancan con la figura principal de Eghinardo, el biógrafo de Carlomagno, cuyo relato “Vita Karoli Magni”, realizado 50 años después, es el más preciso y documentado: &lt;span style="color:#663333;"&gt;“Marchó a Hispania... Al regreso, en la misma cima de los Pirineos, tuvo que experimentar la perfidia de los vascones cuando el ejército desfilaba en larga columna, como lo exigían las angosturas del lugar. Los vascones empujaron al barranco a la columna que escoltaba la impedimenta que cerraba la marcha, provocando que los hombres se precipitasen al valle situado más abajo, y trabando la lucha los mataron hasta el último".&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El llamado Astrónomo Lemosín, biógrafo de Ludovico Pío, se alejó un poco más, 60 años. Fue impreciso con los motivos de la expedición a Zaragoza, pero exacto con los escenarios de la hondonada a su entrada en España. &lt;span style="color:#666600;"&gt;“Decidió atravesar los escarpados Pirineos. Había una montaña muy alta de escarpadas peñas, sombría por los tupidos bosques, tenebrosos y oscuros, y con estrechos senderos que entorpecen el paso tanto de un gran ejército como de un pequeño grupo. Los hombres de la retaguardia fueron degollados en la montaña.”&lt;/span&gt; El llamado Poeta Sajón es el que más se alejó de los hechos, un siglo, limitándose a dar un resumen de lo que se conocía, y aunque excepcionalmente reveló lo que nadie había hecho, que el rey iba por delante y que había pasado los puertos cuando se produjo el asalto, hay que convenir que se trata de una referencia personal. &lt;span style="color:#003300;"&gt;"Habiendo penetrado (el rey) a su regreso en la profunda hondonada del Pirineo, cuando el ejército cansado atravesaba por los estrechos senderos, los vascones osaron poner asechanzas bajo el sumo vértice del monte. Arrebatan el inmenso botín, matando a varios ministros palatinos encargados de custodiar las riquezas&lt;/span&gt;".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;Los Bárbaros fueron retenidos en Valcarlos&lt;br /&gt;entre el 407 y 409&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El desfiladero siempre estuvo presente. En el siglo V fue posible gracias a él contener durante casi dos años la invasión peninsular de los Bárbaros -suevos, alanos y vándalos- que en el invierno del 406 habían logrado romper el limes romano cruzando el Rin helado. Aquellos hechos merecen atención para comprender la trascendencia del desfiladero. Se ha calculado que pudieron ser unos 300.000 entre hombres, mujeres y niños, la mayor parte suevos, que conducidos por unos 80.000 guerreros, arrasaron la Galia y avanzaron hacia los Pirineos que tenían intención de cruzar a finales del 407 por el único lugar posible, Valcarlos, pero lo impidieron los hermanos pamploneses Dídimus y Verinianus. San Isidoro de Sevilla fue el primero en dar cuenta de aquellos hechos: &lt;span style="color:#330099;"&gt;"Irrumpieron con ímpetu directamente hacia los Pirineos, donde los esperaban Didymum et Veranianum, romanos nobilísimos”.&lt;/span&gt; Joaquín Arbeloa, medievalista navarro, conocedor del terreno, no vaciló en determinar que el éxito radicó en Ibañeta: "Apostados en las cumbres de Ibañeta, les cierran el paso con una hueste particular de siervos y colonos vascones”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se repitió muchas veces que los bárbaros cruzaron por la vía romana transpirenaica, lo cual resulta muy difícil de creer tratándose de miles de personas desplazándose por parajes abruptos, expuestas a vientos gélidos y a extravíos, sin manantiales, sin leña que cortar de bosques inexistentes y sin pastos para los animales. Tampoco en aquel caso los hermanos pamploneses habrían podido apostarse en ningún lugar alto para contener dos años a tanta gente. Lo mismo cabe aplicar en las emboscadas a los ejércitos carolingios en el 778 y 824, que de haber partido por la vía romana, nunca los vascones hubieran osado atacar. Hubo más casos y hubo más situaciones iguales en la historia. Los carolingios salieron por las angosturas de Valcarlos. Tránsito lento y pesado el que llevó la retaguardia atacada en estiradas columnas. Los cálculos de Ramón Menéndez Pidal los reprodujo José María Lacarra, y dan idea de que tanta gente es imposible absolutamente coparla de golpe en cualquier paraje de la travesía romana: &lt;span style="color:#3333ff;"&gt;“Los cuatro mil caballeros de la vanguardia y grueso del ejército, en fila de tres o de dos de frente con sus peones, ocuparían unos siete kilómetros de camino. La retaguardia, con sus mil caballeros y los mulos y carros de la impedimenta, ocuparían de dos a tres kilómetros”…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;El último "roncesvalles", a punto de llegar en el siglo XVII&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valcarlos siempre ha sido la difícil travesía pirenaica que culminaba en Ibañeta. El collado fue relacionado al cabo del tiempo como sublime lugar de llegada de los peregrinos, como pórtico de acceso peninsular y como “cerradura de los peligrosos pasos pirenaicos”. Quien controlaba el collado impedía que nadie entrase por Valcarlos. Sólo en una ocasión gente foránea se había hecho con el collado por sorpresa. Los hechos, rigurosamente históricos, apenas se conocen y merece la pena recordarlos. Todo sucedió un 21 de marzo de 1684 que pudo ser de consecuencias nefastas para Navarra. Aquella mañana subía por Valcarlos un ejército de 10.000 hombres -6.000 de infantería y 4.000 de caballería, más otros 900 de repuesto en San Juan de Luz-, que mandaba el mariscal de Francia Bernardin Gigault, marqués de Bellefonds (1630-1694), uno de los militares favoritos del rey de Francia Luis XIV, el Rey Sol, que acababa de declarar la guerra a España por las posesiones de Luxemburgo y los Países Bajos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Florencio Idoate, en "Rincones de la historia de Navarra" (1979), dio cuenta de aquella expedición, que aunque definió como "pequeño zarpazo" y "ligero amago", pudo convertirse en el último "roncesvalles" de la historia de haberse presentado a tiempo en el collado de Ibañeta los 800 paisanos navarros a los que a la sazón se les encomendó la misión de contención del francés. Insólito fue todo lo que ocurrió aquel día. Insólito que nadie en Navarra se percatase de que desde hora muy temprana subiese aquel ejército por Valcarlos y que lo hiciese a duras penas y con gran retardo debido a una intensa nevada caída durante la noche anterior. Insólito también que permaneciesen en Ibañeta y que, transcurridas 24 horas cabales a la espera de recibir órdenes, se retirasen hacia Francia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbgxj9Y3NwI/AAAAAAAAMYw/YoXWvGl_8qk/s1600-h/03_05_Pastizales_de_%20Burguete.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312050254327527170" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 121px" alt="Pastizales de Burguete, cerca de Roncesvalles" src="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbgxj9Y3NwI/AAAAAAAAMYw/YoXWvGl_8qk/s200/03_05_Pastizales_de_%2520Burguete.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Ya con el mariscal Bellefonds en Ibañeta, el Virrey de Navarra, Iñigo de Velandia, informó a la Diputación: "La última noticia que acabo de recibir es de estar ocupado el puesto principal dentro de los límites del Reyno, en la ermita de San Salvador de Ybañeta." Inmediatamente se procedió a ordenar lo acostumbrado en esos casos: la "llamada a fuero " que tanto temían oír los habitantes de los valles pirenaicos de Esteríbar, Erro y Arce, los más cercanos, obligados a acudir a la taponadura de los pasos fronterizos siempre que amenazaba el francés, cuya amarga queja oficial dirigida a las autoridades llegó días después: &lt;span style="color:#336666;"&gt;"Con la brevedad que pide tan peligroso accidente, sin tener tiempo para llevar provisión ninguna, habiendo sido los primeros que acudieron a la defensa de los pasos, no se les había socorrido con cosa alguna".&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;Valcarlos, la tierra yerma transpirenaica&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valcarlos conoció tarde la presencia humana estable hasta tanto peligros y temores de invasiones no se disiparon con la consolidación del Camino de Santiago y el establecimiento de un oportuno rosario de hospitales y monasteriolos, dependientes en un principio del monasterio de Leyre y posteriormente de Roncesvalles, que facilitaban el tránsito al puerto de Ibañeta. Así, el Capeyron Roge, el Caballo Blanco, La Reclusa, o el último, ya cercano a la cima, acaso donde se ubica el caserío Guardiano: "Cierta casa u hospital situada y puesta en el lugar llamado Gorosgaray", que los monjes de Roncesvalles compraron a los de Leyre en 1279. La primera comunidad vecinal se formó con el nombre de Irauzqueta a mediados del siglo XIII, que quiere decir, “lugar de reunión vecinal”, que pasando luego a ser parroquia de San Juan de Irauzqueta (posteriormente, de Santiago), en cuyo entorno se creó la villa de Valcarlos: el barrio de Elizalde, “al lado de la iglesia”, que aún existe. No hay que dudar que los primeros pobladores tuvieron que ser mayoritariamente franceses por razones obvias de proximidad. Los navarros tardaron en llegar, acaso porque primero urgía establecerse en los valles entre el pie cispirenaico y Pamplona. “Los habitantes de Valcarlos vivían en un estadio económico primitivo, dedicados a la ganadería y cosechando frutos naturales hasta principios del siglo XIV”, anotó Jimeno Jurío. La primera obligación fue pagar los diezmos del ganado a la recién fundada parroquia. Luego llegaron los cultivos, con los que también contribuían. “Las tierras recién roturadas y por otros predios sitos en el valle, que de poco tiempo acá han sido puestos en cultivo”, acreditaba un documento de 1333.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#009900;"&gt;Luzaide, el otro nombre de Valcarlos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde 1998 Valcarlos no está solo. Luzaide, un topónimo local, encabeza hoy la denominación oficial, pese a que no haya estado nunca relacionado con ninguna población. Se conoce su existencia desde 1313, y debió de empezar como nombre del gran desfiladero de La Reclusa, relacionado directamente con el típico fenómeno de las turbulencias del aire que generan los espacios angostos intramontañosos. La traducción correcta es “aire angosto o viento de angosturas” que corre por las “ateas” (puertas, literalmente), que José María Iribarren definió como "gargantas o estrechuras de un valle". Hay algunas interpretaciones que pretenden derivarlo de "camino largo", concibiendo que de "aide" procede "bide", lo cual es una solución muy forzada. La distinción de territorios en esta parte norteña pirenaica debe quedar clara: El genuino Valcarlos es la parte comprendida en el llano francés de Arnéguy a las inmediaciones de St-Jean Pied de Port. El actual municipio navarro situado entre la frontera de Arnéguy-Pecocheta y el collado axial de Ibañeta sería el espacio del Luzaide local, que nunca estuvo relacionado con población alguna, insistimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#009900;"&gt;Los montes del "Iter XXXIV"&lt;br /&gt;en el Itinerario de Antonino&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Pero la ruta natural de siempre por Valcarlos desde el llano de St-Jean Pied de Port conoció otra de carácter excepcional en el trazado de la vía romana XXXIV, según denominación posterior del “Itinerario de Antonino”, que arrancaba del “Imus Pyreneus” o Pirineo Bajo, ubicado en las inmediaciones del pueblo de St-Jean le Vieux y que por la aldea de St-Michel, atravesaba perpendicularmente el Pirineo en dirección a los pasos, a cada cual más alto, de Orisson, Leizar-Atheka, Itzandorre y Lepoeder, el más elevado, desde el que se divisaba Roncesvalles y desde el que se descendía a Ibañeta, unos 400 metros más bajo. A que tiempo corresponde la "Iter XXXIV", quienes la concibieron y quienes recurrieron a ella, se presta a imprecisiones y anacronismos. Lo es sostener que el invierno del 74 al 75 a.d.C. lo pasó el general Pompeyo, fundador de Pamplona, en el campamento militar levantado en terrenos de la futura Navarrería, donde el solar de la catedral, con el fin de mantenerse cerca de los pasos de Roncesvalles y recibir desde Aquitania los suministros que requería para proseguir las campañas guerreras contra el general Sertorio, sublevado en Osca, Huesca. Julio César aún no había concluido la conquista de las Galias. Faltaba Aquitania, lo que no ocurriría hasta el 55 a.d.C. tras someter Publio Craso a los últimos pueblos de la región, obligándolos a retroceder a las montañas pirenaicas. Malamente había posibilidad de trasportar mercancías. El acceso vendría muy pronto, constituyéndose en el primer paso transpirenaico que no existía tan a occidente, según opinión del historiador de Roma, Theodor Mommsen. Los primeros trabajos de medición debieron iniciarse bajo la dirección del general Marcus Vipsanius Agripa (63-12 a.d.C.), íntimo colaborador del emperador Augusto, famoso en Hispania por someter con toda crueldad e inmisericordia a los pueblos del Norte que se sublevaron enérgicamente mediante la táctica guerrillera entre los años comprendidos entre el 29 y el 19 a.d.C. Su prestigio en Roma le venía del entusiasmo que mostró siempre por las grandes obras públicas, no en vano estaba considerado el artífice de las vías que recorrían las Galias con centro en Lyon. Es revelador en ese sentido que Agripa, poco antes de guerrear en Hispania, estuviese destinado un año en Aquitania, entre el 39 y el 38 a.d.C., con la misión de sofocar los últimos coletazos rebeldes, periodo que coincide con el inicio de los trabajos de construcción de la vía interpirenaica. Trasladado precipitadamente a Roma, fue sustituido por el general Valerio Mesala Corvino en año 27 a.d.C., que también alcanzó renombre por haber sofocado los últimos alzamientos del lado norte del Pirineo, a las que acorraló finalmente en los barrancos del País de Soule o Zuberoa, una de las tres provincias vascofrancesas. Pero en aquella ocasión ya no se trataba de los últimos aquitanos insumisos, sino de vascones no romanizados, que llevaron a cabo asaltos rápidos y emboscados, presumiblemente sobre la legión que trabajaba en la apertura de la vía, en previsible oposición al trazado del camino militar que, en cualquier caso, iba a trastornar sus vidas cruzando los pastizales que frecuentaban desde la prehistoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salvo aquellos incidentes, la vía tuvo que concluirse en tres años, entre el 27 a.d.C. en que toma la dirección Mesala Corvino, y el 24 a.d.C. de su inauguración, que coincide con la partida de Hispania para Aquitania de Augusto, el emperador de Roma durante cuyo mandato nació Jesucristo. César Augusto había entrado por el puerto marítimo de Tarragona con el propósito de dirigir personalmente desde tierras burgalesas las campañas del Norte peninsular, pero su hígado enfermo lo obligó a abandonar la guerra, y por Roncesvalles se cree que se trasladó a algún balneario, tal vez Dax o a algún otro de la comarca del Verán. El porqué de aquella decisión romana de alterar la ruta milenaria, pudo deberse al temor natural de las emboscadas en el desfiladero de Valcarlos a cargo de los indómitos aquitanos que tanto les costó someter. El camino por Lepoeder fue siempre arduo, difícil e inhóspito para el tránsito de grandes pueblos invasores. Lo fue también para la consolidación futura de las peregrinaciones, que nunca habría llegado de haberse mantenido activa la ruta alta. Aymeric Picaud se supone que fue de los últimos en hacer esa travesía, aunque por lo mismo que se sospecha pudo perfectamente acceder por Valcarlos como los demás en el siglo XII. He a continuación algunos apuntes de los parajes m ás relevantes de la alta travesía pirenaica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#666600;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;La ardua travesía transpirenaica&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#330099;"&gt;La Vierge d’Orisson&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Pic Hostateguy (1.142) es un pico herboso, aledaño a la carretera, desde el que contemplar la imponente planta del macizo del Úrculu, el arco del collado Arnosteguy y las cimas del Bentarte y Leizar-Atheka, que constituyeron una clara barrera pirenaica respetada y temida antiguamente. El caminante atento a lo que hay en derredor, no tardará en distinguir un tramo de camino viejo, muy desdibujado por la incidencia de las aguas de escorrentía, que avanza cuesta arriba paralelo a la carretera. No es raro encontrarlos, aunque para ello suele necesitarse cierta perspectica aérea. Sobre un promontorio rocoso que se asoma al barranco destaca la figura de la Virgen con el Niño, vuelta de cara a Santiago, siempre rodeada de flores que depositan pastores y peregrinos y que tanto impresiona verla cercada por la niebla que sube por la hondonada hasta detenerse a sus pies. Ese lugar es el primer gran puerto que ha de acometer el peregrino para situarse plenamente en los pastizales neolíticos de Cize. Aún queda un trecho que recorrer hasta entrar en Navarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#333399;"&gt;Elhursaro, donde una cruenta batalla&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las inmediaciones del Pic Château-Pignon (1.166), por donde pasa la estrecha carretera que sube de St-Jean Pied de Port y hoy camino jacobeo, se halla un paraje denominado Elhursaro -“suelo nevado”-, salpicado de dolinas e isleos rocosos, que debieron servir de parapetos de las tropas españolas que se enfrentaban con las francesas. El caminante de hoy debe al menos tener conocimiento de lo que significó el lugar y los muchos muertos que supuso. Era junio de 1793 cuando las fuerzas del general Ventura Caro iban a librar una cruenta batalla con las de la Convención Francesa al mando del general Moncey, que sufrió la peor parte: 4.000 bajas entre muertos y heridos. Las pérdidas españolas debieron ser mínimas. No hubo matanza general porque los invasores pudieron refugiarse en el antiguo reducto militar del Chaâteau-Pignon, atribuido al Duque de Alba del que quedan en pie sillares desperdigados y amontonados. Aquella invasión de 1793 sembró muerte y desolación por el norte de Navarra. A su paso por Roncesvalles perpetraron irracionales actos vandálicos, considerados acciones de desagravio por lo acaecido en el siglo VIII: &lt;span style="color:#663333;"&gt;“Destruyeron la Cruz de Roldán y comunican a su gobierno que han vengado una afrenta hecha antaño a la nación francesa&lt;/span&gt;”, había anotado Jaime del Burgo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo había empezado a desquiciarse en el Pirineo cuatro años antes, en 1789, cuando triunfa la Revolución Francesa y los poderes del estado en Madrid y Pamplona deciden poner en marcha un “cordón militar en las fronteras por si llegaba la ocasión de intervenir”, señaló Florencio Idoate. Aquel plan preventivo consistió en abrir trincheras y caminos, cuando no clausurar otros. Todavía se ven parajes con huellas de aquellas medidas. Se llevó a cabo el atrincheramiento de las cimas desde el Lindux al Bentartea, pasando por Orzanzurieta y Astobizcar, que representaban “los pasos normales para toda ofensiva procedente de Francia” (Idoate). Y llegó el día en que la amenaza se hizo realidad. 20.000 españoles cerraron el Pirineo navarro. Otros tanto lo hicieron por Aragón y Cataluña. Los franceses eludieron la entrada por Valcarlos, conscientes de su peligrosidad. “El general Ventura Caro, después de ganar la batalla de Bentartea con la toma de Château-Pignon, debió de haber ocupado lógicamente San Juan de Pie de Puerto, pero no lo hizo" (Idoate).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#009900;"&gt;El peñón de Urdanasburu&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Urdanasburu (1.233) es un "rocher", un peñón que emerge entre pastizales. En su amplia gruta suelen cobijarse caballos y ovejas los días de tormenta. Ahí sestean también en las horas más calurosas del verano hasta que el sol es menos implacable. El silencio apenas se interrumpe con el monótono murmullo de los rebaños. Al pie, la carretera se arquea para salvar un barranco que vierte a Valcarlos. El camino viejo, el romano, puede observarse como cruza ese espacio hundido, que cuelga como una cuerda destensada. Otro caso claro de retroceso de la cabecera del barranco por hundimiento uniforme del terreno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#333399;"&gt;El paso por Leizar-Atheka&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ladera herbosa del monte Leizar-Atheka (1.409) invita a su ascensión, fácil y cómoda, aunque malamente dispondrá de tiempo el peregrino que ha de llegar a Roncesvalles. Hay entornos históricos y paisajísticos que requieren su contemplación desde otras perspectivas. La cima es un afilado espinazo en el que se amontonan las rocas, que parecen depositadas una a una, pacientemente. El paisaje encara el norte. Es extenso y variado, confuso y caótico, tratándose de un macizo paleozoico. Valcarlos sigue siendo omnipresente, enmarcado por las cumbres de perfiles conocidos. Los pastizales se pierden por las pronunciadas quebradas, salpicadas con "cabanes" y rediles a los que se accede por caminos que se desprenden de la carretera, la nueva arteria que discurre entre un rosario de redondeados picos que se pueden recorrer como un camino más. La ladera norte del monte parece alargarse indefinidamente entre las cárcavas del Oillascoa, el gran barranco colector de todas las aguas de escorrentía. Los peñascos desprendidos, aplanados y ennegrecidos, semejan lápidas de un cementerio que acabó desmoronándose del espinazo cimero, que parece obra de un paciente apilamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000066;"&gt;Collado axial de Bentartea&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El collado de Bentartea, con una altitud de 1.337 m. supera la mayor parte de los montes de Navarra. Pero las altitudes, hoy como ayer, no representan nada para el montañero, que juzga las alturas por el grado de dificultad que entrañan para él. Más sugerente que ese dato es saber que la latitud N.43º 03' lo sitúa en el collado axial más septentrional de toda la cordillera pirenaica. Las constataciones de esta índole empiezan a ser frecuentes por esta parte del Pirineo, y el mero hecho de conocerlas infunden estímulo en el ánimo de ese caminante solitario que decae conforme se aleja de los parajes habitados y conocidos. Bentartea es un lugar perdido de la montaña, desarbolado, situado en una encrucijada de caminos antiguos y modernos, a unos 10 kms. de Roncesvalles, equivalentes a unas tres horas de caminata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#663366;"&gt;ELIZARRA, en la travesía del Changoa&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre los collados Bentartea e Itzandorre discurre el viejo camino romano por trazado invariable desde el siglo I a.d.C. Es imposible haberlo desviado por otro sitio que no sea el hayedo de la alta ladera del monte Changoa. A su término, donde acaba el monte y aparece el Mendichipi, hay un paraje de profundo sabor rústico con la presencia de una borda, redil y manantial, que se conoce como Elizarra o Elizachar, que sigue concitando falsas interpretaciones. A unos pasos del camino, a mano izquierda conforme el caminante se dirige hacia Roncesvalles, puede verse un montón de piedras musgosas que delatan cierta disposición cuadrangular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más probable es que se trate de los restos de una antigua borda, pero hay empeño en considerar esas piedras vestigios de una capilla medieval de advocación desconocida, perteneciente a la parroquia de Valcarlos, pues el término municipal asciende hasta la cima del alargado monte axial. No se conoce referencia ninguna respecto a la existencia de una fábrica religiosa en ese paraje, casi el más inhóspito de la alta travesía pirenaica, el más sombrío, frío y envuelto en constantes nieblas, y todo aporque el paraje se llama "Elizarra", que así escrito no hay la menor duda que significa "iglesia vieja", referencia toponímica, por otra parte, muy frecuente en Navarra, que casi siempre desvela la existencia de antiguas parroquias de pueblos desaparecidos, pero nunca en las cotas más altas de la montaña. Menos verosímil es que fuera así en este hayedo del Changoa, máxime durante los siglos X y XI en que ni siquiera había en Ibañeta. Con mucha menos razón desde el siglo XII en adelante abierta a las peregrinaciones la ruta valcarlina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces las cosas resultan más sencillas si se admite, como en este caso, que "Elizarra" puede ser corrupción de "lizarra", es decir “fresno”, fitónomo también muy frecuente que pasó a la toponimia rural por la asiduidad con que el ganado visitaba los parajes en que abundaba ese árbol imprescindible en su alimentación, y con los animales acudían los pastores, qque terminaban levantando bordas, que en no pocos casos pasaron a poblaciones con el nombre de "lizarraga" (fresneda). Otro caso idéntico aparece unos kilómetros antes en la ruta intrapirenaica a su paso por Leizar-Atheka, que traducido ya se ha dicho que es “puerta del fresno”, y aunque sin topónimos de esta índole, es fácil toparse con bordas viejas que la imaginación si lo pretende las convierte en ermitas perdidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000066;"&gt;El collado perdido de Itzandorre&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Itzandorre es una angustiosa hoya que cierran las moles de Astobizcar, Orzanzurieta y Changoa, puro paisaje intrapirenaico que se puede admirar magníficamente desde el Mendichipi o Mendittipi (1.381). Desde esa perspectiva se entrevé la cara meridional del Changoa, que araña un pedregoso sendero que trepa en dirección al collado Bentartea. Hacia el sur, en todo lo alto, cuelga el arco destensado de Lepoeder sobre el que destaca el cerro Burriaguera. Comienza la última ascensión de los puertos, la más dura, hasta el balcón de Lepoeder. A la izquierda se alza la mole del Orzanzurieta, el monte más elevado de Roncesvalles, siempre al margen de la ruta. A la derecha, Astobizcar, por cuya ladera siguen rodando las blanquecinas cuarcitas silurianas, las piedras más antiguas del Pirineo, cuyo origen está en el mar que anegaba todos estos parajes hace millones de años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;Lepoeder, el puerto más alto&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lepoeder, no hay que dudarlo, simbolizó el primer "monxoi" de las tierras peninsulares. Ibañeta fue también "monte de la alegría" pese a carecer de paisaje hacia la vertiente roncesvaliana. Esa carencia la suplía con la emoción por culminar la ascensión de Valcarlos. La fuerza de estos "monxois" del Pirineo pudo ser igual a la experimentada en el universal "Mons Gaudii", "Montjoie" o "Monte do Gozo" compostelano, localizado en la cima del San Marcos. Hay lugares, sitios, enclaves, que en un tiempo tuvieron un significado, una trascendencia, y que en otro las circunstancias históricas hicieron cambiar de sino. El esplendor de la Colegiata y del hospital de peregrinos hizo enmudecer el collado en el que se gestó el Roncesvalles universal, Ibañeta, y éste a su vez acabó sepultando a Lepoeder, convertido desde el siglo XII en uno de los pasos de montaña más solitarios, exento siquiera de vestigios de monumentos o fábricas religiosas, salvo búnkers de hormigón medio enterrados. Lepoeder aparece en guías y relatos actuales traducido por "collado hermoso", y en verdad nunca nada hubo en ese paraje digno de ese calificativo. Lo es ciertamente el paisaje en la lontananza, pero los peregrinos primigenios eran incapaces de contemplar el mundo desde la perspectiva poético-lírica de un romántico, o desde la nacionalista exacerbada de un Campión o Iturralde y Suit, o desde la histórica-épica de un Sánchez Albornoz o Menéndez Pidal. Ignoraban incluso que en Roncesvalles hubiese acaecido una emboscada en la que pereció Roldán. Asomarse al balcón de Lepoeder era para ellos verse a la salida de lo más arduo del Pirineo, porque éste se consideraba que no concluía hasta las cuencas prepirenaicas de Pamplona y Aoiz-Lumbier, donde ciertamente los contrafuertes separadores de valles se deshacen por entre extensos campos de trigales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre es arriesgado aventurar significados acerca de términos descriptivos en vascuence antiguo, perdidos conceptos y modos de expresión populares y pasado el esplendor del pastoreo al que tanto deben los distintos elementos de un entorno, pero considerar el topónimo Lepoeder equivalente a "collado hermoso" es ignorar que "lepo" (cuello o collado) no se combina aquí con "eder", sino propiamente con "adar", que alude a arco, cuerno e incluso "bulto", asimilándolo de esta manera al cerro que se alza en el collado al lado de la vía romana, el Burriaguera que corona un búnker, en otro tiempo posible única referencia reseñable para los pastores que contemplaban la silueta del collado desde parajes distantes de la vertiente norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#009900;"&gt;De Lepoeder a Ibañeta. La ruta romana&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, hay empeño en desviarla por el hayedo del monte Donsimon que desciende directamente a Roncesvalles. La fiebre por los caminos viejos se acrecentó en los últimos años con el auge de las peregrinaciones a Santiago y los intentos por prestigiar la trastabillada ruta, dotándola de autenticidad y exotismo, de caminos tendidos por paisajes de gran belleza y tupidos bosques, evitando carreteras y entornos fabriles. Al llegar al paso de Lepoeder, la vía romana y el primitivo camino jacobeo, emprendían el descenso de cuatro kilómetros por los lomos del Astobizcar en dirección a Ibañeta, unos 400 metros más bajo, que era paso ineludible, no en vano fue “Summus Pyreneus”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino que va por Donsimon, del que apenas quedan vestigios, se pretende concederle una trascendencia que nunca tuvo. ¿Qué tiene de especial? Que en su día deslumbrase al ilustre Don Ramón Menéndez Pidal (1869-1968), que visitó los lugares relacionados con la "Canción de Roldán". Estuvo en Lepoeder, probablemente tras ascender por el camino del monte. En el alto determinó sin más que era el lugar de ubicación de la "Crux Caroli", la cruz legendaria que no existió en ninguna parte. También, sobre todo, que en ese collado Roldán partió la roca con la espada "Durandal" y que el escenario de la emboscada coincidía con la subida por el Donsimon. "Lo más probable es que el desastre del 778 ocurriese, no en el camino que va de las estribaciones de Astobizcar al puerto de Ibañeta, sino en la calzada que va de la falda de Astobizcar al lado oriental de Don Simón".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos dan por hecho que es tramo de origen romano. Pudo ser en un principio,. Sus constructores debieron descartarlo enseguida percatándose de los riesgos e inconvenientes que entrañaba la fuerte pendiente para el tránsito de mercancías con carros y animales de tracción. No hay que descartar tampoco que no fuese ni siquiera romano y sí ruta de la artillería del Duque de Alba en 1512, que los azadoneros enviados previamente pudieron acondicionar.1512. Luis Correa, el cronista de aquella expedición a Basse-Navarre, refirió los ímprobos esfuerzos que hubo que vencer en un monte de Roncesvalles, que no menciona, tan empinado que "casi enhiestos caminaban, pues ni añadidas azémilas a cada tiro podían tirar por el gran embargo de lodos venidas las aguas", acaso lluvias torrenciales encauzadas en el camino de la ladera del Donsimon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#330099;"&gt;El collado de Ibañeta en la historia&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ibañeta al amanecer, cuando aún la vida de los valles permanece dormida, es silencio y recogimiento en cualquier estación del año. Las nieblas de Valcarlos son frecuentes y pertinaces, y aunque las más de las veces se detienen a mitad de puerto, otras rebasan el collado y descienden enredadas entre las hayas, hasta envolver las casas e iglesias del lugar de Roncesvalles, cabecera de la llanada que ensalzó la canción de gesta. En días así, las miles de aves migratorias centroeuropeas que se desplazan hacia el sur peninsular han de permanecer a la espera en los campos franceses. La visita a Ibañeta en la fría mañana puede resultar sublime si uno cree identificar, aquí y allá, las escenas más solemnes de los escritos medievales, que flotan entre auras del legendarismo omnipresente desde el siglo IX a los literatos románticos. Las rachas de aire abren algunos claros por los que se cuela el sol que asoma por el Altobiscar. El invierno se deja notar con intensidad. Las heladas, cuando el viento sopla de norte, congelan las ramas peladas de las hayas, de las que penden cristales brillantes que tintinean al menor movimiento del aire y que acaban desprendiéndose con los primeros rayos del sol. También amanecen escarchadas las cruces que van depositando los peregrinos de los xacobeos, que enmohecidas con la humedad, se ennegrecen y pudren cual la hojarasca de los hayedos, acumulada otoño tras otoño. El prado del collado, que se vence hacia Roncesvalles, es un manto blanquecino en el que crujen las pisadas. Hay mañanas de silencio que permiten oír el paso de los caballos de humeantes lomos que cruzan de un monte a otro...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ibañeta era el “Summus Pyreneus”, que no era para los romanos el paso más alto, sino el de mayor categoría. Por el hallazgo en el collado de un pedazo de ara votiva, pudo existir un templo dedicado al "Sol Invicto", Mithra, dios supremo que unificó a los demás dioses en el siglo III, con lo cual se trataría de la primera fábrica del collado. Ibañeta para los peregrinos fue sumopuerto de la travesía pirenaica que tanta indecisión y temor tenía que infundir. Nunca se sabrá cuanta gente en el último momento decidió no cruzar los montes y volverse para sus pueblos; muchos porque ni siquiera imaginaban que se encontrarían en la vertiente de Roncesvalles. No tiene nada de extraño que desde un principio hubiese interés en que Ibañeta contase con medios de ayuda y estímulo. Las primeras alusiones al collado proceden de los anales y crónicas francas del siglo IX, que lo calificaban de "iugum", "summitas montis", "vertice montis", "summi montis" y "celso monte", siempre desde la perspectiva de la hondonada valcarlina y pensando en el desencadenamiento de la emboscada desde un lugar elevado. Imágenes de horror y muerte que llevaron consigo los supervivientes y que no tardaron en llegar a oídos de monasterios y cronistas. El paroxismo de las alturas roncesvalianas lo alcanzó el llamado Astrónomo Lemosín (siglo X), capaz de concebir un monte tan alto que "quien lo sube le parece que toca el cielo", y que tres siglos después, con no menos sorpresa, no tuvo ningún reparo en hacer suyo Aymeric Picaud, aunque sin aclarar a qué monte exacto se refería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;Roldán murió en Rencesvals.&lt;br /&gt;El collado Ibañeta&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;La copia de la “Chanson de Roland” que se conserva en el llamado “Manuscrito de Oxford”, compuesta por 4002 versos agrupados en estrofas, describe la partida carolingia hacia tierras aquitanas y el descalabro de la retaguardia que mandaba el conde Roldán, no en una emboscada sino en una batalla que no hubo nunca. Cuanto acaeció en Roncesvalles se atuvo a los deseos de Turoldus de concebir otros escenarios y otros enemigos, catapultados por la orla legendarista medieval, la imaginación de los juglares y el profundo afán moralizador de los monasterios. La canción de gesta desarrolla las escenas culminantes y más dramáticas con rapidez. Carlomagno llega al Pirineo y detiene la marcha en el collado de Ibañeta. Amanece el día 15 y se dispone a partir. El rey, a la vista de la hondonada de Valcarlos, exclama: “Veed los puertos y los angostos pasajes”. Roldán le responde: “Atravesad los puertos con plena confianza”. La vanguardia se pone en movimiento mientras la retaguardia se reparte entre el collado y la llanada. De pronto alguien anuncia que por la llanada cispirenaica cabalga un ejército sarraceno, que manda Marsilio. Roldán decide que hay que ir al encuentro del enemigo. Se enfrentan los ejércitos y llega la estrepitosa derrota franca por inferioridad numérica. El héroe, herido de gravedad en el último combate, logra abandonar el campo y encaramarse de nuevo al collado de Ibañeta, y desde el cerro que lo corona hace sonar el olifante que avise al rey. La escena se desarrolla en Rencesvals, un monte, mera transposición toponímica del Roncesvalles que se hizo extensible a la llanada hasta la villa de Burguete. Roldán, herido de muerte, “corre apresurado a guarecerse bajo un pino, y se tiende de bruces sobre la verde hierba. Debajo de él pone su espada y su olifante. Siente que ha llegado su última hora. Está recostado sobre un abrupto altozano con el rostro vuelto hacia España. Roldán ha muerto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las emboscadas pasaron; la losa del tiempo se echó encima y el ámbito de los puertos y desfiladeros de Roncesvalles se encerró en silencio secular. Pero algo extraordinario aconteció en Galicia: el hallazgo milagroso del Apóstol Santiago que determinó el surgimiento de las peregrinaciones, tímidas, muy tímidas durante los siglos X y XI, cuando la gente entraba entonces por los puertos pirenaicos del Somport en Huesca y de Roncesvalles por la alta vía romana que del alto de Lepoeder descendía a Ibañeta. La primera edificación de que se tiene noticia en Ibañeta se remonta a 1071, que según José María Lacarra se trataría del "primer núcleo documentalmente conocido de lo que había de ser el gran hospital de Roncesvalles y la mención más antigua que encontramos de un santuario en este paso del Pirineo". Aquella fábrica se debe al rey asesinado Sancho Garcés IV, llamado “el de Peñalén”, que reinó de 1054 a 1076, que promovió el “Muy noble y real monasterio de Sancti Salvatoris de Ybenieta” que puso en manos de Fortunio, obispo de Álava entre 1067 y 1087 y abad de San Salvador de Leire, pero que 39 años más tarde, en 1110, habría de pasar al todopoderoso monasterio de Leire, que se hacía cargo “in portu de Auriç unum monasterium quod uocatur Sanctus Salvador”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La donación era una de las muchas que hicieron a Leyre la infanta Ermesinda y su esposo Fortún Sánchez de Yárnoz, hermana y cuñado del rey asesinado. En 1127 cambian los reyes, cambian los obispos, cambian propósitos e intenciones, y vuelve a refundarse lo que ya existía en Ibañeta. Sancho Larrosa (1124-1142), obispo de Pamplona decide edificar un nuevo hospital a imagen y semejanza del floreciente que existía en el paso de Somport desde hacía 27 años, desde 1110. El acta fundacional precisaba entre la realidad y lo legendario: “Yo, Sancho, pecador… edifico al presente una casa para hospedar a los peregrinos en la cumbre del monte llamado Ronsasvals, junto a la capilla de Carlomagno, famosísimo rey de los francos...” (In vertice montis qui dicitur Ronsasvals). ¿Era aquella fábrica la misma que había alzado Sancho el de Peñalén, o por el contrario se daba a entender que se había construido una nueva en las inmediaciones y se le otorgaba oportunos visos legendarios a la ya existente?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aymeric Picaud, que pasó a Navarra por esos años, bien pudo ser testigo de excepción y toparse con aquellas edificaciones: bien con las ruinas de una o bien con la nueva que citaba el obispo, pero aquel personaje no hizo más que añadir confusión y más legendarismo, entre otras razones por sus oscuras localizaciones topográficas: “En el descenso del monte se encuentra el hospital y la iglesia de Roldán donde está el peñasco que el poderoso héroe Roldán partió con su espada de arriba abajo y de tres golpes... De tres tajos hendió un peñasco sobre el que se levanta una iglesia tras la cual viene la villa de Roncesvalles”. Mucho se ha debatido al respecto. Se ha dicho que Picaud se refería claramente al “pie de puerto” por lo que la fábrica a la que aludía tenía que estar en el llano, en el lugar del Roncesvalles universal. Pero en verdad en el llano sólo podía haber bosques, vaguadas y vegetación embastecida. Lo único construido y hasta cierto punto habitado estaría en “la villa de Roncesvalles” que citaba, que los conocedores de la historia de Navarra saben que aquel lugar era el Burgo de Roncesvalles, el actual Burguete, cuatro kilómetros más al sur, donde sí existió al poco de pasar Picaud una institución de acogida, en la que hay que detenerse para aclarar la confusión en la que se sigue cayendo. Jamás pudo ver la roca partida genuina, a la que nadie prestaría atención entre tantas desperdigadas por Ibañeta. Si había alguna expuesta a la vista de los caminantes, no debe haber ninguna duda en que tenía que ser idea de los monjes, dispuestos a falsear la realidad con tal de promocionar las peregrinaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la documentación de Navarra, la más antigua mención corresponde a 1101 como Ronzasvals, en la que se refiere la fundación de un hospital por el conde de Sancho Sánchez de Erro en el centro geográfico de la llanada, la “Ecclesiam et elemosinariam de Ronzasvals” sita en “villam de Ronzasvals”. En un testamento anónimo constaba que el conde de Erro era dueño del “albergariam de Ronçisuallis”. Ronzisualle era la grafía toponímica que citaba el “Codex Calixtinus”. En 1151, por una bula de Eugenio III se tiene noticia de que la iglesia de Ronzisualle pasaba a depender del monasterio oscense de Santa Cristina de Somport. Poca o ninguna trascendencia tuvo aquella institución, tal vez por alejada del pie del puerto. En Ibañeta, el hospital del obispo Larrosa del año 1127, tampoco estaba destinado a perdurar. Las causas para su traslado pudieron estar en la dureza de la vida en el collado, inhóspito entre nevadas, vientos gélidos, nieblas, tormentas, falto de agua y sin posibilidad de cultivar nada, por lo que a los cinco años de su erección se decidió trasladarlo al llano. Iba a nacer el nuevo y definitivo enclave de Roncesvalles, que habría de chocar desde el primer momento con el genuino de la villa del Burgo de Roncesvalles. “Se trasladaron los edificios abaxo, al pie de la sierra” (Juan de Huarte), es decir, “ad radicem maximi montis Pirenei”, matizaba con magnificencia el códice anónimo “La Preciosa”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aquel nuevo hospital del no hay la menor referencia arquitectónica, ni siquiera su ubicación, iba a ganar fama muy pronto, “favorecido por reyes, nobles, papas, eclesiásticos y gentes” (Jimeno Jurío), que hizo que en sólo dos años, en 1134, fuese dotado con una partida de bienes procedentes del cabildo de la catedral Pamplona. Pero cuál sería su emplazamiento. “La Preciosa” indicaba “ad radicem maximi montis Pirenei”, y “ad” correspondía a “junto a…” o “hacia…” Nadie se atreve a indicar el lugar exacto, aunque se sospecha que pudo ser el solar de cuidado césped frente a la iglesia-colegiata de Santa María, donde hay claros vestigios de arcos fajones de acentuada curvatura, que pudieron sostener una techumbre alta y pesada, y una puerta tapiada, acaso del acceso principal de cara al monte, mucho antes de que se interpusiese la Casa de Beneficiados. Se desconocen medidas y estilo arquitectónico, aunque es factible que fuesen similares a las de Itzandegía, el hospital que pudo sustituirlo en sus funciones. A los dos años de su erección, en 1134, Sancho Larrosa, a ruegos del nuevo rey de Navarra, García Ramírez el Restaurador -que mostró desde el primer momento un gran interés por Roncesvalles-, fue favorable a seguir manteniendo el “sustento del hospital y su misión de hospedar a cuantos peregrinos vengan”. (Ad sustentationem hospitalium huius hospici atque aliquantulam refectionem peregrinorum inde transeuntium”. Se dispuso en 1135 por el obispo y el prior Ponce, y en 1137 por el prior Adeodato, que como los bienes provenían del cabildo de Pamplona, Roncesvalles debía de tener a su cargo una comunidad de canónigos regulares de San Agustín. Al frente del mismo se puso el longevo prior Sancho. En 1137 se confirmaron las donaciones del hospital recurriendo al Papa Inocencio II, que determinó que Roncesvalles quedase bajo su entera protección. “La Preciosa” difundió sus mayores loas: “La casa para todos está abierta la puerta. A enfermos y a sanos. No sólo a católicos, sino a paganos, judíos, herejes y vagabundos. En ella se lavan los pies a los hombres. Se les hace la barba, se les corta los cabellos. Aquí se atiende con mucho cuidado a los que caen enfermos”. Pero la imprecisión, las lagunas, asoman de nuevo en Roncesvalles. Los parabienes del poema podían ir dirigidos tanto a la institución promovida por el obispo como a la del rey Sancho VII que por el siglo XIII habría de alzarse. “Verum strenuissimus vir, Rex navarrorum, construxit ecclesiam hic peregrinorum”, e incluso a la que promovió el rey sucesor Teobaldo I, que es quien precisamente tomó en 1234 al hospital bajo su protección, por la caridad y el buen trato que dispensaba a los peregrinos más pobres. “Attendentes charitatem permaximan que pauperibus et infirmis benigniter exhibetur in hospitali Roscidevallis, sicut fama per orbem predicat universum”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmGQR5cOII/AAAAAAAAMaw/peD2j0xn7Y0/s1600-h/image018.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312424849700567170" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 223px" alt="Parte posterior de las dependencias de Roncesvalles" src="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmGQR5cOII/AAAAAAAAMaw/peD2j0xn7Y0/s320/image018.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#666600;"&gt;Ibañeta al cabo del tiempo...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;“Los edificios inmediatos a San Salvador irían reduciéndose poco a poco hasta desempeñar oficios subalternos y de mero desahogo”, escribió Campión. Del mismo modo pensaba el canónigo erudito de Bayona, Jean Baptiste Daranatz: “En el siglo XII, Ibañeta estaba deshabitado. No había monasterio, ni monjes ni orden religiosa ni orden militar”. En Ibañeta, tras el desmantelamiento de 1127, debió de quedar al menos una sencilla iglesia que actuaba como refugio de caminantes y de la cual vuelve a hablarse en el siglo XVI. Las referencias escritas nunca dejaron de constatar que en el puerto había algo, aunque posiblemente mucho menos de lo que suponían. Se decía que la diócesis de Bayona comprendía Valcarlos hasta la “ecclesia Sancti Salvatoris Summi Portus”. Otro escrito de 1406 decía que Valcarlos terminaba por el sur en “la iglesia-basílica de Sant Salvador de Yueynieta.” Lo que allí quedó se vino abajo por falta de cuidados. Ibañeta fue siempre lugar inhóspito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En muy mal estado la había encontrado Martín de Córdoba en 1586, reinando en España Felipe II; un curioso personaje que un día se presenta en Navarra como “el muy ilustre licenciado, visitador y reformador Apostólico y Real”, tras dejar un documentado informe en el que se decía: “Hay una ermita en la cumbre de los Pirineos llamada San Salvador de Ibañeta, la cual parece fue el primer edificio y principio del hospital de Roncesvalles, para recoger allí a los pobres peregrinos que pasaban y pasan, y porque dicha ermita estaba derruida, la hubimos mandado reparar y que se pusiese una campana en ella, la cual mandamos que el ermitaño que en la dicha ermita está y estuviese, taña desde que anochezca hasta una hora de la noche cada día para guía de caminantes y peregrinos que en los dichos montes les anocheciese, lo cual haga en todo tiempo del año". Diminuta campana que hoy está en la espadaña de la iglesia de Santiago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En buen estado tras la reparación aún estaba un siglo más tarde, en 1673, pues nada malo advirtió Domenico Laffi: "Antes de abandonar la cima de los altos Pirineos, que con tanto esfuerzo habíamos escalado, reposamos en la capilla. En ella vimos una multitud de figuras y esculturas antiguas y algunas inscripciones borradas por el tiempo". Probablemente, sencillas donaciones y muestras de agradecimiento de peregrinos escritas en los muros por las mismas razones que expresó el italiano: "Dar gracias a Dios por habernos conducido sanos y salvos". No fueron en aquella ocasión las severidades del clima las causas de la destrucción de la edificación de Ibañeta, sino la barbarie y el fanatismo humanos que se encargaron de que no llegase al siglo XIX. Las tropas de la Convención Francesa que invadieron Navarra en 1794 las echaron abajo para “desagraviar”, se dijo, la matanza de la retaguardia carolingia al mando de Roldán. En ruinas la encontró entonces el filólogo alemán Wilhelm von Humboldt (1767-1835) en su segundo viaje por las regiones pirenaicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de nuevo llegó su reconstrucción, a tenor de los comentarios del ilustre arqueólogo e incansable descubridor de monumentos en España, Pedro de Madrazo (1816-1898): “En un rellano existe un edificio de insignificante arquitectura, robustecido con contrafuertes, cuyo campanario claramente denota su carácter de construcción religiosa del siglo XVI.” También por aquellos años pudo admirarla intacta el periodista y escritor catalán Juan Mañé y Flaquer (1823-1901), cuyas formas plasmó en un dibujo a plumilla. No faltó tampoco la descripción insólita de Pascual Madoz (1806-1870), jugando con la ubicación de la capilla entre las dos vertientes principales de aguas: "Las goteras que caen del tejado norte de dicha ermita, unidas con las aguas de las fuentes, siguen su curso por Valcarlos y San Juan (Pie de Puerto) hasta el océano, y las que caen al sur se juntan a la inmediata fuente, origen del río de Roncesvalles, y se dirigen al Mediterráneo". Pero el destino final de la capilla llegó con el incendio que la destruyó en 1881, provocado por unos arrieros que en ella pernoctaban, lo que demuestra que ya por entonces poco o nada quedaba en pie de las peregrinaciones a Santiago. Otros autores como José María Lacarra refieren que el incendio se produjo en 1884 y que lo provocó “una imprudencia de los soldados que formaban un cordón sanitario”, lo cual no parece concordar con lo que anotó en otro momento: “En 1882 no había sido reedificada todavía, pues ‘solamente se hizo un cubierto para los pasajeros, y aun este necesita de reparos continuos por los vientos recios, humedades y nevadas que allí caen’, según dicen en un informe los canteros y carpinteros en el pleito entre Roncesvalles y la Inclusa de Pamplona”. En 1934, tras llevarse a cabo unas excavaciones en la vieja cimentación de la capilla, fueron exhumados varios esqueletos. Aquello fue suficiente para que Radio París anunciase que se trataba de los Pares de Francia muertos en la emboscada. El paroxismo llegó a tal extremo que, según contaba Lacarra, hubo quien fue capaz de identificar "el cráneo de Roldán, por cuya posesión habían de pelear violentamente dos franceses en San Juan de Pie de Puerto". José María Jimeno Jurío refirió que en “la excavación de 1934 aparecieron bajo la cimentación del templo románico docenas de esqueletos de hombres, mujeres y niños.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;Hallazgo de esqueletos en Ibañeta&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;“Sobre las apasionadas divergencias locales que levantó nuestro propósito, pesó, aplastándolas, una disputa europea ocasionada por un incidente que fue así. En el alto de Ibañeta, al borde mismo de la carretera que baja como un latigazo en el aire hasta Francia, están las ruinas de las ruinas de la que desde el siglo XI se llama en escritos de autenticidad indudable, capilla de Carlomagno y de Roldán. De su primera traza no tenemos vestigio alguno. Un par de medianos grabados nos dicen cómo era antes del incendio de 1885. Ahora solo quedan cuatro paredes derruidas de mampostería menuda sin ningún orrnamento. La planta está dividida en dos mitades por un resto de cimiento transversal. Nunca se habían hecho en ella excavaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ilustrado canónigo de la colegiata Agapito Martínez Alegría solicitó permiso y ayuda económica para excavar el suelo terreo y pedregoso de la capilla. A pocos golpes de los picos quedaron descubiertos hasta doce esqueletos completos, aunque con los cráneos destrozados los más, en posición de reposo eterno, los brazos cruzados sobre el pecho y orientados en el mismo sentido, sin ninguna separación de piedra o ladrillo o lecho especialmente preparado para cada uno. Los cimientos de las paredes y de la faja transversal citada, montaban sobre algunos de estos esqueletos, es decir que no se trataba de cuerpos depositados en una capillita sino en tierra libre sobre la cual se había edificado. Algunos sillares de la primitiva construcción, que caían sobre los huesos, demostraban la antigüedad del yacimiento. Su orientación no ritual, la ausencia de crucecitas metálicas, etc., rechazan la posibilidad de que se trate de enterramiento de monjes, de lo que tampoco hay mención escrita en los archivos de la colegiata. ¿Por qué haber enterrado una docena de estos en una sesión? ¿Por qué tendrían todos ellos la edad viril que se demuestra por los dientes y suturas óseas de los esqueletos? Comenzaron entonces las peregrinaciones de curiosos y devotos de la «dulce Francia» y los hurtos de «reliquias» que obligaron a poner guardia.” Pero el collado de Ibañeta no podía permanecer sin capilla de San Salvador. Un lugar tan especial requería alguna fábrica, y se construyó la última hasta hoy, que habría de inaugurarse el Año Santo de 1965. “En 1965 sólo quedaba un informe montón de piedras… Se construyó una nueva ermita con una campana exenta que suelen hacer sonar los visitantes en recuerdo de la primitiva que se trasladó a la iglesia de Santiago” (Jaime del Burgo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Las cruces que clavan los peregrinos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aymeric Picaud, cuando llegó al collado de Ibañeta, se encontró con que los peregrinos dejaban "clavadas unas cruces, estandartes del Señor, tras hincarse allí de rodillas y orar vueltos hacia la patria de Santiago". Las razones, que no aclara, pudieron tener que ver con una muestra de agradecimiento por haber podido alcanzar sanos y salvos la cima del Pirineo que tanto se temía, la cima del collado de Ibañeta. Otra razón más concreta y particular, a juicio de Jimeno Jurío, pudo tener que ver con el gesto de recuerdo de los soldados carolingios muertos en las dos grandes emboscadas de Valcarlos, lo cual es muy factible. Esa costumbre empezó a revivirse hoy con el auge de los Xacobeos. La gente vuelve a hincar con fervor toscas cruces hechas con ramas y palos, atadas de cualquier modo, incluso con envoltorios plásticos. Las entierran todo lo que pueden con la ayuda de piedras; se aprecia en algunas el impacto de los golpes; otras quedan astilladas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suelen verse en ellas mensajes escritos o pintados, deseos, fechas, nombres… Las dejan sobre el lomo abombado y herboso de un búnker enterrado que se halla frente al ábside de la capilla de San Salvador. También en el cerro junto al monolito de Roldán, o al lado de la estela de la Virgen. En el altar exterior de la capilla de San Salvador. Otros optan por ramilletes de flores silvestres y ramas de las hayas. Así, sencillas y humildes, cómo impresiona verlas escarchadas por el viento gélido de Valcarlos esos amaneceres de enero, o pudriéndose día tras día con la humedad de las nieblas, ladeadas por el viento que envía el desfiladero. Las cruces forman ya parte entrañable de Ibañeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Descenso de Ibañeta a Roncesvalles.&lt;br /&gt;"Les Porz d'Espaigne".&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El barranco de bajada de Ibañeta a Roncesvalles ni siquiera fue aludido por anales y crónicas del siglo IX. Sí en cambio por la Chanson de Roland y la Historia Turpini que ya habían desdoblado los escenarios, uno el ineludible de Valcarlos que culminaba en un lugar cimero (Ibañeta), y otro imaginado, el barranco que fue considerado “Porz d’Espaigne” y que conducía al campo de batalla de la llanada. Roldán, cuando tuvo noticia de que un ejército sarraceno se acercaba al puerto por el sur, monta en su caballo y se dirige con su gente a hacerles frente. Era aquel en definitiva el esfuerzo mayor que tuvo que hacer el autor del poema épico, Turoldus, para sacar a Roldán del escenario verdadero de su muerte (Ibañeta) y situarlo donde él había concebido el desastre carolingio de Roncesvalles, porque como sostenía Menéndez Pidal un ejército de aquella magnitud y tratándose además de Carlomagno, no podía perecer de mala manera en la emboscada de un desfiladero. Necesitaba una batalla como la de Hastings en el sureste de Inglaterra. José María Lacarra plasmó una localización de la emboscada en este barranco, que no es verosímil: "La retaguardia o segunda columna pudo muy bien ser sorprendida por los vascones que descendieran del monte Guirizu hacia la ladera del Arrañosin, aprovechando la espesura del hayedo (opacitas silvarum) de que habla Eginhardo". No se había percatado el historiador estellés que la peligrosidad del Guirizu es realmente pequeña desde la vertiente que baja a Roncesvalles y que el barranco en sí era demasiado pequeño para copar enteramente a un ejército de varios miles de hombres, caballos y pesados carros, que hubieran podido hacerse fuertes saliendo al llano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La partida del collado hacia el sur suponía el descenso por la primera ladera peninsular del Pirineo axial, la clase de sensaciones que buscaban los peregrinos, ansiosos por dejar atrás la montaña y distinguir enseguida las primeras casas de Roncesvalles. Domenico Laffi lo dejó claro al salir del collado: "Abandonamos la capilla y empezamos a descender como un cuarto de legua hasta que descubrimos el Roncesvalles tan anhelado por nosotros, lo que nos causó tanta mayor alegría cuanto más inesperado, porque estando cubierto de montes y abundantes árboles, cuando creíamos hallarnos muy lejos, nos encontramos encima mismo de sus puertas".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El descenso es rápido y corto por la gran diferencia de las dos vertientes principales. Subir Valcarlos supone unos 20 kms. con un desnivel de 1.000 metros. Descender a Roncesvalles, algo más de dos kilómetros con un desnivel de 112 m. El enclave se halla a 950 m. Monte arriba o monte abajo, el recorrido es un delicioso paseo, único por permitir saborear enteramente un barranco pirenaico con todos sus elementos de vida a pleno rendimiento: regatas que se forman, arroyos torrenciales, misterio y encantamiento de los hayedos, elevadas laderas que hacen pensar en ataques emboscados, caminos con vestigios de antiguos, raíces descarnadas, grutas que desentrañan el macizo paleozoico, figuras zoomorfas entre las hayas... Por una de las dos vertientes en cuña del barranco tuvo que trazarse la vía romana, pero por asombroso que parezca en espacio tan reducido, se ignora por cual. A ratos aparecen vestigios firmes de lo que podría ser trazado antiguo, pero enseguida se pierde entre la hojarasca, la hierba, los hundimientos parciales del terreno, o simplemente bajo el asfalto. Camino íntegro, el único entero del puerto al llano, ancho y herboso, lo hallamos en la ladera izquierda del barranco, que sale directamente al vallecito del Arrañosin a unos cientos de metros del enclave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;Roncesvalles, ese lugar al pie del Pirineo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roncesvalles es un diminuto lugar de Navarra adosado al Pirineo axial, cual si buscase mayor protección ante las inclemencias que vienen de Francia. Su población tiene un censo de 32 personas repartidas en 14 edificaciones, entre religiosas y particulares. Hace cinco siglos eran ochenta personas y a mediados del s. XIX, noventa que se distribuían en “34 casas que forman dos calles y una plaza” (Pascual Madoz). Roncesvalles, cabecera pirenaica de vertiente mediterránea, limita al N. con Valcarlos, al E. con Aézcoa y al S. y O. con Burguete. Las descripciones de antaño son esclarecedoras acerca de cómo era el lugar. “Está en lo más inaccesible y fragoso del Reyno; en una montaña estéril y desierta, adonde se lleva todo con grande costa y trabajo”, anotó en 1660 el canónigo hospitalero Martín Burges de Elizondo. “Se halla en el extremo norte de la igualísima llanura que corre por cuatro millas de poniente a oriente” (José de Moret) y “al pie del Pirineo a ¼ de leg. de su cima por el S., en la garganta misma y camino de Pamplona a San Juan Pie de Puerto, en medio de una pequeña llanura rodeada de cerros de alguna elevación” (Pascual Madoz)…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún no ha amanecido. Roncesvalles duerme. Sólo las farolas permanecen encendidas. Hay silencio y recogimiento. Ya empiezan a verse ventanas iluminadas. Las empinadas techumbres grises de latón se recortan brillantes. Ha llovido durante la noche, hace frío y una suave neblina desciende enredada entre las hayas. Los tonos plomizos del cielo y las piedras mojadas de las calles crean el marco apropiado para ese ámbito deseado y hallado. Roncesvalles se mece entre arrobadoras ensoñaciones de peregrinos que se ponen en camino. La significación del lugar hubo de provocar impresiones románticas de los intelectuales, como Josep Bédier (1864-1938), capaz de ver “praderas, bosquecillos de hermosas hayas, aguas corrientes, en donde los viajeros experimentan el inesperado aspecto, ni grandioso ni salvaje, pero sí sonriente y apacible del paisaje”, o como Arturo Campión (1854-1937), descubridor “del verdor delicadísimo y vivísimo de las hierbas y los árboles, siempre embebidos en rocío.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roncesvalles constituye hoy más que nunca un enclave primordial de las peregrinaciones merced al auge que los Xacobeos han infundido a un Camino de Santiago que languidecía desde el siglo XVII. No sólo siguen aumentando los caminantes que parten hacia Santiago desde el recinto navarro, sino que cada vez son más los que lo hacen desde St-Jean-Pied-de-Port al otro lado del Pirineo. Pero Roncesvalles representa mucho más que un enclave de iglesias, mausoleos reales y hospitales de peregrinos de tradición legendaria; mucho más incluso que un ámbito de magnas evocaciones carolingias y muertes trascendentes en defensa de la cristiandad. Roncesvalles es sobre todo paisaje entreverado de arrobadoras ensoñaciones, cuales las que se derivan del Astrónomo Lemosín en el siglo IX y de Aymeric Picaud en el siglo XII, acerca de cierto monte cuya "altura es tanta que parece que toca el cielo". Cuántos, desde escritores románticos a eruditos, buscaron en vano ese monte por las alturas de Bentartea, Astobiscar y Úrculu, sin percatarse de que aquélla no era una estimación topográfica, sino la consecuencia de la permanente legendarización urdida por los peregrinos en torno al collado Ibañeta -otrora, "Mons Rencesvals"-, que encarnaba el fin de las penurias e incertidumbres ante la vacuidad de un destino que se vislumbraba lejano y oscuro hasta ese instante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000066;"&gt;Capilla y cripta del Sancti Spiritus (s. XII)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Está considerada la fábrica más misteriosa de Roncesvalles por su cometido funerario. También es la más antigua, del siglo XII. Su aura de enigma y misterio surgió por primera vez en el poema “La Preciosa”: “Como dicho templo se halla destinado a recibir muertos, carnario es llamado. Que legiones de ángeles lo hayan visitado, por dichos de muchos resulta probado”. “Tiene una bella cúpula en pirámide que lleva en lo alto una hermosa cruz”, había anotado el peregrino boloñés Domenico Laffi a su paso por Roncesvalles en 1670. La estructura debía de ser muy parecida a la actual. La techumbre a cuatro aguas se cubre con lajas calizas escamadas, que le confieren un recio aspecto. No hace tantos años eran tejas. Otra cubierta menor de idénticas características, que coincide con las proporciones originales de la capilla, acaba en una pequeña cruz florenzada sobre base cónica truncada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa capilla exenta se oficiaban misas por los peregrinos fallecidos en el hospital, y posteriormente eran arrojados sus restos al osario de la parte inferior, enmarcado por cuatro toscos muros de mampostería, cuyo perímetro rondaría los 10 x 10metros, que se cubrió con una bóveda achatada que sobresale al exterior casi dos metros. Un ventanal cuadrado abierto en uno de los muros permite distinguir apenas el fondo oscuro del recinto funerario. La bóveda acabó rodeada de cuatro gruesos pilares, en los que se apoyan los arcos que dieron lugar a la capilla exenta, cuadrada de 10 x 10 m. Hacia 1612 se decidió enmarcar el conjunto bajo un claustro de 22 arcos de piedra de medio punto, enrejados y amurados hasta su mitad, ocho por la parte frontal –dos de ellos de acceso- y siete por los lados, siendo el trasero, ciego. Hubo un tiempo en que esos arcos estaban cerrados a cal y canto, como recordaba Lacarra: “Una arquería ciega rodea la capilla, desfigurando el conjunto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Excepto en la entrada, los otros tres pasillos del recinto se caracterizan por la presencia de grandes losas grisáceas, idénticas, alineadas unas con otras, y adosadas a los muros, con un rosario de estelas discoidales simples en arenisca con la cruz de Roncesvalles. Son tumbas de priores, canónigos y beneficiados fallecidos a lo largo del siglo XX, tal y como indica el obituario del muro posterior. No hay día en que no falte algún ramo de flores arrojado por entre las rejas. Siempre hay alguien que se acuerda de los muertos por el hecho de ser muertos. No fue, como erróneamente se cree, cementerio. Martín Burges de Elizondo, canónigo hospitalero en 1660, indicaba claramente que la gente era enterrada primero: “Y si algunos mueren en este Hospital, los entierra el canónigo que tiene la dignidad de la Enfermería.” Se ignora si alguna vez la capilla fue recinto cerrado intramuros. Su cometido y relación con lo jacobeo no ofrece ninguna sombra; fue una realidad. El misterio arranca del tiempo anterior al siglo XII, es decir, a los ecos de las emboscadas a los ejércitos de Roldán y de los condes Eblo y Aznar. No puede negarse que aquellos sucesos provocaron muchos muertos, y la misma canción de gesta admitía la posibilidad de enterramientos de combatientes en pleno campo de batalla, que sería lo propio sin tiempo ni medios para trasladar a tanta gente a sus lejanos pueblos de origen. Los versos 2943 y 2994 lo indicaban : “Tuz lur amis qu’il unt morz truvet/Ad un carner sempres les unt portet”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Carlomagno puede que mandase construir un sepulcro para los héroes de aquella jornada”, anotó Lacarra. Es natural que remontase el vuelo la leyenda, azuzada desde Roncesvalles por priores y clérigos de la colegiata. El subprior Huarte había escrito: “Aquí hay un gran silo, cueva o carnario, que se llama sepultura de franceses, porque en ella fueron enterrados los cristianos.” Un inventario de la colegiata indicaba a mediados del siglo XVI: “La iglesia del Sancti Spiritus es una capilla subterránea donde se dice que están enterrados los doce pares y la gente de guerra que con ellos murieron”. A más llegó un siglo después el jesuita pamplonés José de Moret al afirmar que en la cripta habían sido vistos “huesos humanos y muy frecuentemente de desmedida grandeza y corpulencia germánica, de que no pocos se llevan de vuelta los peregrinos franceses. El cabildo despidió a un sacristán que los vendió a un peso de onza de plata cada hueso de los grandes”. Estos escritos determinaron que alguien tuviera la feliz ocurrencia de llamar “Silo de Carlomagno” al osario bajo la capilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mucho se ha escrito acerca de si el Sancti Spiritus correspondía a la cita expresa y rotunda de Aymeric Picaud. “En el descenso del monte se encuentra el hospital y la iglesia de Roldán donde está el peñasco que el poderoso héroe partió con su espada de arriba abajo y de tres golpes…” El Sancti Spiritus debió de construirse treinta o cincuenta años después del paso del ilustre peregrino. Doménico Laffi, poderosamente impresionado por Picaud, sería aún más contundente en sus apreciaciones: “Hay una pequeña capilla que mandó levantar Carlomagno después de la muerte de Roldán y demás paladines. Tiene forma de cuadrado perfecto y no es muy alta. Está situada en el mismo lugar en que Roldán se arrodilló después de la segunda batalla. Roldán se puso de hinojos, y vuelto hacia Roncesvalles lloró por su gente. Dicen que ahí están sepultados con él sus paladines. Al pie de la puerta donde se abre la sepultura está la roca que hendió cerca de una fuente. No nos cansábamos de mirarla”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Iglesia de Santiago o de los Peregrinos (s. XIII)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Contigua al Sancti Spiritus, a poco más de un metro, se halla otra de las edificaciones más notorias de Roncesvalles, la Iglesia de Santiago, de estilo gótico primitivo, primera y más antigua en España bajo la advocación del Apóstol. Nada relevante se dijo nunca de esta edificación en relatos de peregrinos y viajeros. No la mencionaron tampoco ni Aimeric Picaud ni “La Preciosa”, lo que parece indicar que no es fábrica anterior al siglo XIII. “Debió de construirse poco después de 1215”, escribió José Mª Lacarra, es decir, poco después de la batalla de las Navas de Tolosa, lo que ha hecho suponer que podía tratarse de la obra primigenia del rey Sancho VII el Fuerte, antes de que se decidiese por la iglesia de Santa María. Era de ese parecer Tomás Biurrun (1936), notable historiador del arte románico: “La capilla construida por Sancho el Fuerte es precisamente la capilla de Santiago, y la iglesia de la colegiata es bastante posterior.” Lo que es muy factible es que se tratase de la única iglesia a la que tenían acceso los peregrinos y lugareños, habiéndoseles prohibido quizá acudir a la iglesia de Santa María, reservada para fines y personas de mayor rango. Desde el siglo XVII fue parroquia de Roncesvalles, hasta su cierre definitivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La iglesia de Santiago es el edificio medieval mejor conservado de Roncesvalles”, apunta Lacarra, y ese buen estado se debe a la oportuna reparación de comienzos del siglo XX que llevó a cabo el arquitecto Florencio de Ansoleaga, que la halló casi en ruinas. Idea suya fue abrir el rosetón del hastial con la cruz de Roncesvalles en medio y remodelar la tosca espadaña para colocar en ella una pequeña campana; la legendaria campana de San Salvador de Ibañeta que ahí permanece enmudecida, agarrotada y soldada por la herrumbre. Campana que desde el siglo XVI orientaba desde el collado a los peregrinos atrapados entre las nieblas de Valcarlos o en medio de la noche. Tanta fue su fama que llegó a decirse que era la más escuchada de Europa. La iglesia está orientada a occidente y alineada a la izquierda de la calle única. Es de planta casi cuadrada (10 x 9), consta de dos tramos, y sus muros se apoyan en dos contrafuertes externos. La bóveda es de crucería y la cabecera, recta, por donde entra la luz del amanecer por un alargado ventanal ojival. El pórtico tiene tres arquivoltas sobre columnas rematadas en capiteles vegetales. En se distingue apenas un crismón trinitario. Cerrada a cal y canto, el visitante se contenta con asomarse a los ventanucos enrejados de la puerta. Apenas se distingue nada del interior; sólo la escasa luz del ventanal el muro permite apreciar una silueta, la del Apóstol sobre un pedestal -réplica del Santiago Beltza de Puente la Reina-, que hay momentos que parece recordar la gran figura de un rey Sancho VII que acaba de erguirse. La imagen apostólica ya se conocía en un inventario de 1585 de la colegiata: “Tiene un altar con su retablo nuevo, en el que hay una imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús, en lo alto una imaxen de Santiago y a los lados, imaxinería de pincel nuevo.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Iglesia de Santa María,&lt;br /&gt;costeada por Sancho VII el Fuerte&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;En 1132, según desveló el poema “La Preciosa”, el desmantelado hospital de Ibañeta empezó a erigirse al pie del puerto. Se trataba de un hospital, un recinto expresamente dedicado a la atención y cuidado de los peregrinos. No era una iglesia, que no obstante tuvo que erigirse a la vez. Fábrica románica sin la menor duda, también bajo la advocación de Santa María, que no podía estar muy apartada, probablemente donde hoy se alza la colegiata. Si nada se supo del hospital, menos aún de aquella iglesia que en 1137 una bula de Inocencio II denominaba “Ecclesiam Sancte Marie Casa Dei de Runzasvals”. Estas diferenciaciones conviene tenerlas muy claras, a riesgo de caer en anacronismos y otros desvaríos. Aquel modesto recinto religioso, dependiente del hospital, no debió de permanecer en pie más de 62 años. Probablemente hasta 1194, año en que empezó a construirse sobre sus cimientos la nueva de Santa María por iniciativa real de Sancho, cuyas obras duraron 21 años, hasta 1215, como requería la calidad del templo, que poco después, en 1219, era consagrado, casi seguro sin la presencia del rey, enclaustrado los últimos veinte años de su vida en su castillo de Tudela. Juan de Huarte había fijado su construcción en 1208, cuatro años antes de la batalla de la decisiva batalla de las Navas de Tolosa contra el poder almohade en Al-Ándalus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El plano de la colegiata es una réplica del coro de Notre-Dame de París. Su crucería de ojivas se inspira en las de las iglesias de la Isla de Francia de los años 1170-1180, lo cual pone de manifiesto su relación arquitectónica con el país vecino en los tiempos de mayor auge”, escribió el profesor de filología románica húngaro Istvan Frank (1918-1955). Pero el templo fue objeto de un interminable rosario de reformas e innovaciones que no cesaron hasta tiempos recientes. Surgieron con el voraz incendio de 1445, que afectó también a las edificaciones circundantes. Otras fuentes indican que destruyó casi todo Roncesvalles. “Los efectos han podido apreciarse en la calcinación de los muros, especialmente en las bóvedas y en el triforio” (Lacarra). Hubo otros incendios en 1468, en 1626 y en 1794.La fachada, que fue reconstruida casi enteramente en 1940, es asimétrica por el torreón del siglo XIV, que quedó perfectamente ensamblado. Está orientada a occidente, alineada a la izquierda de la calle principal, según el trazado primigenio que ha de coincidir forzosamente con el de la antigua vía romana y de peregrinos. “El tímpano no es auténtico. Representa a la Virgen con el Niño en su regazo, flanqueada por dos ángeles arrodillados que sostienen estructuras arquitectónicas” (Del Burgo). En el hastial destaca por su tamaño un rosetón, producto de las reformas de 1940, que a juicio de dicha investigadora “parece ser que formaba parte de la antigua construcción”. Se accede al templo descendiendo cinco peldaños. El recinto es de tres naves; la central duplica a las laterales en anchura y altura. Las medidas que da ella son de 24,90 metros de longitud por 17,60 de ancho. 8,25 la nave mayor, cuya altura es de 15,50 metros. Consta de dos bóvedas de crucería con seis arcos fajones cada una, que se reparten en nueve columnas redondas de capiteles sencillos que alternan el grosor; cinco por el lado derecho y cuatro por el izquierdo, ya que la columna más cercana a la entrada hubo de eliminarse para sustituirla por un grueso contrafuerte rectangular del torreón exterior. La tercera bóveda, que corresponde al ábside de la cabecera, es pentagonal con alargadas vidrieras que introducen la luz de los amaneceres. “&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cabecera presenta una serie de grandes ventanales góticos, decorados con vidrieras modernas construidas en Munich en la década de 1940” (Miranda-Ramírez). Las columnas se enlazan mediante arcos ojivales sobre los que descansa un bello triforio de diez elementos, compuesto por cuatro arcos cada uno, cinco por cada lado, sobre los cuales se alzan diez amplios rosetones sostenidos por contrafuertes arqueados, que en su día proporcionaban la luz principal de la iglesia y que al quedar toda la estructura genuina enclaustrada bajo una moderna cubierta de vigas de madera y techumbre de cinc (1940), la poca luz que dejan ver las vidrieras es de potentes focos eléctricos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;La tumba del rey Sancho VII en la Capilla de San Agustín&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmGqZTq5hI/AAAAAAAAMbA/OSPsvwy1gwY/s1600-h/image036.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312425298366227986" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 191px; CURSOR: hand; HEIGHT: 233px" alt="Cristalera de la Sala Capitular o de San Agustín con escenas imaginadas de la batalla de 1212" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmGqZTq5hI/AAAAAAAAMbA/OSPsvwy1gwY/s320/image036.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Sancho descubrió los pasos pirenaicos siendo infante de Navarra, entre los años 1192 y 1194, en que cruza a tierras aquitanas para defender los dominios de su cuñado Ricardo I Corazón de León, rey en Inglaterra y Duque en Aquitania y Poitiers. Ricardo, al regreso de la Tercera Cruzada, no llegó a poner los pies en el sur de Francia al ser capturado y encerrado en un castillo centroeuropeo de su enemigo Leopoldo V de Austria. Las circunstancias llevaron a Sancho a defender las tierras norpirenaicas del acoso de algunos nobles ambiciosos que querían aprovecharse de la ausencia del rey inglés. Sancho se vio a la sazón combatiendo a las órdenes de Eleanor de Aquitania (1122-1204), que fue reina primero de Francia y luego de Inglaterra. No hay que descartar tampoco que el interés de Sancho por Roncesvalles tuviese que ver con una promesa a la Virgen Patrona, como siglos atrás hizo Sancho Garcés I con la de Irache cuando el asalto al castillo musulmán de Monjardín, en prueba de agradecimiento, quien sabe si por la victoria sobre los almohades. Fervor que demostró no sólo con la edificación de un templo, sino también con la manutención del hospital y el deseo expreso finalmente de ser enterrado en Roncesvalles, para lo cual habría ordenado esculpir su estatua yacente, considerada retrato genuino, y la construcción de un lujoso mausoleo para él y su esposa Clemencia. Nada impide admitir, sin embargo, que tanto sepultura y enterramiento dependiesen de su sobrino francés, que con el nombre de Teobaldo I reinó en Navarra a su muerte. Hay constancia de que Teobaldo emprendió el accidentado traslado de los restos de Sancho desde San Nicolás de Tudela al Pirineo. Los hechos son sorprendentes. Merecen un poco de atención. Sancho fallece el 7 abril de 1234 en su castillo de Tudela, donde es embalsamado. Un mes después entra en Navarra por Roncesvalles, Teobaldo, hijo de Blanca y del conde Thibaut de Champagne y de Brie, que es ungido rey. El primer acto fue disponerlo todo para el traslado regio, pero no resulto posible. Las rivalidades entre diócesis y monasterios -probablemente motivadas por la cuantiosa herencia que dejaba el rey muerto-, enrarecieron la situación de tal manera que hubo de intervenir el obispo de Pamplona, Pedro Remírez de Piérola, que amenazó con excomulgar a quien intentara tocar los restos del rey, enterrado provisionalmente en la iglesia de San Nicolás de Tudela. Allí habría de permanecer 4 años mientras no concluyeron los litigios, lo que habría de suceder en 1238, año del fallecimiento del obispo, que es cuando el Papa Gregorio IX se atreve a levantar penas y castigos, ordenando además el traslado inmediato del rey Sancho a Roncesvalles, lo que procede a llevar a cabo el rey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sepulcro debió de ser de factura espléndida, “decorado con ángeles, religiosos, guerreros, escudos, relieves de batallas...” La tumba la remataba la estatua yacente, la gótica efigie de Sancho que Campo considerada su auténtico retrato. El conjunto se expuso aquel año mismo año 1238 en lugar preferente de Santa María de Roncesvalles, donde habría de permanecer casi 500 años, hasta 1622 en que se determina que porque había sufrido serios desperfectos, ya fuera por humedades, robos, invasiones e incendios, debía ser desechado, procediéndose entonces a la construcción de una nueva sepultura antes de que concluyera aquel año, la cual fue empotrada en un nicho arqueado de 2,50 metros de alto en un muro lateral. José María Lacarra anotó: “Hoy, este sepulcro, con las restauraciones que se llevaron a cabo en la iglesia, ha sido desmontado también.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue testigo del traslado de 1622 el subprior Juan de Huarte, que porque era persona cuidadosa con las cosas del lugar dejó las pertinentes anotaciones en un libro manuscrito titulado “Apología a favor del Cabildo de Roncesvalles”. Pero el libro, que no fue archivado entonces, terminó extraviándose, y como consecuencia nadie supo que había sido del sepulcro y de la estatua yacente, hasta el año 1890 en que el manuscrito es descubierto casualmente en una reordenación de la biblioteca de Roncesvalles. Se llevan a cabo las oportunas excavaciones en la iglesia y se descubre que el sepulcro del rey y de su esposa Clemencia no estaban, pero sí la estatua. “Las tres primeras horas de búsqueda fueron infructuosas y no se obtuvo ningún resultado cavando y levantando la tierra, hasta que al fin al toque de campana se difundió la noticia de su hallazgo” (Luis Campo). A comienzos del año siguiente fue trasladada y dispuesta en la nueva tumba de San Agustín, pero la definitiva no vendría hasta 1912, el año en el que se conmemoraba el séptimo centenario de las Navas. Nunca pudo contar el rey con mejor lugar para descansar, la capilla de San Agustín, Sala Capitular hasta comienzos del siglo XVII, recinto gótico construido durante el mandato del prior Juan García Ibáñez de Viguria, entre 1330 y 1340, y restaurado por Fermín Ansoleaga en tiempos del prior Nicolás Polit (1887-1906), según la investigadora María Antonia del Burgo. Es de planta cuadrangular y bóveda de arcos estrellados situada a 25 metros de altura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmGd3EpwrI/AAAAAAAAMa4/cFufJWrKN4c/s1600-h/image022.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312425083018003122" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 201px; CURSOR: hand; HEIGHT: 228px" alt="Mausoleo de Sancho VII el Fuerte en Roncesvalles" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmGd3EpwrI/AAAAAAAAMa4/cFufJWrKN4c/s320/image022.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La sala principal se comunica con otra pequeña enrejada a la que se accede subiendo cinco peldaños, en la que se guarda el sepulcro de García Ibáñez. El gran ventanal ojival del muro meridional lo ocupa la gran vidriera realizada en 1906 por el francés José Maumejean, que habría de sembrar con sus trabajos cientos de monumentos religiosos y civiles de España y que representa como es sabido escenas recreadas de la batalla de las Navas. Luis Campo afirmó: “Su talla gigantesca y la gordura desmesurada que presentó pueden orientar hacia una patología hipofisaria del monarca navarro. La tradición recoge, y sigue testificada por modernas investigaciones, que las dimensiones de la estatua sepulcral de Roncesvalles son reproducción fidedigna de las características corporales de Sancho. Se trata, pues, de una escultura funeraria en relieve, dispuesta en forma de efigie, que considero su auténtica figura que cifro en un valor máximo de 2,22 metros.” Tales deducciones partían de lo que había constatado en 1622 el subprior Huarte, que siendo testigo ocular de los restos del rey, dejó constancia de las medidas del fémur. “Tres xemes y dos dedos de largo”. El seme o jeme, según Campo, era una medida que equivalía a la distancia entre la extremidad del pulgar y el índice abierto de una misma mano, que con relación al sistema métrico decimal cifra exactamente en 13 centímetros y 9 milímetros, con lo cual el fémur mediría 62, 28 cms.La descripción anatómica de la figura pétrea del rey es insuperable por la agudeza de las observaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;El Albergue Itzandeguia,&lt;br /&gt;enigma de Roncesvalles (s. XIII)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;A unos cien metros de la capilla del Sancti Spiritus, al borde de una pequeña hondonada de verdes pastizales, se halla otra edificación envuelta en misterio. Domenico Laffi había escrito que la capilla funeraria del Sancti Spiritus estaba muy cerca del hospital de peregrinos. La situaba a occidente, lo que parece coincidir con el emplazamiento de Itzandegía. “Es un gran y bello hospital en el que los peregrinos pueden permanecer tres días. Pueden comer y dormir, y los tratan muy bien”. El edificio es una casona de piedra de 32 x 12 metros. Consta de nave única de seis tramos, cuya techumbre sostienen cinco arcos apuntados que descansan sobre los muros, que a su vez se apoyan en diez contrafuertes, cinco por cada lado. Tiene dos accesos, uno mayor, ancho como para el paso de carros, vuelto de espaldas a Roncesvalles, alzado casi un metro sobre el suelo, desnivel que no existiría hasta tanto no fue edificada la casa casi adosada. La otra puerta, menor, en el lateral derecho, permite el paso a la única planta, que en otro tiempo debió de contar con otra superior. Es edificio ciego, salvo la escasa luz que dejan pasar seis aspilleras, verticales y estrechas, en lo alto del muro que da al mediodía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Itzandegía se cree que es obra gótica del siglo XIII, reestructurada en los dos siguientes, acaso por deterioro prematuro, ampliación o capricho de priores, obispos o reyes. El arqueólogo Pedro de Madrazo (1816-1898) fue más lejos al suponer que su origen era anterior a la iglesia de Santiago y a la misma capilla-cripta del Sancti Spiritus, pero parece claro que confundía esa edificación con el hospital del obispo Sancho Larrosa, que efectivamente es anterior a todos. La casona se conoce hoy por Itzandegía, expresión que algunos diccionarios euskéricos constatan con el significado de “lugar de bueyes”, pero obvio es admitir que no es expresión apropiada para un enclave jacobeo, salvo que el origen sea reciente y se relacione además con las tareas propias del Roncesvalles rural que también existe. “Sus características concuerdan bien con la función de un albergue. Quizás fue de siempre el dormitorio de los criados”, suponían con escasa convicción los profesores Miranda y Ramírez. No hay que descartarlo, aunque es altamente improbable por la propia calidad de la edificación. Pese a que la incógnita se cierne sobre la recia casona, hay motivos para creer que en efecto se trata de un hospital de peregrinos, una vez desmantelado el primigenio de 1132, que si se llevó a lugar más apartado bien pudo deberse a los inconvenientes que acarreaba el trasiego constante de peregrinos, el acre hedor que despedían, según la dura expresión del medievalista Américo Castro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;La Cruz de los Peregrinos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sb-oRWzTIgI/AAAAAAAAMio/CwbZmoiLVxY/s1600-h/09_1_Desde_monte_Guirizu.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5314151101452460546" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 116px" alt="Collado de Ibañeta desde el Guirizu" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sb-oRWzTIgI/AAAAAAAAMio/CwbZmoiLVxY/s200/09_1_Desde_monte_Guirizu.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La Cruz de los Peregrinos es la más fotografiada del Camino de Santiago. Se halla a las afueras de Roncesvalles, a un lado de la carretera de Burguete, enmarcada entre hayas corpulentas y casi siempre en penumbra. Fue conocida también por “cruz vieja” porque desde 1321 debió de señalizar el límite meridional de Roncesvalles. Donde hoy está se debe a un prior de la colegiata, Francisco Polit (1866-1887). Cruz de término que nada indica que haya que relacionar con cruces carolingias o rolandianas, como reflejan algunas guías jacobeas, basándose en que en 1794 sufrió las iras de las tropas invasoras de la Convención Francesa por considerarla hito conmemorativo del descalabro de la retaguardia franca en el 778. “Hemos vengado una injuria de hace mucho tiempo a la nación francesa”, habían constatado en un informe. Pocos años antes, en 1748, la encontró entera el peregrino bearnés Jean Bonnecaze de Pardies, que impresionado por el halo que caracteriza el entorno de Roncesvalles, se aprestó a rezar “una oración por los cristianos muertos en lugar tan memorable”. El monumento lo constituye una cruz florenzada, florida o toscana, con rosetones radiales esculpidos en cada brazo, y en medio de ellos, la figura esculpida del Crucificado; debajo, la Virgen sedente con el Niño, una inscripción en la que se lee: “Esta obra fizo fazer donna Pía de Yaurrieta”, y dos retratos muy borrosos, que algunos suponen que corresponden a los del rey Sancho VII y a su esposa Clemencia y otros, a la mujer de la inscripción y a su esposo, enterrados en Roncesvalles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;La gran roca en honor de la victoria vascona&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sb-n-uzrUII/AAAAAAAAMig/c8vUW_f_Iac/s1600-h/11_01_Cima_de_Guirizu.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5314150781478981762" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 134px" alt="Rasos del monte Guirizu" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sb-n-uzrUII/AAAAAAAAMig/c8vUW_f_Iac/s200/11_01_Cima_de_Guirizu.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;En un extremo de los jardines que enmarcan la Casa Prioral puede admirarse el más reciente de los monumentos roncesvalianos, un gran peñasco calizo de varias toneladas de la sierra de Urbasa, según Pierre Narbaitz, traído en 1978 con motivo del duodécimo centenario de la victoria vascona sobre los francos. Dos placas de bronce aclaran los motivos del acontecimiento. Una representa el duelo a caballo entre Roldán y Ferragut, el pagano que moraba en tierras de Nájera, cuyas andanzas fantásticas relató el Pseudo Turpín, y que es réplica de la misma escena esculpida en un capitel del antiguo palacio de los reyes de Navarra en Estella. Hay otras representaciones menos conocidas en Navarrete y Ochánduri, en La Rioja, y aun en la catedral de Angulema. La otra lleva una inscripción en latín: "Vascones in summi montis vertice surgentes", que corresponde a una cita entresacada de los relatos carolingios del siglo IX, que alude al levantamiento de aquella gente en Ibañeta e inmediaciones. El peñasco, por lo demás, es una alegoría de la cultura litológica, tan arraigada en Navarra, Basse Navarre y Vascongadas, que perdura en términos tan antiguos como “aitz” y “harri” -peñasco y piedra-, tan abundantes en toponimia, en aperos y herramientas, y en los dólmenes y cromlechs que construían los pastores neolíticos. No debía haberse recurrido a la caliza, sino a los esquistos devónicos del macizo de Roncesvalles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000066;"&gt;El Hospital Nuevo (1802)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Plaza Nueva es un recoleto rincón de Roncesvalles. A principios del s. XIX (1802), el arquitecto José Poudez levantó el Hospital Nuevo, parte del cual (foto izq) quedó destinado a viviendas particulares. Un pasadizo permite el acceso al vallecito de Arrañosin, hoy principal vía xacobea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;Casa de Beneficiados (1725)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Edificio construido a principios del siglo XVIII (1725) para cobijar al clero que se ocupaba de la atención de la colegiata -los beneficiados-, que tenían categoría inferior a los canónigos. La casona de tres pisos y ventanales idénticos es perpendicular a la fachada de la iglesia de Sta. María. En el portal neoclásico se lee: “Lorda me fecit”, y una fecha, 1725.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Casa de La Posada&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Posada es casa antigua. Es la primera edificación que se encuentra de frente quien llegue a Roncesvalles desde Pamplona. Fue mandada reparar en 1590 por el visitador Martín de Córdoba. Su cometido fue hospedar a los viajeros que no tenían derecho a asistencia en el hospital por su actividad profesional o condición social, como comerciantes, militares, etc. Hoy día sigue ejerciendo su labor de hospedaje y restaurante a pleno rendimiento, pues no hay día que no esté rodeada de gentes de paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000066;"&gt;Estela de la Virgen de Roncesvalles de Ibañeta,&lt;br /&gt;gemela de la existente en el Alto de Mezquíriz&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sb-nqoT6dGI/AAAAAAAAMiY/3qf1qitQlvo/s1600-h/11_02_Hayas_de_Guirizu.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5314150436137759842" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 134px" alt="Hayas del Gurizu carbonizadas por rayos" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sb-nqoT6dGI/AAAAAAAAMiY/3qf1qitQlvo/s200/11_02_Hayas_de_Guirizu.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Cerca de las cruces que hincan los peregrinos sobre el lomo de un búnker enterrado, se halla la estela en piedra de la Virgen Patrona de Roncesvalles, vuelta hacia poniente, rodeada de ramos de flores silvestres, que es idéntica a la del alto de Mezquíriz, al término de la llanada. La de Ibañeta tiene la particularidad de estar ubicada en la confluencia exacta del cuadrivio que forman cuatro caminos milenarios: el que sube de Valcarlos, el que desciende a Roncesvalles, la vía romana de Lepoeder y el Gabarbide o Palomeras que se dirige a los pastizales de Quinto Real por la ladera del Guirizu, cuya importancia puede estar en haber sido uno de los parajes elegido por los vascones para atacar a la retaguardia de Roldán y para huir apresuradamente del lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000066;"&gt;Monumento a Roldán en el cerro de Ibañeta&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sb-nZQJ6LJI/AAAAAAAAMiQ/BOPqb1M4s4g/s1600-h/09_3_Ibaneta_hacia_Roncesvalles.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5314150137595571346" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 118px" alt="Collado de Ibañeta hacia Roncesvalles" src="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sb-nZQJ6LJI/AAAAAAAAMiQ/BOPqb1M4s4g/s200/09_3_Ibaneta_hacia_Roncesvalles.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El cerro lo corona un peñasco de granito de dos metros que descansa sobre dos gradas. Fue erigido en 1967 en recuerdo de Roldán, cuyo nombre figura en bajorrelieve. No se tendría que haber elegido el granito, que es ajeno a la cultura navarra, sino lo propio del macizo paleozoico de Roncesvalles: un esquisto de la cantera abandonada del vallecito de Arrañosin, por donde el camino de acceso a Ibañeta y al barranco Otezulu a los pies del Astobiscar. Con anterioridad existió un arco de sillares en recuerdo de la canción de gesta, de la que pendía la Campana de la Paz, hoy en el conjunto de la nueva capilla de San Salvador. "Una campana exenta que suelen hacer sonar los visitantes en recuerdo de la primitiva" (Jaime del Burgo). Todavía pueden verse semienterrados los restos del monumento que tumbó el fuerte viento del desfiladero. Jaime del Burgo, su artífice, lo explicaba: "En un montículo frontero se erigió un monumento a Roldán. Es un monolito granítico con la reproducción de la espada Durendal y las mazas del héroe carolingio." &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-7814783381652405482?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/7814783381652405482/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=7814783381652405482' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/7814783381652405482'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/7814783381652405482'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/historia-completa-de-roncesvalles.html' title='Historia completa de Roncesvalles'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbf0iAzLDZI/AAAAAAAAMXI/LQElNIgOkzI/s72-c/03_01_Roncesvalles.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-5270324471139693129</id><published>2009-03-10T19:27:00.000+01:00</published><updated>2009-03-24T13:09:26.982+01:00</updated><title type='text'>Introducción a Roncesvalles</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbbe41z7DoI/AAAAAAAAMSo/UKpj7w9hCLg/s1600-h/image053.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311677878628978306" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="Carlomagno halla a Roldán muerto" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbbe41z7DoI/AAAAAAAAMSo/UKpj7w9hCLg/s400/image053.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;En Pamplona, en la fría mañana de octubre, alguien se asoma a la antigua torre de la Tesorería del baluarte del Redín. Contempla el paisaje urbano de la Chantrea y del pie de monte de Artica, otrora campos por los que cruzaba el Camino de Santiago que se dirigía al puente de la Magdalena sobre el Arga. Ve pasar a los peregrinos más madrugadores por el portal de Francia, pero no partirá con ellos a Santiago porque otro es su destino, el Roncesvalles de collados, barrancos y montes, el entorno más excelso de Navarra, vía de paso de gentes desde la prehistoria y escenario de rotas carolingias, la del 778 en la que perecieron Roldán y los Pares de Carlomagno y la del 824 en la que cayeron los condes Eblo y Aznar... El recinto al pie del Pirineo adquiere su mayor solemnidad apenas las primeras luces del día permiten distinguir las siluetas de las venerables edificaciones entre la neblina que desciende enredada en las hayas del Donsimon y Guirizu. Llovizna a ratos. El anónimo personaje busca el silencio con el que imaginar más que recordar, sólo interrumpido de cuando en cuando por los graznidos de unos cuervos que revolotean disputándose algo que han encontrado. Algunas ventanas se iluminan. Pastores y agricultores han de empezar su diaria tarea. Oye trajinar en la cocina de La Posada, y hacia allí se dirige. A esas horas, antaño o se partía hacia Santiago o hacia cualquier lugar de Francia. Espera en una mesa frente al fogón. Alguien de pronto atrae su atención. Una joven metida en faena sale de la cocina y va hacia él. La ha visto en otras ocasiones, y siempre le produce la misma sensación, la de aquellas mujeres que plasmó Basiano, el gran pintor navarro, acaso molineras hacendosas que formaban parte de una recia estirpe ya perdida. Le pregunta qué desea, y él, algo azorado en su ensimismamiento, encarga algo de comida para llevarse al monte. La entrada repentina y ruidosa de un grupo de hombres lo devuelve a la realidad. Son leñadores provistos de potentes sierras mecánicas, que llevan varios días ocupados en tareas de apeo de hayas, una escena que siempre entristece contemplar. No se entretiene más; guarda su comida en la mochila, abotona bien su zamarra, toma su inseparable bastón y parte decidido hacia Ibañeta por el estrecho pasadizo que separa la iglesia de Santiago y la capilla-cripta del Sancti Spiritus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbhb72168rI/AAAAAAAAMaQ/qztwbKoeJPs/s1600-h/RONCES.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312096844375585458" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 230px; CURSOR: hand; HEIGHT: 40px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbhb72168rI/AAAAAAAAMaQ/qztwbKoeJPs/s400/RONCES.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Roncesvalles es pórtico transpirenaico abierto desde la prehistoria. La escasa incidencia de las nieves perpetuas que rondaban montes próximos como el Orzanzurieta determinó que las rutas más antiguas que atravesaban el solar de la futura Francia fuesen buscando los pasos de acceso más fácil a la península ibérica, y el más concurrido al cabo de la historia tenía su embocadura en los valles contiguos de Arneguy y Valcarlos. Aquella disposición natural encauzó hacia Roncesvalles a gentes y a pueblos, que durante un largo periodo de tiempo marchaban en un único sentido norte-sur. Lo hicieron los centroeuropeos que huían del glaciarismo y lo hicieron los pastores trashumantes introductores del megalitismo originario de las regiones orientales del Mediterráneo. Nadie cruzó el Pirineo desde suelo peninsular hasta el siglo III a.d.C. en que lo hacen los ejércitos cartagineses que partieron a la conquista de Roma, los de Aníbal Barca por algún puerto del alto Segre y los de su hermano Asdrúbal, vadeando el Bidasoa o directamente por Roncesvalles, guiados por vascones aliados. Les siguió en el año 24 a.d.C. el emperador Augustus desde tierras burgalesas con destino a algún lugar de Aquitania en el que recuperarse de sus dolencias. Pero se trataba de ejércitos y extranjeros. Fueron los cántabros en el siglo I a.d.C. los primeros nativos peninsulares en cruzar el Pirineo, a la sazón para ayudar a los aquitanos que a punto estaban de ser sometidos por el general Publio Craso. Hasta el siglo VI en que una partida de vascones se lanzan a una veloz campaña de saqueos por tierras norpirenaicas, nadie volvió a traspasar el Pirineo desde suelo peninsular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la vía de paso natural de Valcarlos conoció una excepción, la que establecieron los militares romanos una vez sofocados los últimos focos de resistencia de la región aquitana. El afán por abrir un paso con el alto Ebro y la Meseta no les impidió descartar la ruta habitual, acaso por la desconfianza que ofrecían los estrechos pasajes, que porque no atisbaron otros a tiempo, pagaron las consecuencias. En su lugar eligieron los montes al Este de Valcarlos, cúmulo de parajes inhóspitos, colmados de belleza y silencio abrumador, en los que no cabían ataques emboscados. No los hubiera habido tampoco para el ejército de retaguardia que mandaba el conde Roldán de haber elegido la travesía que comenzaba en la mansión del "Imus Pyreneus" (Pirineo bajo), entre los pueblos jacobeos de St-Jean-Le-Vieux y St-Michel, desde donde acometían la ascensión de los sucesivos puertos, aprovechando viejos senderos que frecuentaban los pastores aquitanos desde el neolítico y abriendo otros entre Bentartea -hoy confín de Navarra- y Lepoeder, el collado más alto de Roncesvalles, tras el cual venía el descenso al "summus pyreneus" de Ibañeta. La inauguración de la vía, nunca empedrada, de la que se conservan algunos tramos enyerbados parcialmente desdibujados por la erosión de lluvias y vientos al cabo de dos mil años, coincidió con la salida de Hispania de Augusto, escoltado por la Legión V Alauda, que partía hacia el inseguro limes del Rin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roncesvalles constituye hoy más que nunca un enclave primordial de las peregrinaciones merced al auge que los Xacobeos han infundido a un Camino de Santiago que languidecía desde el siglo XVII. No sólo siguen aumentando los caminantes que parten hacia Santiago desde el recinto navarro, sino que cada vez son más los que lo hacen desde St-Jean-Pied-de-Port al otro lado del Pirineo. Pero Roncesvalles representa mucho más que un enclave de iglesias, mausoleos reales y hospitales de peregrinos de tradición legendaria; mucho más incluso que un ámbito de magnas evocaciones carolingias y muertes trascendentes en defensa de la cristiandad. Roncesvalles es sobre todo paisaje entreverado de arrobadoras ensoñaciones, cuales las que se derivan del Astrónomo Lemosín en el siglo IX y de Aymeric Picaud en el siglo XII, acerca de cierto monte cuya "altura es tanta que parece que toca el cielo". Cuántos, desde escritores románticos a eruditos, buscaron en vano ese monte por las alturas de Bentartea, Astobiscar y Úrculu, sin percatarse de que aquélla no era una estimación topográfica, sino la consecuencia de la permanente legendarización urdida por los peregrinos en torno al collado Ibañeta -otrora, "Mons Rencesvals"-, que encarnaba el fin de las penurias e incertidumbres ante la vacuidad de un destino que se vislumbraba lejano y oscuro hasta ese instante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuerpo del Apóstol se descubrió en Padrón en el 814, año de la muerte del emperador Carlomagno, y aunque la noticia corrió con celeridad por pueblos y cortes europeas, los peregrinos no se lanzaron al camino hasta mediados del siglo X. Gotescalco, obispo aquitano que pasó hacia el 950, está considerado el primer peregrino. Él y todos los que siguieron sus pasos hasta finales del XI superaban el Pirineo invariablemente por el "Port de Cize", así denominado tiempo después por Aimeric Picaud, fiel la gente por entonces a los trazados que habían dejado los romanos, únicos con que contaban para desplazarse desde lugares tan lejanos hasta Galicia. La subida de los puertos roncesvalianos, arduo cometido desde cualquier perspectiva, suponía una caminata de unos 25 kilómetros hasta Lepoeder, equivalentes a una jornada de sol a sol, faltos de agua, expuestos a ataques de alimañas y a extravíos que podían acabar en mortales. Ni reyes ni obispos ni monasterios fueron jamás partidarios de fomentar esa ruta, por lo que los hospitales y capillas proyectados en el siglo XII se erigieron a lo largo del itinerario de Valcarlos, culminando aquel rosario de instituciones en el más ansiado de todos, el de San Salvador de Ibañeta (1127), no en vano se hallaba en la cumbre del Pirineo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La emboscada que tendieron audazmente los vascones a la retaguardia carolingia aconteció en el alto Valcarlos, entre Ibañeta y el desfiladero de la Reclusa, la ruta por la que había entrado el rey Carlomagno y por la que se disponía a salir, único escenario posible para aniquilar a una fuerza de aquella magnitud. Los atacantes fueron vascones provenientes de valles recónditos de ambas vertientes, no muy alejados de aquellos escenarios. La rapidez con que discurrían los acontecimientos desde que los francos derriban las murallas de Pamplona, no permitía mayores dilaciones, por lo que no es factible que hubiesen podido concentrarse más de 300 hombres, suficientes en cualquier caso en un medio físico absolutamente favorable. Arremetieron desde la cara norte del monte Guirizu lanzando azconas, piedras proyectadas con cestas y dejando rodar grandes rocas como las que aún cabe ver en el hayedo de la empinada ladera, algunas en las más extrañas posiciones. Las crónicas del siglo IX constataron que fue la cola de la retaguardia la primera en sufrir el ataque y que el pánico se extendió enseguida al resto de la columna, que acabó precipitándose al hondo barranco que bordea el camino milenario que baja de Ibañeta al caserío Guardiano. Los francos ni podían pasar a las tierras bajas de Arneguy -puerta de Francia-, por impedírselo el desfiladero que cortaban los vascones, ni encaramarse al collado axial desde el que buscar el campo de lucha en el llano de Roncesvalles, que les hubiera dado la victoria. El aniquilamiento casi total tuvo que llegar pronto. Una vez concluida la jornada vino la huida precipitada de los emboscados, temerosos de lo que pudiera hacer el rey, que debieron de llevar a efecto internándose por el camino de Palomeras que de Ibañeta conduce al también collado axial de Lindux, lo que les habría permitido alcanzar los intrincados montes de Quinto Real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se ha repetido muchas veces que la causa de la celada fue la venganza por haber derribado Carlomagno las endebles murallas de Pamplona a su regreso de la frustrada campaña de Zaragoza, pero historiadores de peso como José María Lacarra lo pusieron en duda. Las razones nunca se sabrán, porque los vascones callaron para siempre y porque los grandes relatos del siglo XII que se centraron en el Roncesvalles carolingio y jacobeo alteraron la realidad con otros escenarios y atacantes, enalteciendo el heroísmo de los francos que habían dado sus vidas enfrentándose al Islam que invadía la península ibérica. Roldán, a los ojos de monjes y juglares, apareció como el gran sacrificado, y con ese ánimo, Taillefer, el poeta-guerrero cuasi legendario, enardeció a las tropas normandas que iban a entrar en combate en la batalla de Hastings en 1066, la trascendental batalla que cambió el curso de la historia de Inglaterra. La evidencia de que la tragedia sólo pudo acontecer en Valcarlos -reforzada por la tradición navarra- no impidió que algunos eruditos franceses y españoles de la primera mitad del siglo XX se mostrasen partidarios de que el asalto había sido en el camino que se enmarca entre Ibañeta y el puerto de Lepoeder, por lo que no tuvieron inconveniente en apostar a los vascones en el Astobizcar, la montaña más bella de Roncesvalles, a la espera de que los francos cruzasen el arqueado tramo bajo la cima y desencadenar el ataque que acabaría en despeñamiento al barranco Otezulo, cabecera del vallecito de Arrañosin. El lugar es muy peligroso, qué duda cabe, pero precisamente era la estrechez del camino lo que impedía acabar con tantos hombres a la vez. Mil a lo sumo, pero nunca una columna de varios miles, porque mientras la cabeza doblaba el puerto, la cola ni siquiera se habría movido de los campamentos de Burguete y Espina &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por los collados de Lindux, Ibañeta, Lepoeder y Arnosteguy accedieron a lo largo de la historia pueblos, ejércitos, reyes y peregrinos, trazando una de las rutas más transitadas entre el continente y la península ibérica, cuyo primer paso era el lugar de Roncesvalles.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;1200-750 a.d.C. Expansión hacia el sur del continente de los pueblos indoeuropeos que practicaban la cultura de los "urnenfelder" (campos de urnas), que penetraron por varios pasos pirenaicos, principalmente el de Roncesvalles. 650 a.d.C. Invasión pacífica de los celtas, que introdujeron en la península la cultura del hierro y un idioma nuevo, influyendo poderosamente en las costumbres y creencias de los pueblos nativos, entre ellos, los vascones pirenaicos y los habitantes de las tres provincias vascas. 24 a.d.C. Abandona Hispania el emperador César Augusto, que se encontraba en tierras burgalesas dirigiendo la guerra contra los pueblos cántabros. Enfermo del hígado partió hacia Aquitania, escoltado a la sazón por la Legión V Alauda, que aquel mismo año se incorporó al inseguro limes del Rin para contener a los pueblos germanos sublevados. 262 El emperador usurpador romano Marcus Cassianus Latinus Postumus accede a Hispania por Roncesvalles, apoderándose de todo el territorio peninsular, a la vez que de la Galia, Britania y Germania. ¿...? Parte de Pamplona un joven hispanorromano de 31 años llamado Firmino, en dirección a Amiens para predicar el Evangelio, donde es martirizado y muerto, convirtiéndose en San Fermín, patrón de Navarra. 472 Penetra un ejército visigodo al mando del conde Gautérico o Gauterit, enviado por el rey godo Eurico, que se dirige a Zaragoza con ánimos de conquistarla. 408 Constante, hijo del emperador usurpador romano Constantino III, con sede en Arlés, pasa a tierras peninsulares con el fin de establecer la autoridad de su padre. 409 Los Bárbaros -suevos, alanos y vándalos-, son retenidos en tierras aquitanas entre el 407 y 409, incapaces de romper la férrea defensa en el desfiladero de Valcarlos de los hermanos hispanorromanos de Pamplona, Dídimo y Veriniano, pero son sorprendidos por la espalda por las tropas usurpadoras de Constante, que los lleva a Arlés (Francia), donde fueron ejecutados. 409 El rey de los suevos, Rekhiario, se desplaza desde Galicia hasta Roncesvalles, cruza el Pirineo y por Aquitania llega a la sede visigoda de Toulouse, donde celebra matrimonio con la hija del rey Teodorico I. Al regreso saquea con dureza las tierras de la futura Navarra, acaso en venganza por haberle impedido el paso unos meses atrás los pamploneses. 441 Asturius, general godo federado, viene a aplastar las revueltas bagaudas que asolaron Navarra la ribera del Ebro: bandas de campesinos pobres que se sublevaron al faltar el control de las autoridades romanas. 442 Merobaudes, también federado, yerno del anterior, franquea el puerto de Ibañeta con el mismo motivo, aplastar a los bagaudas, a los que combate en Aracelli o Araciel, acaso el valle de Araquil o una antigua villa próxima a Corella. 456 El rey visigodo Teodorico II, colaborador del imperio, entra en la península para enfrentarse en Astorga (León) con su cuñado Rekhiario, rey de los suevos, a quien derrota y manda ejecutar. Se traslada luego a Braga y Oporto, que conquista, y hallándose en Mérida abandona la península al año siguiente (457) por el camino de la venida. 468 El rey godo Eurico traspasa el Pirineo y asola las ciudades y comarcas de Pamplona, Zaragoza y Tarragona. En tierras del oeste peninsular se enfrenta al rey suevo Remismundo, que confina en los límites geográficos de la región gallega. Invade también Lusitania. 490 Entran varios miles de godos pacíficos presionados por los francos, que se instalan a lo largo de la ribera del Duero, aportando una nueva cultura la península ibérica. 530 Los francos obligan a pasar a territorio peninsular a una segunda oleada de godos, la más numerosa, calculada en varios cientos de miles. 541 Invasión de francos al mando de los reyes hermanos, Childeberto y Clotario, acompañados de tres de los hijos de este último, que intentan apoderarse de Zaragoza, pero fueron derrotados. El regreso por Roncesvalles pudo impedirlo el general visigodo Teudiselo si no hubiese sido sobornado en el último momento. 587 Los vascones cruzan por primera vez el Pirineo y saquean una parte de Aquitania, retirándose enseguida a las montañas. 732 Salen de Pamplona las fuerzas musulmanas al mando del emir Al-Gafiqi. Cruzan el "Bort Sizaru" por Lepoeder y lo arrasan todo hasta Burdeos, pero son derrotados en Poitiers por Carlos Martel y el conde Eudón. El emir muere en la lucha, y los supervivientes huyen durante la noche en dirección a Pamplona, lo que solivianta a los vascones. 778 En primavera entra por Valcarlos el ejército al mando de Carlomagno, camino de la Zaragoza que le habían prometido entregar. Otra fuerza similar lo hacía por el paso del Perthus, en Gerona. El regreso supuso la matanza de la retaguardia en Roncesvalles. 812 El emperador Ludovico Pío, hijo y sucesor de Carlomagno, viene en persona a Pamplona para someter la ciudad, y a la vuelta a punto estuvo de caer en otra emboscada vascona. Tras apresar a los cabecillas, mandó ahorcarlos en el mismo Pirineo. 824 Ludovico Pío envía esta vez a Pamplona a los condes Eblo y Aznar al frente de un ejército, que es derrotado al regreso en los desfiladeros de Roncesvalles por vascones y musulmanes Banu Casi del Ebro. El primero de los condes fue ejecutado y el segundo salvado por su parentesco con los vascones. 982 El rey de Pamplona, Sancho Garcés "Abarca", hallándose a la sazón en Aquitania, tiene noticia de que los musulmanes subían del Ebro camino de Pamplona. Presuroso el retorno, ha de sufrir enormes dificultades en Valcarlos a causa de una intensa nevada que a punto estuvo de costarle el reino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;1010 El rey Sancho Garcés III el Mayor se pone en marcha con una comitiva hacia Aquitania, donde había de asistir a los solemnes actos en St-Jean d'Angely por el hallazgo de la cabeza de San Juan Bautista. 1020 Guillermo V de Aquitania recorre varias veces el camino de Santiago. La orden monacal del Cluny que contribuyó a crear cruza por Roncesvalles para fundar sus monasterios a lo largo de la vía jacobea peninsular. 1098 El influyente obispo de Santiago, Diego Gelmírez, que venía de Roma, se entrevista con el conde de Erro, dueño absoluto de la comarca de Roncesvalles y Valcarlos. 1122 Se traslada a Bayona el rey de Aragón y de Navarra, Alfonso I el Batallador, que a su paso por el collado de Ibañeta determina la erección en él de un hospital de peregrinos que remedase el de Santa Cristina de Somport (Huesca). 1127 Camino de Santiago cruza el alto "Port de Cise" el peregrino poitevino Aymeric Picaud, poco meses antes de la erección en Ibañeta del primer hospital de peregrinos, pues nada refirió en su "Liber Peregrinationis" (Codex Calixtinus). 1127 El obispo de Pamplona, Sancho Larrosa, inaugura el nuevo hospital del sumopuerto de Ibañeta, ubicado en el arranque de la vertiente que desciende a Roncesvalles. 1137 Guillermo X, duque de Aquitania y Gascuña, acompañado de un séquito de trovadores, cruza camino de Santiago, en el que sería su último viaje al morir ante el altar mayor de la catedral. 1177 El Duque de Aquitania -futuro rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León- emprende una serie de acciones guerreras por la región, en una de las cuales se presenta en el collado de Ibañeta. 1192 El que habría de ser rey Sancho VII el Fuerte y héroe de las Navas de Tolosa, va camino de Aquitania en ayuda de su egregio cuñado Ricardo Corazón de León. Fue aquél el primer contacto de Sancho con el Roncesvalles que habría de elegir para ser enterrado. 1194 Hallándose Sancho en Aquitania tiene noticia del fallecimiento de su padre el rey, que le obliga a volver con celeridad para ceñir la corona. 1234 Pisa tierra navarra por primera vez Teobaldo I, el nuevo rey francés que habrá de suceder a su tío Sancho VII el Fuerte, que murió sin descendencia legítima. 1276 Se adentra un ejército francés al mando del condestable de Francia, Imbert de Beaujeau, que arrasa la Navarrería de Pamplona. Navarra a la sazón estaba sin rey. 1329 Llegada de los nuevos reyes de Navarra, Felipe III y Juana II, que fueron coronados ese mismo año. 1350 Arriba el nuevo rey, Carlos II, hijo de Felipe y Juana. 1366 Irrumpe el temible militar Bertrán Du Guesclin al frente de las "Grandes Compañías", que acude en ayuda de la causa de Enrique de Trastámara, que disputaba el trono de Castilla a su hermano Pedro el Cruel. 1367 Desde Aquitania, de donde era lugarteniente general del rey de Inglaterra Eduardo III, su padre, viene Eduardo el Príncipe Negro, cuyos arqueros acaban con un ejército de Enrique de Trastámara en tierras riojanas de Nájera. 1495 Pasa por Roncesvalles el peregrino alsaciano Herma1512 Abandonan Navarra para siempre los últimos reyes Juan de Albret y Catalina, una vez anexionado el reino al de Castilla. En Roncesvalles fallece uno de sus hijos. 1512 El ejército del Duque de Alba que sometió Navarra a la corona de Castilla, parte de Pamplona hacia St-Jean-Pied-de-Port en medio de enormes dificultades para pasar los cañones por el "Port de Cise". El regreso fue precipitado ante la entrada de un ejército francés enviado por el exrey Albret II, al que logran detener los castellanos en el valle de Belagua. 1521 Invade Navarra un ejército mandado por Andrés de Foix, conocido por Asparrot, señor de Asparren, que pone sitio a Pamplona, en cuya defensa cayó herido Ignacio de Loyola. 1530 Abandonan para siempre la plaza de St-Jean Pied-de-Port las tropas del rey de España, Carlos I. Las hasta entonces tierras navarras de Ultrapuertos pasan definitivamente a Francia. 1560 Tras partir de Bruselas la princesa Isabel de Valois, la que iba ser tercera esposa de Felipe II, es recibida en Roncesvalles. Küning Von Bach, autor de un completo y notable relato de la larga travesía jacobea. 1670 Por el Camino de Santiago irrumpe en Navarra Domenico Laffi, ilustre peregrino italiano, autor del famoso relato "Viaggio In Ponente a San Giacomo di Galizia e Finisterrae" (1673), en el que presta detenida atención a Roncesvalles, con abundantes muestras legendaristas. 1684 Un ejército enviado por el rey de Francia, Luis XIV, compuesto por 11.000 hombres al mando del mariscal Bellefont, entra por Valcarlos pero se detiene en el collado de Ibañeta, donde permanece sólo 24 horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1705 Llegada del nuevo rey Felipe V, nieto de Luis XIV, que con 22 años pisa por primera vez España en Roncesvalles. 1706 Incursión de un ejército francés al mando del Duque de Berwick, enviado por Luis XIV para ayudar a Felipe V en las pretensiones sucesorias del archiduque Carlos desde Portugal. 1714 Solemne recepción en Roncesvalles a la nueva reina de España, Isabel de Farnesio, que ese mismo año contrajo matrimonio con Felipe V. Tenía 22 años. Su estancia obligó a los pueblos de los valles a tener que acondicionar con urgencia caminos y puentes. 1725 La Infanta María Ana Victoria, hija de Felipe V, es devuelta a España en Roncesvalles, tras haber fracasado el compromiso matrimonial con Luis XV de Francia, que ese año se casó con María Leszczynska con la que tuvo diez hijos. 1794 Cae en la guillotina de París la cabeza del último rey de Francia. Los ejércitos de la Convención Francesa invaden España por varios puertos del Pirineo. En Navarra lo hacen por el Port de Cise y por el alto valle de Aézcoa, provocando destrozos y saqueos en Roncesvalles e incendiando Burguete y otros pueblos. 1808 Accede por primera vez un ejército napoleónico al mando del general Armagnac, que se hospeda en Roncesvalles con toda su gente. Días después logra apoderarse de la Ciudadela de Pamplona con bolas de nieve. 1812 Salen para Francia las tropas napoleónicas que mandaba el general Abbé, perseguidas de cerca por el general Bing y el brigadier Murillo. 1813 Derrotado, abandona España el mariscal Soult al mando de unos 35.000 hombres. Lo hace por el "Port de Cize", por donde había entrado, de ahí que en el sur Francia se conozca también la alta travesía como "Camino de Napoleón". 1843 El gran dramaturgo francés Victor Hugo deja Navarra camino de París tras una estancia en Pamplona, caracterizada por apasionados recuerdos de otra anterior. 1876 Parte al destierro el pretendiente al trono de España, Carlos VII, acompañado de su estado mayor. En la frontera de Valcarlos tiene lugar la emocionada despedida. Las guerras carlistas entraban en la historia.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-5270324471139693129?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/5270324471139693129/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=5270324471139693129' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/5270324471139693129'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/5270324471139693129'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/introduccion-roncesvalles.html' title='Introducción a Roncesvalles'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbbe41z7DoI/AAAAAAAAMSo/UKpj7w9hCLg/s72-c/image053.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-3880281336546977635</id><published>2009-03-10T19:25:00.001+01:00</published><updated>2011-01-02T16:45:58.629+01:00</updated><title type='text'>LLegada a Roncesvalles desde Pamplona</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbbantwQJ3I/AAAAAAAAMR4/h0pfZ4r7Mr0/s1600-h/01_05_Amanecer_desde_Alto_Mezquiriz.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 182px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311673186361812850" border="0" alt="Amanecer en la llanada de Roncesvalles" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbbantwQJ3I/AAAAAAAAMR4/h0pfZ4r7Mr0/s400/01_05_Amanecer_desde_Alto_Mezquiriz.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Lo que aconteció el 15 de agosto del 778 en Roncesvalles fue la consecuencia de las ansias independentistas que mostró hacia el poder central de Al-Ándalus y hacia el emir Abderramán I, el gobernador moro de Zaragoza, Sulaiman ibn Yazqan ibn Al-Arabi. "La llama de la rebelión se extendió, instantánea e incontenible por la vertiente subpirenaica. Todos los gobernadores de los distritos fronterizos secundaron desde el primer instante y con exaltado fervor el movimiento secesionista", escribió Joaquín Arbeloa (1). Encendido cada día más en sus ansias emancipadoras y no teniendo a nadie con la suficiente fuerza que lo apoyara, cierto día del año 777, Sulaimán se puso en camino hacia tierras del otro lado del Pirineo, llegando hasta Paderborn, lugar en el que se encontraba el rey Carlomagno con quien se entrevista y le solicita ayuda. "El rey, persuadido por el sarraceno, concibiendo no sin razón la esperanza de conquistar algunas ciudades en Hispania, movilizó el ejército y se puso en marcha", constaron los Anales Regios hasta el año 801. Todo estaba decidido; ya no se iba a echar atrás, y empezaron los grandes sueños para aquel rey. Según el historiador Ramón Abadal, "es probable que la última intención de Carlomagno fuese establecer una especie de protectorado sobre España a base de la sujeción de unas autoridades musulmanas que serían sus aliados y a la vez sus vasallos." (2). Una parte del magno ejército entró por los pasos catalanes; la otra, al mando de Carlomagno, por Roncesvalles, juntándose ambos a las puertas de Zaragoza. El rey pasó por Pamplona, la ciudad que unos piensan que se hallaba bajo dominio musulmán, otros bajo el reino de Oviedo y otros como Arbeloa que se muestran convencidos de que los pamploneses eran libres e independientes por el año 778. "Pamplona era plaza fuerte de los navarros", constaron los Anales Regios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camino de Zaragoza por la vía romana de la Ribera, el rey de los francos llegó a Zaragoza, pero se encontró con sus puertas cerradas. Sulaimán había sido traicionado por la persona que había dejado al mando de la plaza mientras él iba en busca de Carlomagno, Al-Husain ibn Yahya Al-Ansari, que no entregó la ciudad como estaba pactado. "Repudió los compromisos de Sulaimán con Carlomagno y, encerrándose en la ciudad del Ebro, se dispuso a defenderla con todas sus energías". (J. Arbeloa) (3). Fue precisamente entonces cuando ocurre algo inesperado que cambió los planes del rey, la noticia de la sublevación de sus estados sajones, soliviantados con el líder Witekind, lo que le obliga a abandonar el cerco de Zaragoza y regresar inmediatamente vía Pamplona y Roncesvalles, llevándose una gran suma de dinero que exigió, además de tomar como rehén al propio Sulaimán, que en una osada operación es rescatado por sus hijos en algún paraje próximo a la Cuenca de Pamplona. Pero la ciudad navarra también se subleva; no acepta a los delegados que dejó el rey a la venida. Carlomagno, airado, ordena la destrucción de las murallas de Pamplona, emprendiendo seguidamente la marcha hacia Roncesvalles...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ruta de Pamplona a Roncesvalles por los valles de Esteríbar y de Erro coincide con la vía romana de Burdeos a Astorga -la XXXIV del Itinerario de Antonino-, y con el Camino de Santiago, abierto a mediados del siglo IX, último de los que cruzan el Pirineo desde el Cuaternario, cuando el hombre centroeuropeo emigraba hacia el sur del continente huyendo de los hielos. Caminar en la dirección de Francia supone hacerlo en sentido contrario a como se hizo invariablemente desde milenios, y porque nadie partía de la península ibérica hacia el continente ni nadie osaba cruzar los pasos pirenaicos, estos acabaron legendarizándose entre temores y amenazas inconfesables, que afectaron seriamente al trasiego jacobeo. Fueron los ejércitos cartagineses de Aníbal Barca, primero, y poco después de su hermano Asdrúbal, los primeros en pasar al continente, ante el asombro de los romanos recién desembarcados en Hispania por la costa de Tarragona (218 a.d.C.), inconscientes del gran error de suponer durante un tiempo que la cordillera pirenaica y el río Ebro discurrían de norte a sur. Pioneros también en cruzar la barrera pirenaica desde suelo peninsular fueron ciertos cántabros del siglo I a.d.C., que habían acudido en ayuda de los aquitanos que se resistían a la conquista de Julio César, pero les cabe a los vascones cispirenaicos del siglo VII ser el primer pueblo peninsular en traspasar la barrera montañosa y asentarse en las comarcas aledañas, que andando el tiempo constituirían el Pays de Soule, la Basse Navarre y el Labourd, las tres provincias francesas de honda raigambre vasca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmMZ4UNCbI/AAAAAAAAMbI/wSRurxMg5-o/s1600-h/image002.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; FLOAT: left; HEIGHT: 134px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312431611701954994" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmMZ4UNCbI/AAAAAAAAMbI/wSRurxMg5-o/s320/image002.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Que mejor lugar de partida para tan excelso Roncesvalles que Pamplona. A la recia muralla construida por Felipe II, tan superior a la endeble que echó abajo Carlomagno, se asoma ese caminante anónimo que marcha hacia los escenarios de la rota carolingia. Desde la antigua Torre de la Tesorería sobre el baluarte del Redín se vislumbra la dirección jacobea; esa línea imaginaria que baja de noreste a suroeste para unir los pueblos de Ostabat y Puente la Reina y que cruza las hoy populosas barriadas de la Chantrea y del pie de monte de Artica, que ocultan el paisaje rural de antaño, de huertas, viñedos, altozanos y encinares, por donde serpentea invariable el Arga, el viejo Runa que Aymeric Picaud creyó que nacía en los montes de Roncesvalles. Fueron esos los campos en los que se concentró en el 743 el gran ejército musulmán al mando del emir Al-Gafiqi, dispuesto a conquistar los territorios del otro lado del Pirineo, que los cronistas denominaban "Tierra Grande". Fueron también campos de acampada del rey Carlomagno en el 778, dos o tres días antes de la tragedia que habría de sufrir su retaguardia en los desfiladeros de Valcarlos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mañana de Pamplona es desapacible por octubre; lo será aún más por Roncesvalles, donde predomina un clima mucho más severo. El cielo está despejado. Los primeros rayos del sol que se alzan por los montes de Aranguren iluminan las torres de la catedral, los lienzos de la muralla, el monte San Cristóbal y las lejanas sierras aledañas al río Araquil. Cuanto misterio agazapado, al acecho, se intuye en la ruta del Pirineo, hollada con las pisadas de unos sobre los pasos de otros, en silencio y entre indecibles penurias. Con qué afán los peregrinos pasarían el Arga por el puente de la Magdalena, cercano a los muros de la ciudad, para entrar cuanto antes por el Portal de Francia o de Zumalacárregui, la histórica puerta por la que salió una madrugada de riguroso incógnito quien iba a encabezar el levantamiento carlista en Huarte-Araquil. Nunca más volvería a su casa de la jacobea calle del Carmen… A lo lejos, la forma cónica del monte Miravalles, entre Arre y Villava, marca el inconfundible mojón de entrada a Esteríbar, el "valle del torrente", como tradujo Arturo Campión, pues torrencial baja el Arga hasta remansarse por Pamplona. Desde la Trinidad de Arre y hacia Lanz marchaba la vieja calzada romana que venía del Mediterráneo, mientras que la roncesvaliana, bordeando tan emblemático monte, pasa cerca del primer pueblo de Esteríbar, Olloqui, que se divisa en alto, encaramado a la ladera que sesgadamente ilumina el sol tempranero que levanta de huertas, sembrados y arboledas el rocío caído durante la noche, la suave neblina que difumina el paisaje, verde cada vez más verde conforme deja atrás los campos cerealistas de la Cuenca. Otros pueblecitos, como Ilúrdoz, apartados y ocultos, unidos al eje del valle por estrechas carreteras que hasta no hace tanto eran tortuosos caminos de tierra, parecen ajenos al fenómeno jacobeo, como si con ellos no fuera el trasiego multisecular de gentes y culturas, o como si habiendo elegido las alturas iban de esa manera a librarse de los peligros que acechaban, tantos como hubo en los últimos siglos. Arleta, Zabaldica, Larrasoaña y Zubiri, en cambio, ubicados a la vera de la senda milenaria, desde muy antiguo tuvieron que afrontar su destino: ayudar a los peregrinos y sufrir los excesos del francés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmMl4aQl1I/AAAAAAAAMbQ/QS0SFgJmnMc/s1600-h/image007.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; FLOAT: right; HEIGHT: 154px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312431817885783890" border="0" alt="Monolito de la batalla del 778" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmMl4aQl1I/AAAAAAAAMbQ/QS0SFgJmnMc/s200/image007.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En Zubiri, capital administrativa del valle-municipio, los peregrinos de Santiago se topaban por primera vez con el Arga, que cruzaban por un puente que custodiaban portazgueros malvados, a juicio del italiano Doménico Laffi, que entró por Roncesvalles en el siglo XVII: "Allí, guardando el puente, están ciertos soldados o, para decirlo antes, ladrones y asesinos que por estar en lugar deshabitado despojan a los transeuntes." Quien marcha hacia Roncesvalles ha de enfilar la dirección del barranco que encabeza Agorreta, un pueblecito que pese a su ubicación tan próxima a la ruta santiaguista quedó al margen. A mano izquierda se desprende la carretera que sube al embalse de Eugui que llena el Arga, abastecedor de Pamplona, pasado el cual, cruzando los puertos, bosques y verdes praderas de Quinto Real, puede accederse o al valle de Baztán por Irurita o a los franceses de Alduides y Baigorry, que a su vez enlazan con el primero, así como con Roncesvalles por Valcarlos. Desde Zubiri, el camino de Pamplona a Roncesvalles emprende el ascenso del puerto de Erro entre bosques de pinos, hasta doblar la cima (800 m.) desde la que se divisa el histórico valle homónimo que cierra la sierra de Labia. En él se halla Viscarret, la legendaria aldea medieval que el peregrino Picaud eligió como final de sus trece largas jornadas a Santiago. Le sigue Mezquíriz, desde donde vía romana y camino jacobeo daban el salto a tierras roncesvalianas por Espinal; la carretera, en cambio, algo más apartada, cruza el eje de un brazo montuoso que se desprende del eje pirenaico, divisorio de los valles de Erro, Arce y Roncesvalles. Conocido topográficamente como Alto de Mézquiriz (950m.) es ése un lugar de especial relevancia, que acentúan las corpulentas hayas, esos bosques que la niebla convierte en ámbitos encantados, inspiradores de leyendas y temores que se presagian por doquier. El haya es árbol predominante en el norte de Navarra, y pese a ello carece de nombre autóctono, al contrario que otras frondosas como el roble, el abedul o el fresno. Según el etnólogo Julio Caro Baroja, al que tantas veces habrá que citar, el haya en euskera se nombra según su procedencia latina. Del "fagus silvatica" se llega a las tres conocidas grafías, "fago, pago, bago", pero ese árbol, porque su procedencia es propia de tierras centroeuropeas, habría que conjeturar que pudo entrar en la península ibérica con el auge de las peregrinaciones jacobeas, como el vino albariño que llevaron en el siglo XII a Cambados una comunidad de monjes alemanes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Alto de Mezquíriz fue paraje de honda significación para los apesadumbrados peregrinos de Santiago, que acababan de dejar atrás el arduo Pirineo, tras recorrer los campos de la llanada de Roncesvalles. En ese lugar cambiaban los escenarios y los propósitos; de ello dio cumplida cuenta en el siglo XII el más famoso de los caminantes medievales, Aymeric Picaud, clérigo de la región de Poitou, que en dicho puerto se despedía de las tierras de los "Bascli" que tanto odiaba saludando gozoso y esperanzado "la tierra de los navarros, rica en pan, leche y ganados", que vislumbraba hacia el interior de Navarra. El Alto de Mezquíriz representó además otros valores en la vida de las gentes de los valles limítrofes de Arce, Aézcoa, Erro y Valcarlos; en él, en su cima, dejaron constancia de la milenaria devoción a la Patrona del Pirineo que se venera en la Colegiata de Santa María, la Virgen que los libró de pestes y epidemias. Una estela en piedra, idéntica a la existente en el collado de Ibañeta, lo recuerda en euskera y en castellano a propios y extraños: "Aquí se reza una salve antes de Roncesvalles." El Alto, el sencillo paraje, también tiene relevancia, y mucha, para ese caminante peninsular que ha partido de Pamplona y que de pronto se ve ante la barrera axial pirenaica que trazan Orzanzurieta (1.570), Astobizcar (1.506), Guirizu (1.280) y Mendiaundi (1.218), los montes por entre los cuales hay un espacio para el camino milenario. En él, por el claro que dejan las hayas, cabe que experimente las ancestrales sensaciones que aún transmite el Pirineo al cabo de milenios, esa clase de sensaciones casi indefinibles hoy, que van más allá de los conceptos modernos de grandiosidad, espectacularidad o belleza paisajística. Son ésas coletazos de la mitología que los navegantes griegos hace mucho que transmitieron a los celtas y estos a su vez a los primitivos vascones pirenaicos, que se traducen en impresiones paleocerebrales numinosas o numínicas ante cosas, hechos y situaciones que, por una u otra razón, acabaron alcanzando honda relevancia entre los hombres a lo largo del tiempo, las cuales pueden aflorar ante situaciones tan dispares como el fuego que arde en el hogar, animales como la serpiente y escenarios naturales como el Mediterráneo, las costas occidentales atlánticas con el sol hundiéndose en los "mares bermejos", o ante el mismo río Ebro, cual eterna muga de civilizaciones y culturas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmM2GOXUuI/AAAAAAAAMbY/rhSsMw5G97s/s1600-h/image009.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; FLOAT: left; HEIGHT: 116px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312432096471896802" border="0" alt="Relieves alusivos a la victoria vascona" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmM2GOXUuI/AAAAAAAAMbY/rhSsMw5G97s/s200/image009.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Espinal o Auritzberri, la que fue sede de la mansión romana de Iturissa, es la primera población de la llanada roncesvaliana, de espléndidas casas de empinados tejados a cuatro aguas, alineadas a lo largo de la calle principal, que coincide con el camino de Santiago, fuente de vida desde su fundación casi a mediados del siglo XIII (1269) por el rey Teobaldo II. La calle-carretera sale de tan acogedor lugar en busca de la cercana villa de Burguete; un ramal se aparta hacia el E. en dirección a Garralda, primer pueblo del valle de Aézcoa, mientras el río Urrobi que serpentea por la llanada engrosando su caudal con otros arroyos, se pierde raudo por el valle de Arce, hasta hacerse guadiana por la foz de Nagore, de ahí la tradución "agua de oquedades". Burguete o Auritz es el centro geográfico de la llanada; hermoso pueblo también alineado con el camino jacobeo, conocido en un tiempo como Burgo de la Plana de Roncesvalles, hasta que el auge del universal hospital de peregrinos alzado al pie del puerto de Ibañeta determinó el cambio de topónimo y la pérdida de privilegios y bendiciones. De Burguete al enclave monumental de Roncesvalles median sólo tres kilómetros que la carretera NA-135 de Francia recorre entre pinos y hayas que forman un bello como sugestivo pasillo, el más bello de Navarra. Los campos de la batalla de Roncesvalles que concibió la Canción de Roldán se abren a izquierda y derecha, pero no hubo tal, sino emboscada en un desfiladero… El aviso de la llegada a Roncesvalles lo indica la Cruz de los Peregrinos, primer mojón jacobeo en España por el que medir distancias a Santiago. Cruz antigua, sin duda, que dispuso en ese paraje un prior emprendedor de finales del siglo XIX, Nicolás Polit, para dar contento al caminante que ansiaba despedirse del recinto pirenaico con una última plegaria de agradecimiento, pero en modo alguno cabe relacionarla con la "Crux Caroli", la cruz de Carlomagno, que es legendaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmNEtkVFKI/AAAAAAAAMbg/i5NQ6zfL4ss/s1600-h/image009kk.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; FLOAT: right; HEIGHT: 153px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312432347551175842" border="0" alt="Túnel de acceso a la iglesia de la colegiata de Santa María" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmNEtkVFKI/AAAAAAAAMbg/i5NQ6zfL4ss/s200/image009kk.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La emoción lo es, y mucha, para ese caminante que acaba de llegar de Pamplona, ya inmerso en el Pirineo; ese personaje que marcha a solas en pos de leyendas, mitos y misterios que cree ver en derredor. Algo en derredor quiere indicarle que esconde celosamente el secreto de Roldán, el mejor hombre del rey Carlomagno, muerto en la emboscada que le tendieron los vascones y que al cabo de algo más doce siglos aún continúa insepulto, pese a que seis lugares de Francia disputen su tumba, pero porque nadie puede quedarse sin recibir cristiana sepultura, la tradición convirtió la cripta del Sancti Spiritus en "Silo de Carlomagno", un antiguo carnario de peregrinos pobres, en su tumba definitiva. Así lo creyeron personajes casi irreales como Turoldo, Aymeric Picaud, el Pseudo Turpín y Domenico Laffi, víctimas propiciatorias del legendarismo inmisericorde de Roncesvalles, que arrastrará siempre a quienes como ellos se empecinen en indagar sobre lo que aconteció el 15 de agosto del 778 en el Pirineo navarro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(1 y 3) Arbeloa, Joaquín. Orígenes del reino de Navarra. San Sebastián,1969.&lt;br /&gt;(2) Abadal, Ramón. La expedición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-3880281336546977635?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/3880281336546977635/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=3880281336546977635' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/3880281336546977635'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/3880281336546977635'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/llegada-roncesvalles-desde-pamplona.html' title='LLegada a Roncesvalles desde Pamplona'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbbantwQJ3I/AAAAAAAAMR4/h0pfZ4r7Mr0/s72-c/01_05_Amanecer_desde_Alto_Mezquiriz.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-8538435885752238127</id><published>2009-03-10T19:20:00.000+01:00</published><updated>2009-03-24T13:09:26.982+01:00</updated><title type='text'>Roncesvalles en su historia</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbba_LVjvrI/AAAAAAAAMSA/rf1tldm917A/s1600-h/mapa+capi.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311673589439905458" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 213px; TEXT-ALIGN: center" alt="Localización de Roncesvalles desde foto espacial" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbba_LVjvrI/AAAAAAAAMSA/rf1tldm917A/s400/mapa+capi.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Navarra, embarcada en la recuperación de un pasado que se remonta a los vascones, ha hecho esfuerzos notables por esclarecer topónimos euskéricos. Otras influencias culturales en cambio han visto descuidadas las averiguaciones, y las lagunas que han surgido son notorias. &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;No es asunto que competa aquí y ahora, pero sí la controversia que se remonta a finales del siglo XIX acerca de si es primero el nombre Roncesvalles o el de Orreaga. Julio Altadill en 1920 –profundo conocedor de Navarra- definía el espíritu que movía a estudiosos y eruditos: “Los que venimos dedicando nuestra vida a propagar y descubrir verdades históricas, no desertamos de nuestro puesto”. Pero aquellas verdades acabaron a veces en inexactitudes, incluso en arbitrariedades, que nadie rebatía por no estar nadie capacitado para hacerlo. Algunas de las cosas que se dijeron, sin tiempo ni medios para su esclarecimiento, fueron asimilándose tal cual por otros sectores, con la consiguiente deformación, que llegaría hasta hoy. La actividad intelectual optó por volcarse en los topónimos, convertidos de este modo en víctimas propiciatorias, cual si a través de ellos y sólo de ellos se desvelase el secreto de una tierra o de un pueblo. Los topónimos nadie discute que casi siempre resultaban y resultan significativos, pero teniendo en cuenta que casi todos eran elementos descriptivos amoldados a la vida cotidiana en un ámbito físico determinado. Muchos nombres surgieron en ámbitos muy locales y no obstante se sacaron conclusiones generales, aplicables a comarcas, valles o poblaciones. Los topónimos podían derivar del latín, del árabe, del francés, del romance, del castellano y naturalmente del euskera; podían estar formados incluso con elementos de unos y otros y podían ser sencillamente producto de deformaciones populares. Ya el etnólogo Julio Caro Baroja lamentaba no haber alcanzado mucha popularidad intentando “afirmar que gran parte de los nombres de lugar en vasco son inexplicables a la luz de la misma lengua actual.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgyYD8jyoI/AAAAAAAAMY4/WcHV9TnjpzE/s1600-h/apostol.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312051149441059458" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 128px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="Apóstol Santiago en el Pórtico de la Gloria de Santiago" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgyYD8jyoI/AAAAAAAAMY4/WcHV9TnjpzE/s200/apostol.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La zona media de Navarra y la Ribera experimentaron mayores alteraciones que las comarcas del norte de Navarra, expuestas a menor influencia euskérica desde los albores medievales. Los valles de Salazar, Aézcoa, Roncal, Baztán y los que formaban parte de la antigua Basaburua Menor, encerrados en sí mismos desde antes de la colonización romana, no ofrecían apenas discusiones. Cosa muy distinta eran los territorios aledaños a la principal vía de entrada a la península –Valcarlos y Roncesvalles-, sometidos a la fuerte influencia de los cantares de gesta, de los cronicones de los siglos XI y XII y naturalmente del paso continuado de los peregrinos de Santiago. José María Lacarra, el ilustre medievalista estellés, que tantas veces hay que citar, escribió: “Roncesvalles es más conocido por la leyenda que por la historia, y en vano buscaríamos el nombre de Roncesvalles en los textos históricos que nos informan de la batalla”. La frase desvela la crítica velada de un historiador que confía más en los documentos que llegan a sus manos que en los relatos literarios medievales, sin percatarse de que precisamente porque eran literarios no tenían por qué reflejar la realidad. Los cruentos hechos bélicos acaecidos en el Pirineo de Navarra en los años 778 y 824 fueron tratados literariamente. Pero era una literatura que porque arrancaba del siglo XII, caía con facilidad en lo paroxístico, el punto que más repugnaba a historiadores y eruditos. Al paroxismo se llegaba por el siglo, por la magnitud de los personajes implicados, por el modo en que perecieron y sobre todo por el afán por estimular las peregrinaciones jacobeas, que no llevaban trazas de vencer temores e inconvenientes indecibles. Costó mucho instaurar el Camino de Santiago, lo que a menudo se olvida. La realidad que se impuso hizo ver que las tropas carolingias no fueron derrotadas por una partida de vascones que tendieron con éxito una emboscada en un desfiladero pirenaico, sino como consecuencia de una batalla librada en el llano de Roncesvalles contra ejércitos sarracenos. El silencio que lamenta Lacarra tampoco hay que achacárselo a los propios vascones, conscientes de que la acción emprendida contra Carlomagno les hubiera acarreado las más temibles represalias. El temor los hizo callar, incluso ante su propia gente. Hablaron en su lugar gentes francesas, los monjes desde los monasterios, que tejieron y destejieron a su antojo. No es admisible, por tanto, que Arturo Campión se empecinase en que fueron los vascones los que “transmitieron a sus hijos y descendientes la memoria clara de la 'facienda' de Roncesvalles y del lugar donde ocurrió, con otros pormenores relativos a cosas y personas que se habrían ido borrado paulatinamente, pasando luego a los primeros monjes que arraigaron en San Salvador de Ibañeta”. Tampoco que el romanista francés Joseph Bedier (1864-1938), autor de "Las leyendas épicas", escribiese que “el primigenio relato de la batalla se formó primeramente bajo el aspecto de leyenda local en Roncesvalles”, olvidándose de que los monasterios, iglesias y recintos hospitalarios en el Pirineo no llegaron hasta el siglo XIII, coincidiendo con la ruta de Santiago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cosas debieron de empezar de un modo mucho más simple. Roncesvalles pudo ser en un principio el topónimo despectivo con el que referirse a la primera tierra llana que hallaban los primeros pueblos y ejércitos nada más descender el puerto de Ibañeta, el espacio idóneo en el que acampar tras el paso del Pirineo. Las estancias pudieron durar desde semanas a meses, por lo que es comprensible que las poblaciones autóctonas se instalasen tardíamente. En una segunda fase, los peregrinos de Santiago también confirmarían el estado desolado del entorno. El primer atisbo de población no surgió donde hoy se alza el enclave de Roncesvalles, al pie del puerto, sino a unos tres kilómetros hacia el interior, en un paraje que coincide con el centro geográfico de la llanada. Surgió un sencillo recinto asistencial –una iglesia y una limosnería-, que puso en marcha a mediados del siglo XI el influyente personaje que mandaba en la comarca, el conde Sancho Sánchez de Erro, en cuyo entorno se formó una pequeña población que se llamó Burgo de Roncesvalles, es decir, el burgo de la llanada que ya se conocía con ese nombre. Aquel recinto pensado para los peregrinos pudo convertirse con el tiempo en lugar de fama universal, pero nada logró medrando a la sombra del gran hospital alzado en 1132, protegido por los reyes de Navarra. Lo mismo que Zarapuz con respecto al esplendor jacobeo de la ciudad de Estella. El burgo pirenaico tuvo que denominarse Burguete en el siglo XV, hasta hoy en que queda establecido que ha de compartir denominación con el euskérico Aurizte de significado desconocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmNdpanD0I/AAAAAAAAMbo/Z58ibKbPRJc/s1600-h/image011.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312432775933398850" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 173px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="Iglesia de Santiago y Sancti Spiritus" src="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmNdpanD0I/AAAAAAAAMbo/Z58ibKbPRJc/s200/image011.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los cronistas carolingios de los siglos IX y X fueron los primeros en dar cuenta de la emboscada en el desfiladero al norte de Ibañeta. Las constataciones eran realistas por basarse en relatos directos o casi directos de supervivientes. Pero no se mencionaban topónimos que pudiesen arrojar algo de luz; se hablaba únicamente de montes Pirineos. En el siglo XII, los primeros poemas épicos y cronicones que se ocupan de ensalzar las muertes de Roldán y los Pares de Francia, ofrecen algo más. La hondonada de Valcarlos hasta el llano de Francia aparecía como “Porz de Sizer” y “Vallis Caroli”, denominación que acabó instituyéndose, hasta hoy en que también ha de compartir nombre oficial con Luzaide. Aquellos relatos se referían a Rencesvals como un extenso campo en el que se desenvolvió la batalla que nunca hubo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La emboscada en el desfiladero había sido suprimida. Tanto la “Nota Emilianense” descubierta en San Millán de la Cogolla, como la “Chanson de Roland” propiamente dicha y el “Codex Calixtinus”, se referían al nuevo escenario de tres modos distintos, que expresaban lo mismo, un terreno más o menos llano que cercaban los montes, apto para una batalla entre ejércitos. Surgió primero Rozaballes, y enseguida, Rencesvals y Runciavalle. La imposición del escenario bélico ocupó un papel relevante en la canción gesta, que mostró un interés desmesurado por llamar la atención acerca de él. Lo confirman las insistentes menciones de los mandos sarracenos ante su rey Marsilio, que sólo anhelaban acudir a combatir a Roncesvalles. “Estaré presente en Rencesvals”, “He de ir a Rencesvals”, “A Rencesvals habré de conducir mis mesnadas”, “Iré a buscar a Roldán a Rencesvals”, “Para afrentar el orgullo, iré yo a Rencesvals”, “A Rencesvals iré a matar a Roldán”, “Mi espada he de teñirla de rojo en Rencesvals”. A todos les responde decidido el rey: “!Iréis a Rencesvals!” Y llega el día; el amanecer en que la caballería musulmana galopa por los campos de Burguete hacia el puerto pirenaico. Viene entonces la que puede considerarse primera y más completa descripción de la llanada navarra. “Una pradera muy vasta cubierta enteramente de hierba en la que no hay arbolado ni nada que pueda obstaculizar los combates; una explanada que rodean valles, cerros y lomas que ocupan los sarracenos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rencesvals se convirtió en el topónimo universal desde finales del siglo XI (1080 ó 1890), pero desde hacía unos años antes, desde 1075, se conocía otro, Rozaballes, que introdujo desde Francia en tierras riojanas de San Millán de la Cogolla, cierto personaje. Allí revela a la comunidad de monjes la historia de la muerte del conde Roldán y de los Pares, los mejores hombres de Carlomagno. Les cuenta el lugar en que perecieron, Rozaballes, que a buen seguro nunca habrían oído hablar. El misterio no impide sospechar que aquel hombre tenía que ser o el mismo monje normando a quien se atribuye la genuina “Canción de Roldán”, Turoldus, o un juglar del camino de Santiago, que le oyó contar tan sorprendente historia. Es factible el paso pirenaico del mismo Turoldus, exactamente igual que su afán aventurero o intrépido lo llevó unos años antes, en 1066, a estar presente en la batalla de Hastings, Inglaterra, donde tampoco pudo reprimir el deseo de contar lo acaecido en Roncesvalles a su amigo el juglar Taillefer, que fue capaz de enaltecer con aquella historia a las tropas normandas, poco antes de caer muerto, traspasado por su propia espada lanzada al aire. La historia de tan sólo 16 frases que llegó a San Millán la denominó su descubridor Dámaso Alonso “Nota Emilianense”, y era rotunda y clara con la acción bélica de Roncesvalles: “Cuando el ejército pasaba el puerto de Sicera (Valcarlos), en Rozaballes las gentes sarracenas mataban a Rodlane.” (At ubi exercitum portum Sicera transiret, in Rozaballes a gentibus sarrazenorum fuit Rodlane occiso).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Texto latino)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“In era DCCCXVI, venit Carlus rex ad Cesaragusta. In his habuit duodecim neptis; unusquisque habebat tria milia equitum cum loricis suis. Nomina ex his Rodlane, Bertlane, Oggero Spata curta, Ghigelmo Alcorbitunas, Olibero et episcopo domini Torpini. Et unusquisque singulos menses serbiebat ad regem cum scolicis suis. Contigit ut regem cum suis ostis pausabit in Cesaragusta, Post aliquantulum temporis, suis dederunt consilium ut munera acciperet multa, ne a ffamis periret exercitum, sed ad propriam rediret. Quod factum est. Deinde placuit ad regem, pro salutem hominum exercituum, ut Rodlane, belligerator fortis, cum suis posterum ueniret. At ubi exercitum portum de Sicera transiret, in Rozaballes a gentibus sarrazenorum fuit Rodlane occiso”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Wace - Roman de Rou. 1160)&lt;br /&gt;« Taillefer, qui mult bien chantout,&lt;br /&gt;sor un cheval qui tost alout,&lt;br /&gt;devant le duc alout chantant&lt;br /&gt;de Karlemaigne e de Rollant e d'Oliver&lt;br /&gt;e des vassals qui morurent en Rencesvals ».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrNyKFtzXI/AAAAAAAAMeo/zg7Vzk-uH8A/s1600-h/vieja+ermita+ibaÃ±eta.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312784972022402418" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 136px" alt="Vieja capilla de San Salvador de Ibañeta. Dibujo de Mañé y Flaquer" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrNyKFtzXI/AAAAAAAAMeo/zg7Vzk-uH8A/s200/vieja+ermita+iba%C3%B1eta.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El erudito artajonés José María Jimeno Jurío (1927-2002) desde un primer momento se mostró partidario de que Rozaballes tenía que ser adaptación de un topónimo local euskérico, “Errozabal”, que traducía como “Llano de Erro”. Lo mismo admitió Lacarra. Pero no es verosímil. La toponimia euskérica antigua suele ser fácil de traducir desde la perspectiva actual, pero lo que ya no resulta tanto es esclarecer significados cuando se ha perdido el modo de sentir y pensar de las gentes de siglos pasados. El retroceso general partía con el siglo XVIII. Se rompían los lazos con muchas cosas como si se quisiera empezar de nuevo. Los topónimos no iban a ser la excepción; se perdían unos y otros eran sustituidos, para volver a serlo algún tiempo después, hoy en que se quiere resucitarlos o a inventarlos. “Errozabal”, desde la perspectiva del siglo XI, en vez de traducirse por “Llano de Erro” sería más apropiado hacerlo por “lo extenso de Erro” o “lo ancho de Erro”, referencias que se identifican mucho mejor con las tierras del conde Sancho Sánchez de Erro (1060-1120). La solución apuntada por Jimeno Jurío tenía que ver con la toponimia de hace tres o cuatro siglos, cuando el euskera se esforzaba por abrirse paso en el único espacio que podía, el rural, menos afligido por la preponderancia del latín oficial y del romance popular. Una de las consecuencias fundamentales fue la proliferación de topónimos. Todo habría de tener nombre; desde el mínimo detalle de las casas a los rincones menos visitados de campos y montes. Cualquier accidente topográfico era tenido en cuenta inmediatamente. Se implantaron los patrones comunes; recursos toponímicos que se repetían en las tierras de ámbito vasco. Vascongadas, Navarra y la Tierra de Vascos eran regiones con una extensísima red toponímica; de ello dejó constancia Caro Baroja. Se recurría con frecuencia a los “lizarragas”, a las “etxeberrias”, y naturalmente a los “zabal”. Este último fue considerado elemento calificativo-topográfico de uso frecuente, pero absolutamente insólito en el siglo XI, cuando no existían poblaciones por los valles pirenaicos. No podían existir tantas diferenciaciones. En 1920, el investigador navarro Rogelio Mongelos Landa prestó atención también a “zabal”, aunque con razonamientos enrevesados. Más que desentrañar el significado de Roncesvalles lo que pretendía era hacerlo derivar directamente del euskera. “El nombre del verdadero santuario pirenaico es Arrontzabal”, topónimo que a su juicio procedía de “zabal”, que tradujo con precisión por “llano extenso y desplegado”. El origen, escribió, era el mismo que el de la villa surfrancesa de Larceveau, que había formado con Larzabal (larra y zabal), pastizal anchuroso o extenso. “Zabal conviene perfectamente a la localidad de Roncesvalles. En cuanto se ha bajado de Ibañeta, se halla uno delante de un vallecito bastante ancho.” Mongelos llegó a más: el radical de Roncesvalles procedía de “ros”, un término frecuente en la región, decía, como “arros”, término que lamenta ignorar su significado. Su determinación era que Roncevaux procedía de Roszabal y Larcevau de Larzabal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrNhF3br7I/AAAAAAAAMeg/66BgX_GkERU/s1600-h/image0Ã±15.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312784678830976946" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 143px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="Nave central de la colegiata de Roncesvalles" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrNhF3br7I/AAAAAAAAMeg/66BgX_GkERU/s200/image0%C3%B115.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Rozaballes, por tanto, es el nombre más antiguo, al que sigue el Rencesvals de la canción de gesta que figura en la Bodleian Library de Oxford. Ambos nombres muestran trazas de claro origen francés, probablemente de las primeras gentes que expresaban el paisaje que veían a la entrada en la península nada más doblar el collado de Ibañeta: un entorno de tierras incultas y embravecidas. El “runcus” latino es terreno inculto, que en la forma “runcare” correspondía a “preparar un terreno para cultivar”. Del latín al francés. Surgió “ronce”, que significa zarza o espinar; también “ronser”, zarzal o mata de espinos. Unos y otros se referían a un valle de espinos, espinoso, áspero y arduo. Esa impresión duró bastante tiempo, porque en 1660, el canónigo hospitalero Martín Burges de Elizondo había anotado acerca del paisaje de Roncesvalles: “Está en lo más inaccesible y fragoso del Reyno; en una montaña estéril y desierta, adonde se lleva todo con grande costa y trabajo”. El canónigo bayonense Pierres Narbaitz (1910-1984) pensaba que ése era paisaje natural que caracterizó siempre la zona pirenaica. “La mayoría de los relatos evocan un valle en el que abundan los espinos, lo cual no tiene por qué sorprender en una región de montañas y collados, antaño probablemente poco habitada.” Con ojos románticos vieron en cambio Roncesvalles personajes de la talla de Joseph Bédier, romanista francés que se ocupó del origen de las canciones de gesta: “Roncesvalles era una llanura de forma elíptica, cuyo eje mayor tiene cinco kilómetros y el menor, tres, y que rodean cumbres cespedinas y silvosas, praderas, bosquecillos de hermosas hayas y aguas corrientes”, y también el intelectual pamplonés Arturo Campión (1854-1937) para quien Roncesvalles era “el verdor delicadísimo y vivísimo de las hierbas y de los árboles siempre embebidos en rocío”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmN7zirszI/AAAAAAAAMb4/0lJizyQFd8U/s1600-h/image013Ã±.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312433294047687474" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 151px" alt="Calle principal y única de Roncesvalles" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmN7zirszI/AAAAAAAAMb4/0lJizyQFd8U/s200/image013%C3%B1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Rozaballes, Rencesvals y Runciavalle fueron surgiendo en la documentación europea otras, pero con escasa fortuna, hasta detenerse en las tres actuales que se manejan: Roncesvalles, Roncevaux y Roncisvalle, que corresponden al castellano, al francés y al italiano respectivamente. Ni los idiomas alemán ni inglés contaron ni cuentan con términos propios. De entre las citadas en la documentación de Navarra, la más antigua corresponde a 1101 como Ronzasvals en referencia a la fundación del hospital alzado por el conde de Sancho Sánchez de Erro en el centro geográfico de la llanada, la “Ecclesiam et elemosinariam de Ronzasvals”, sita en “Villam de Ronzasvals”. A partir de aquí las grafías no cesaron de variar, por lo que en ningún documento se mantuvo un mismo criterio, lo que puede atribuirse a las consabidas malas interpretaciones de quienes no conocían el ámbito del Pirineo navarro o de quienes redactaban al hilo de referencias vagas y pobres. Las anotaciones no cesaban. En 1151, por una bula de Eugenio III se tiene noticia de que la iglesia de Ronzisualle pasaba a depender del monasterio oscense de Santa Cristina de Somport. Ronzisualle, no obstante, era nombre que ya se conocía en el Codex Calixtinus. También de influencia calixtina era el que figuraba en un testamento anónimo de entonces en el que se señalaba que el conde de Erro era dueño del “Albergariam de Ronçisuallis”. En 1157 vuelve a surgir la primera de las acepciones toponímicas navarras como referencia a la “Villam que dicitur Ronzasvalles”, es decir, Burguete. Novedad fue en 1234 con el rey Teobaldo I de Navarra, que menciona Roscidavallis para referirse al nuevo gran hospital de pie de puerto, al que distinguía por primera vez de la población del Burgo de Roscidevallis, término que llamó la atención en el siglo XIX del filólogo francés Louis Lucien Bonaparte, que anotó: “En el latín raro de los cartularios, Roncesvalles es nombrado Roscida vallis con el sentido de ‘valle rociado’, lo que no quita para reconocer que se trata de una interpretación particular de alguien que quería alejarse de las grafías originales, llegando a contagiar a otros. En 1219, Arnaldo, prior de Santa Cristina, determina que la “ecclesiam quam habemus in villa Roscidevallis, cum decimis et primicias…” pase a formar parte del nuevo hospital de pie de puerto. Era claro que desde el rey Teobaldo la referencia también se aplicó a la villa hoy Burguete, que por esta razón llevó a confusión a propios y extraños, incapaces de distinguir cuando se hablaba de la villa central de la llanada y cuando del hospital de pie de puerto. El Burgo de Ronzasvals o de Roncisvallis seguía siéndolo en 1476, fecha en la que se pasó al cambio por Burguete, “una pequeña villa franca situada en la montaña de Roncesvalles”, anotó con imprecisión el viajero alemán Arnold von Harff (1471-1505). En 1417, Nompar, señor de Caumont había pasado “De Capeyron roge a Nostre Dame de Ronsevaux y Borget”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmNsxMjMoI/AAAAAAAAMbw/hw3sRd1ojyY/s1600-h/image013.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312433035719946882" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 152px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="Supuesta puerta del primer hospital de peregrinos" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmNsxMjMoI/AAAAAAAAMbw/hw3sRd1ojyY/s200/image013.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero el topónimo Roncesvalles no está solo. Desde hace unos años comparte oficialidad con el euskérico Orreaga, pero a Orrega le falta el apoyo de la tradición. El afán desmesurado por la búsqueda de un arraigo autóctono llevó a anteponerlo al Rozaballes de la “Nota Emilianense”, pese a que un sector de estudiosos insistiera en que Orreaga era nombre reciente, que algún clérigo o erudito influyente se limitó a traducir de alguna de las variantes de Roncesvalles. El viajero francés Lucien Louis Lande, a su paso por el Pirineo de Navarra en 1877, había dejado constancia de que “el valle de Roncesvalles se extiende verde y tranquilo, cultivado enteramente en praderas”, y que en los montes que lo rodean “florece la retama, el brezo y el espino.” Citaba por primera vez tres especies de arbustos embastecidos, propios de terrenos incultos, pero que no predominan. Parecía una prueba de que el origen del nombre de la comarca estaba en ese tipo de vegetación, aunque nada señalaba de enebros o enebrales, la especie que conviene mejor al significado que se le concede a Orreaga, “lugar de enebros”. Pero los enebros en Roncesvalles no parece que dejaron huella en mapas antiguos o modernos, ni siquiera en la memoria de la población rural pirenaica, incapaz aun hoy de aportar alguna suerte de referencia esclarecedora sobre el origen. En el valle de Guesalaz, en Tierra Estella, los relatos medievales mencionaban un paraje llamado Valdejunquera, que fue escenario de una batalla entre moros y cristianos, y sin embargo la gente ignora donde pudo estar Valdejunquera. Orreaga empezó a mencionarse en escritos de finales del siglo XIX, pero siempre en segundo plano. Roncesvalles seguía predominando pese a todo. En 1907, el poeta Hermilio de Olóriz (1854-1919), en un celebrado poema dedicado a Roncesvalles, repetía varias veces el nombre universal y sólo una vez el euskérico: “Ya de Orreaga las llanuras hierven en soldados, en armas y banderas.” De todos modos no fue la referencia euskérica primigenia. Antes que de “orreaga” se habló de “orrieriaga”, un complejo topónimo que se localizó en una inscripción mural del siglo XVII de la capilla de Ntra. Señora de la Piedad de Pasajes de San Juan (Guipúzcoa), donde se relataba la supuesta participación de gentes de aquella localidad en la batalla de Roncesvalles. “Cuando fuimos a Orrieriaga y puerto del Pirineo que agora se llama Roncesvalles…” Julien Vinson, en un tratado de toponimia vasca de 1912, se hacía eco del término, reconociendo además su origen en la mera traducción: “Quiero hacer observar que la traducción Roncesvalles es moderna e inexacta, porque la forma primitiva vasca parece haber sido Orrerriaga”.El término no se remonta a más allá del siglo XVII, como había reconocido Luis de Eleizalde (1933), uno de los ideólogos más destacados del nacionalismo vasco e investigador del euskera. Lo había citado por primera vez el filólogo labortano Silvain Pouvreau en una lista de topónimos que envía a su amigo Arnauld Oihenart (1592-1667), también ilustre filólogo del cercano Pays de Soule. La lista venía encabezaba por “Anua” y concluía con un “Orrierriaga Roncevaux”. En algún otro momento lo escribió también bajo las formas “orrerriagua” y “orrierriagua”. Pero tan enrevesado nombre euskérico acabó muy pronto siendo sintetizado por el habla popular, como había reflejado el propio Oihenart en medio de cierta crítica: “Los navarros, al pronunciar las palabras vascas, suelen desechar la aspiración y elidir muchas vocales intercaladas entre dos consonantes”. No. La gente de cualquier región tiende siempre a simplificar y pronunciar de la manera más fácil, cuanto más los navarros que desde la Edad Media iban perdiendo el euskera ante el avance del castellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El término podía ser en efecto “Orreaga”, aunque no hay que descartar que se tratase de “oyarria”, que también fue objeto de cierta atención. Juan Yanguas y Miranda (1782-1863), uno de los primeros investigadores que mostró interés por la toponimia del lugar pirenaico, se había limitado a sentenciar: “Roncesvalles en vascuence es Oyarria”. En 1881, Esteban Obanos Urriza, miembro de la “Revista Euskara”, se atrevió a indagar algo más en acerca del origen: “Oyarria en vascuence se compone de ‘0yaná’, el monte, cubierto o poblado de árboles, y ‘rria’, sincopado de ‘erria’, pueblo, lugar o ciudad, resultando que el nombre de Roncesvalles quiere decir población de montes o entre ellos, cubiertos de árboles o del todo forestales”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmOJvndRRI/AAAAAAAAMcA/6tSSvgAajhg/s1600-h/image015.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312433533512140050" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 169px" alt="Itzandeguía, probable hospital de peregrinos del siglo XIV" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmOJvndRRI/AAAAAAAAMcA/6tSSvgAajhg/s200/image015.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Arturo Campión, hacia 1888, sostenía que “oyarria” procedía del dialecto baztanés, que lo lleva a la interpretación de que el nombre genuino de la comarca pirenaica era “Oyan Erria”, que traduce con acierto por “pueblo del bosque o de la floresta, la villa de Roncesvalles, es decir, Burguete. No faltaron sus intentos por derivar de ‘oyan’ , bosque, un forzado ‘oyar’. Louis Lucien Bonaparte (1813-1891), famoso filólogo francés, sobrino de Napoleón, sin saber muy bien con qué quedarse acerca del significado de Roncesvalles, en un intento por enlazar lo consabido con la nueva tendencia, escribió: “Todas las referencias se semejan en cuanto a la forma y todas conducen a la idea de ‘valles de zarzas, matas, zarzamoras u otros arbustos espinosos como suelen ser los enebros, que concuerdan con el sentido del nombre vascongado Orreaga”, compuesto de “orre”, enebro’, y “aga” abundancial, al que por significado, “lugar lleno de enebros, enebral”. Nada que objetar, salvo que los espinos y zarzales no son exactamente enebros, especie arbustiva específica y concreta, utilizada en centroeuropa como aromatizante de la ginebra. Es difícil creer que abundasen por la parte de Roncesvalles y que no hubiesen dejado muestras de su existencia y de sus aplicaciones en la cultura rural de la zona o en la propia toponimia. Campión se percató de ello. Pero Bonaparte, al igual que sus colegas, no parecía decantarse. A la vacilación de la primera cita siguió el intento de esclarecimiento de los supuestos arbustos predominantes: “Los nombres vascos de este arbusto son orre en navarro meridional; orhe, bajo navarro occidental; ipuru, navarro meridional; umpuru, roncalés y hagintz en suletino. Orre es la raíz de Orreaga, Roncesvalles”, concluía. Oyarria iba a desaparecer entre la intelectualidad para dejar paso a Orreaga, que unos empezaban a dar como genuino, como en 1907 el arqueólogo vasco Telesforo de Aranzadi: “A juzgar por el nombre vasco de esta localidad, debió de haber antes más bien abundancia de enebros”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmOsFj-DkI/AAAAAAAAMcQ/6crmwBuPMVA/s1600-h/image016.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312434123518643778" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 133px" alt="Lápida que alude a la victoria vascona" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmOsFj-DkI/AAAAAAAAMcQ/6crmwBuPMVA/s200/image016.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arturo Campión no hay duda que fue el que más luchó por imponer el topónimo euskérico. En su visita a Roncesvalles, Valcarlos y montes como el Orzanzurieta, que dejó plasmada en un ameno relato, hizo gala de agudas observaciones, pero también de errores de perspectiva y contradicciones. Mantuvo que la llanura cispirenaica en que se asientan las poblaciones de Burguete, Espinal y el propio enclave de Roncesvalles, se denominaba Orreaga y que el nombre acabó transmitiéndose a la institución universal jacobea de pie de puerto. No es cierto. Las instituciones hospitalarias, monacales o de cualquier otra índole, en documento alguno figuraron identificadas por Orreaga. Sólo lo fueron por Roncesvalles y demás grafías latinizadas y romances, que provenían de los centros europeos de la cultura. Campión volvía a repetir lo mismo, lo que entonces debió de ser hallazgo en boga. “Orreaga se compone de orre, enebro, y de aga, índice toponímico abundancial. Orreaga es enebral”. Pero a la vez sembraba la duda; dejaba lo que parecía cierto: “¡Cosa extraña! Personas de la tierra me afirman que allí casi no se crían enebros. No es verosímil que ese arbusto, si de veras escasea, haya sido epónimo del lugar. Tal vez la voz “orre” significó antes otro arbusto o planta espinosa.” No hay tal; no puede haber tanta confusión en el ámbito popular. En euskera el enebro sigue siendo orre, ipuru, umpuru, agintz… Telesforo de Aranzadi, en un tratado sobre los nombres de plantas en euskera, publicado en 1929, otorga el significado de aginteka para enebro, sin mencionar ni orreaga ni orre, con la advertencia además de que “hay casos de confusión popular de nombre para plantas diferentes; tal sucede en la acedera, el álamo, el espino, la nueza… El mismo nombre se aplica a diferentes plantas según las localidades.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrNSXUwFxI/AAAAAAAAMeY/_9bYr_N-HzE/s1600-h/image041p.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312784425819313938" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 143px" alt="Claustro de la colegiata" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrNSXUwFxI/AAAAAAAAMeY/_9bYr_N-HzE/s200/image041p.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pierres Narbaitz, canónigo bayonense (1910-1984), a raíz de conocerse el nombre de una pastoral de mediados del siglo XX del también bayonense Pierre Larzabal, titulada “Orreaga”, dejó constancia de la falta de acuerdo, una vez más, entre los estudiosos con respecto a los términos euskéricos: “En ‘Orreaga’ no lamento más que el título. Orria sería para mi mucho más bonito, más claro y más exacto. En Orreaga -lugar de enebros o enebral- Arturo Campión vio un nombre común, pero algunos vieron en él una acepción reciente, obra de escribas más que del pueblo. Estoy de acuerdo en que la palabra Orreaga ha prevalecido en la literatura, en particular en la de los clérigos, tradicionalmente amantes de etimologías aunque sean fantasiosas. Un canónigo de Roncesvalles me aseguraba que Orreaga viene con toda seguridad del sustantivo vasco “orre”, enebral, abundante según él en el país, y del sufijo “aga”, lugar de. El nombre auténtico de Roncesvalles sería Orria, a su vez probable residuo de algún Elorriaga o lugar espinoso, o épinière en francés; espinal en castellano.” Desconfiaba asimismo del topónimo Agapito Martínez Alegría, prior de Roncesvalles entre 1957 y 1976: “Orreaga, fea corrupción que desfigura su nombre primitivo.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmObw77SDI/AAAAAAAAMcI/R_BCh02SGek/s1600-h/image015e.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312433843104073778" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 154px" alt="Pila bendicera a la puerta de la colegiata" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbmObw77SDI/AAAAAAAAMcI/R_BCh02SGek/s200/image015e.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta el siglo XVII habría llegado la mención del nombre; nadie parece que lo haya citado con anterioridad. En el siglo XII, Aymeric Picaud sólo refirió la existencia de “Runciavallis, el lugar donde fue la gran batalla”. Mucho más sorprendente es que un personaje tan arraigado en la cultura euskérica como Arnald de Oihenart (1592-1667), no mencionasa nada de Orreaga. “En siglos pasados se añadía a lista de pueblos uno que ahora es un pequeño lugar, Roncesvalles, vulgarmente, Burguete”. Pierre de Marca (1594-1662), prelado e historiador de Pau, tampoco lo señaló en el más destacado de sus asertos: “El ataque al ejército franco tuvo lugar hacia la región de Roncesvalles”. El jesuita pamplonés José de Moret (1615-1687), autor de los Anales del Reyno de Navarra y el que mejor conocía la región, únicamente habló de la “la llanada de Burguete y de Roncesvalles”. En 1833, en “Vascos”, el falsario Eugenio Garay de Monglave, autor del “Canto de Altobiscar”, que tanto dio que hablar en un tiempo, no pasó de señalar la existencia del “memorable monasterio de Roncesvalles, tan orgulloso del despojo del fabuloso Rolando”. Los canónigos bayonenses Victor Dubarat (1855-1939) y Jean Baptiste Daranatz (1869-1937), ocupados primordialmente de Roncesvalles, volvían sobre lo mismo, “la vallée dans la plaine de Roncevaux”. También el romanista francés Joseph Bedier (1864-1938): “Carlomagno ha vuelto de España por Roncesvalles” y el erudito Gaston Paris, en 1912: “Es en Roncesvalles donde hay que situar el combate del 15 de agosto.” HastaCampión, que compone en 1850 una balada titulada Orreaga, pero que en ningún momento vuelve a citarlo en el relato; sí en cambio Espinal, Ibañeta, Astobizcar. &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-8538435885752238127?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/8538435885752238127/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=8538435885752238127' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/8538435885752238127'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/8538435885752238127'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/roncesvalles-en-su-historia.html' title='Roncesvalles en su historia'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbba_LVjvrI/AAAAAAAAMSA/rf1tldm917A/s72-c/mapa+capi.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-8772986576325027549</id><published>2009-03-10T19:18:00.000+01:00</published><updated>2009-03-24T13:09:26.983+01:00</updated><title type='text'>Roncesvalles a punto de desaparecer</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbbdAPAUAhI/AAAAAAAAMSY/OjQsEGyd-68/s1600-h/02_03_La_llanada_desde_Roncesvalles.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311675806627660306" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 214px; TEXT-ALIGN: center" alt="Los campos de Roncesvalles" src="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbbdAPAUAhI/AAAAAAAAMSY/OjQsEGyd-68/s400/02_03_La_llanada_desde_Roncesvalles.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El espíritu jacobeo de Roncesvalles no cesó de crecer desde que se iniciaron las peregrinaciones en los albores medievales, allá por el siglo IX, pero no siempre fue así ante la llegada de oscuras y preocupantes etapas en Europa, que a punto estuvieron de acabar con el Camino de Santiago. Roncesvalles fue víctima asimismo de la peculiar situación española. No bastaron la derrota de Roldán, la fama del hospital de peregrinos, la belleza arquitectónica de la Colegiata de Santa María, la sepultura de Sancho VII el Fuerte, para impedir que peligros y amenazas acechasen como alimañas envueltas en historia e intentasen precipitar lo jacobeo por la pendiente de la intemperie y la indigencia. Todo había empezado con el siglo XVII, silenciosamente sin que nadie se percatase ni diese la voz de alarma. Los procesos que conducen a que culmine o decaiga una cultura, pueblo o nación no avisan de antemano con un cambio significativo para bien o para mal, sino que se aprecian con la perspectiva del tiempo, y desde aquel siglo era evidente que se avecinaban malos vientos para lo que representaba Santiago de Compostela. Algunos historiadores pensaron que el proceso coincidía con la Reforma Protestante en Europa y con el hecho de que la gente, contra lo que le dictaba su conciencia, temía obrar mal peregrinando y postrándose en las capillas que jalonaban el camino hasta Galicia. Otros en cambio atribuyeron la causa a la nueva configuración europea de la época que, acuciada por las rivalidades entre nuevos y poderosos estados, trajo una desconfianza mutua que determinaría el férreo control de las fronteras, hasta el extremo de exigirse visados para poder peregrinar, no en vano hubo gente que se echaba a los caminos con propósitos muy diferentes a los religiosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbhb72168rI/AAAAAAAAMaQ/qztwbKoeJPs/s1600-h/RONCES.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312096844375585458" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 230px; CURSOR: hand; HEIGHT: 40px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbhb72168rI/AAAAAAAAMaQ/qztwbKoeJPs/s400/RONCES.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A España le tocó vivir aquella situación convulsa de un modo acentuado y particular, no tanto porque rivalizase con otras monarquías europeas, sino porque temía pavorosamente a la inquieta Francia. Los Pirineos, sí, seguían separando y estableciendo distancias, pero ya no eran lo mismo que en la Edad Media, pese a que la naturaleza no había cambiado ni los caminos mejorado. Las fuerzas de los estados se descompensaban ostensiblemente. Los vascones, que en un remoto tiempo dispusieron del Pirineo a su antojo y albedrío, eran una reliquia histórica, y Navarra tampoco ya era la misma desde 1512, en que deja de ser reino independiente tras la conquista castellana del Duque de Alba. Las órdenes últimas venían de Madrid y no de Pamplona. La inquietud por el poderoso país vecino se tradujo repetidas veces en la "llamada a fuero", impopular y propia del medievo, llevada a efecto cada vez que había aviso de entrada de franceses. "Los valles fronterizos -escribió Florencio Idoate- se consideraban en estado de alarma permanente y sus alcaldes se convertían automáticamente en capitanes a guerra de la hueste local en cuanto surgía la amenaza" (1). Así, cuando en el invierno de 1683 se presentó a lo largo de la línea fronteriza entre los collados de Ibañeta y Lindux sobre Roncesvalles un ejército de 15.000 hombres que Luis XIV había enviado a España al mando del mariscal Bellefont, la "llamada a fuero" sólo pudo convocar a 800 navarros de los valles de Esteríbar, Erro y Aézcoa. ¿Es que acaso pretendían con tan exiguo número emular la gesta vascona del siglo VIII contra la retaguardia de Carlomagno? No habría ocasión de comprobarlo, en tanto que por suerte o por milagro los invasores franceses no decidieron seguir adelante por Navarra, volviendo aquella inmensa fuerza sobre sus pasos tras permanecer 24 horas a la expectativa en los collados roncesvalianos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imposibilitada Navarra para defenderse por sus propios medios tuvo que recurrir a la vigilancia permanente del Pirineo, como ya había sugerido el jesuita pamplonés José de Moret (1615-1687) -primer historiador y cronista del reino-, capaz de soñar en pleno siglo XVII con una Navarra aguerrida, dueña y señora de los pasos fronterizos, que recobrase "nuestra mal considerada confianza en el Pirineo". Pero Navarra no estaba en condiciones de enfrentarse en el nombre de España a un estado como Francia, pero al tiempo se le exigía que no cejase, por lo que hubo de recurrir como pudo a otros métodos, anacrónicos sin la menor duda. Las montañas iban a ser el primer muro de contención, pero no para esperar en ellas a pie firme al enemigo, sino para erizarlas de obstáculos. Todas las artimañas eran válidas con tal de que se dificultase o impidiese el paso al invasor. Los senderos de la trashumancia pirenaica que se remontaban al neolítico y que unían los valles de una y otra vertiente fueron considerados puertas falsas, altamente vulnerables, cuales los que pasaban por collados como Lindux y Azpegui. Pero no radicaban ahí los peligros serios para los trazados jacobeos, ni el desmoronamiento de Roncesvalles venía en esa dirección, sino desde la Corte en Madrid y por las vías diplomática y militar con las vergonzosas claudicaciones de la "Instrucción Reservada" del Conde de Floridablanca, decretada en 1787, ante una Francia "que siendo una potencia confinante y tan poderosa, sería peligrosísima". Ante esa amenaza, lo más indicado había sido empezar por "cortar motivos de disputa y de disgustos con Francia, aunque sea a costa de pequeños sacrificios en asuntos menos importantes", que no resultaron serlo tanto para los municipios navarros de Burguete, Roncesvalles y Valcarlos, que vieron un día como el trazado de la raya internacional se hizo siguiendo una absurda línea recta de pico a pico por los montes de Quinto Real y cómo se suprimía a la vez el elaborado proyecto de trazado de una línea férrea de Pamplona a Bayona por los valles de Esteríbar y Baigorry, que había de cruzar el Pirineo por un largo túnel de cinco kilómetros, alegándose desde Madrid que los franceses podían presentarse con mayor facilidad en Navarra. No bastando, se prosiguió con muestras medievalizadoras en todo lo que se acercaba al Pirineo, incluso desde las inmediaciones de Pamplona. Se recurrió, por tanto, a la voladura, total o parcial, de todos los puentes del Arga desde Zubiri, aislando aún más a pueblos y gentes. Se prohibió expresamente cualquier intento de conservación y mejora del Camino de Santiago, ya por entonces trastabillado Camino Real casi intransitable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrM7ObW3UI/AAAAAAAAMeQ/ZF6UFEAcdqg/s1600-h/image01yu8.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 153px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrM7ObW3UI/AAAAAAAAMeQ/ZF6UFEAcdqg/s200/image01yu8.jpg" border="0" alt="Albergue Juvenil"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312784028294110530" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Aquella situación de desconfianza y prevención se acentuaría mucho más desde 1789, cuando triunfa la Revolución Francesa y desde Madrid y Pamplona se decide poner en marcha un férreo "cordón militar en las fronteras por si llegaba la ocasión de intervenir", apuntó Florencio Idoate (2), que consistió en abrir trincheras, fosas, cortadas y caminos que no conducían a ninguna parte, clausurándose los trazados genuinos más antiguos, amén de levantarse puestos amurados en las alturas aledañas a la vieja vía romana que cruzaba el Port de Cise entre Roncesvalles y St-Jean-Pied-de-Port. Todo un entramado defensivo en torno a los parajes que se suponían "pasos normales para la ofensiva procedente de Francia" (3). Y llegó el día en que la amenaza se hizo trágica realidad con la invasión de Navarra de los ejércitos de la Convención, un mes de junio de 1793. Una fuerza militar española de 20.000 hombres hubo de ser destinada para su contención, de los cuales solamente mil fueron destinados a la defensa de los montes de Roncesvalles. A Aragón y a Cataluña les cupo hacer lo mismo. Pero todas las medidas, por ingeniosas o drásticas que fuesen, acabaron siendo vanas para contener la invasión, que rompió todos los frentes de Roncesvalles. La guerra de tres años concluyó con la retirada francesa a las puertas de Pamplona. Las consecuencias llegaron no sólo por los daños causados en las comarcas, sino por la exacerbación de las medidas de contención que se tomaron, que afectaron principalmente a la ruta del Pirineo a Pamplona. Así, según constatación de Pascual Madoz en su célebre diccionario geográfico de 1845, del trazado jacobeo a su paso por Larrasoaña quedaba de él un "camino de herradura que se dirige de Pamplona a Francia en mal estado", situación que empeoraba por Mezquíriz, con todos "los caminos que se dirigen a la capital de la provincia, al valle de Arce y a Francia en mal estado", y que se prolongaba hasta la misma villa de Burguete: "Todos los caminos en mal estado y de penoso tránsito", etc, etc. Aquel abandono ordenado por las autoridades nacionales le hizo escribir a Idoate: "La que había sido secularmente vía de mulateros y arrieros; la elegida ordinariamente por reyes y príncipes para alcanzar Pamplona y Castilla; la llamada en todos los tiempos el Camino de Santiago; la que enlazaba las dos Navarras tradicionalmente, perdería incluso su categoría de Camino Real, que pasaría a corresponderle al trazado Pamplona-Irún por Tolosa, que gozó de todos los beneficios." (4)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrMtBRa5_I/AAAAAAAAMeI/04V3q36urtc/s1600-h/image019.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 116px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrMtBRa5_I/AAAAAAAAMeI/04V3q36urtc/s200/image019.jpg" border="0" alt="Albergue Itzandeguia"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312783784244602866" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Aquel largo proceso de despropósitos y extravagancias hizo retroceder a Roncesvalles en sólo unos años al bucolismo primigenio rebosante de paz, soledad y aburrimiento en que se encontraba durante la Edad Media. Enterrado en vida, aplastado con el peso inexorable del tiempo, negándosele todo derecho a seguir siendo pórtico de la península ibérica, la que fue ruta de celtas, romanos y vándalos estaba a punto de desaparecer. El trasiego milenario parecía que había concluido casi por encantamiento, y con él las peregrinaciones a Galicia: "Ya no venían a Santiago los peregrinos de Europa. El camino francés, si podía seguir llamándosele así, era porque los soldados de Ney y de Soult habían posado en sus iglesias", lamentaba también el erudito pontevedrés José Filgueira Valverde (5). Y qué paradoja que fuesen los arrieros y mulateros de finales del siglo XIX que iban de Pamplona a Bayona los últimos en pasar por Roncesvalles. Pero para entonces ni monumentos ni escenarios históricos y legendarios significaban nada entre aquella gente que no marchaba por caminos de peregrinos con afanes de penitencia, sino por caminos embarrados, apenas transitables para los carros, de venta a venta. Roncesvalles era ya un tramo más de una vía comercial que tuvo que ceder iglesias y capillas para que se guarecieran en ellas hombres y animales, al calor de un acogedor fuego que ardería toda la noche, hasta el desgraciado día en que un incendio acabó definitivamente con la última de las legendarias capillas de San Salvador de Ibañeta, la venerada fábrica asistencial, primera que hallaban los peregrinos al superar el valle de Valcarlos, de la que únicamente ha quedado el recuerdo de un sencillo dibujo a plumilla del periodista y escritor catalán Juan Mañé y Flaquer, que la conoció intacta a principios de siglo XX.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(1) Idoate, Florencio. Rincones de la historia de Navarra. Tomo III. Pamplona, 1979. Pag. 307.&lt;br /&gt;(2 y 3) Idoate, Florencio. Temas de cultura popular, nº 106. Pamplona, 1982. Pag.4.&lt;br /&gt;(4) Idoate, Florencio. O.c. Pag. 678.&lt;br /&gt;(5) Filgueira Valverde, José. El libro de Santiago. La Coruña, 1989. Pag. 330. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-8772986576325027549?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/8772986576325027549/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=8772986576325027549' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/8772986576325027549'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/8772986576325027549'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/roncesvalles-punto-de-desaparecer.html' title='Roncesvalles a punto de desaparecer'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbbdAPAUAhI/AAAAAAAAMSY/OjQsEGyd-68/s72-c/02_03_La_llanada_desde_Roncesvalles.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-3344919720856635142</id><published>2009-03-10T16:34:00.000+01:00</published><updated>2009-03-24T13:09:26.983+01:00</updated><title type='text'>Historia de los monumentos de Roncesvalles</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbhXhGWYJyI/AAAAAAAAMZ4/k1ZC2rq4CJs/s1600-h/image003.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312091986635269922" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 237px; CURSOR: hand; HEIGHT: 276px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbhXhGWYJyI/AAAAAAAAMZ4/k1ZC2rq4CJs/s320/image003.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Aún no había amanecido. Roncesvalles duerme. Sólo las farolas permanecen encendidas. Hay silencio y recogimiento. Ya empiezan a verse ventanas iluminadas. Las empinadas techumbres grises de latón se recortan brillantes. Ha llovido durante la noche, hace frío y una suave neblina desciende enredada entre las hayas. Los tonos plomizos del cielo y las piedras mojadas de las calles crean el marco apropiado para ese ámbito deseado y hallado. Roncesvalles se mece entre arrobadoras ensoñaciones de peregrinos que se ponen en camino. La trascendencia del lugar clama todavía por las impresiones románticas de algunos intelectuales que se interesaron por él, como Josep Bédier (1864-1938), capaz de ver “praderas, bosquecillos de hermosas hayas, aguas corrientes, en donde los viajeros experimentan el inesperado aspecto, ni grandioso ni salvaje, pero sí sonriente y apacible del paisaje”, o como Arturo Campión (1854-1937), descubridor “del verdor delicadísimo y vivísimo de las hierbas y los árboles, siempre embebidos en rocío.” Lejanos y distintos eran los ecos de la rota carolingia que plasmó el “Codex Calixtinus” en el siglo XII: “El llanto y los gritos de los que se lamentaban eran inmensos. Cada uno lloraba a su amigo. Con sus clamores llenaban todo el bosque y el valle”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbhXq5gAm1I/AAAAAAAAMaA/5Lt_idqZ9Tw/s1600-h/cruz1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312092154984700754" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 245px" alt="Cruz de los Peregrinos" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbhXq5gAm1I/AAAAAAAAMaA/5Lt_idqZ9Tw/s320/cruz1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Roncesvalles es un diminuto lugar de Navarra adosado al Pirineo axial, cual si de ese modo hallase mayor protección ante las inclemencias que vienen de la parte de Francia. Cuenta con una población de 32 personas repartidas en 14 edificaciones, entre religiosas y particulares. Hace cinco siglos eran ochenta personas y a mediados del s. XIX, noventa que se distribuían en “34 casas que forman dos calles y una plaza” (Pascual Madoz). Roncesvalles, cabecera pirenaica de vertiente mediterránea, limita al N. con Valcarlos, al E. con Aézcoa y al S. y O. con Burguete. Las descripciones de antaño son esclarecedoras acerca de cómo era el lugar. “Está en lo más inaccesible y fragoso del Reyno; en una montaña estéril y desierta, adonde se lleva todo con grande costa y trabajo”, anotó en 1660 el canónigo hospitalero Martín Burges de Elizondo. “Se halla en el extremo norte de la igualísima llanura que corre por cuatro millas de poniente a oriente” (José de Moret) y “al pie del Pirineo a ¼ de leg. de su cima por el S., en la garganta misma y camino de Pamplona a San Juan Pie de Puerto, en medio de una pequeña llanura rodeada de cerros de alguna elevación” (Pascual Madoz).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El terreno de Roncesvalles es irregular, en cuesta, con vaguadas en donde apacientan los rebaños. Iglesias y casas aparecen unas junto a otras, creando cierta confusión a primera vista. Es preciso acudir al vallecito Arrañosin, a la subida del puerto o al antiguo paseo de los canónigos para ganar perspectiva. El clima predominante es el atlántico por proximidad a la microárea del Auza, la elevada montaña que separa los valles de Baztán y Baigorry, que cual grazalema gaditano alcanza índices pluviométricos sorprendentes por encima de los 2.200 m/m., situándose entre los más altos de Francia y de España. Las piedras de las edificaciones dejan ver la huella verdinegra de la humedad, esa pátina permanente que reviste los sillares de las iglesias de Santiago y del Sancti Spiritus, por cuyas juntas se esfuerzan en medrar yerbas y florecillas. También tienen importancia las influencias alpinas. Los 952 metros de altitud, equiparables a la de los rasos de la sierra de Urbasa, convierten a Roncesvalles en el segundo municipio de Navarra más elevado, después de Abáurrea Alta, en el cercano valle de Aézcoa. Las nevadas son copiosas. Una intensa nevada hace siglos habría de provocar el hundimiento del claustro adyacente a la iglesia de Santa María. En otras ocasiones impidieron el paso a pueblos, ejércitos y personajes de toda índole y pelaje. Clima riguroso, pues, mencionado en el poema latino anónimo “La Preciosa”, escrito en Roncesvalles entre 1199 y 1215: “Sobre los rigores del tiempo invernal, el hielo es perpetuo; las nieves igual, el cielo brumoso y el viento glacial. Tan solo es tranquila la casa hospital”. Cuatro siglos después, un emprendedor subprior agustino, Juan de Huarte, seguía lamentando fríos y humedades: “Con no haber más que un quarto de legua de Roncesvalles a la villa de Burguete, gozan en esta villa casi todo el verano de serenidad, y en Roncesvalles estamos debaxo de niebla por estar tan arrimado ad aquel monte.” No faltaron intentos por enmascarar en la dureza del clima los deseos de trasladar el enclave asistencial a otros lugares lejanos como Villava y Estella. “Es necesario que el hospital quede y permanezca en Roncesvalles en el mesmo sitio y asiento que ha estado hasta aquí”, había advertido Huarte. Nada se movió, y el Camino de Santiago pudo salvarse de una muerte que no habrían evitado ni las entusiastas recomendaciones de Aimeric Picaud. Los monumentos de Roncesvalles perduran casi todos; su historia también, aunque envuelta en una nebulosa de misterio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La Cruz de los Peregrinos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbhYNQgzu7I/AAAAAAAAMaI/HUkXSPsyZZU/s1600-h/cruz2.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 291px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbhYNQgzu7I/AAAAAAAAMaI/HUkXSPsyZZU/s320/cruz2.jpg" border="0" alt="Cruz florenzada de los Peregrinos"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312092745277619122" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La Cruz de los Peregrinos es la más fotografiada del Camino de Santiago. Se halla a las afueras de Roncesvalles, a un lado de la carretera de Burguete, enmarcada entre hayas corpulentas y casi siempre en penumbra. Fue conocida también por “cruz vieja” porque desde 1321 debió de señalizar el límite meridional de Roncesvalles. Donde hoy está se debe a un prior de la colegiata, Francisco Polit (1866-1887). Cruz de término que nada indica que haya que relacionarla con cruces carolingias o rolandianas, como reflejan algunas guías jacobeas, basándose en que en 1794 sufrió las iras de las tropas invasoras de la Convención Francesa por considerarla hito conmemorativo del descalabro de la retaguardia franca en el 778. “Hemos vengado una injuria de hace mucho tiempo a la nación francesa”, habían constatado en un informe. Pocos años antes, en 1748, la encontró entera el peregrino bearnés Jean Bonnecaze de Pardies, que impresionado por el halo que caracteriza el entorno de Roncesvalles, se aprestó a rezar “una oración por los cristianos muertos en lugar tan memorable”. El monumento lo constituye una cruz florenzada, florida o toscana, con rosetones radiales esculpidos en cada brazo, y en medio de ellos, la figura esculpida del Crucificado; debajo, la Virgen sedente con el Niño, una inscripción en la que se lee: “Esta obra fizo fazer donna Pía de Yaurrieta”, y dos retratos muy borrosos, que algunos suponen que corresponden a los del rey Sancho VII y a su esposa Clemencia y otros, a la mujer de la inscripción y a su esposo, enterrados en Roncesvalles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capilla-cripta del Sancti Spiritus&lt;br /&gt;(El Silo de Carlomagno)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Sancti Spiritus “tiene una bella cúpula en pirámide que lleva en lo alto una hermosa cruz”, anotó el peregrino boloñés Doménico Laffi a su paso por Roncesvalles en 1670. La estructura debía de ser muy parecida a la actual. La techumbre a cuatro aguas se cubre con lajas calizas escamadas, que le confieren un recio aspecto. No hace tanto eran tejas. Otra cubierta menor de idénticas características, que coincide con las proporciones originales de la capilla, acaba en una pequeña cruz florenzada sobre base cónica truncada. El Sancti Spiritus es un templo funerario que se remonta al siglo XII. Es el más antiguo de Roncesvalles. En él se oficiaban misas por los peregrinos fallecidos en el hospital, que una vez transcurrido el periodo de enterramiento eran arrojados al osario bajo la capilla exenta. Se ignora si alguna vez no lo fue y estaba rodeada de muros. Martín Burges de Elizondo, canónigo hospitalero en 1660, escribió: “Y si algunos mueren en este Hospital, los entierra el canónigo que tiene la dignidad de la Enfermería.” Pero un cometido que habría sido habitual y normal en otras partes, en el Roncesvalles del “Liber Peregrinationis” alcanzó cotas paroxísticas. En el famoso relato del siglo XII, Aymeric Picaud señaló que en “el descenso del monte” se hallaba la “capilla u hospital de Roldán” y la roca que partió con la espada Durandal momentos antes de morir. Lo que parece una clara localización topográfica desde la perspectiva de hoy, revela las imprecisiones propias de un tiempo en el que el modo de contemplar y describir entornos y paisajes era distinto, mucho más en un ámbito como el Pirineo, que desde la antigüedad apenas se conocía. Los peregrinos de antaño no identificaban los montes porque sobresalían en el paisaje. Los montes eran vistos como una realidad circundante al alcance del caminante, ceñida a los pasos en los que doblaban las vertientes, es decir, los puertos o collados. Los montes eran elevados según la dificultad que entrañaba cruzarlos, y la dificultad solía traducirse en horas de caminata y en impedir ser atrapados por la noche antes de cobijarse bajo el techo de una capilla u hospital. Picaud ensalzó un monte de Roncesvalles desde el que se divisaba el océano y tres reinos. Esa visión, porque para captarla no habría bastado ni con un pico que superase los dos mil metros de altitud, es legendaria, extraída de los cronistas carolingios de los siglos IX y X. Los montes en aquellos relatos se hicieron mucho mayores en estrecha relación con la magnitud del descalabro de las tropas de Roldán. Las perspectivas acabaron desorbitándose. Hubo historiadores y eruditos que con enconado empeño intentaron localizar el monte de Picaud. No lo consiguieron nunca, porque aquel clérigo francés se refería a alturas más modestas, aunque legendarizadas, ceñidas en verdad al collado de Ibañeta, el Summus Pyreneus de los romanos. Es la conclusión a la que se llega cuando se conoce bien Roncesvalles, y en consecuencia, el “pie de puerto” no podía coincidir con el solar reservado para el actual enclave, entonces todavía tierra desolada e la vertiente mediterránea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada habría podido ver el peregrino de Poitou, pero no obstante había escrito: “En el descenso del monte se encuentra el hospital y la iglesia de Roldán donde está el peñasco que el poderoso héroe Roldán partió con su espada de arriba abajo y de tres golpes... De tres tajos hendió un peñasco sobre el que se levanta una iglesia tras la cual viene la villa de Roncesvalles”. La villa que coincide con la actual población de Burguete, cuatro kilómetros al sur. El erudito artajonés José Mª Jimeno Jurío –el mejor conocedor de Roncesvalles- mantuvo que Picaud había imaginado más cosas de las que había visto, y fácil es creerlo por la ignorancia que tenía acerca del Pirineo y porque el relato lo llevó al papel años después. El Sancti Spiritus debió de construirse treinta o cincuenta años después del paso del ilustre peregrino. Su aura de enigma y misterio surgió por primera vez en el poema “La Preciosa”: “Como dicho templo se halla destinado a recibir muertos, carnario es llamado. Que legiones de ángeles lo hayan visitado, por dichos de muchos resulta probado”. En pleno siglo XVII el clérigo boloñés Doménico Laffi, autor del célebre relato “Viaggio in ponente a San Giacomo di Galitia e Finisterrae”, mantenía el mismo espíritu, pero ya desde la perspectiva realista de quien no imaginaba, sino que describía lo que veía: “Hay una pequeña capilla que mandó levantar Carlomagno después de la muerte de Roldán y demás paladines. Tiene forma de cuadrado perfecto y no es muy alta. Está situada en el mismo lugar en que Roldán se arrodilló después de la segunda batalla. Roldán se puso de hinojos, y vuelto hacia Roncesvalles lloró por su gente. Dicen que ahí están sepultados con él sus paladines. Al pie de la puerta donde se abre la sepultura está la roca que hendió cerca de una fuente. No nos cansábamos de mirarla”. Laffi repetía lo mismo; hablaba de idénticos hallazgos, pero era veraz en sus apreciaciones. El peñasco tuvo que tocarlo con sus manos, pero obvio es admitir que no podía ser el peñasco que partió Roldán, sino uno cualquiera extraído de la montaña, que algún prior de Roncesvalles mandó colocar en la capilla con el fin de atraer la atención de los viajeros, y de ese modo contribuir a mantener vivo el ya decaído espíritu de las peregrinaciones jacobeas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lacarra llamaba la atención sobre el hecho de que el cantar de gesta admitió la posibilidad de enterramientos de combatientes en pleno campo de batalla; combatientes que no hay que ceñir sólo a la emboscada del 778, sino también a la del 824 contra las fuerzas que mandaban los condes Eblo y Aznar, enviadas a Pamplona por Ludovico Pío. “Antes de que se edificase el hospital de Roncesvalles, ya la Chanson de Roland supone que en Roncesvalles mandó construir Carlomagno un sepulcro para los héroes de aquella jornada”. Cita los versos: “Tuz lur amis qu’il unt morz truvet/Ad un carner sempres les unt portet” (2943-2944). Lo que debió de llevarse a cabo era lo propio de todos los campos de batalla, y si los muertos en Roncesvalles fueron muchos, como es previsible, en aquellas circunstancias, sin tiempo ni medios para trasladarlos a las regiones más apartadas de Europa, cualquier sitio valía para un menester que se hacía en todas las guerras. Aquello no debió de tardar en aparecer envuelto en leyenda local azuzada por priores y clérigos de la colegiata, que difundieron que en una fosa de Roncesvalles estaba enterrado el conde Roldán, el héroe de las canciones de gesta. Pero Roldán, cuya sepultura llegaron a disputársela también varias ciudades de Francia, en verdad en ninguna de ellas puede estar. Roldán continúa insepulto en alguna parte de Roncesvalles o de Valcarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El halo de misterio y leyenda siguió adelante, hasta hoy en que surge la última de las atracciones legendaristas del Sancti Spiritus con la denominación “Silo de Carlomagno”. El subprior Huarte había escrito: “Aquí hay un gran silo, cueva o carnario, que se llama sepultura de franceses, porque en ella fueron enterrados los cristianos.” Un inventario de la colegiata indicaba a mediados del siglo XVI: “La iglesia del Sancti Spiritus es una capilla subterránea donde se dice están enterrados los doce pares y la gente de guerra que con ellos murieron”. A más llegó un siglo después el jesuita pamplonés José de Moret al afirmar que en la cripta habían sido vistos “huesos humanos y muy frecuentemente de desmedida grandeza y corpulencia germánica, de que no pocos se llevan de vuelta los peregrinos franceses. El cabildo despidió a un sacristán que los vendió a un peso de onza de plata cada hueso de los grandes”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De las fosas carolingias pudo pasarse perfectamente a un osario jacobeo, enmarcado por cuatro toscos muros de mampostería, cuyo perímetro rondaría los 10 x 10 metros y que se cubrió con una bóveda achatada que sobresale al exterior casi dos metros. Un ventanal cuadrado abierto en uno de los muros permite distinguir apenas el fondo oscuro del recinto funerario (véase foto). La bóveda acabó rodeada de cuatro gruesos pilares, en los que se apoyan los arcos que dieron lugar a una capilla exenta, cuadrada de 10 x 10 m. Hacia 1612 se decidió enmarcar el conjunto bajo un claustro de 22 arcos de piedra de medio punto, enrejados y amurados hasta su mitad, ocho por la parte frontal –dos de ellos de acceso- y siete por los lados, siendo el trasero, ciego. Hubo un tiempo en que esos arcos estaban cerrados a cal y canto, como recordaba Lacarra: “Una arquería ciega rodea la capilla, desfigurando el conjunto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Excepto en la entrada, los otros tres pasillos del recinto se caracterizan por la presencia de grandes losas grisáceas, idénticas, alineadas unas con otras, y adosadas a los muros, con un rosario de estelas discoidales simples en arenisca con la cruz de Roncesvalles. Son tumbas de priores, canónigos y beneficiados fallecidos a lo largo del siglo XX, tal y como indica el obituario del muro posterior. No hay día en que no falte algún ramo de flores arrojado por entre las rejas. Siempre hay alguien que se acuerda de los muertos por el hecho de ser muertos. También tuvo que existir decoración pintada, a tenor de lo que refirió Laffi: “Sobre las cuatro paredes están pintados todos los combates que allí tuvieron lugar. Todo estaba pintado al claroscuro”. De ello escribió Juan de Huarte: “Sobre su renovación hay dos pareceres. El uno de los que dicen que se debe renovar con pintura perfecta para que no se acabe de borrar. El otro, los que dicen que no se debe renovar, diciendo que represente mayor antigüedad y certidumbre con el ser que tiene , y si se renovase dirían los extranjeros ficción nuevamente inventada.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iglesia de Santiago o de los Peregrinos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contigua al Sancti Spiritus se halla otra de las edificaciones más notorias de Roncesvalles, la Iglesia de Santiago, de estilo gótico primitivo, primera y más antigua en España bajo la advocación del Apóstol. Iglesia de Santiago es también la de Valcarlos, unos kilómetros antes, pero es posterior, ya que con anterioridad lo era de San Juan. Nada relevante se dice de esta pequeña iglesia de Roncesvalles en relatos de peregrinos y viajeros. Tampoco la mencionaron ni Aimeric Picaud ni “La Preciosa”, lo que parece indicar que no es fábrica anterior al siglo XIII. “Debió de construirse poco después de 1215”, anotó José Mª Lacarra, es decir, al poco tiempo de la batalla de las Navas, lo que ha hecho suponer a algunos que podía tratarse de la obra primigenia del rey Sancho VII el Fuerte, antes de que se decidiese por la iglesia de Santa María que él sufragó personalmente. Era de ese parecer Tomás Biurrun (1936), notable historiador del arte románico: “La capilla construida por Sancho el Fuerte es precisamente la capilla de Santiago, y la iglesia de la colegiata es bastante posterior.” No hay que descartarlo, aunque lo factible es que se tratase del único templo al que podían acceder peregrinos y lugareños, habiéndoseles prohibido el acceso a la iglesia de Santa María, reservada para otros fines y personas. De hecho, desde el siglo XVII fue parroquia de Roncesvalles, hasta su cierre definitivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La iglesia de Santiago es el edificio medieval mejor conservado de Roncesvalles”, apunta Lacarra, y ese buen estado se debe a la oportuna reparación de comienzos del siglo XX que llevó a cabo el arquitecto Florencio de Ansoleaga, que la halló casi en ruinas. Idea suya fue abrir el rosetón del hastial con la cruz de Roncesvalles en medio y remodelar la tosca espadaña para colocar en ella una pequeña campana, la legendaria campana de San Salvador de Ibañeta que ahí permanece enmudecida, agarrotada y soldada por la herrumbre. Campana que desde el siglo XVI orientaba desde el collado a los peregrinos atrapados entre las nieblas de Valcarlos o en medio de la noche. Tanta fue su fama que llegó a decirse que era la más escuchada de Europa. La iglesia está orientada a occidente y alineada a la izquierda de la calle única. Es de planta casi cuadrada (10 x 9), consta de dos tramos, y sus muros se apoyan en dos contrafuertes externos. La bóveda es de crucería y la cabecera, recta, por donde entra la luz del amanecer por un alargado ventanal ojival. El pórtico tiene tres arquivoltas sobre columnas rematadas en capiteles vegetales. En se distingue apenas un crismón trinitario. Cerrada a cal y canto, el visitante se contenta con asomarse a los ventanucos enrejados de la puerta. Apenas se distingue nada del interior; sólo la escasa luz del ventanal el muro permite apreciar una silueta, la del Apóstol sobre un pedestal -réplica del Santiago Beltza de Puente la Reina-, que hay momentos que parece recordar la gran figura de un rey Sancho VII que acaba de erguirse. La imagen apostólica ya se conocía en un inventario de 1585 de la colegiata: “Tiene un altar con su retablo nuevo, en el que hay una imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús, en lo alto una imaxen de Santiago y a los lados, imaxinería de pincel nuevo.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albergue Itzandegía&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A unos cien metros de la capilla del Sancti Spiritus, al borde de una pequeña hondonada de verdes pastizales, se halla una edificación envuelta en misterio. Doménico Laffi había escrito que la capilla funeraria estaba muy cerca del hospital de peregrinos. La situaba a occidente, lo que parece coincidir con el emplazamiento de Itzandegía. “Es un gran y bello hospital en el que los peregrinos pueden permanecer tres días. Pueden comer y dormir, y los tratan muy bien”. El edificio es una casona de piedra de 32 x 12 metros. Consta de nave única de seis tramos, cuya techumbre sostienen cinco arcos apuntados que descansan sobre los muros, que a su vez se apoyan en diez contrafuertes, cinco por cada lado. Tiene dos accesos, uno mayor, ancho como para el paso de carros, vuelto de espaldas a Roncesvalles, alzado casi un metro sobre el suelo, desnivel que no existiría hasta tanto no fue edificada la casa casi adosada. La otra puerta, menor, en el lateral derecho, permite el paso a la única planta, que en otro tiempo debió de contar con otra superior. Es edificio ciego, salvo la escasa luz que dejan pasar seis aspilleras, verticales y estrechas, en lo alto del muro que da al mediodía. La última restauración terminó con el Xacobeo 1993. “La mayor parte de los contrafuertes exteriores había desaparecido al igual que los arcos de la bóveda, recuperándose sobre el modelo de los tres que aún se conservaban”, anotaron los profesores Miranda y Ramírez. Pero no parece que fuese así, porque por algunas fotografías de antaño puede comprobarse como la estructura medieval había sido alterada, adaptada a los requerimientos del caserío rural en que se había convertido, con amplios ventanales, puertas para distintos cometidos y dependencias adyacentes. Ni siquiera estaban los gruesos contrafuertes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Itzandegía se cree que es obra gótica del siglo XIII, reestructurada en los dos siguientes, acaso por deterioro prematuro, ampliación o capricho de priores, obispos o reyes. El arqueólogo Pedro de Madrazo (1816-1898) fue más lejos al suponer que su origen era anterior a la iglesia de Santiago y a la misma capilla-cripta del Sancti Spiritus, pero parece claro que confundía esa edificación con el hospital del obispo Sancho Larrosa, que efectivamente es anterior a todos. La casona se conoce hoy por Itzandegía, expresión que algunos diccionarios euskéricos constatan con el significado de “lugar de bueyes”, pero obvio es admitir que no es expresión apropiada para un enclave jacobeo, salvo que el origen sea reciente y se relacione además con las tareas propias del Roncesvalles rural que también existe. “Sus características concuerdan bien con la función de un albergue. Quizás fue de siempre el dormitorio de los criados”, suponían con escasa convicción los profesores Miranda y Ramírez. No hay que descartarlo, aunque es altamente improbable por la propia calidad de la edificación. Pese a que la incógnita se cierne sobre la recia casona, hay motivos para creer que en efecto se trata de un hospital de peregrinos, una vez desmantelado el primigenio de 1132, que si se llevó a lugar más apartado bien pudo deberse a los inconvenientes que acarreaba el trasiego constante de peregrinos, el acre hedor que despedían, según la dura expresión del medievalista Américo Castro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misma catedral compostelana supo mucho de ello. La suciedad y la mugre de los caminos enfangados, de las pocilgas en que dormían, el no lavarse durante meses, pudieron ser razones para que las encomiables atenciones del hospital más venerado de Europa acabasen viéndose con desagrado. No hay que descartar en ningún momento, pues, que los repetidos versos laudatorios de “La Preciosa” fuesen destinados a Itzandegía: “A cuantos mendigos aquí van llegados, con caridad suma los pies son lavados, las barbas rapadas, los cabellos cortados, y son indecibles los demás cuidados.” Menos verosímil es que pudiese tratarse de la residencia primigenia de los canónigos regulares que se ocupaban de las instituciones de Roncesvalles y luego del personal que los ayudaba, beneficiados y racioneros, como pensaban Miranda y Ramírez. Arturo Campión, con gran alarde de imaginación y fantasía, ofreció una sorprendente razón de ser de Itzandegía: primer recinto de veneración de la Virgen, la Virgen que según la tradición de los valles se le apareció hace mil años a un pastor en las inmediaciones, después de permanecer enterrada desde el paso de los ejércitos musulmanes que cruzaron en el 732 camino del desastre de Poitiers: “La tradición cuenta que la casa llamada Itzandegía, sita cerca de la colegiata, es el primer santuario donde se dio culto a la imagen de la Virgen, hasta que bajaron de Ibañeta los monjes, o si no me equivoco, hasta que el obispo Sancho de la Rosa construyó el hospital, o la iglesia”. Las fábricas de Roncesvalles podían cambiar emplazamientos o experimentar transformaciones en sus estructuras, pero había una condición inalterable: ser ante todo instituciones sobre las que caía el peso del porvenir de las peregrinaciones a Santiago. Sin su existencia la riada humana se habría interrumpido. Tanto era el temor que se profesaba al Pirineo. Las modificaciones debieron de ser relativamente frecuentes, y porque se hicieron incluso con idénticos nombres, es comprensible que se produjesen duplicidades de funciones y ubicaciones entre quienes –desde lugares distantes- habían de redactar actas fundacionales, bulas pontificias o donaciones de monasterios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Monolito en homenaje&lt;br /&gt;a la victoria de los vascones&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un extremo de los jardines que enmarcan la Casa Prioral puede admirarse el más reciente de los monumentos roncesvalianos, un gran peñasco calizo de varias toneladas de la sierra de Urbasa, traído en 1978 con motivo del duodécimo centenario de la victoria vascona sobre los francos. Dos placas de bronce aclaran los motivos del acontecimiento. Una representa el duelo a caballo entre Roldán y Ferragut, el pagano que moraba en tierras de Nájera, cuyas andanzas fantásticas relató el Pseudo Turpín en el “Codex Calixtinus”, y que es réplica de la misma escena esculpida en un capitel del antiguo palacio de los reyes de Navarra en Estella. Hay otras representaciones menos conocidas en Navarrete y Ochánduri, en La Rioja, y aun en la catedral de Angulema. La otra lleva una inscripción en latín: "Vascones in summi montis vertice surgentes", que corresponde a una cita entresacada de los relatos carolingios del siglo IX, que alude al levantamiento de aquella gente en Ibañeta e inmediaciones. El peñasco, por lo demás, es una alegoría de la cultura litológica, tan arraigada en Navarra, Basse Navarre y Vascongadas, que perdura en términos tan antiguos como “aitz” y “harri” -peñasco y piedra-, tan abundantes en toponimia, en aperos y herramientas, y en los dólmenes y cromlechs que construían los pastores neolíticos. No debía haberse recurrido a la caliza. Mucho más acertado habría sido haber empleado un esquisto devónico extraído del macizo paleozoico pirenaico, fiel representante de la composición litológica de las montañas de Roncesvalles. El mismo desacierto se cometió con la elección del granito para el monumento de Ibañeta en recuerdo del conde Roldán, que es un tipo de roca ajeno a Navarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santa María, la iglesia&lt;br /&gt;de Sancho VII el Fuerte&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1127, el obispo de Pamplona, Sancho Larrosa (1124-1142), determinó edificar en Ibañeta el primer hospital de peregrinos a imagen y semejanza del floreciente que existía en el paso de Somport, en pleno Pirineo axial oscense, por donde entraba el camino jacobea tolosano. El acta fundacional precisaba el sitio: “In vertice montis qui dicitur Ronsasvals”. Cinco años después aquel hospital, con la comunidad que lo atendía, es trasladado al pie del puerto, acaso por la dureza del clima y los riesgos derivados de la soledad de la montaña. Esto acontecía en 1132 según desveló el poema “La Preciosa”. A la vez tuvo que levantarse una iglesia románica bajo la advocación de Santa María, que poco después, en 1137, mencionada la bula de Inocencio II: “Ecclesiam Sancte Marie Casa Dei de Runzasvals”. La iglesia –de la que nada se sabe- debió de permanecer en pie unos 62 años, hasta 1194 en que empezó a construirse sobre sus cimientos la nueva de Santa María, que costeó con dinero propio el magnánimo rey Sancho el Fuerte. Las obras duraron 21 años, hasta 1215. Poco después, en 1219, era consagrada. Juan de Huarte había fijado su construcción en 1208, cuatro años antes de la batalla de la decisiva batalla de las Navas de Tolosa contra el poder almohade en Al-Ándalus. El interés de aquel rey por Roncesvalles es un enigma; lo es también que en 1238, a los cuatro años de su muerte, su sobrino el rey Teobaldo I lograse trasladarlo desde la iglesia de San Nicolás de Tudela a Roncesvalles, disponiendo un suntuoso sepulcro en medio de la iglesia de Sta. María, en donde había de permanecer hasta 1622 en que se decide sepultar estatua yacente en algún lugar del templo, lo que provocaría el desdichado extravío de casi tres siglos. “La Preciosa” indicaba claramente la presencia del monumento en Roncesvalles: “Aprilis VII, sub anno Domini M.º CC.º XXXIV.º obiit Sancius, rex Navarrae et iacet in hac ecclesia quam ipse aedificaverit” .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nueva iglesia, porque desde el primer día estuvo presidida por la exquisitez arquitectónica del mejor gótico en que enmarcar finalmente el mausoleo real, permite conjeturar que su destino no eran precisamente los peregrinos, que habrían de contentarse con dirigir sus plegarias en la humilde iglesia de Santiago, construida casi a la vez. “El plano de la colegiata es una réplica del coro de Notre-Dame de París. Su crucería de ojivas se inspira en las de las iglesias de la Isla de Francia de los años 1170-1180, lo cual pone de manifiesto su relación arquitectónica con el país vecino en los tiempos de mayor auge”, escribió el ilustre profesor de filología románica húngaro Istvan Frank (1918-1955). El floreciente Camino de Santiago y los propios monarcas navarros atrajeron a muchos de esos artistas anónimos. Elie Lambert (1888-1961), historiador medieval francés, también ocupado por las cosas de Roncesvalles, había anotado: “Era en conjunto una obra de arquitectura gótica muy pura, cuya planta recordaba ciertas iglesias borgoñonas como la de Pont-sur-Yonne.” Pero la pulcritud arquitectónica del templo habría de experimentar un rosario de reformas e innovaciones que no cesarían hasta tiempos recientes. Surgieron con el voraz incendio de 1445, que afectó también a las edificaciones circundantes. Otras fuentes indican que destruyó casi todo Roncesvalles. “Los efectos han podido apreciarse en la calcinación de los muros, especialmente en las bóvedas y en el triforio” (Lacarra). Hubo otros incendios en 1468, en 1626 y en 1794, que naturalmente también dejaron su huella. A las reparaciones por el fuego siguieron las innovaciones entroncadas en los estilos arquitectónicos predominantes, inducidas por los caprichos desmedidos de arquitectos y priores, y un descontrol en la construcción de otras dependencias próximas. ”En el siglo XVII, siendo prior Juan Manrique de Lamariano, quedó toda la iglesia enmascarada” (María Antonia del Burgo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1792 hubo nuevas reformas emprendidas por el arquitecto José Poudez, artífice de Nuevo Hospital al norte la iglesia de Santa María. Pero no fue sólo el templo el que sufrió; también el claustro adyacente a la iglesia, no por el fuego, sino por el peso de una intensa nevada en el invierno de 1600. “Debía de ser un verdadero museo por el gran número de sepulcros esculpidos. No hubo cuidado al reconstruirlo en 1615 en salvar las muchas piezas que pudieron recogerse”. Aquel afán desmedido por añadir y arreglar no se detuvo hasta el periodo comprendido entre 1940 y 1945. Muchas fueron las cosas que se cambiaron con el tiempo, y aunque no hay testimonios de su grandeza primigenia, la realidad se impone, como bien apuntaba Del Burgo: “Las razonables protestas de los puristas no son óbice a que en su estado actual la iglesia de Santa María de Roncesvalles siga provocando la admiración y asombro de cuantos la visitan.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fachada, que fue reconstruida casi enteramente en 1940, es asimétrica por el torreón del siglo XIV, que quedó perfectamente ensamblado. “La sencillez actual no se aleja demasiado de la que originalmente tuvo, pues nunca presentó una decoración excesiva” (Miranda-Ramírez). Está orientada a occidente, alineada a la izquierda de la calle principal, según el trazado primigenio que ha de coincidir forzosamente con el de la antigua vía romana y de peregrinos. Lacarra, en las ubicaciones que propone, daba por hecho que el camino genuino coincidía con el actual de la carretera N-135, y por esa razón refería que “descendiendo por la suave pendiente de Ibañeta, el peregrino encontraba a la izquierda del camino el hospital, y junto a él la iglesia de Nuestra Señora.” El acceso coincidiría con la calle principal, por lo que el hospital tenía que estar en el lado derecho, adosado al monte -hoy explanado con la presencia de la Casa de Beneficiados-, y la iglesia al otro, cual hoy está.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La imposibilidad de invadir el camino y el hecho de no poder construirse el templo con medidas más reducidas, es lo que debió de hacer que sobresaliese hacia el vallecito de Arrañosin, lo que requirió la construcción de una cripta. La ubicación no pudo ser peor, al pie mismo del monte y en paraje expuesto a nieblas, fríos y humedades. No fueron pocas las veces en que lo lamentaba el subprior Huarte. “Con no haber más que un quarto de legua de Roncesvalles a la villa de Burguete, gozan en esta villa, casi por todo el verano, de serenidad, y en Roncesvalles estamos debaxo de la niebla por estar tan arrimado al monte.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El acceso de la iglesia es por el pórtico apuntado de la fachada. A los lados hay sendos ventanales, también apuntados, que se supone que no son originales. Genuinas son las tres arquivoltas que descansan sobre columnas cilíndricas que no llegan al suelo. “El tímpano no es auténtico. Representa a la Virgen con el Niño en su regazo, flanqueada por dos ángeles arrodillados que sostienen estructuras arquitectónicas” (Del Burgo). En el hastial destaca por su tamaño un rosetón, producto de las reformas de 1940, que a juicio de dicha investigadora “parece ser que formaba parte de la antigua construcción”. Se accede al templo descendiendo cinco peldaños. El recinto es de tres naves; la central duplica a las laterales en anchura y altura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las medidas que da ella son de 24,90 metros de longitud por 17,60 de ancho. 8,25 la nave mayor, cuya altura es de 15,50 metros. Consta de dos bóvedas de crucería con seis arcos fajones cada una, que se reparten en nueve columnas redondas de capiteles sencillos que alternan el grosor; cinco por el lado derecho y cuatro por el izquierdo, ya que la columna más cercana a la entrada hubo de eliminarse para sustituirla por un grueso contrafuerte rectangular del torreón exterior. La tercera bóveda, que corresponde al ábside de la cabecera, es pentagonal con alargadas vidrieras que introducen la luz de los amaneceres. “La cabecera presenta una serie de grandes ventanales góticos, decorados con vidrieras modernas construidas en Munich en la década de 1940” (Miranda-Ramírez). Las columnas se enlazan mediante arcos ojivales sobre los que descansa un bello triforio de diez elementos, compuesto por cuatro arcos cada uno, cinco por cada lado, sobre los cuales se alzan diez amplios rosetones sostenidos por contrafuertes arqueados, que en su día proporcionaban la luz principal de la iglesia y que al quedar toda la estructura genuina enclaustrada bajo una moderna cubierta de vigas de madera y techumbre de cinc (1940), la poca luz que dejan ver las vidrieras es de potentes focos eléctricos. “La dureza de los inviernos del Pirineo, con nieves y lluvias continuas, recomendó en su día un cubrimiento de este tipo, que evita un maltrato innecesario del edificio” (Miranda-Ramírez).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Hospital de Peregrinos de 1132&lt;br /&gt;¿Dónde pudo estar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el hospital más ensalzado de cuantos atendían a los peregrinos en toda la ruta jacobea, desde el norte de Europa a Santiago y a la vez, la edificación más enigmática de Roncesvalles. “Favorecido por reyes, nobles, papas, eclesiásticos y gentes del pueblo, adquirió muy pronto un auge insospechado” (Jimeno Jurío). “Nada puede darnos idea del famoso Hospital destinado a albergar y reconfortar a los peregrinos de Santiago” (Pierres Narbaitz). “El hospital en el valle practicaba liberalmente la caridad con todo linaje de enfermos pobres y desvalidos” (Arturo Campión). Pero, ¿cuál era su emplazamiento? Se sabe al menos por “La Preciosa” que el hospital de Sancho Larrosa había sido trasladado de la cima al llano. “Ad radicem maximi montis Pirenei”. La preposición latina “ad” indicaba claramente que el hospital estaba “junto a” o “hacia la” raíz del glacis del monte, que se prolongaba hasta la Cruz de los Peregrinos, unos cientos de metros más adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie se atreve a indicar un lugar, pero hay coincidencia en que pudo alzarse en el solar de cuidado césped que hoy se ve frente a la iglesia de Santa María. En él aparecen claros los vestigios de arcos fajones de acentuada curvatura, que pudieron sostener una techumbre alta y pesada. Se distingue bien además la que pudo ser puerta principal, hoy tapiada, a la que se descendía directamente del monte por unas escaleras. Se desconocen medidas y estilo arquitectónico, aunque es factible que fuesen similares a las de Itzandegía, el hospital que pudo sustituirlo en sus funciones. El misterio se hace mayor si se piensa en la primitiva iglesia homónima que sucumbió bajo la edificación del rey Sancho. Hospital e iglesia, aun estando tan cerca una de la otra, tenían ser instituciones interdependientes. Las separaba el viejo camino. La confusión no obstante surgió desde el primer momento, y la documentación medieval acabaría fundiéndolas. Los intentos de deslinde siguen ofreciendo inconvenientes a historiadores y estudiosos. Pero el hospital iba en auge. A los dos años de su erección, en 1134, Sancho Larrosa, a ruegos del nuevo rey de Navarra, García Ramírez el Restaurador -que mostró desde el primer momento un gran interés por Roncesvalles-, fue favorable a seguir manteniendo el “sustento del hospital y su misión de hospedar a cuantos peregrinos vengan”. (Ad sustentationem hospitalium huius hospici atque aliquantulam refectionem peregrinorum inde transeuntium”. Rey y obispo “decidieron transformar el naciente albergue en una potente institución que se hiciera con el control de la peregrinación en el Pirineo” (Miranda-Ramírez), no en vano lo que se pretendía era de desbancar la preponderancia del paso de Somport y del monasterio de Leire, potenciando el Camino Francés que subía por Valcarlos al collado de Ibañeta desde St-Jean-Pied-de-Port.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dispuso en 1135 por el obispo y el prior Ponce, y en 1137 por el prior Adeodato, que como los bienes provenían del cabildo de Pamplona, Roncesvalles debía de tener a su cargo una comunidad de canónigos regulares de San Agustín. Al frente del mismo se puso el longevo prior Sancho. En 1137 se confirmaron las donaciones del hospital recurriendo al Papa Inocencio II, que determinó que Roncesvalles quedase bajo su entera protección. “La Preciosa” difundió sus mayores loas: “La casa para todos está abierta la puerta. A enfermos y a sanos. No sólo a católicos, sino a paganos, judíos, herejes y vagabundos. En ella se lavan los pies a los hombres. Se les hace la barba, se les corta los cabellos. Aquí se atiende con mucho cuidado a los que caen enfermos”. (Porta patet omnibus, infirmis et sanis, non solum catholicis verum et paganis, judeis, hereticis, ociosis, vanis, et, ut dicam breviter, bonis et profanis). La imprecisión asoma de nuevo una vez más en las cosas de Roncesvalles. Los parabienes del poema podían ir dirigidos tanto a la institución promovida por el obispo como a la del rey Sancho VII, de quien escribió: “Verum strenuissimus vir, Rex navarrorum, construxit ecclesiam hic peregrinorum”, como incluso a la del sucesor Teobaldo I, que es quien precisamente toma en 1234 al hospital bajo su protección, por la caridad y el buen trato que dispensaba a los peregrinos más pobres. “Attendentes charitatem permaximan que pauperibus et infirmis benigniter exhibetur in hospitali Roscidevallis, sicut fama per orbem predicat universum”. El poema “La Preciosa” es de ese tiempo. La historiografía posterior continuó con loas y parabienes, sin poder determinarse con certeza a que personajes se refería, pese a citarse únicamente a Sancho VII. Así, en el siglo XVII, el analista José de Moret recordaba que el rey de las Navas quien “dotó a perpetuo en aquel hospital diez mil raciones bien cumplidas, que se habían de repartir a pobres en cada año, y asimismo doce camas muy buenas en la enfermería antigua y seis en la nueva”. El canónigo hospitalero en 1660, Martín Burges de Elizondo, se limitaba sólo a describir cometidos: “Para los innumerables peregrinos que de todas partes septentrionales pasan a Santiago, es el más necesario y de más servicio de Dios que hay en España. En este hospital de Roncesvalles todos los peregrinos y pobres, sanos y enfermos, son socorridos de todo lo necesario, así en lo espiritual como en lo corporal.” Las referencias de Doménico Laffi iban en el mismo sentido, dirigidas al “gran y bello hospital en el que los peregrinos podían permanecer tres días, uno de los más ricos que he hallado en este viaje.” Todas eran alabanzas, pero por ese tiempo fue cuando surgieron los primeros intentos serios por trasladar el hospital y todo lo que entrañaba a algún otro lugar de Navarra. Tal vez porque la comunidad que lo atendía día y noche, viendo que ya no entraban apenas peregrinos en España, su presencia era innecesaria y costosa. Fue una realidad que las nuevas corrientes de pensamiento en Europa hizo que la gente ya no mostrase interés por peregrinar. La clarividencia de un personaje como el subprior Huarte alertó del riesgo: “Es necesario que el hospital quede y permanezca en Roncesvalles en el mesmo sitio y asiento que ha estado hasta aquí, con la hospitalidad y con sus ministros acostumbrados. Si la Virgen por su gran piedad no volviere a defender su santuario y hospital en aquel Pyrineo, se dirá antes de muchos años: aquí fue Roncesvalles.” En 1791, el reglamento del hospital seguía siendo contundente y claro: los peregrinos debían de seguir contando con “cama decente en tres noches, cinco comidas y cenas, y en cada una de ellas una libra y quarto de pan y media pinta de vino con una regular ración de carne salada o abadejo en los días de vigilia.”&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-3344919720856635142?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/3344919720856635142/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=3344919720856635142' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/3344919720856635142'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/3344919720856635142'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/historia-de-los-monumentos-de.html' title='Historia de los monumentos de Roncesvalles'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbhXhGWYJyI/AAAAAAAAMZ4/k1ZC2rq4CJs/s72-c/image003.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-4139767466683552768</id><published>2009-03-10T16:30:00.000+01:00</published><updated>2009-03-24T13:09:26.983+01:00</updated><title type='text'>Sancho VII el Fuerte amó profundamente Roncesvalles</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrLeLouxTI/AAAAAAAAMdo/pKuRJMaPDBU/s1600-h/05_04_Estatua_%2520de_Sancho.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 304px; height: 217px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrLeLouxTI/AAAAAAAAMdo/pKuRJMaPDBU/s400/05_04_Estatua_%2520de_Sancho.jpg" border="0" alt="Sancho VII en su mausoleo de Roncesvalles"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312782429817062706" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Roncesvalles hizo sentir su atracción entre los reyes de Navarra. Algunos mostraron un interés especial, derivado tal vez de la estela que dejó en el reino el descalabro de la retaguardia carolingia del 778, exacerbado por crónicas y cantares de gesta, que a buen seguro conocían. Pero como no admitir que aquellos hechos se cruzaron con la presencia de los peregrinos jacobeos que empezaban a entrar por los pasos de Roncesvalles en el siglo X y que habrían de contribuir a la clausura de un mundo sórdido y de espíritus abatidos por las acometidas musulmanas por las cuencas del Duero y Ebro. Las peregrinaciones trajeron cultura, monasterios y prosperidad para los pueblos de la ruta y para las arcas públicas con el cobro de derechos de paso. Roncesvalles no fue una excepción a los ojos de los monarcas. El primero en ocuparse del lugar fue Sancho el de Peñalén, tristemente conocido por el Despeñado, que levantó un modesto recinto de acogida en el collado de Ibañeta, donde más hacía falta. Le siguió Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y de Navarra, con la ayuda del obispo de Pamplona, Sancho Larrosa. Juntos inauguran en 1127 el primer hospital, también en Ibañeta, que al cabo de cinco años es trasladado al pie del puerto, probablemente debido a la dureza del clima y a las malas condiciones para desenvolver la vida de una comunidad de monjes. El Roncesvalles jacobeo universal acababa de nacer. Otro rey, García Ramírez el Restaurador, rey de una Navarra recién independizada de Aragón (s. XII), será quien dé otro notable impulso al hospital, ya conocido en Europa, pero cuyo esplendor no alcanzaría hasta el siglo XIII con su nieto Sancho VII el Fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrLsc_dlPI/AAAAAAAAMdw/31NBKpL6sfM/s1600-h/05_02_Tumba_del_rey.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 51px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrLsc_dlPI/AAAAAAAAMdw/31NBKpL6sfM/s200/05_02_Tumba_del_rey.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312782674993976562" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Sancho descubrió los pasos pirenaicos siendo infante de Navarra, entre los años 1192 y 1194, en que ha de cruzar a tierras aquitanas para defender los dominios de su cuñado Ricardo I Corazón de León, rey en Inglaterra y Duque en Aquitania y Poitiers. Ricardo, al regreso de la Tercera Cruzada, no llegó a poner los pies en el sur de Francia al ser capturado y encerrado en un castillo centroeuropeo de su enemigo Leopoldo V de Austria. Las circunstancias llevaron a Sancho a defender las tierras norpirenaicas del acoso de algunos nobles ambiciosos que querían aprovecharse de la ausencia del rey inglés. Sancho se vio a la sazón combatiendo a las órdenes de Eleanor de Aquitania (1122-1204), que fue reina primero de Francia y luego de Inglaterra. Rogerio de Hoveden, destacado cronista inglés del siglo XII, dejó constancia de la presencia de los navarros en Aquitania: “Llegó el hijo del rey de Navarra con una ayuda de 800 soldados. Se apoderaron de muchos castillos cercanos a Tolosa.” La ocasión fue propicia para que Sancho demostrase su combatividad y arrojo, que sin duda habría de traducirse en experiencia militar que puso en práctica años después en la batalla de las Navas de Tolosa contra los almohades (1212). Sancho servía a Eleanor, la valerosa mujer que a la edad de 68, en pleno invierno de 1191, se desplaza de Burdeos a Pamplona por Roncesvalles, para llevarse consigo a la infanta Berenguela o Berengaria –hermana de Sancho-, con la que cruza los Alpes y toda Italia hasta embarcar en Sicilia y, tras muchas peripecias, conseguir que su hijo Richard I se casara con ella en plena cruzada de Jerusalén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sala Capitular&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia iba a dar un vuelco inesperado para el navarro en 1194. Estando en Aquitania recibe la noticia del fallecimiento de su padre el rey. Aquel momento lo recogió otro cronista inglés del siglo XII, William of Newburgh: “Sancho entró en Aquitania con su ejército y devastó el territorio, pero cuando tuvo noticia de la muerte de su padre, regresó para hacerse con la sucesión del reino.” Su residencia la fijó en Tudela, donde seguramente nació. De Sancho había escrito el gran arzobispo de Toledo, el navarro Rodrigo Ximénez de Rada, promotor espiritual de las Navas: “Era robusto en fuerza, valiente con las armas y obstinado en su propia voluntad”. Sancho, el rey de elevada estatura, profesó profundo amor por Roncesvalles. Nadie lo puso en duda, aunque las razones distan de saberse, puesto que no parece que fuese personaje interesado en obtener beneficios del paso de los peregrinos, sino todo lo contrario. ¿Lo atrajo el legendarismo del lugar? Los hechos del 778 los conocía por las crónicas francesas, o tal vez por las más fantasiosas de León y Castilla. Su cuñado Ricardo se sabe que admiraba la gesta pirenaica de Roldán. También conocía lo acaecido el coetáneo de ambos, el arzobispo Ximénez de Rada, capaz de trazar el itinerario: “Avanzó Carlomagno por un valle que se llama Valcarlos, que es más llano, para que lo abrupto del Pirineo no fuera obstáculo para quienes subían hasta llegar a la cima del monte en una larga columna…” Las idas y venidas de Aquitania las hizo Sancho por el paso de Roncesvalles; la ruta no le ofrecía secretos. ¿Comprobó por sí mismo que el enclave estaba mal atendido y por ello determinó construir una iglesia gótica y ocuparse de la gente? Como saberlo, pero sí que es muy probable, por insólito que parezca, que no acudiese más en su vida al Pirineo después de las Navas, ni siquiera siete años después, en 1219, con motivo de la consagración de la iglesia de Santa María que él sufragó con su propio dinero. Las circunstancias se lo impedirían. Su castillo de Tudela quedaba a más de cien kilómetros y las ambiciones territoriales de los reyes de Castilla y de Aragón no cesaban. Sancho se vio obligado a reforzar las fronteras de Navarra con un costoso dispositivo y a ir adquiriendo tierras y pueblos en manos de ricoshombres y monasterios, al tiempo que fundar otros en lugares estratégicos como Viana. Ningún otro monarca podía permitirse nada semejante. El profesor e investigador medievalista Ángel Martín Duque indica que tras la batalla de las Navas, “inaugura Sancho una abundante serie de inversiones para la adquisición, mediante compraventa, de heredades muy diversas dentro y fuera del reino, como castillos, villas, casas, huertos, viñas y otras tierras...” Poco podía suponerle entonces adquirir terrenos deRoncesvalles en los que edificar una lujosa iglesia gótica y ocuparse de paso del sostenimiento delhospital de peregrinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrL29VG1WI/AAAAAAAAMd4/id3QSnZe0vo/s1600-h/05_03_Retrato_real.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 164px; height: 200px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrL29VG1WI/AAAAAAAAMd4/id3QSnZe0vo/s200/05_03_Retrato_real.jpg" border="0" alt="Retrato real de Sancho VII"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312782855473386850" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;No hay que descartar que el interés de Sancho por Roncesvalles tuviese que ver con una promesa a la Virgen Patrona, como siglos atrás hizo Sancho Garcés I con la de Irache cuando el asalto al castillo musulmán de Monjardín? Tal vez en prueba de agradecimiento por la victoria sobre los almohades, hasta el extremo de haber decidido ser enterrado en Roncesvalles, para lo cual habría ordenado esculpir su magnífica estatua yacente, considerada retrato genuino, y la construcción de un lujoso mausoleo para él y su esposa Clemencia, conjunto que habría de ser expuesto para siempre en medio de la iglesia de Santa María. Es lo que se repite, pero nada impide que tanto la sepultura como el enterramiento en Roncesvalles no dependiese de él, sino de su sobrino francés, que con el nombre de Teobaldo I reinó en Navarra a la muerte de Sancho, pese a no ser el elegido, sino Jaime I de Aragón. No hay razones en el nuevo monarca que nunca debió de verse con su tío el rey, y sin embargo se tiene constancia de que Teobaldo, llamado el Trovador, fue quien emprendió el accidentado traslado del cuerpo de Sancho de Tudela al Pirineo. Los hechos desde que acontece la muerte son sorprendentes. Fallece el 7 abril de 1234 en su castillo de Tudela, donde es embalsamado. Un mes después entra en Navarra por Roncesvalles, Teobaldo, hijo de Blanca y del conde Thibaut de Champagne y de Brie, que es ungido rey. El primer acto fue disponerlo todo para el traslado regio, pero no pudo ser. Las rivalidades entre diócesis y monasterios -probablemente motivadas por la cuantiosa herencia que dejaba el rey muerto-, enrarecieron la situación de tal manera que hubo de intervenir el obispo de Pamplona, Pedro Remírez de Piérola, para amenazar con excomulgar a quien intentara tocar los restos del rey, enterrado provisionalmente en la iglesia de San Nicolás de Tudela. Allí habría de permanecer 4 años mientras no concluyeron los litigios, lo que habría de suceder en 1238, año del fallecimiento del obispo, que es cuando el Papa Gregorio IX se atreve a levantar penas y castigos, ordenando además el traslado inmediato del rey Sancho a Roncesvalles, lo que procede a llevar a cabo el rey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tumba del rey&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Tradicionalmente se habla de la munificencia del Teobaldo I al construir el mausoleo de su tío”. Luis Campo, biógrafo de Sancho VII, da por hecho que el monumento no fue idea de él. El diccionario de la R.A.E. define la munificencia como “largueza, liberalidad del rey o de un magnate”. El sepulcro debió de ser de factura espléndida, “decorado con ángeles, religiosos, guerreros, escudos, relieves de batallas...” La tumba la remataba la estatua yacente, la gótica efigie de Sancho que Campo considerada su auténtico retrato. El conjunto se expuso aquel año mismo año 1238 en lugar preferente de Santa María de Roncesvalles, donde habría de permanecer casi 500 años, hasta 1622 en que se determina que porque había sufrido serios desperfectos, ya fuera por humedades, robos, invasiones e incendios, debía ser desechado, procediéndose entonces a la construcción de una nueva sepultura antes de que concluyera aquel año, la cual fue empotrada en un nicho arqueado de 2,50 metros de alto en un muro lateral. José María Lacarra anotó: “Hoy, este sepulcro, con las restauraciones que se llevaron a cabo en la iglesia, ha sido desmontado también.” Fue testigo del traslado de 1622 el subprior Juan de Huarte, que porque era persona cuidadosa con las cosas del lugar dejó las pertinentes anotaciones en un libro manuscrito titulado “Apología a favor del Cabildo de Roncesvalles”. Pero el libro, que no fue archivado entonces, terminó extraviándose, y como consecuencia nadie supo que había sido del sepulcro y de la estatua yacente, hasta el año 1890 en que el manuscrito es descubierto casualmente en una reordenación de la biblioteca de Roncesvalles. Se llevan a cabo las oportunas excavaciones en la iglesia y se descubre que el sepulcro del rey y de su esposa Clemencia no estaban, pero sí la estatua. “Las tres primeras horas de búsqueda fueron infructuosas y no se obtuvo ningún resultado cavando y levantando la tierra, hasta que al fin al toque de campana se difundió la noticia de su hallazgo” (Luis Campo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrMUuJtYdI/AAAAAAAAMeA/qCJkUa8RUgI/s1600-h/sancho.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 239px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrMUuJtYdI/AAAAAAAAMeA/qCJkUa8RUgI/s320/sancho.jpg" border="0" alt="Sancho en la batalla de las Navas de Tolosa"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312783366795125202" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A comienzos del año siguiente fue trasladada y dispuesta en la nueva tumba de San Agustín, pero la definitiva no vendría hasta 1912, el año en el que se conmemoraba el séptimo centenario de las Navas. Nunca pudo contar el rey con mejor lugar para descansar, la capilla de San Agustín, Sala Capitular hasta comienzos del siglo XVII, recinto gótico construido durante el mandato del prior Juan García Ibáñez de Viguria, entre 1330 y 1340, y restaurado por Fermín Ansoleaga en tiempos del prior Nicolás Polit (1887-1906), según la investigadora María Antonia del Burgo. Es de planta cuadrangular y bóveda de arcos estrellados situada a 25 metros de altura. La sala principal se comunica con otra pequeña enrejada a la que se accede subiendo cinco peldaños, en la que se guarda el sepulcro de García Ibáñez. El gran ventanal ojival del muro meridional lo ocupa la gran vidriera realizada en 1906 por el francés José Maumejean, que habría de sembrar con sus trabajos cientos de monumentos religiosos y civiles de España y que representa como es sabido escenas recreadas de la batalla de las Navas. A tan regia estancia se accede desde el claustro. Una bella puerta ojival permite la entrada. Sancho tiene las piernas cruzadas, los pies orientados al E. como en los dólmenes, la mano derecha sobre el corazón y la izquierda en la espada. El sol de mediodía ilumina la estatua con colores que rompen la luz plomiza que entra por la puerta. El rey parece profundamente dormido, cansado y con aspecto triste. Un peregrino ensimismado, recién llegado de Francia, lo contempla sentado en un banco de piedra...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luis Campo indicaba con acierto que las estatuas yacentes de personajes históricos, reyes, grandes hombres y dignidades eclesiásticas, solían ser de proporciones mucho mayores que las que corresponden a los personajes que representan. Muchas eran puros alardes imaginativos de escultores y tallistas que poco o nada revelan de cómo era la fisonomía de los fallecidos, pero en otros casos no era así y correspondían a genuinas estatuas hechas a imagen y semejanza. La estatua de Sancho VII en Roncesvalles es un perfecto exponente, y en mayor medida porque el desmesurado tamaño de la escultura coincide además con la estatura del monarca en la vida real. Sus rasgos y constitución se ciñen a como era, un gigante del siglo XIII que alcanzaba los 2,22 metros, la medida exacta que ofrece. También su cuñado el rey Ricardo se aproximó a los dos metros, y los superó el rey de Aragón, Jaime I el Conquistador, ya a los 23 años de edad. Es histórico el encuentro entre Jaime y Sancho en 1231 en el castillo de Tudela, donde habría de decidirse la sucesión del reino que nunca se llevó a la práctica por decisión del pueblo navarro. La crónica de puño y letra del monarca aragonés muestra el asombro que le produjo comprobar por sí mismo la estatura del rey, aun con 70 años de edad, extremadamente grueso y ya muy enfermo: “Envionos mensaje para proponernos que celebrásemos con él alianza mutua. Resolvimos ir a avistarnos con él en Tudela. Hacía varios años que no había salido de aquel castillo. Tampoco se había dejado ver por ninguna parte. Llegados a Tudela hubimos de subir al castillo, porque él no podía bajar hasta la villa por ser tan extremadamente gordo que causaba admiración. El primer día que subimos a verlo nos acogió tan cortésmente. Nos abrazamos mutuamente y vimos que era de tan aventajada estatura como nos.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El único estudio en profundidad que se hizo sobre el rey Sancho corrió a cargo del ilustre catedrático médico forense de Pamplona, Luis Campo Jesús (1912-1995), cuyas agudas observacionesfisiognomistas se recogen en el folleto 251 de la extensa colección “Temas de Cultura Popular”, editada hace años por la entonces Diputación de Navarra. La fisiognomía es el arte de juzgar a las personas por la apariencia del semblante y del aspecto físico, es decir, el estudio del carácter de una persona a través de su aspecto físico. Luis Campo afirmó: “Su talla gigantesca y la gordura desmesurada que presentó pueden orientar hacia una patología hipofisaria del monarca navarro. La tradición recoge, y sigue testificada por modernas investigaciones, que las dimensiones de la estatua sepulcral de Roncesvalles son reproducción fidedigna de las características corporales de Sancho. Se trata, pues, de una escultura funeraria en relieve, dispuesta en forma de efigie, que considero su auténtica figura que cifro en un valor máximo de 2,22 metros.” Tales deducciones partían de lo que había constatado en 1622 el subprior Huarte, que siendo testigo ocular de los restos del rey, dejó constancia de las medidas del fémur. “Tres xemes y dos dedos de largo”. El seme o jeme, según Campo, era una medida que equivalía a la distancia entre la extremidad del pulgar y el índice abierto de una misma mano, que con relación al sistema métrico decimal cifra exactamente en 13 centímetros y 9 milímetros, con lo cual el fémur mediría 62, 28 cms.La descripción anatómica de la figura pétrea del rey es insuperable por la agudeza de las observaciones. Júzguese sino: Los cabellos eran largos, espesos, lisos y ondulados, pero no rizados. Sancho llevaba melena con arreglo a la moda medieval en la que predominaba todavía el cabello heredado de los godos. La frente es proporcionada, amplia y despejada y no se observa en ella ningún pliegue o contractura. Es rígida e inexpresiva, y el músculo frontal que la modela está relajado. De los ojos dice que son grandes con el globo ocular prominente y que aparecen con la abertura palpebral sumamente amplia. “No considero que Sancho VII padeciera exoftalmos (ojos saltones) ni he de relacionar este detalle con ningún tipo de enfermedad especialmente endocrina.” Los párpados están abiertos al máximo, sin más, por lo que hay que considerarlos ojos grandes que traducen viveza espiritual y energía, corroborada por la dureza y uniformidad del borde de los párpados superiores y los diversos pliegues que se dibujan en los inferiores. La mirada se dirige hacia la lejanía. La nariz es postiza, perdida la genuina en alguno de los traslados, por lo que no se puede entresacar ningún rasgo revelador de la misma. “Lástima porque pocas partes de la cara son tan importantes para la fisiognóstica.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estatua de Sancho&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De las orejas anotó que son relativamente pequeñas, sin conformaciones anormales ni prominentes ni excesivamente pegadas al cráneo, aunque algo diminutas pero sin desentonar de la figura. Observa Campo que el rostro aparece perfectamente rasurado, lo que le parece anormal en aquel tiempo cuando todos los monarcas aparecían barbudos. Le llama la atención la recia complexión de los maxilares inferiores, cuya musculatura que los cubrees acusada. La hendidura bocal, relativamente pequeña, está cerrada. Los labios aparecen contraídos, apretados y proyectados y no aplicados contra los dientes. Del cuello observa algunos pliegues de relieve más graso que muscular, y del tórax, que es robusto y ancho y que guarda proporcionalidad con lo gigantesco de su figura. El abdomen, que es más abultado que su pecho. De las extremidadessuperiores e inferiores, que son proporcionales con el tronco y que traslucen relieves indicadores de su acusado desarrollo. Del codo derecho, que está flexionado y que forman un ángulo recto, brazo y antebrazo, postura que fuerza la caída del manto que le cubre los hombros. La izquierda no permite ver el codo y sólo una parte del antebrazo. Se pregunta por qué razón el escultor colocó las extremidades inferiores cruzadas, es decir, la izquierda sobre la derecha, aunque sospecha que para resaltar mejor la anatomía, no para ocultar defectos. De los pies anota 33 cms en sus plantas y que parecen iniciar un paso. Las manos, lo más relevante después del rostro, morfológicamente parecen finas por no apreciarse nudosidades ni musculatura desarrollada.Bellas porque sus dedos tienen forma cónica, adelgazándose desde las palmas hasta las falanges. Femeninas porque unen a su cualidad fina y bella, la gracilidad, la falta de relieve que acusan las manos trabajadoras. Dedos largos y manos con dedos separados y estirados que no revelan gesto hostil. La mano derecha descansa sobre el corazón, que interpreta como una muestra cordial de franqueza. La izquierda lo hace sobre la espada, gesto que supone que pudiera ser significativo de que buscase, consciente o inconscientemente, la espada. La espada tiene un longitud de 1,29 cms. La empuñadura es de 21 cms. La anchura de la hora es de 9 cms. en la parte superior y 7 en la inferior. Espada pesada de combate capaz de partir en dos a un hombre con armadura, concluye el análisis pormenorizado de Luis Campo. Todo un&lt;/strong&gt; alarde. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-4139767466683552768?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/4139767466683552768/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=4139767466683552768' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/4139767466683552768'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/4139767466683552768'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/sancho-vii-el-fuerte-amo-profundamente.html' title='Sancho VII el Fuerte amó profundamente Roncesvalles'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbrLeLouxTI/AAAAAAAAMdo/pKuRJMaPDBU/s72-c/05_04_Estatua_%2520de_Sancho.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-565091360259238725</id><published>2009-03-10T16:27:00.000+01:00</published><updated>2009-03-24T13:09:26.983+01:00</updated><title type='text'>Leyenda y realidad del vallecito de Arrañosin</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbfvxwxIW2I/AAAAAAAAMWg/UGpvz2iZkKk/s1600-h/06_01_Arroyo_Arranosin.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311977923690388322" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 269px; TEXT-ALIGN: center" alt="Vallecito de Arrañosin y su arroyo pirenaico" src="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbfvxwxIW2I/AAAAAAAAMWg/UGpvz2iZkKk/s400/06_01_Arroyo_Arranosin.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Roncesvalles, el enclave monumental, se halla situado en la desembocadura de un recoleto vallecito enmarcado entre corpulentas hayas; un entrante de algo más de un kilómetro por el que discurre un modesto arroyo que a buen seguro tuvo que cobrar especial relevancia en los acontecimientos de la rota carolingia. Arrañosin se llama, y se forma con "arrain", pez, y "osin", pozo, topónimo que en vascuence arcaico y misterioso, como solía repetir Julio Caro Baroja, podía equivaler a "remanso de peces", modo un tanto poético con que aludir a algún afamado coto truchero. También la misma raíz y significado corresponde al primer pueblecito francés al cabo de Valcarlos, Arnéguy. "Arrain", por lo demás, es el sexto de los primeros vocablos que se conocen en vasco, que constató Aymeric Picaud en su guía de peregrinos, y en cuanto a "osin" cobra relevancia en el ámbito de la mitología popular que recogió Barandiarán en tanto que alude a "pozos, remansos de ríos, balsas, lagunas o lagos, de los cuales se dice que no tienen fondo y que tiran hacia abajo a cuanto se introduce en sus aguas" (1), porque también en Roncesvalles se dejó sentir la influencia de lo arcano y misterioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vallecito de Arrañosin, ignorado por guías y folletos jacobeos, es vía de acceso al collado de Ibañeta, lo que representa la única ineludible para pueblos y ejércitos invasores desde la prehistoria, tanto de entrada como de salida. Solamente los pasos por el Perthus en Gerona y Somport en Huesca pueden compararse a un mismo nivel. Histórica fue la entrada por Roncesvalles de los celtas en el 650 a.d.C., que introdujeron la cultura del hierro en suelo peninsular y el afincamiento de muchos pueblos. Desde otra perspectiva fue igualmente trascendente la entrada de los pueblos bárbaros en el 409, los temibles vándalos, alanos y suevos, que sembraron desolación y destrucción por toda la península, estableciéndose estos últimos entre Zamora y Galicia, hasta su aniquilamiento por los godos, otro de los pueblos invasores artífices de una nueva cultura peninsular hasta la invasión musulmana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbfwBDLj6eI/AAAAAAAAMWo/ig745JzoD6s/s1600-h/06_03_Pradera_Soroluzea.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311978186331122146" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 134px" alt="La pradera de Soruluzea de resonancias carolingias en Roncesvalles" src="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbfwBDLj6eI/AAAAAAAAMWo/ig745JzoD6s/s200/06_03_Pradera_Soroluzea.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Primero lo hicieron violentamente en el 468 al mando del rey Eurico, que atacó Pamplona y Zaragoza, desplazándose en sus correrías hasta Tarragona. Años después, en dos ocasiones, en el 490 y el 530, también por Roncesvalles, volvieron a pasar, pero esta vez pacíficamente y en varios cientos de miles, empujados por los francos, instalándose finalmente por la cuenca del Duero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Notorias fueron también las salidas por el vallecito de Arrañosin. Las más tempranas en el tiempo fueron las del emperador Augusto en el año 24 a.d.C., que enfermo del hígado iba camino de una estación termal que algunos identifican en la ciudad de Dax, y la de un joven romano pamplonés supuestamente a finales del siglo III, San Fermín, martirizado y muerto en Amiens. Trascendental fue en el 732 la partida por Roncesvalles del emir de Al-Ándalus, Al-Gafiqi en el 732, acompañado de una poderosa fuerza que aplastaron en Poitiers Carlos Martel y el duque Eudes; en el 778, la de Carlomagno, cuya retaguardia cayó aniquilada en Valcarlos; en el 812, la de su hijo el emperador Ludovico Pío, que a punto estuvo de caer en la misma trampa, y en el 824, la de los condes Eblo y Aznar, masacrados por vascones y musulmanes del Ebro también en Valcarlos. Más adelante en el tiempo, en 1512, hay que destacar la marcha camino del exilio de los reyes Juan de Albret y Catalina de Navarra, desalojados del trono para siempre por el Duque de Alba, que aquel mismo año cruzó Roncesvalles y Lepoeder para conquistar St-Jean-Pied-de-Port.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbkdhUOHyPI/AAAAAAAAMag/8ngFNyilCjo/s1600-h/image005.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 108px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbkdhUOHyPI/AAAAAAAAMag/8ngFNyilCjo/s200/image005.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312309693661038834" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arrañosin, por proximidad al puerto axial y por hallarse al abrigo de los montes Guirizu y Donsimon, debió de ser lugar preferente en las prolongadas acampadas de aquellos pueblos y ejércitos, que obvio es reconocer que se desplazaban con gran lentitud, en medio de indecibles contratiempos y dificultades. Fácil es imaginar lo que debió de suponer el parsimonioso paso de los miles de godos, que pudo extenderse durante meses, sino algún año. Tampoco se moverían con celeridad las tropas de Carlomagno, Roldán y los Pares de Francia aquel mes de julio, aun habiendo partido de Pamplona acuciados por la prisa de atajar la revuelta sajona en centroeuropa. Tres días asigna Lacarra a la marcha hasta la llanada de Roncesvalles, y no hay que descartar tampoco que, como los demás, permaneciesen apostados a pie de puerto un tiempo, acaso semanas, antes de dar el gran salto a tierras de Aquitania, margen que a buen seguro aprovecharían los vascones para concentrarse desde los más apartados lugares, o de lo contrario nunca hubiesen podido atacarlos con la contundencia que demostraron, aun con la ayuda de la agreste naturaleza valcarlina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vallecito de Arrañosin no es sólo camino, es también cauce para el rumoroso arroyo que pasa serpenteante entre cantos rodados a muy poco metros a espaldas del conjunto monumental. Cómo no prestarle atención, cómo dudar que su insignificancia no se corresponde con el peso legendario que hubo de tener en relación con lo acaecido en la rota carolingia del 778. El arroyo, que en cualquier punto se cruza de una zancada, estaba ya presente en el peregrino Picaud, que lo confunde con el Arga, entonces Runa, cuyo nacedero establece en Roncesvalles: "Del Port de Cize discurre con dirección a Pamplona un río saludable que algunos denominan Runa". Ignoraba que el río nace a unos veinte kilómetros al O., en el collado Urquiaga de los montes de Quinto Real. Estaba el arroyo presente también en la propia canción de gesta cuando constata que Roldán, poco antes de expirar, pide un poco de agua que llevarse a la boca: "En Roncesvalles hay un curso de agua". (En Rencesvals ad un ewe curant). ¿Era el Arrañosin el lugar del verde prado? A orillas del agua, en su margen izquierda, a la altura de la Cruz de los Peregrinos, hay un prado, verde y recoleto como el que se menciona en la canción de gesta, cercado por alambre de espino, más largo que ancho, de ahí su nombre Soroluzea. En él acontece la muerte del héroe, que le sobrevino en un "verde prado teñido de sangre bermeja".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbkd_dwLtgI/AAAAAAAAMao/HQY8p1aa8j8/s1600-h/image009.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 134px; height: 200px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbkd_dwLtgI/AAAAAAAAMao/HQY8p1aa8j8/s200/image009.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312310211615897090" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La "Crónica de Turpín", en cambio, parece localizarlo en lugar encumbrado, posiblemente en el collado de Ibañeta, donde hace morir al héroe sin siquiera probar una gota de agua, porque ninguno de los que estaban con él pudo hallarla en las inmediaciones. Las principales edificaciones de Roncesvalles se alinean con la margen izquierda de la calle principal en sentido norte-sur, que coincide con el trazado de la vía romana, posteriormente camino jacobeo. Sus portadas miran a occidente, hacia la puesta de sol, y por esta razón y porque apenas gozaban de espacio para alzarse, el lado postrero de las mismas hubo de ganar terreno al Arrañosin. Un anchuroso camino avanza paralelo al cauce del río, de espaldas a los monumentos. Es moderno, sin duda, pero merece ser andado desde La Posada, aunque la solemnidad del lugar hace imprescindible acceder a él por el estrecho pasillo de losas de verde pátina, rebosante de austeridad, que separa la iglesia de Santiago de la del Sancti Spíritus. Pocos metros adelante pasa ante la esbelta capilla de San Agustín en la que descansa el rey Sancho que, adelantada unos metros, rompe la alineación con las demás fábricas. Le sigue el magnífico ábside de cinco largos ventanales de la Colegiata, cuyo altar mayor se sostiene sobre una cripta, obra forzada por imposibilidad de ampliar el recinto por la fachada, que cortaría el paso de la vieja vía romana y jacobea. Contiguo se halla el albergue de los peregrinos, fábrica reciente del siglo XIX, por cuyos ventanales resuenan en verano las voces alegres de los huéspedes más jóvenes. El camino inicia una suave cuesta arriba por un llamativo piso empedrado, que podría hacer pensar en un tramo genuino de calzada romana, pero es obra moderna reservada a los destrozones carros de los arrieros, que tenían prohibido cruzar por el centro de Roncesvalles. Las últimas casas adosadas al monte Guirizu se quedan atrás. Una cancela de hierro, con marcas amarillas pintadas, que indican el itinerario jacobeo hasta más allá de París, permite el acceso a Arrañosin, que en su arranque parecen guardar unos perros que ladran desaforadamente a los peregrinos cargados con pesadas mochilas a sus espaldas. Todo en derredor es bosque de hayas escalonadas por las laderas. Hacia lo alto del Guirizu se oyen los motores de los camiones que se esfuerzan por apurar la pendiente del puerto. El camino, llano, serpenteante, de tierra y blanquecino, va alejándose de Roncesvalles, que ya sólo deja ver sus afilados tejados de cinc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbkdQ62rjcI/AAAAAAAAMaY/RYWP_pMyXlk/s1600-h/06_02_Casas_de_Roncesvalles.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 134px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbkdQ62rjcI/AAAAAAAAMaY/RYWP_pMyXlk/s200/06_02_Casas_de_Roncesvalles.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312309411973926338" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Al otro lado del arroyo sestea plácidamente el ganado vacuno, indiferente a los caminantes. Un solitario acebo de hojas brillantes parece haber arrimado a un abultado montículo de hierba y gruesa capa de musgo, que semeja un túmulo neolítico, pero se trata de un búnker militar de hormigón, uno de los más de 50 desplegados en el siglo pasado, que formaron parte del cinturón defensivo desde Burguete hasta más allá del Astobizcar, últimos testimonios mudos que quedan de los peligros que de siempre se han presentido del otro lado del Pirineo, y que hoy la naturaleza, sabia y comprensiva, en su esforzado afán por armonizar el entorno, optó por integrarlos; y en justicia, el caminante que se los encuentra en cualquier parte no debiera considerarlos como obras absurdas, hostiles o desmerecedoras del paisaje, porque a su modo representan también a Roncesvalles. A mano izquierda arranca el histórico barranco de Ibañeta, que ofrece a los ojos del caminante la ocasión de asistir a un encuentro tan insólito como preciso: la confluencia a ras de suelo del Pirineo axial con la península ibérica, representada en ese punto por la amesetada llanada de Roncesvalles, y que una roca que apenas aflora en el suelo, pintada con la tradicional flecha amarilla del camino jacobeo, indica. Ese era el paraje al que salían todas cuantas personas acababan de rebasar el Pirineo y en el que creían que dejaban definitivamente las montañas hasta Galicia… Una humeante fogata junto a un redil ovejero abandonado delata la presencia de quien ha estado entretenido recogiendo leña, pues se ven pequeños montones de ramas partidas con hacha. No hay nadie en derredor. Acaso esa persona ha tomado uno de los senderos que se dirigen a alguna borda oculta por el hayedo de la ladera. Unos pasos más adelante, en terrenos no hollados por peregrinos, el arroyo es ya una regata que se vadea de una zancada. Las hayas más jóvenes, estilizadas, blanquecinas y enhiestas, que han podido medrar en los claros de luz junto a helechos y juncos arremolinados a la vera de los cursos de agua, alternan con las gruesas de retorcidos troncos descarnados, que cuando caen de puro viejas desentierran raíces y piedras, creando a los ojos del caminante fantasmagóricos zoomorfismos, patas y pezuñas de animales mastodónticos, que se acentúan con las primeras luces. Todo en derredor es bosque encantado, atlántico, sin apenas evaporación solar. La paz y la soledad, el frío y la humedad, el verde y el ocre, es lo que se reconoce. Una cantera abandonada, inmisericorde tajo a la montaña, no puede pasar inadvertida, tratándose de un espectacular como infrecuente afloramiento de esquistos del Devónico, uno de los periodos del Paleozoico, esas rocas de tonos ocreoxidados, sumamente frágiles, que se desprenden en láminas a la menor presión intersticial, que representan las últimas reliquias de un viejo macizo, el hercínico, exhumado por la orogenia alpina cuando se formó el actual Pirineo. Son esas las rocas más antiguas de Navarra, después de las cuarcitas silurianas del entorno del monte Astobizcar, majestuoso desde la perspectiva de Arrañosin, blanco en invierno y envuelto en nieblas en verano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vallecito se ha cerrado completamente por el barranco Otezulo, "agujero de oteas", topónimo alusivo a las embastecidas árgomas. Las regatas descienden buscando afanosas otras más caudalosas que discurren por los terrenos más llanos. Las dos laderas del barranco están tan cerca una de la otra que convergen en una angosta uve que atraviesa el arroyo. No hay el menor vestigio de sendero. Porque la oscuridad del hayedo es tan intensa, la evaporación solar es mínima y todo rezuma humedad. La ladera subvertical del Astobizcar impide continuar caminando. Una estrepitosa cascada cae desde lo alto dejando al descubierto gruesas raíces. Cuánto de numinoso tiene descubrir el origen de los ríos, viejo mito en vano. En ese paraje, algunos eruditos de peso, franceses y españoles, sembraron incertidumbre en los de por sí confusos escenarios bélicos de Roncesvalles, habiendo determinado que por esa ladera rodaron despeñados los miles de francos sorprendidos por los vascones desde Astobizcar al paso por la vía romana entre los puertos de Ibañeta, Igalepo y Lepoeder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(1) Barandiarán, José Miguel. Diccionario de mitología vasca. San Sebastián, 1984. Pag. 164. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-565091360259238725?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/565091360259238725/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=565091360259238725' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/565091360259238725'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/565091360259238725'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/leyenda-y-realidad-del-vallecito-de.html' title='Leyenda y realidad del vallecito de Arrañosin'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbfvxwxIW2I/AAAAAAAAMWg/UGpvz2iZkKk/s72-c/06_01_Arroyo_Arranosin.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-8989909697294681209</id><published>2009-03-10T16:24:00.000+01:00</published><updated>2009-03-24T13:09:26.983+01:00</updated><title type='text'>El falso camino romano de Roncesvalles a Lepoeder</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbg3JlK7JeI/AAAAAAAAMZY/jxCPkQtuRVo/s1600-h/caballos.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312056398219781602" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 230px; CURSOR: hand; HEIGHT: 213px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbg3JlK7JeI/AAAAAAAAMZY/jxCPkQtuRVo/s400/caballos.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;En el anchuroso camino postrero del Sancti Spíritus arranca otro en dirección a una cancela de hierro, tras la cual se llega en unos pasos a una pasarela sobre el Arrañosin. Entre hayas y acebos, ese camino toma sentido E. Bifurcándose unos cientos de metros más adelante, un ramal avanza aledaño al pie del eje pirenaico por terrenos de un viejo paraje, Nabala, entre cerros y suaves hondonadas, hasta dar en el apartado barranco orbaicetarra de Itolaz. Fue ésa, a juicio del etnólogo y montañero guipuzcoano Luis Pedro Peña Santiago (1933-1994), una vieja ruta maderera que iba de los bosques de la selva de Irati al Cantábrico. El otro ramal, en cambio, se interna por el bosque hacia el N., y cuesta arriba por la ladera oriental del monte Donsimon sale al alto puerto de Lepoeder. Ancho y muy deteriorado al comienzo, bien señalizado con flechas amarillas y franjas rojiblancas indicativas de sendero granrecorrido (G.R.), va estrechándose conforme gana altitud, hasta desdibujarse bajo la hojarasca del hayedo, y sólo en los últimos 300 metros, cuando la pendiente es máxima, ya muy cerca de Lepoeder, vuelve a verse ancho, firme y bien marcado, alfombrado de blanco esos días en que amanece cubierto por la nieve inmaculada. ¿Qué tiene de especial ese camino? Por de pronto, que deslumbrase al insigne investigador gallego Ramón Menéndez Pidal (1869-1968) en los días que acudió a Roncesvalles en pos del halo de la "Canción de Roldán", muy especialmente cuando alcanzó a asomarse a Lepoeder, incomparable atalaya desde la que admirar uno de los mejores paisajes de Navarra, cuya visión se extiende por montes y sierras hasta más allá de Pamplona. Acuciado por hallar el menor atisbo del espíritu de un Roldán muerto en circunstancias tan dramáticas, afanado en extremo por amoldar las impresiones extraídas de lecturas y estudios de relatos medievales a la realidad circundante, en todo momento legendarizada, no es extraño que don Ramón concibiese -erróneamente- en el alto puerto por el que doblaba la vía romana el lugar idóneo en el que el rey Carlomagno hincó la cruz que se le atribuye, la "Crux Caroli", y el lugar en el que Roldán partió la roca con la espada "Durandal".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbqJhFWisFI/AAAAAAAAMdQ/rEMnvoSDw-U/s1600-h/07_03.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbqJhFWisFI/AAAAAAAAMdQ/rEMnvoSDw-U/s200/07_03.jpg" border="0" alt="El camino cerca de Lepoeder"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312709911902335058" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El autor de "La España del Cid" no se detuvo en la alteración de escenarios, por lo que no vaciló, a la vista de la magnífica perspectiva que desde el puerto se capta del camino del Donsimón, que la vía romana que llegaba a Roncesvalles subía a Lepoeder por esa parte del monte, en vez de hacerlo por el itinerario milenario del collado de Ibañeta. Por lo mismo, tampoco vaciló a la hora de determinar que el escenario de la emboscada de los vascones tuvo lugar en dicho monte: "Lo más probable es que el desastre del 778 ocurriese, no en el camino que va de las estribaciones de Astobizcar al puerto de Ibañeta, sino en la calzada que va de la falda de Astobizcar al lado oriental de Don Simón" (1). No hay que descartar, sin embargo, que el camino por Donsimon fuese en un principio vía romana, que sus constructores descartarían inmediatamente, percatándose del peligro que entrañaba la fuerte pendiente para el tránsito de carros. No hay que descartar tampoco que el trecho más alto del camino ni siquiera existiese en tiempo de los romanos y que correspondiese en realidad a las obras llevadas a cabo para el paso de los pesados cañones del Duque de Alba a St-Jean-Pied-de-Port, en las campañas conquistadoras de 1512. Luis Correa, el cronista de aquella expedición, refirió los ímprobos esfuerzos de los azadoneros por allanar el terreno de un monte de Roncesvalles, tan empinado que "casi enhiestos caminaban", pues ni "añadidas azémilas a cada tiro podían tirar" por el "gran embargo de lodos venidas las aguas", acaso lluvias torrenciales que corrían por la ladera del Donsimon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbqJul2PNXI/AAAAAAAAMdY/cYF7I5-O_Co/s1600-h/07_02.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 137px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbqJul2PNXI/AAAAAAAAMdY/cYF7I5-O_Co/s200/07_02.jpg" border="0" alt="El camino que parte de Roncesvalles"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312710143963510130" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Las elucubraciones de Don Ramón hicieron mella en José María Lacarra, muy dubitativo con respecto a los escenarios de la rota carolingia, sin duda por desconocimiento de montes y barrancos: "La subida (de Carlomagno) desde la llanada de Burguete pudo hacerse por dos vías. Las dos de origen romano se juntaban, como ha señalado Menéndez Pidal, en el collado de Lepoeder". Recientemente, a raíz del auge de los Xacobeos, desde otros sectores con mucha menos autoridad intelectual, afanados por localizar caminos antiguos a cualquier precio, no titubearon en dar el trazado del Donsimon como jacobeo, y como tal lo han señalizado, desdoblando de esa manera el descenso a Roncesvalles. Nadie discute que es empeño encomiable esforzarse en todo momento por descubrir caminos genuinos, ya sean romanos, trashumantes, militares, y de especial manera el de Santiago, perdido en su mayor parte en Europa y en la península ibérica, incluido el propio trazado, pero no es admisible cuando lo que se pretende es dar como verdadero cualquier camino con visos de viejo, lo que se traduce en que haya censadas más vías romanas que las construidas entre los siglos I y III. No son pocos los casos en que ciertos caminos rurales que unían valles y que fueron empedrados con losas en el siglo XVIII se tomaron sin más como romanos. He ahí los casos del que unía las dos Basaburúas por el pueblo de Elzaburu, el que iba de Guesálaz a Puente la Reina o el de la Venta de Zumbel a Bacaicoa. Y cuando no eran rurales, eran calzadas militares abiertas o remodeladas en las guerras de la Convención Francesa y Carlista, principalmente por los Pirineos, donde estaban ubicados los puestos defensivos más avanzados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbqJ_RHTKrI/AAAAAAAAMdg/sIAzeRqUyZM/s1600-h/img21.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 132px; height: 200px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbqJ_RHTKrI/AAAAAAAAMdg/sIAzeRqUyZM/s200/img21.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312710430455704242" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La obsesión por los caminos viejos, los "bidezar" que figuran en algunos mapas locales, se acrecentó en los últimos años con el auge de las peregrinaciones a Santiago y los intentos por prestigiar la trastabillada ruta, dotándola de autenticidad y exotismo, de caminos tendidos por paisajes de gran belleza y por tupidos bosques, tratando siempre de evitar las carreteras y los entornos fabriles. Estos propósitos no son nuevos, porque alterada fue ya la ruta milenaria en tiempos de Sancho el Mayor, que la apartó de su trazado primigenio de Pamplona por el valle de Araquil y tierras alavesas para llevarla por el puerto de El Perdón a las inmediaciones de Estella, por Zarapuz, que a su vez otro rey, Sancho Ramírez, desvió desde ese paraje. Que haya que admitir que el mejor camino de Europa, el Camino de Santiago, tenga que ser casi en su mayor parte de asfalto o tenga que pasar por polvorientos e intrascendentes caminos entre trigales de la concentración parcelaria, no es del agrado de nadie, pero es la realidad que hay que asumir como consecuencia última del abandono y la incultura multisecular que todavía no se ha detenido, puesto que ni siquiera en espacio tan reducido como Roncesvalles se permite establecer con certeza los genuinos trazados, y el angosto como intrincado Valcarlos es la prueba contundente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1 y 2) Lacarra, José María. Investigaciones de historia navarra. Pamplona, 1983. Pag. 64.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-8989909697294681209?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/8989909697294681209/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=8989909697294681209' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/8989909697294681209'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/8989909697294681209'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/el-falso-camino-romano-de-roncesvalles.html' title='El falso camino romano de Roncesvalles a Lepoeder'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbg3JlK7JeI/AAAAAAAAMZY/jxCPkQtuRVo/s72-c/caballos.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-7387109395447642404</id><published>2009-03-10T16:21:00.001+01:00</published><updated>2011-01-03T14:43:07.344+01:00</updated><title type='text'>Porz d'Espaigne, primera ladera peninsular pirenaica</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgzfINcEII/AAAAAAAAMZA/XE91Kf9mUIk/s1600-h/porz+despaigne1.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 223px; FLOAT: left; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312052370356310146" border="0" alt="Barranco y arroyo que descienden del collado de Ibañeta" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgzfINcEII/AAAAAAAAMZA/XE91Kf9mUIk/s320/porz+despaigne1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Desde el vallecito de Arrañosin arranca el histórico barranco que culmina en el collado de Ibañeta, donde se alza la capilla de San Salvador.&lt;/span&gt; Como "Porz d'Espaigne" se refirió a él la "Canción de Roldán", estableciendo de ese modo una de las mayores precisiones topográficas en relación con la batalla o emboscada. No hay que olvidar que para los autores franceses, Aquitania concluía por el sur en el collado de Ibañeta y tras él venía la primera ladera de España. La subida resulta siempre por escenarios históricos y legendarios, de intenso sabor numinoso. Es corta y cómoda; todo lo contrario que la de Valcarlos, ardua y penosa, a veces interminable en una jornada caminera de sol a sol que habrían de sufrir los peregrinos medievales más que ningunos otros. Quienes entonces doblaban el fastigio del puerto y emprendían la bajada al enclave de Roncesvalles no daban crédito a que fuese tan fácil después de haber dejado a sus espaldas los 20 kilómetros desde la localidad fronteriza de Arnéguy. Eso determinó que fuese preciso establecer desde el siglo XII la erección de un rosario de ocho hospitales a lo largo de Valcarlos, el valle del descalabro. No ha de extrañar el asombro y la alegría de aquella gente viéndose barranco abajo de la vertiente meridional y topándose al poco con las primeras casas de Roncesvalles. La sensación de júbilo la expresó con rotundidad Domenico Laffi: "Abandonada la capilla (de San Salvador) empezamos a descender como un cuarto de legua hasta que descubrimos el Roncesvalles tan anhelado por nosotros, lo que nos causó tanta mayor alegría cuanto más inesperado, porque estando cubierto de montes y abundantes árboles, cuando creíamos hallarnos muy lejos, nos encontramos encima mismo de sus puertas". El viajero italiano no hacía más que reflejar la notoria diferencia de altitudes entre las tierras continentales y las peninsulares, o lo que era lo mismo, entre la Baja Navarra y la Alta Navarra, que suponía un desnivel de unos 1.000 m. entre Arnéguy e Ibañeta (1.062 m.), mientras que entre Ibañeta y Roncesvalles (950m.), solamente 112, equivalente a sólo una distancia de 2 kms., o media hora de caminata aun en las peores condiciones meteorológicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero desde el siglo XV, la vieja perspectiva medieval del ámbito pirenaico, muy deformada por un entorno geográfico repleto de dificultades e impedimentos, empezaba a cambiar. Pocos eran los relatos jacobeos que surgían de la experiencia del camino; los nuevos transeúntes que se dirigían a España eran gentes de otro talante; aventureros y escritores románticos ansiosos por vivir experiencias insólitas, que más que moverse por la espiritualidad y la leyenda, reflejaban ámbitos, contrastes, paisajes excelsos o decadentes. Desde Navarra surgían asimismo nuevas perspectivas, desconocidas hasta entonces en los relatos; la de los intelectuales que se acercaban al Pirineo roncesvaliano en pos de la reconstrucción de las escenas más solemnes de las crónicas medievales acerca de la rota carolingia, pero para entonces los puntos de vista, las impresiones plasmadas, eran también otras y habían evolucionado a conceptos topográficos acordes con los nuevos conocimientos, que ponían en evidencia a las claras el poco esfuerzo que suponía el acceso a quienes se acercaban al Pirineo desde la vertiente peninsular, en este caso desde Pamplona. Habrá quien piense que esto es irrelevante; otros en cambio, compenetrándose con el viejo espíritu jacobeo, entenderán que había nuevos matices en la forma en que José de Moret se refería a la subida: "Descansadamente por una montañuela llamada Ibañeta en la que se ve una antigua ermita con la advocación de San Salvador". También en la perspectiva de Pascual Madoz, aun a mediados del siglo XIX, para quien la ascensión no pasaba de ser mero tramo del "camino de Pamplona a San Juan Pie de Puerto situado en una garganta". Incluso en la de Pedro Madrazo, famoso crítico de arte, (1816-1898), que refería del barranco que era una "montañuela de cerca de tres kilómetros de subida que conduce a un rellano donde existe hoy un edificio de insignificante arquitectura". Tiempo hacía, por tanto, que se habían perdido viejos conceptos medievales, como "pie de puerto", "cima de la montaña", "raíz de la montaña", "vértice", "yugo", porque en Roncesvalles llegaron a verse montañas tan altas que casi tocaban el cielo, y Pamplona ser ciudad ubicada al pie de los montes Pirineos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgztFA_zdI/AAAAAAAAMZI/7z0RqbnAuXo/s1600-h/porz+despaigne2.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 215px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312052610016988626" border="0" alt="Los Porz d'Espaigne de la Canción de Roldán" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgztFA_zdI/AAAAAAAAMZI/7z0RqbnAuXo/s320/porz+despaigne2.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Qué papel desempeñó el barranco en los hechos del 778? La "chanson" revela que la víspera de la partida para Aquitania, Carlomagno y los Pares pasaron la noche en un paraje cimero en el que había un prado. ¿Ibañeta? Casi con toda seguridad. Los vascones entretanto observarían impacientes e indecisos, ignorantes hasta última hora no sólo del camino que tenían que tomar los francos, si por Valcarlos o por la alta vía romana de Lepoeder, sino de que estos fuesen a dividirse en dos cuerpos con la intención de que mientras uno emprendía la marcha, el otro aguardaría en Roncesvalles. El poema épico nada refiere de ataques en la vertiente norte, la valcarlina, espacio que reserva para el angustioso regreso de Carlomagno en ayuda de su gente masacrada, pero sí en cambio lo hace respecto a la meridional de Roncesvalles: "Los Porz d'Espaigne a los que se pasó Roldán sobre Vaillentif, su buen caballo", aunque sin aclarar si porque accedía al collado desde el campo de batalla en la llanada de Burguete o porque desde el collado se disponía a entrar en combate en esos campos despejados. El Pseudo Turpín parece completar la escena inclinándose veladamente porque el héroe de gesta había accedido desde el llano a un lugar cimero, que hay que relacionar con Ibañeta: "Roldán, fatigado por tan gran batalla, lamentando la muerte de los cristianos, angustiado por las grandes heridas y los golpes recibidos por él de los sarracenos, llegó solo a través del bosque hasta el pie del puerto de Cize, y allí bajo un árbol y junto a un peñasco de mármol que se alzaba sobre Roncesvalles, descendió del caballo". Una vez más queda establecida la ambigüedad medieval sobre que se entendía por "pie de puerto", referencia topográfica que mencionaban con asiduidad. ¿Los aplanados terrenos que ocupan el enclave roncesvaliano? ¿El mismo collado cuyo nombre era Monte de Roncesvalles? El cantar de gesta, en los momentos postreros de la batalla, indica que Roldán, tras ser herido de gravedad, consigue a duras penas encaramarse a un paraje encumbrado desde el que avisa desesperadamente al rey con el olifante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dirá Turpín que hace sonar "su trompa de marfil con tal ardor y tanta fuerza, que se cuenta que la trompa se rajó por la mitad con la violencia de su soplido, y se le rompieron las venas y los nervios del cuello". Pero para aquel autor anónimo que algunos piensan que se trata del mismo Aymeric Picaud, ya con anterioridad a la magna escena concibe, además, otra con el olifante y que ciertamente pudo darse en realidad, la de un Roldán que ante el resultado adverso del primero de los combates hace tronar el cuerno entre los bosques con el fin de que sus hombres, asustados y desconcertados, salgan de las espesuras y vuelvan a reunificarse. "Empezó a atronar el espacio con los fuertes sonidos de su trompa por si se le reunían algunos cristianos, que por temor a los sarracenos se escondieron". Turpín, que no parece aludir a batallas campales, sino a emboscadas, lo propio del Pirineo, fue de parecer disparatado al imaginar el asalto de 50.000 sarracenos sobre la confiada retaguardia de Roldán que aguardaba su hora para partir hacia Aquitania. En cambio fue coherente, en mayor medida que los demás relatos, admitiendo que un número indeterminado de carolingios lograron escapar de la muerte y atravesar finalmente los puertos, y cita entre ellos a cuatro Pares, dos de los cuales menciona expresamente, Tedrico y Balduino, reservándole a este último la delicada misión de partir en busca de Carlomagno. La escena, que acontece nada más expirar Roldán, supone la precipitada cabalgada de aquel personaje, que en aquellas circunstancias sólo cabe pensar que pudo hacerse por el único lugar posible: la vía romana de las cumbres, lo que le habría permitido descender no sin dificultades al valle de Arnéguy, donde todo apunta a que acampaba el rey. "Algunos, atemorizados, por el bosque atravesaron los puertos", escribió. La "chanson", absurdamente, no admite supervivientes, lo cual es propósito inadmisible, o nunca habría trascendido nada de lo sucedido en el asalto mortal de Roncesvalles, ya que los vascones es claro que callaron para siempre por temor visceral a las represalias. Ha de quedar claro que la noticia del descalabro llegó a las cortes europeas desde la perspectiva de gentes que nada tenían que ver con las tierras cispirenaicas de la futura Navarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbgz79vgulI/AAAAAAAAMZQ/yKD8xDxQtvs/s1600-h/porz+espaigne3.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; FLOAT: left; HEIGHT: 214px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312052865762638418" border="0" alt="El viejo camino xacobeo ya muy cerca de Ibañeta" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbgz79vgulI/AAAAAAAAMZQ/yKD8xDxQtvs/s320/porz+espaigne3.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;No es factible que en el angosto barranco entre Arrañosin e Ibañeta -de siempre imnominado- hubiese acontecido ningún ataque aquel 15 de agosto. Nada se habría conseguido sobre ejército tan numeroso como el que constituía la retaguardia, que en su mayoría hubiesen podido salir al llano y disponer el ataque a su medida. Sólo habría sido eficaz de asaltar a un escaso número de hombres, aunque venciéndolos en el cuerpo a cuerpo, descartados los despeñamientos a precipicios que no existen. A José de Moret se le antojó elegir uno de los suaves salientes montuosos que se asoman al Arrañosin para apostar a los vascones, los cuales según él "se arrojaron con gran ímpetu por el recuesto debajo de Altobiscar…, cerrando con grandísimo coraje el costado derecho de los francos". Pero en ese caso era de esperar la contundente e inmediata reacción de los atacados en un medio escasamente hostil desde esa perspectiva. José María Lacarra, muy indeciso ante las puntualizaciones de Turpín y Moret, pendiente en todo momento por seguir las conjeturas de Menéndez Pidal, escribió con escaso convencimiento: "La retaguardia o segunda columna pudo muy bien ser sorprendida por los vascones que descendieran del monte Guirizu hacia la ladera del Arrañosin, aprovechando la espesura del hayedo (opacitas silvarum) de que habla Eginhardo" (1). No, porque hay que convenir para quien no conozca Roncesvalles que la peligrosidad del monte Guirizu es muy reducida desde esa vertiente; todo lo contrario que desde la norte, que es extrema, con alturas que aumenta considerablemente la misma hondonada de Valcarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El barranco de Ibañeta lo forman dos laderas pronunciadas que se juntan en uve en el cauce del arroyo que baja con estrépito hasta fundirse con el Arrañosin. El camino que sube, ancho y herboso en los primeros tramos, lo hace por un pasillo entre tojos y escobas. Las hayas enseguida ocultan torres y tejados de Roncesvalles. El trazado puede coincidir con el que llevaba la vía romana, pero a pesar de la angostura del espacio, no hay esa certeza, si bien la pendiente, moderada, se presta para un trazado de aquella envergadura, que habría de permitir el tránsito de una vertiente a la otra con ciertas facilidades. Hay un tramo en la subida, de escasos diez metros, que ronda la cota 1.000, que presenta la excepción por su fuerte pendiente, lo que hace pensar en si no fue ése uno de tantos impedimentos que se interpusieron en los caminos para frenar en su día a los ejércitos de la Convención Francesa. El corazón del barranco está a la vista, ámbito cerrado entre hayas viejas y jóvenes, que crean ese entorno intensamente húmedo, de sugestivos contraluces neblinosos a primeras horas del día, que tanto contraste ofrece con el de los atardeceres prematuros, de tonalidades monocromas que difuminan los objetos. En la hondura del barranco, donde la uve de las laderas parece perfecta, el piso, un espeso manto de musgo, se hace resbaladizo. El arroyo, muy encajado, discurre a saltos sobre desgastadas piedras, engrosándose aquí y allá con las aportaciones de las pequeñas regatas, que a fuerza de pasar y pasar van desenterrando las gruesas raíces de las hayas, que acaban entrecruzándose unas con otras, cual compartiendo ansias y vida. Es ese el arroyo que Madoz magnificó como "río de Roncesvalles". El camino deja a un lado una gruta en el talud rocoso; magnífico pliegue desventrado del macizo paleozoico en el que vuelven a asomar los esquistos ocreoxidados. Las aves ya revolotean de rama en rama, y en el rostro del ansioso caminante que sube al legendario puerto empieza a sentir el soplo del viento que envía con ímpetu el efecto de compresión del desfiladero de Valcarlos. El silencio del bosque se interrumpe por las copas de los árboles, que se agitan. Ya asoma el afilado tejado de la capilla de San Salvador, recortado contra el Pic Lauriñak, el primero de los montes que ilumina el sol del amanecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acceder desde Roncesvalles a Ibañeta por la carretera de Francia tiene idéntico encanto, no en vano el recorrido se efectúa por la ladera del Guirizu, que encierra todo él resonancias carolingias. Enseguida, pasada la Casa Sabina, la carretera describe un cerrada curva que sitúa al caminante sobre los tejados de las casas, esa magnífica perspectiva de viviendas e iglesias envueltas en esa paz propia de los enclaves religiosos que se dejan invadir por el sol en medio del silencio. Al otro lado de la curva se ve una cancela de hierro y un camino que se pierde. Corresponde a una antigua vía jacobea comarcal que traía a Roncesvalles a peregrinos de los valles de Baztán y Baigorry. Carretera arriba, a tan sólo unos pasos, en la juntura con la ladera del Guirizu hay una fuente que vierte aguas heladoras en un diminuto aska de piedra, que preside la figura blanca y diminuta de una Virgen sedente. Es la fuente de Don Gregorio. Por las inmediaciones se dejan ver apenas entre la hojarasca algunos tramos casi irreconocibles de lo que debió de ser camino antiguo. ¿Acaso la vía romana? Nadie se atreve a asegurar nada. Un búnker, que semeja un siniestro panteón vacío con su negra entrada, impone a primera vista. Otro lindante con Ibañeta semeja en cambio una de aquellas bordas de piedra, y un tercero, en un extremo del collado, escruta el paso de los hombres a través de sus alargadas aspilleras, que parecen que esconden a alguien. La luz vuelve al entorno. Las últimas hayas del barranco, cual si se detuviesen por un extraño imperativo, no invaden el prado del raso de la cima, ligeramente vencido hacia la vertiente mediterránea. El arroyo del barranco sale con estrépito de una concavidad a ras de suelo, parece su nacedero, pero se trata de una mera canalización. &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-7387109395447642404?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/7387109395447642404/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=7387109395447642404' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/7387109395447642404'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/7387109395447642404'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/porz-d-primera-ladera-peninsular.html' title='Porz d&amp;#39;Espaigne, primera ladera peninsular pirenaica'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgzfINcEII/AAAAAAAAMZA/XE91Kf9mUIk/s72-c/porz+despaigne1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-3766853293101718330</id><published>2009-03-10T16:17:00.000+01:00</published><updated>2009-03-24T13:09:26.983+01:00</updated><title type='text'>Roldán murió en el collado de Ibañeta</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbbv-oJ6qXI/AAAAAAAAMVQ/7umPbSHb0RM/s1600-h/2_Monolito_Roldan.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311696669740018034" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 168px; CURSOR: hand; HEIGHT: 250px; TEXT-ALIGN: center" alt="Monolito granítico en honor de Roldán. Collado de Ibañeta" src="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbbv-oJ6qXI/AAAAAAAAMVQ/7umPbSHb0RM/s400/2_Monolito_Roldan.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Ibañeta, había escrito Arturo Campión, es la célula primigenia de la que surgió el Roncesvalles universal, allá por 1127, año de la consagración de la catedral de Santiago; uno de esos lugares en la lista de los sublimes de la historia europea y peninsular. Ni las guías de peregrinos ni todo el entusiasmo que implica el renacimiento en torno a los Xacobeos, acaban de reconocerlo. Ibañeta es un modesto collado por dimensiones y también por altitud (1.062 metros), que por hallarse en la divisoria principal de aguas atlánticas y mediterráneas, en medio de uno de los pasos más transitados desde la prehistoria y en la cabecera del finisterre que perseguían los pueblos celtas, errantes en pos de los mares bermejos, del Atlántico, le confiere un peso mítico del que carecieron otros puertos de la divisoria de la talla histórica del Perthus de Gerona, por donde entraba la Vía Augusta y el Somport de Huesca, también vía romana y posteriormente jacobea-tolosana, que traía a los peregrinos de Italia, amén del también navarro entre Lanz y Almandoz por Velate, por donde doblaba la única calzada romana que unía el Mediterráneo y el Cantábrico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Ibañeta ya cruzaban a la península los cazadores nómadas del paleolítico, que empujados hacia el sur continental iban en busca de climas más benévolos; lo hacían por Ibañeta, principalmente, por ser puerto expedito que no habían cerrado las nieves perpetuas, no obstante los vestigios de glaciarismo cuaternario del cercano monte Orzanzurieta. La trascendencia histórica de Ibañeta llegó con los romanos, merced al plan de Julio César de abrir una vía de comunicación por el Pirineo occidental en el siglo I a.d.C, que el "Itinerario de Antonino" del siglo III, compendio de vías imperiales en España, catalogó como la "Iter XXXIV", la cual cruzaba desde la mansión del "Imus Pyreneus" o "Pirineo bajo", en la villa bajonavarra de St-Jean-le-Vieux, a la de Iturissa en Espinal, dejando entre medias el arcano "Summus Pyreneus", el puerto de mayor categoría, que no el de mayor altitud de la travesía, que lo era el de Lepoeder a casi 400 metros por encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las primeras alusiones a Ibañeta en relación a la rota carolingia figuran en anales y crónicas del siglo IX del otro lado del Pirineo, que refieren la existencia de un puerto de montaña con los calificativos de "iugum", "summitas montis", "vertice montis", "summi montis", "celso monte", todos ellos alusivos a un paraje que destacaba más que por su altitud real por la perspectiva que presentaba para quienes lo contemplaron desde la hondonada de Valcarlos en circunstancias dramáticas: los soldados carolingios que hubieron de sufrir el contundente ataque desde él o sus inmediaciones. Los supervivientes francos de las emboscadas del 778 y 824 habían magnificado Ibañeta exacerbadamente, y con esa imagen aterradora regresaron a sus casas y pueblos. No parece que pueda haber otras razones para haber llegado a la insistente reiteración aquellos cronistas, cuya máxima exaltación vendría de la mano del llamado Astrónomo Lemosín, capaz de concebir en Roncesvalles un monte tan alto que "quien lo sube le parece que toca el cielo", aserto que tres siglos más tarde volvió a reflejar Aymeric Picaud para confusión de peregrinos y eruditos que seguían al pie de la letra sus descripciones topográficas. Tanta influencia llegó a tener Ibañeta que desde distintos punto de vista se habló de la ubicación en él de la "Crux Caroli", legendaria cruz que se atribuye a Carlomagno, que muchos identificaron con el mojón meridional que desde el siglo XII al XVI marcaba en ese punto el límite de la antigua diócesis francesa de Bayona, insólita divisoria eclesiástica aún vigente en 1665, que partiendo de Fuenterrabía abarcaba los arciprestazgos de los valles navarros de Santesteban de Lerín (la Basaburúa Menor), de las Cinco Villas de la Montaña y de Baztán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ibañeta es topónimo que en vasco antiguo tal vez pudo aludir a "lugar de ríos", es decir, a las regatas que se forman hacia una y otra vertiente. El collado es un modesto prado, un pastizal ligeramente vencido hacia el lado mediterráneo, que preside un abombado cerro en la misma divisoria de aguas. Pende, cual arco destensado, de los montes Guirizu y Altobizcar, y vierte aguas a Valcarlos y Roncesvalles. Ibañeta impone su peso milenario a esa hora solitaria del amanecer en que aún permanecen algunas manadas de caballos de humeantes lomos humedecidos por el rocío de la noche -orballados dicen en Asturias y Galicia-, que parsimoniosos se alejan monte arriba camino del puerto de Lepoeder, hasta acabar el día recogidos al abrigo de una cima perdida. Las calurosas tardes de verano Ibañeta es visitado por las gentes de los valles cercanos, que acuden en busca de la brisa fresca que corre por las alturas. Unos en corrillos, indiferentes a historia y leyendas, charlan animadamente; los más inquietos, atraídos por los ecos del pasado, acompañándose de cualquier improvisado bastón, se encaraman por las laderas aledañas entre hayas y pinos, afanados por ganar algo de altura y contemplar esa perspectiva que revele algo sobre cómo pudieron acontecer los hechos del 778. Entremezclan lecturas con impresiones personales, exactamente como hicieron los autores de los relatos medievales del siglo XI en adelante, que por sí mismos llegaron a conocer los ámbitos roncesvalianos. El Pseudo Turpín dijo que Ibañeta era un "ameno prado sobre Roncesvalles" (prato obtimo) en el que llegó la hora de la muerte a Roldán y en el que finalmente lo halló Carlomagno. Picaud fue algo más preciso al establecer que el prado era "llamado la Cruz de Carlos" y que en él, "los impíos de los navarros y de los vascos [los bascli, habitantes de Basse Navarre] tenían por costumbre con los peregrinos que se dirigían a Santiago, no sólo asaltarlos, sino montarlos como asnos y matarlos". Constató, además, que los peregrinos de su tiempo dejaban en dicho prado "clavada una cruz, estandarte del Señor, tras hincarse allí de rodillas y orar vueltos hacia la patria de Santiago", agradecidos por haber alcanzado sanos y salvos la cima del Pirineo. El rito de las cruces lo interpretó el erudito artajonés José María Jimeno Jurío como un gesto en recuerdo de los combatientes carolingios muertos en las emboscadas, lo cual es muy factible, y que hoy felizmente han vuelto a renovar los peregrinos de los Xacobeos, que hincan con fervor sus toscas cruces sobre el abombado y herboso lomo de un búnker que se halla frente al ábside de la capilla de San Salvador. Son sencillas cruces hechas con palos y ramas encontradas por el camino, que atan de cualquier manera, y que tanto impresiona verlas escarchadas por el viento gélido de Valcarlos esos amaneceres de enero, o pudriéndose un día y otro día con la humedad de las nieblas pertinaces, ladeadas por el viento que envía el desfiladero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerca de las cruces se halla la estela en piedra de la Virgen Patrona de Roncesvalles, vuelta hacia poniente, rodeada de ramos de flores silvestres, idéntica a la del alto de Mezquíriz. La de Ibañeta tiene la particularidad de estar ubicada en la confluencia exacta del cuadrivio que forman cuatro caminos milenarios: el que sube de Valcarlos, el que desciende a Roncesvalles, la vía romana de Lepoeder y el Gabarbide o Palomeras que se dirige a los pastizales de Quinto Real por la ladera del Guirizu, cuya importancia puede estar en haber sido uno de los parajes elegido por los vascones para atacar a la retaguardia de Roldán y para huir apresuradamente del lugar. A unos pasos de la Virgen arranca el herboso cerro, desarbolado e intensamente verde, situado en la divisoria principal de aguas y en terrenos del municipio de Valcarlos. Entre zanjas y senderos que lo circundan aún pueden apreciarse los vestigios semienterrados de un monumento del año 1931 erigido en honor del cantar de gesta y que un día derribó el fuerte viento. Consistía en un arco de sillares con una campana, recuerdo de la genuina que guiaba a los peregrinos extraviados, hoy en la espadaña de la iglesia de Santiago. El cerro lo corona un peñasco de granito de dos metros que descansa sobre dos gradas, que enmarca una pesada espada y dos mazas cruzadas de las que penden bolas erizadas de pinchos. Fue erigido en 1967 en recuerdo de Roldán, cuyo nombre figura en bajorrelieve. Lástima que no se eligiera un esquisto de la cantera del vallecito de Arrañosin, símbolo del macizo paleozoico sobre el que se asienta Ibañeta, y no el granito, que es roca ajena a la cultura de Navarra. El menhir es un "illarri", una estela de muertos como las que solían colocarse en los montes en que fallecía un pastor. Extraño pueblo el navarro que es capaz de admirar al hombre que intervino en la demolición de las murallas de Pamplona y escuchar al lado del monumento "el armonioso conjunto de bélicos recuerdos, mezclados con cánticos y oraciones, gritos de guerra y ayes de moribundos, que año tras año se escuchan en las quebradas y en las hoscas laderas de Ibañeta las noches de plenilunio", escribió Jaime del Burgo (1), laude que iba en consonancia con el de Arturo Campión en el mismo lugar: "La noche está sin luna y sin estrellas. Brillan las hogueras en medio de los montes. Los francos duermen en Espinal y los lobos aúllan en Altobiscar" (2). Las hogueras siguen encendiéndolas la noche del 14 al 15 de agosto los jóvenes vasco-franceses por los collados pirenaicos, no para celebrar el día de San Juan, precisamente, sino la victoria de sus antepasados vascones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ibañeta, el prado y el cerro, rezuman pruebas intangibles de que se trata del escenario en el que pasó sus últimas horas de vida Roldán. Las frases más solemnes de los cronicones medievales parecen revivir en localizaciones concretas; cada palmo de collado parece querer indicar el sitio exacto en el que cayó muerto el héroe. He ahí el cerro. ¿Fue al que se encaramó Roldán para clavar su enseña la víspera de la emboscada? Nunca ha podido interpretarse esa acción, que nada hacía presagiar la tragedia. El cantar de gesta menciona que en un cerro -"sum un tertre cuntre le ciel levee"- hincó su enseña, que al igual que el mojón de la diócesis bayonense, también algunos convirtieron en cruz que clavó el mismo Carlomagno. Así, Arnaldo de Oihenart, erudito bajonavarro del siglo XVII, contemporáneo de José de Moret, no dudó en afirmar que la cruz "estaba donde ahora está la capilla de San Salvador de Ibañeta, en la cumbre del Pirineo". (Obsérvese que un francés en aquel siglo tan cercano seguía considerando Ibañeta la "cumbre del Pirineo", cuando por encima del collado se mantienen todas las alturas de la cordillera). ¿Fue acaso ése el cerro al que subió Roldán desesperado para tocar el olifante que avisase al rey, que ya había cruzado los puertos; el cuerno que tocó "con tal ardor y tanta fuerza que se cuenta que se rajó por la mitad con la violencia de su soplido y que se le rompieron las venas y los nervios del cuello" (Turpín)? Es muy probable dada su magnífica situación sobre la hondonada valcarlina. El poema épico indica que desde un lugar prominente, Roldán, viendo cercana la derrota de su gente, hizo sonar el olifante. El rey, que oye la llamada, regresó angustiado hasta culminar el monte "Rencesvals", es decir, Ibañeta, pues como tal se conoció por Turpín y Picaud. Allí, o en sus inmediaciones, lo halló muerto, mirando al cielo con los brazos en cruz, sobre "un cerro donde hay un árbol y cuatro gradas de mármol sobre la hierba verde", que intentó partir con "Durandal", la espada que Turpín, el pseudo obispo de Reims, consideró "de hermosísima factura, corte fortísimo, inflexible resistencia y resplandeciente brillo". Con ella partió no una roca, sino "quatre perruns de marbre", peldaños de los que llegó a pensarse si no correspondían en realidad a un templo romano dedicado al "Sol Invicto", el dios supremo Mithra que unificó a los demás dioses en el siglo III, pues consta que en Ibañeta fue hallada parte de un ara votiva con esa mención. Pero la leyenda en Navarra se quedó con una roca partida por un hombre sumamente poderoso, Roldán, que tanta era su fuerza que arrojaba desde los montes grandes peñascos cuando se encolerizaba; las "errolan-harrias" que caían en las inmediaciones de los pueblos, cual la que aún puede verse en el vallecito de Ata de la sierra de Aralar, cerca de Madoz, de la que escribió Barandiarán: "En una de sus caras tiene seis surcos que parecen artificiales, pero que son tenidos como impresiones de los dedos de Roldán" (3). Y si no era los lanzamientos eran los gigantescos tajos que abrían pasos entre las montañas pirenaicas; así en Ordesa donde existe la "Brecha de Roldán" por la que pudo escapar a Francia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Turpín, reinterpretando una y otra vez lo que se conocía hasta entonces, entremezcló piedras y árboles solitarios en Ibañeta, como el misterioso "arbre" solitario que cita la "chanson", al que luego habrá que volver: "Allí, bajo un árbol junto a un peñasco de mármol que se alzaba en un ameno prado sobre Roncesvalles, descendió del caballo". Picaud, por su parte, también citó la roca "que (Roldán) hendió de tres tajos de arriba abajo", y aunque nada refiere de gradas no vacila en erigir una iglesia en torno a ella, que merced a su acostumbrada ambigüedad topográfica algunos creen localizar en la capilla-cripta del Sancti Spíritus, como ya se explicó en otro capítulo anterior. El "Cantar de Roncesvalles", relato anónimo navarro del siglo XIII al que escasa importancia se le ha dado, había precisado que "estaba el bravo caudillo recostado en un pilar, como él se acomodara a la hora de finar". Domenico Laffi, aproximándose al clérigo poitevino situó la agonía del héroe "acostado en la raíz de la montaña, donde hay una fuente", la fuente de la que pidió de beber y que nadie encontró en los alrededores. ¿Se referirían unos y otros al actual manantial que se forma en la juntura de Ibañeta con la ladera del Guirizu, que luego se hace arroyo que vierte al Arrañosin? Junto a las gradas de mármol o piedra se insistía en la presencia de un único árbol, un solitario pino, supuestamente cercado por las hayas predominantes que se mantenían a cierta distancia, con lo cual se da a entender que tanto Ibañeta como otros collados desde antiguo fueron terrenos rasos, desarbolados como hoy, porque en verdad ningún relato mencionó nunca que el bosque cubriese Ibañeta, tal vez debido a una temprana deforestación a cargo de pastores y agricultores de los siglos XII y XIII, en un tiempo en que hubo gran necesidad de acopio de madera para las nuevas poblaciones alzadas en las tierras yermas de Roncesvalles y Valcarlos. No hay que descartar que fuese uno de aquellos árboles aislados, diferentes a los predominantes en una determinada zona, que antaño solían emplearse para amojonar pastizales, términos de aldeas o heredades. El origen del topónimo del collado Urquiaga donde nace el Arga, "sitio de abedules", pudo ser ése.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(1) Del Burgo, Jaime. El Pirineo navarro. León,1989. Pag. 92.&lt;br /&gt;(2) Campión, Arturo. Citado por Pierre Narbaitz. Orria. Pamplona, 1979. Pag.172.&lt;br /&gt;(3) Barandiarán, José Miguel. Diccionario de mitología vasca. San Sebastián, 1984. Pag. 63 &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#000099;"&gt;Durandarte, la espada de Roldán&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbb0CdApvaI/AAAAAAAAMVY/AvCIoX4hSE4/s1600-h/espada1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311701133514358178" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 127px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="Réplica fiel de la espada Durandarte" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbb0CdApvaI/AAAAAAAAMVY/AvCIoX4hSE4/s200/espada1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Espada viene del latín spatham y del griego spathe. Las espadas romanas y griegas eran cortas, de unos 60 cms. Empezaron siendo de bronce y de hierro, pero se deformaban y partían. El recurso al acero las hizo mucho más flexibles y menos pesadas, condición primordial cuando los combates duraban todo un día y el cansancio aumentaba el riesgo de caer heridos mortalmente. Se luchaba apeados de los caballos, buscando el cuerpo a cuerpo para decapitar o partir en dos al contrincante con un golpe certero sobre la cabeza o los hombros, cual si las espadas fuesen hachas. La rapidez y la contundencia eran requisitos esenciales para superar la resistencia que ofrecían mallas metálicas y armaduras, que poco podían hacer de todos modos para detener golpes tan tremendos. Ése era el tipo de lucha que primó durante toda la Edad Media desde el tiempo de Carlomagno en el siglo VIII, cuando las espadas habían pasado a tener 90 cms. y estaban dotadas de una hoja de dos filos simétricos de unos 3 cms, que las hacía muy peligrosas a diestro y siniestro. Hacia el siglo XIII se alargaron aún más, llegando a superar los 120 cms. y los 5 kg. de peso, lo que permitía un mayor distanciamiento entre contendientes y una mejor defensa desde tierra contra las cargas de caballería. Tales innovaciones requirieron alargar y ensanchar las empuñaduras y colocar pomos más abultados a fin de asegurar la sujeción y la pérdida del arma, lo que permitió entonces la modalidad de lucha a dos manos, pesada y lenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las novelas históricas y el cine, por obvias razones de acción, pusieron las espadas en manos de ejércitos enteros, pero la realidad histórica revela que esas armas estaban reservadas a los caballeros, a los nobles, que luchaban por los más altos ideales desde la perspectiva enardecedora de copistas y juglares, que ocultaban a menudo propósitos bélicos muy distintos. Las batallas no las ganaban los caballeros, pero todos los honores y recompensas iban para ellos. Las batallas las ganaban burgueses y plebeyos, la infantería provista de arcos y flechas, lanzas y hondas. Fue la lanza realmente la verdadera arma de ataque, la que en el primer encontronazo diezmaba a buena parte de enemigos, que a su vez antes los arqueros habían diezmado considerablemente durante buena parte de la jornada, por lo que es de suponer que muy pocos podían quedar en pie para el cuerpo a cuerpo final. No fueron tampoco pocas las veces en que las circunstancias determinaban el resultado de una batalla, como la ventura del factor sorpresa, los alcorces, las emboscadas, la buena disposición topográfica o las propias condiciones meteorológicas, incluso el grado de enardecimiento de los combatientes, como aconteció al comienzo de la decisiva batalla de Hastings, siglo XI, que determinó el futuro de Inglaterra, cuando el juglar-guerrero Taillefer enardecía a las tropas normadas cantando los hechos acaecidos con Roldán en Roncesvalles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas espadas medievales alcanzaron fama legendaria, tanta o más que sus dueños. Juglares y monjes las llevaron al paroxismo, convirtiéndolas en artilugios mágicos e incluso en veneradas cruces que despedían fulgores con la luz del sol. Durandal, Joyeuse, Excalibur, Tizona o Colada son algunos de sus nombres, pero fue Durandal, Durandart o Durindana la primera cuya fama recorrió cortes y campos de batalla e impresionó vivamente a los peregrinos jacobeos del siglo XII por las reliquias que guardaba en el pomo: un trozo de tela de la Virgen María, un diente de San Pedro, unos cabellos de San Denis y una gota de sangre de San Basilio. Durandal perteneció al conde Roldán, que murió realmente en Roncesvalles el 15 de agosto del 778. Aquel personaje era Prefecto de la Marca de Bretaña -Hroadlandus, Britannici limitis praefectus-, una de las varias que se trazaron para vigilar los extensos dominios de Carlomagno, al modo del limes romano frente a los bárbaros en el Rin. La Canción de Roldán, la más famosa y universal de las canciones de gesta, que inmortalizó en el siglo XII un oscuro monje de nombre Turoldus, constató con solemnidad en uno de los miles de versos: "Morz est Li Queens Rollant" -Muerto está el conde Roldán-. La aciaga jornada del 778 comenzó con la partida apresurada del rey Carlomagno por el levantamiento del pueblo sajón al norte de sus dominios. Atrás había quedado la frustrada entrega mora de Zaragoza y la inexplicable destrucción de las murallas de Pamplona. La decisión del monarca de dejar en Roncesvalles a Roldán y a los Pares de Francia -Li XII. per"- con una parte del ejército, mientras descendía el puerto de Valcarlos hacia el llano de Aquitania, sigue siendo una incógnita histórica y un tremendo error militar. El paso unido de aquel ejército, el más poderoso del continente, jamás habría provocado el ataque emboscado de los 300 ó 400 vascones concentrados en los montes de Roncesvalles en aquellas fechas. Habría sido imposible derrotarlos a todos por mucha que fuese la ventaja de las posiciones en alto y lo angosto de los pasajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rey pasó felizmente, y horas después se dispuso a hacerlo la retaguardia al mando de Roldán. Cuando los emboscados se cercioraron de que hombres, caballos y carretas se habían introducido bien adentro de las angosturas del alto Valcarlos, atacaron lanzando toda suerte de objetos, principalmente azconas, una especie de dardos, y piedras proyectadas con fuerza merced a las típicas cestas, utilizadas ya por los pueblos de la montaña desde muy antiguo. Tuvo que haber también desprendimiento de rocas por las laderas del Guirizu, como las que aún afloran entre la maleza, que sembrarían el pánico en la columna. Las crónicas del siglo IX mencionan que el desastre se inició en la cola en la que iban los pesados carros, que acabaron despeñándose al barranco inferior bajo el collado de Ibañeta. Los francos irían pereciendo sin siquiera poder ver a sus atacantes emboscados, imposibilitados de enfrentarse en un cuerpo a cuerpo que les habría proporcionado la victoria segura. No hubo matanza total. No pudo haberla o no habría habido nunca "Chanson de Roland" y posiblemente tampoco peregrinaciones a Santiago. Un número indeterminado de francos pudo salvarse, bien alcanzando de nuevo el collado axial de Ibañeta, que les habría permitido remontar la vía romana por el paso de Lepoeder hacia el interior del Pirineo, o bien pasando el desfiladero entre mil penalidades, reuniéndose finalmente con el rey Carlomagno, que acampaba en el valle de Arneguy, a escasa distancia del solar de la futura villa de St-Jean-Pied-de-Port, capital de la provincia de Basse Navarre. Entre los que pudieron alcanzar el sumopuerto de Ibañeta tenía que estar el propio Roldán, en donde sitúa la llamada "Nota Emilianense" -cifrada entre 1065 y 1075-, la muerte de Rodlane, único paso transitable desde la prehistoria entre el continente y la península, que empezó conociéndose como "Monte qui dicitur Ronsasvals".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese lugar cimero que ensalzaron todos los relatos medievales se hallaba Roldán, que consciente de la gravedad de sus heridas y de la magnitud de la tragedia que se cernía sobre su gente, cogió su olifante, se lo llevó a la boca y lo hizo sonar con todas sus fuerzas. Era la única esperanza que le quedaba, avisar al rey que ya había pasado los puertos. Pero tamaño esfuerzo provocó que le reventasen las venas del cuello. Carlomagno oyó la llamada de socorro y al instante comprendió que algo malo sucedía en Roncesvalles. La escena es magnífica y llena de dramatismo en todos cuantos relatos la mencionaron, pero la realidad desmitificadora ha de imponerse por encima de la poesía y del mismo legendarismo. No hay la mínima posibilidad de que un olifante, un cuerno, pudiese oírse más allá de unos cientos de metros abajo del gran barranco de Valcarlos. Jamás podría traspasar las sinuosidades del desfiladero de La Reclusa, y mucho menos seguir su recorrido entre montes hasta alcanzar el lugar en el que acampaba el rey, muy cerca del solar de la futura villa de St-Jean-Pied-de-Port. En el “Codex Calixtinus”, el Pseudo Turpín, tal vez mejor conocedor del paisaje bélico de Roncesvalles y Valcarlos, viendo la imposibilidad de que el sonido del olifante llegase tan lejos, recurrió a la intercesión de los ángeles, que finalmente hicieron que llegase a oídos del monarca. El aviso del descalabro de su retaguardia tuvo que llegarle por propia boca de los supervivientes que fueron capaces de cruzar el desfiladero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el collado se había quedado Roldán, que comprendiendo la inminencia de su triste hora, su último empeño fue que Durandal no cayese en manos enemigas. No podía caer. Era lo que tenía que hacer un caballero como él en aquellas circunstancias. Las espadas era preciso destruirlas, y el recurso era siempre golpearlas con algo hasta que se partiesen. La escena quedó reflejada con dramatismo en el cantar de gesta, aunque en verdad el conde Roldán no hacía más que actuar como haría otro caballero en su misma situación. Estos son los solemnes versos del poema épico atribuido al monje normando Turoldus, según el manuscrito que se guarda en la “Bodleian Library” de Oxford.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbb0anNJGyI/AAAAAAAAMVg/uiELzRc-V8E/s1600-h/espada2.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 151px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbb0anNJGyI/AAAAAAAAMVg/uiELzRc-V8E/s200/espada2.jpg" border="0" alt="Durandarte"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311701548567960354" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Aymeric Picaud en el "Liber Peregrinationis" dirá que "en Roncesvalles se halla la roca que Roldán, héroe sobrehumano, partió por la mitad". Algunos otros ilustres viajeros de épocas posteriores aseguraron haberla visto expuesta, como el italiano Doménico Laffi en el siglo XVII, y es posible que durante un tiempo los monjes de Roncesvalles que atendían a los peregrinos trasladasen alguna roca de los montes a la capilla del Sancti Spiritus con la intención de atraer al mayor número de peregrinos, especialmente a los que les costaba mucho vencer la incertidumbre de caminata tan larga hasta Santiago, sin desdeñar lo más arduo, el regreso a sus pueblos. Era preciso que corriese la leyenda de que en Roncesvalles podía verse la piedra que partió el héroe. La canción de gesta menciona una “roca parda” y revela que antes de que se partiera la espada, se partió la piedra. El golpe, en cualquier caso, no podía ser nunca contundente tratándose de un moribundo."Roldán siente que le ronda la muerte y que desciende de la cabeza al corazón. Siente que se le acaba el tiempo". El golpe no fue lo que partió la roca; fue la roca la que se partió por su fragilidad natural, tratándose como es lo más probable de uno de los frágiles esquistos devónicos que abundan por los montes de Roncesvalles, las “rocas pardas” o casi negras. Cualquiera puede cogerlas entre sus manos y comprobar como se desmenuzan en láminas a la menor presión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie puede poner en duda que aquel personaje, el conde Roldán, Prefecto de la Marca de Bretaña, uno de los hombres más queridos por Carlomagno, murió realmente en Roncesvalles junto con otros afamados pares, y aun cuando hay varios lugares de Francia que se disputan su tumba, en ninguno puede estar enterrado, porque Roldán, héroe de las canciones de gesta, continúa insepulto al cabo de algo más doce siglos. Pero porque el deseo de la tradición fue tenerlo cerca ésta eligió para él el osario o carnario reservado para los peregrinos que fallecían en el hospital de Roncesvalles, la cripta de la capilla del Sancti Spiritus, también conocida por "Silo de Carlomagno", por suponerse que su origen pudo ser fosa anónima de los soldados muertos en la emboscada. Los navarros, herederos directos de los vascones que lo mataron, optaron por ensalzar su fuerza, haciendo de él el gigante airado que lanzaba enormes peñascos desde los montes a los valles, el más famoso el menhir que puede verse en medio del vallecito de Ata, en la sierra de Aralar, próximo a la aldea de Madoz. La "errolan arriya" de la que contaba el ilustre etnólogo guipuzcoano José Miguel de Barandiarán que "en una de sus caras tiene seis surcos que son tenidos como impresiones de los dedos de Roldán."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbb0oWca5YI/AAAAAAAAMVo/nq37WRb-Vfo/s1600-h/joyeuse_carlomagno.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 335px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbb0oWca5YI/AAAAAAAAMVo/nq37WRb-Vfo/s400/joyeuse_carlomagno.jpg" border="0" alt="Joyeuse, la espada de Carlomagno"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311701784586806658" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#336666;"&gt;Versos de la Canción de Roldán&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#330033;"&gt;&lt;strong&gt;CLXXI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Roldán siente que se le nubla la vista. Se incorpora, poniendo en ello todo su esfuerzo. Su rostro ha perdido el color. Tiene ante él una roca parda; da contra ella diez golpes, lleno de dolor y encono. Gime el acero, mas no se rompe ni se mella. -¡Ah! -exclama el conde-. ¡Socórreme, Santa María! ¡Ah, Durandarte, mi buena Durandarte, lástima de vos! Voy a morir, y dejaréis de estar a mi cuidado. ¡He ganado por vos tantas batallas campales, por vos he conquistado tantos anchos territorios que ahora domina Carlos, el de la barba blanca! ¡No caeréis jamás en las manos de un hombre que ante su semejante pueda darse a la fuga! Durante largo tiempo pertenecisteis a un buen vasallo; jamás habrá espada que os valga en Francia, la Santa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CLXXII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hiere Roldán las gradas de sardónice. Gime el acero, mas no se astilla ni se mella. Al ver el conde que no puede quebrarla, comienza a lamentarse para sí: -¡Ah, Durandarte, qué bella eres, qué clara y brillante! ¡Cómo luces y centelleas al sol! Hallábase Carlos en los valles de Moriana cuando le ordenó Dios por intermedio de un ángel que te donase a uno de sus condes capitanes: entonces te ciñó a mi lado, el rey grande y gentil. Por ti conquisté el Anjeo y la Bretaña, por ti me apoderé del Poitou y del Maine. Gracias a ti lo hice dueño de la franca Normandía, de Provenza y Aquitania, de Lombardía y de toda la Romana. Por ti vencí en Baviera, conquisté Flandes y Borgoña, y la Apulia toda; y también Constantinopla, de la que recibió pleitesía, y Sajonia, donde es amo y señor. Por ti domeñé Escocia e Inglaterra, su cámara, según él decía. Por ti gané cuantas comarcas posee Carlos, el de la barba blanca. Por esta espada siento dolor y lástima. ¡Antes morir que dejársela a los infieles! ¡Dios, Padre nuestro, no permitáis que Francia sufra tal menoscabo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CLXXIII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hiere Roldán la parda roca, y la quiebra de un modo que no os podría decir. Rechina la espada, mas no se astilla ni se parte, y rebota hacia los cielos. Cuando advierte el conde que no podrá romperla, la plañe, para sí, con gran dulzura: -¡Ah, Durandarte, qué bella eres, y qué santa! Tu pomo de oro rebosa de reliquias: un diente de San Pedro, sangre de San Basilio, cabellos de monseñor San Dionisio y un pedazo del manto de Santa María. No es justicia que caigas en poder de los infieles; cristianos han de ser los que te sirvan. ¡Plegué a Dios que nunca vengas a manos de un cobarde! Tantas anchurosas tierras he conquistado contigo para Carlos, el de la barba florida. Por ellas alcanzó el emperador poderío y riqueza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CLXXIV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siente Roldán que la muerte arrebata todo su cuerpo: de su cabeza desciende hasta el corazón. Corre apresurado a guarecerse bajo un pino, y se tiende de bruces sobre la verde hierba. Debajo de él pone su espada y su olifante. Vuelve la faz hacia las huestes infieles, pues quiere que Carlos y los suyos digan que ha muerto vencedor, el gentil conde. Débil e insistentemente, golpea su pecho, diciendo su acto de contrición. Por sus pecados, tiende hacia Dios su guante.”&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-3766853293101718330?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/3766853293101718330/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=3766853293101718330' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/3766853293101718330'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/3766853293101718330'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/roldan-murio-en-el-collado-de-ibaneta.html' title='Roldán murió en el collado de Ibañeta'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbbv-oJ6qXI/AAAAAAAAMVQ/7umPbSHb0RM/s72-c/2_Monolito_Roldan.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-4648317378583635353</id><published>2009-03-10T16:13:00.000+01:00</published><updated>2009-03-24T13:09:26.983+01:00</updated><title type='text'>Collado de Ibañeta, el origen de Roncesvalles</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbbbXXvcqzI/AAAAAAAAMSI/Ewc1p9MuH1Q/s1600-h/cruces+iba.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 302px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbbbXXvcqzI/AAAAAAAAMSI/Ewc1p9MuH1Q/s400/cruces+iba.jpg" border="0" alt="Las cruces que van clavando los peregrinos en el collado de Ibañeta"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311674005086579506" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;En el collado de Ibañeta surgió el primigenio ámbito jacobeo de Roncesvalles. Fueron las circunstancias las que determinaron que ese paraje a caballo entre las dos vertientes principales de aguas perdiese su historia ante el auge que adquirió posteriormente el enclave jacobeo de pie de puerto. La trascendencia del collado, durante un largo periodo de tiempo, se midió desde la perspectiva norte-sur, es decir, desde la hondonada de Valcarlos, la perspectiva de los peregrinos que divisaban la cima que los colocaba a las puertas de la península y de los caminos unificados de Santiago. Aquel momento era de regocijo y alegría, de ahí la legendarización que siempre rodeó al collado. Atrás quedaban temores, pesadumbres y quebrantos. Lo que iban a encontrarse desde el siglo XII en adelante les parecía más fácil, sabedores al menos de que las amenazadoras fronteras del Islam habían retrocedido considerablemente a más allá del Ebro y del Duero y que la marcha por los campos castellanos sería tranquila, aunque tremendamente ardua, lo que habría de requerir esfuerzo y tesón hasta el día en que alcanzasen a ver las primeras casas de Santiago. Pero la trascendencia de Ibañeta entre los peregrinos no puede menoscabar la vía de paso desde la prehistoria y la clara constatación para todo el que cruzase por él de que representaba la exacta divisoria entre el continente y la península, una de las razones primordiales de por qué hubieron de existir toda suerte de hitos conmemorativos, de cuya existencia llegaron pálidos reflejos envueltos en legendarismo; legendarismo que aun siendo estadio remoto de los hechos históricos se mostraba más consistente que la tradición formada en Roncesvalles, apenas inexistente a falta de gente que la transmitiera. Comarca, valles y bosques fueron tierra desolada y yerma. Los pastores neolíticos –primeros en conocer el Pirineo- hacían su vida en la montaña, donde levantaban dólmenes y cromlechs, y aunque Ibañeta era el primordial entre los collados axiales, debieron desecharlo desde un principio, expuesto como estaba a asaltos y depredaciones de pueblos y gentes que iban y venían, y es sabido que aquellos monumentos reclamaban sitios recónditos. Los celtas penetraron en el siglo VII a.d.C., principalmente por el paso de Ibañeta, que representaba el principio del final de las tierras continentales más hacia occidente. Los romanos, desde el siglo II d.C., sabían que el collado era equidistante entre Aquitania e Hispania, y tal vez por esa razón de peso determinaron erigir un monumento al “Sol Invictus”, el Sol Invencible, cuya fiesta se conmemoraba el 25 de diciembre en todo el imperio, coincidiendo con el solsticio de invierno, según se deduce del trozo de un ara votiva en su honor hallado en 1951 en las inmediaciones del collado, lo único que pudo salvarse del paso de los pueblos Bárbaros en el 409, una vez aplastados los defensores pamploneses que los retenían desde hacía dos años entre Ibañeta y Valcarlos. “Estos y otros hallazgos arqueológicos permiten suponer la existencia de un albergue (portus), refugio 0 ‘mutatio’, al menos desde los comienzos de nuestra era y en activo a lo largo de la historia”, anotó Jimeno Jurío. Pero Ibañeta también fue para los romanos “Summus Pyreneus”, es decir, estación de descanso y ayuda de las legiones, que se ubicaban en los collados axiales que doblaban las vías de comunicación y no en los que destacaban por su mayor altura, cual creyeron algunos con respecto al cercano paso de Lepoeder por el hecho de elevarse casi 400 m. por encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un ilustre subprior de la Colegiata de Roncesvalles, Juan de Huarte (1550-1625), mantenía que, según la tradición, hacia el año 250, el obispo-mártir de Toulouse, San Saturnino, Sernin o Cernín, discípulo de San Pedro e introductor en la historia de otro santo famoso, San Fermín, en prueba de agradecimiento por haber logrado la conversión de los habitantes de Pamplona, construyó una sencilla capilla en el collado de Ibañeta. “En testimonio de la fe que había plantado en Navarra, dio orden para que se edificase la antiquísima basílica de San Salvador de Ibañeta”. En consonancia con lo que debía de ser costumbre en todo tiempo, no hay que descartar esa capilla, o tal vez alguna cruz, pero hay que advertir que la invocación de las tradiciones fue a veces el recurso en que apoyarse algunos hombres de iglesia para atraer fama y reconocimiento a ciertos enclaves, muy especialmente al de Roncesvalles en un siglo XII en que el que tanta falta le hacían cuando empezaba a desligarse de la influencia de la abadía de Leire y al mismo tiempo intentaba no repetir lo mismo con la emergente diócesis de Pamplona que se afanaban en favorecer los reyes. También en aquella ocasión la humilde fábrica a la que aludía Huarte malamente habría podido salir airosa del paso por Ibañeta, el año 732, del ejército musulmán del emir Al-Gafiqi, que iba camino del desastre en los campos de Poitiers. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consciente de aquella realidad, el subprior no vaciló en determinar que de las ruinas alzó Carlomagno en el 778 una capilla. La impronta legendarista que había dejado en Navarra el relato del peregrino Aymeric Picaud, que atribuía el origen de la fábrica al rey de los francos, volvía a resurgir. Pero Carlomagno, en la apresurada marcha a sus dominios del norte, sublevados los sajones, no podía tener ni motivos ni tiempo para detenerse en Ibañeta, aunque no hay que descartar que años después lo hiciera su hijo Ludovico Pío en recuerdo de los muertos en las dos emboscadas en que cayeron los ejércitos francos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera noticia fehaciente de construcciones en la cima del puerto no llegará hasta 1071, en que se tiene constancia de una institución religiosa que José María Lacarra consideraba el "primer núcleo documentalmente conocido de lo que había de ser el gran hospital de Roncesvalles y la mención más antigua que encontramos de un santuario en este paso del Pirineo". Fue el rey de triste final, Sancho el de Peñalén, quien lo promovió como “Muy noble y real monasterio de Sancti Salvatoris de Ybenieta", poniéndolo en manos de Fortunio, obispo de Álava entre 1067 y 1087 y abad de San Salvador de Leire. Con independencia de la constatación del primer y definitivo topónimo del collado –Ybenieta, con posible relación con “entrerríos”, en alusión a las regatas que se forman caprichosamente en las dos vertientes-, la importancia de aquella primigenia institución tuvo que ser mínima. Jimeno Jurío creía que lo de muy noble y real era una alusión “a la tradición que lo relacionaba con Carlomagno”, lo que carece de fundamento por no haber tal corriente tradicional y por no poder determinarse a que obedecían tales epítetos, que en cualquier caso no podían ir destinados a un monasterio en toda regla, sino a uno de los monasteriolos que se erigían entonces bajo la advocación de cualquier santo, modestos como una borda pastoril y atendidos por familias, es decir, gentes que nada tenían que ver con las cosas de la Iglesia, afanadas únicamente en asistir a los primeros peregrinos, pero sólo para lucrarse a su costa. Algunos pasaron a mejores manos, adquiriendo cierto renombre y fama. Valcarlos dispuso de un rosario de ellos, casi todos con ubicación ilocalizable, que de no haber existido malamente hubieran progresado las peregrinaciones a Santiago en medio de parajes tan arduos e inhóspitos. “Las noticias más antiguas de fundaciones monásticas u hospitalarias en esta zona del Pirineo -que forzosamente deben de relacionarse con la peregrinación a Santiago- se remontan a la segunda mitad del siglo XI, dependientes todasde la gran abadía de Leire”, escribía Lacarra. Leire, el poderoso Leire, tuvo su esplendor entre 1057, año de su primera consagración, y 1098, año de la segunda y definitiva. Extenso e intenso fue el dominio que ejerció sobre todas las iglesias y monasterios de Navarra (hasta San Sebastián), pero mucho menor desde 1140 en que empieza a declinar a raíz de una bula de Pascual II (1110) que establecía que las posesiones del monasterio pasasen a ser regentadas por la diócesis de Pamplona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La institución que promovió el rey Sancho, que no fue la excepción, cayó también en aquella órbita de donaciones y contradonaciones, envueltas en confusión. Lo es que 39 años más tarde, en 1110, según el documento dedonación de la infanta Ermesinda y su esposo Fortún Sánchez de Yárnoz -hermana y cuñada del rey asesinado-, volviese a pasar a manos de Leire, que se hacía cargo “in portu de Auriç unum monasterium quod uocatur Sanctus Salvador”. “Auria” o “Auriç” era el nuevo topónimo para Ibañeta, que aunque nunca más fue citado, no faltó un Arturo Campión que pensase en que podría tener relación con "Auritz", hoy nombre cooficial de la villa de Burguete, la primera población cispirenaica que se fundó con la denominación de Burgo de Ronzasvals o Roncisvallis, la cual desde muy temprano, desde 1101, mantuvo una institución relevante entre los peregrinos, una “ecclesiam et elemosinarium” que promovió eldueño y señor de la comarca, el influyente conde Sancho Sánchez de Erro (1060-1120), primero en comprender los beneficios que podría reportarle el paso de la ruta jacobea por sus dominios, y que mejor solución que recurrir a la comunidad de monjes franceses de Sainte-Foy de Conques, famoso monasterio del camino de Santiago que custodiaba el relicario de Foy, la joven romana ejecutada en Agen, que entre 1050 y 1120 estaba considerado como el más capacitado para acometer la edificación de hospitales, iglesias y monasterios. Pero no fue el conde de Erro el único en traer a los monjes franceses. También aquel 1102 el rey Pedro I de Aragón, en conmemoración por la caída de Barbastro en manos cristianas, hizo donación a “Santa Fe de Conques y a sus monjes de la mejor tierra que hubiera para construir allí un monasterio.” En todo caso, el hospital de Burguete no tardó en cambiar de dueños. 49 años después, en 1151, los monjes franceses lo cedían a los oscenses de Santa Cristina de Somport, según la bula de Eugenio III del mismo año: “Una ecclesiam de Ronzisualle cum hospitales et allis pertinentiis suis”. Las presiones y los intereses debían de ser constantes, porque pasados 68 años, en 1219, Arnaldo, el prior de Santa Cristina, determina que la “ecclesiam quam habemus in villa Roscidevallis, cum decimis et primicias…”, pase al ya floreciente nuevo hospital de Roncesvalles, que en aquel año reforzaba su fama universal con la consagración de la iglesia gótica de Santa María, que sufragó íntegramente con su dinero el rey Sancho VII el Fuerte, donde fue enterrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en unos y otros casos se trataba de fábricas en el llano que vinieron luego; en el alto, en el collado de Ibañeta estaba en marcha el ámbito jacobeo primigenio, el que se encontraba la gente que venía hacia España y que se iba de ella. Reinaba en Pamplona el aragonés Alfonso I el Batallador, otro de los monarcas que se ocupó del Pirineo de Roncesvalles, a raíz seguramente de su paso cuando el sitio y conquista de Bayona, que duró un año. Corría el 1127, año de inauguración de la primera catedral de Santiago y de la consagración de la de Pamplona. Ibañeta iba a conocer el primer hospital de peregrinos. Fue el obispo de Pamplona, Sancho Larrosa, aragonés como el monarca, quien determina que se hiciera a imagen y semejanza del que ya funcionaba desde hacía 27 años, desde 1110, en el otro gran paso jacobeo pirenaico, el oscense de Somport, antes aludido, vía de entrada de la ruta tolosana que seguían los peregrinos italianos y cuyo origen debe de remontarse a un refugio militar del conde Gastón IV de Bearne, que utilizaba en sus frecuentes expediciones a Zaragoza, la más importante en 1117, la que fue considerada única cruzada transpirenaica contra los musulmanes de la península. El acta de fundación del hospital de Ibañeta era un claro exponente del legendarismo de un Pirineo envuelto en temores indecibles que arrancaban desde el tiempo de los navegantes griegos: "Yo, Sancho, pecador… edifico al presente una casa para hospedar a los peregrinos en la cumbre del monte llamado Ronsasvals, junto a la capilla de Carlomagno, famosísimo rey de los francos... Según testimonios de los que allí moran han perecido miles de peregrinos envueltos en torbellinos de nieve, y muchos devorados por lobos". No deja de ser sorprendente que no dijese nada de las anteriores edificaciones y sí en cambio que ubicase el emplazamiento de una supuesta capilla carolingia, no mencionada hasta entonces. Tampoco se citaban los dos topónimos conocidos, Ibañeta y Auria, y sí el “Monte Rencesvals” constatado en la “Chanson de Roland”. Pero aquella empresa no llegó a consolidarse.Transcurridos cinco años, en 1132, el hospital fue desmantelado y sus funciones se trasladaron al pie del puerto. “Se trasladaron los edificios abaxo, al pie de la sierra” (Huarte). “Ad radicem maximi montis Pirenei”, matizaba con magnificencia el códice anónimo La Preciosa, escrito en el mismo Roncesvalles en el siglo XIII.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las causas pudieron tener que ver con la dureza de la vida en el collado, inhóspito entre nevadas, vientos gélidos, nieblas, tormentas, falto de agua y sin posibilidad de cultivar nada. La nueva ubicación del hospital se consolidó muy pronto “favorecido por reyes, nobles, papas, eclesiásticos y gentes y adquiriendo un auge insospechado” (Jimeno Jurío). A los dos años, en 1134, fue dotado con una partida de bienes procedentes del cabildo de la catedral Pamplona, además del envío de una comunidad de monjes agustinos que se ocuparía de su atención. Llegó a ser uno de los más ricos de Europa. Valles, montes y bosques de la comarca, aún a comienzos del siglo XIV (1313), seguían estando en posesión del común de Val de Erro, incluido el norpirenaico Valcarlos, que en lo eclesiástico dependía de la diócesis francesa de Bayona. Aquel hospital se mantuvo floreciente por espacio de unos 90 años, al cabo de los cualesfue derruido, construyéndose uno nuevo mayor en lugar más apartado, conocido hoy por Itzandeguía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El siglo XII era el comienzo de la universalización de la ruta jacobea, cada vez más concurrida por gentes francesas. La jerarquía eclesiástica de Roma, los propios reyes y los condes que dominaban en las comarcas de Navarra, conscientes de lo que empezaban a significar las peregrinaciones y conscientes también del desconcierto reinante, requirieron poner orden en la ruta. Pero en lo concerniente a las instituciones de Roncesvalles, la confusión, las contradicciones y los anacronismos han podido hoy determinarse contrastando la dispersa documentación. Las causas podían obedecer al sempiterno desconocimiento del Pirineo, a la premura con que se alzaban y desmantelaban las fábricas religiosas, a los repentinos cambios de dueños y al propio desorden en el uso y significado de los topónimos, así como a lo que señalaban realmente. El primordial era “Roncesvalles”, que unas veces aparecía como referente de la llanada cispirenaica, otras a una población, a un hospital, a un monte que equivalía a un collado axial e incluso a la alta travesía transpirenaica que seguía la vía romana. De aquella amalgama era comprensible que un mismo hospital estuviese ubicado en dos sitios distintos a la vez o que siguiese desempeñando cometidos aun después de desmantelado. El propio Arturo Campión se mostraba confuso a la hora de establecer una cronología en “el enmarañado negocio de las fábricas religiosas de aquellos parajes”. En la documentación de los siglos XII y XIII es fácil comprobar como las alabanzas del hospital clausurado de Ibañeta correspondían en realidad al nuevo erigido al pie, el que hay que considerar como genuino “Hospital de Santa Mariae Casae Dei Roscide Vallis”, según la bula de Inocencio II de 1137, que lo acogió bajo protección papal, exento además de la jurisdicción episcopal. No tiene sentido que si el hospital de Ibañeta había perdido sus atribuciones desde 1132, cuarenta y dos años después, en 1174, siguiese hablándose del “Hospital de San Salvador del Sumiport”, o que ese mismo año la bula de Alejandro III privilegiase los dominios del monasterio de Leire en los valles navarros de Roncal, Salazar, Aézcoa y Erro, “usque ad capellam Sancti Salvatoris que dicitur Caroli Magni...” Tampoco está claro que en 1252 el rey Teobaldo I (1234-1253) estableciese las primeras concesiones territoriales a “Santa María del Hospital de Roncesvalles” – que figuraba también como “Convento del Hospital de Roncesvalles” en 1262- y que 19 años después, en 1271, los monjes agustinos de Roncesvalles “comprasen al abad Raimundo de Leire por tres mil sueldos de oro “la ecclesia seu hospitale, sitam et positam in loco qui dicitur Summi Portus”, quedesde hacía 139 años había sido trasladada al pie del puerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la cima de Ibañeta, después de 1132, debió de permanecer una sencilla iglesita o refugio de caminantes, de la que se vuelve a hablar en el siglo XVI. “Los edificios inmediatos a San Salvador irían reduciéndose poco a poco hasta desempeñar oficios subalternos y de mero desahogo”, escribió Campión. Del mismo modo pensaba el canónigo erudito de Bayona, Jean Baptiste Daranatz (1869-1937): “En el siglo XII, Ibañeta estaba deshabitado. No había monasterio, ni monjes ni orden religiosa ni orden militar”. Un documento acerca de los límites de la diócesis de Bayona señalaba que estos comprendían todo Valcarlos hasta el extremo meridional en el que se alzaba la “ecclesia Sancti Salvatoris Summi Portus”. Otro escrito de 1406 decía que Valcarlos terminaba por el sur en “la sierra et iglesia-basílica de Sant Salvador de Yueynieta.” A falta de cuidados, la iglesia la encontró en ruinas Martín de Córdoba en 1586, reinando en España Felipe II. Aquel personaje se presenta en Navarra como “el muy ilustre licenciado, visitador y reformador Apostólico y Real”. De su paso por Roncesvalles constató en su informe: “Hay una ermita en la cumbre de los Pirineos llamada San Salvador de Ibañeta, la cual parece fue el primer edificio y principio del hospital de Roncesvalles, para recoger allí a los pobres peregrinos que pasaban y pasan, y porque dicha ermita estaba derruida, la hubimos mandado reparar y que se pusiese una campana en ella, la cual mandamos que el ermitaño que en la dicha ermita está y estuviese, taña desde que anochezca hasta una hora de la noche cada día para guía de caminantes y peregrinos que en los dichos montes les anocheciese, lo cual haga en todo tiempo del año". Era aquella la campana más admirada de los caminos jacobeos por Europa, hasta el punto de ser considerada la más escuchada. Diminuta campana que hoy puede admirarse enmudecida en la espadaña de la iglesia de Santiago de Roncesvalles. El buen estado tras la reparación podía verse todavía un siglo más tarde, en 1673,pues nada señaló en contra la crónica de viaje a Santiago del clérigo italiano Domenico Laffi: "Antes de abandonar la cima de los altos Pirineos, que con tanto esfuerzo habíamos escalado, reposamos en la capilla. En ella vimos una multitud de figuras y esculturas antiguas y algunas inscripciones borradas por el tiempo". Probablemente se trataba de sencillas donaciones y muestras de agradecimiento de peregrinos escritas en los muros por las mismas razones que expresó el italiano: "Dar gracias a Dios por habernos conducido sanos y salvos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fueron en aquella ocasión las severidades del clima las causas de la destrucción de la edificación de Ibañeta, sino la barbarie y el fanatismo humanos que se encargaron de que no llegase al siglo XIX. Las tropas de la Convención Francesa que invadieron Navarra en 1794 las echaron abajo para “desagraviar”, se dijo, la matanza de la retaguardia carolingia al mando de Roldán. En ruinas la encontró entonces el filólogo alemán Wilhelm von Humboldt (1767-1835) en su segundo viaje por las regiones pirenaicas. Y de nuevo llegó su reconstrucción, a tenor de los comentarios del ilustre arqueólogo e incansable descubridor de monumentos en España, Pedro de Madrazo (1816-1898): “En un rellano existe un edificio de insignificante arquitectura, robustecido con contrafuertes, cuyo campanario claramente denota su carácter de construcción religiosa del siglo XVI. Es esta la ermita de San Salvador de Ibañeta, pero no es el edificio que fundó Carlomagno del que nada queda.” Sorprende, sí, seguir viendo impresiones legendaristas en persona tan erudita. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También por aquellos años pudo admirarla intacta el periodista y escritor catalán Juan Mañé y Flaquer (1823-1901), cuyas formas plasmó en un dibujo a plumilla, único testimonio gráfico de como era la capilla, incluido por el canónigo bayonense Pierre Narbaitz en su obra roncesvaliana “Orria”. No faltó tampoco la descripción insólita de Pascual Madoz (1806-1870), jugando con la ubicación de la capilla entre las dos vertientes principales de aguas: "Las goteras que caen del tejado norte de dicha ermita, unidas con las aguas de las fuentes, siguen su curso por Valcarlos y San Juan (Pie de Puerto) hasta el océano, y las que caen al sur se juntan a la inmediata fuente, origen del río de Roncesvalles, y se dirigen al Mediterráneo". Pero el destino final de la capilla llegó en el incendio que la destruyó en 1881, provocado por unos desaprensivos arrieros que en ella pernoctaban, lo que demuestra que ya por entonces poco o nada quedaba en pie de las peregrinaciones a Santiago. Otros autores como José María Lacarra refieren que el incendio se produjo en 1884 y que lo provocó “una imprudencia de los soldados que formaban un cordón sanitario”, lo cual no parece concordar con lo anotó en otro momento: “En 1882 no había sido reedificada todavía, pues ‘solamente se hizo un cubierto para los pasajeros, y aun este necesita de reparos continuos por los vientos recios, humedades y nevadas que allí caen’, según dicen en un informe los canteros y carpinteros en el pleito entre Roncesvalles y la Inclusa de Pamplona”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El legendarismo, que no se apartaba de Ibañeta, siguió su curso, y en 1934, tras llevarse a cabo unas excavaciones en la vieja cimentación de la capilla, fueron exhumados varios esqueletos. Aquello fue suficiente para que Radio París anunciase que se trataba de los Pares de Francia muertos en la emboscada. El paroxismo llegó a tal extremo que, según contaba Lacarra, hubo quien fue capaz de identificar "el cráneo de Roldán, por cuya posesión habían de pelear violentamente dos franceses en San Juan de Pie de Puerto". Pero, como no podía ser de otra manera, tampoco la habitual objetividad del ilustre medievalista estellés pudo evitar tambalearse ante el halo legendarista, arrastrado por el acta fundacional del obispo Sancho Larrosa, que lo llevó a decir que aquellos esqueletos podían corresponder no a los pares sino a "viajeros o peregrinos víctimas de las inclemencias del paso, o tal vez devorados por lobos". Ni tampoco fue la excepción José María Jimeno Jurío, el más realista de los estudiosos de Roncesvalles, al referir que en “la excavación de 1934 aparecieron bajo la cimentación del templo románico docenas de esqueletos de hombres, mujeres y niños,presentando fracturas óseas que pudieron haber sido motivadas por ataques de fieras, o ser resultado de un ataque armado. Pero el collado de Ibañeta no podía permanecer sin capilla de San Salvador. Un lugar tan especial requería una capilla o ermita, y se construyó la última, inaugurada el Año Santo de 1965.“En 1965 sólo quedaba un informe montón de piedras… Se construyó una nueva ermita con una campana exenta que suelen hacer sonar los visitantes en recuerdo de la primitiva que se trasladó a la iglesia de Santiago” (Jaime del Burgo). Su puntiaguda techumbre de losetas de pizarra, dispuesta para las intensas nevadas, los ventanales del ábside y una cruz aledaña con campana, la convierten a la vista del caminante que viene de Francia en la figura antropomórfica que se recorta contra la luz del amanecer; en la figura de un peregrino que camina cabizbajo después de su larga e intensa experiencia por España, cubierta la cabeza con la capucha para protegerse del frío o de la lluvia, apoyado en el bordón, que se asemeja a la cruz de la que pende la campana.Ante esa figura imaginada, en un montículo de hierba, que esconde un búnker enterrado, los peregrinos van dejando clavadas toscas cruces. Otros depositan flores en la estela de la Virgen Patrona. No faltan los que las llevan al pie del monolito de Roldán. Ibañeta permanece solitario tras haber perdido la historia ante el esplendor alcanzado por el Roncesvalles de pie de puerto. Burguete también, y Valcarlos ni siquiera es visto como el valle que conducía a la cima del Pirineo... &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-4648317378583635353?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/4648317378583635353/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=4648317378583635353' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/4648317378583635353'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/4648317378583635353'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/collado-de-ibaneta-el-origen-de.html' title='Collado de Ibañeta, el origen de Roncesvalles'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbbbXXvcqzI/AAAAAAAAMSI/Ewc1p9MuH1Q/s72-c/cruces+iba.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-3765827463343799028</id><published>2009-03-10T01:51:00.000+01:00</published><updated>2009-03-24T13:09:26.984+01:00</updated><title type='text'>Guirizu, Lindux y Lauriñak. Montes de la huida de los atacantes vascones</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La "Canción de Roldán" no reconoció en ninguno de sus miles de versos asalto a los carolingios desde posiciones encumbradas. Sólo mencionó el cuerpo a cuerpo en la llanada de Roncesvalles, y no precisamente con vascones de las montañas, sino con un ejército sarraceno. Escenarios y hombres no concuerdan con la realidad de lo que pasó en agosto del 778, en que sólo hubo emboscada tendida por vascones, a lo único que podía aspirar aquella gente en absoluta y total inferioridad de condiciones ante las fuerzas más selectas del continente que acompañaban a Carlomagno. Habría que convenir que entra en lo factible que los hechos bélicos de aquella primera emboscada acabasen interfiriéndose con los de la segunda del 824, y que confusos y entremezclados llegasen a oídos de juglares y monjes copistas. En cambio, en la celada del 824, en los mismos escenarios roncesvalianos, contra los condes Eblo y Aznar, enviados al mando de un gran ejército a Pamplona por orden del emperador Ludovico Pío, junto a vascones pelearon guerreros de la estirpe de musulmanes del Ebro, los legendarios Banu Qasi, los hijos del conde Casius, poderoso conde godo convertido al Islam en el 714, al paso por tierras ribereñas de los conquistadores de la península ibérica, Muza y Tariq. Pero también en aquella ocasión fue imprescindible recurrir al ataque emboscado, aprovechando el éxito alcanzado unos años antes contra la retaguardia de Roldán. Fue la naturaleza agreste entre el collado de Ibañeta, la hondonada de Valcarlos y el desfiladero de La Reclusa, unida a la destreza y al factor sorpresa, lo que terminó en contundente victoria vascona. Ramón Menéndez Pidal llegó a escribir que era "inverosímil, rayano en lo imposible que los vascones solos pudiesen aniquilar la retaguardia del magno ejército de Carlos, y es lo más natural que buscasen ayuda contra el invasor extranjero." (1). Otro historiador de peso que se ocupó de la historia de los hechos de Roncesvalles, Ramón Abadal, era partidario en cambio de asalto de vascones, pero procedentes de las comarcas norpirenaicas. "Lo que está claro es que los atacantes no fueron navarros, pues se hace muy precisa la distinción entre unos y otros; mientras el puerto del Pirineo se encuentra en regionen wasconum, Pamplona es el primer navarrorum oppidum".(2) José María Lacarra dirá que "tanto la iniciativa como la preparación de la sorpresa sería cosa de vascones de la vertiente española". (3) Más frívolo en sus comentarios se mostró Ángel J. Martín Duque: "La expedición de Carlomagno representó, en suma, un mero alarde militar de los meses estivales dirigido hasta los muros de Zaragoza y salpicado en su marcha de retorno por el episódico revés sufrido por las unidades de retaguardia al entrar en Aquitania a través del Pirineo navarro."(4)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cantar de gesta, no admitió ataques desde las cimas, pero parece que los presagiaba a tenor de la orden que dio el propio Carlomagno la mañana fatídica del 15en que se disponía a partir para Francia. A Roldán y a los Pares es sabido que les pidió que aguardasen en el "Monte Roncesvalles", en el collado de Ibañeta, y a otros mil hombres, que vigilasen el tránsito desde un monte, un otero aledaño "desde el que se divisaba el reino de España", probablemente algún cerro de los varios que hay en el camino romano de subida a Lepoeder, desde los cuales se divisan a un tiempo ambas vertientes pirenaicas. El rey se pone en marcha por Valcarlos, se aleja y al cabo de unas horas alguien da la mala noticia: los sarracenos cabalgaban por la llanura en medio de una nube de polvo en dirección al puerto. Oliveros, uno de los personajes centrales del poema épico, decide entonces encaramarse a ese cerro en que se hallaban los mil hombres vigilantes. Jimeno Jurío era de la idea de que ese lugar correspondía a la cima del monte Guirizu, "verdadera atalaya de toda la llanura de Roncesvalles y sus inmediaciones" (5), lo que no parece factible tan aislado entonces como hoy, sin accesos reconocidos y apartado de las tradicionales sendas pastoriles a Quinto Real. El papel del axial Guirizu (1.280), en tanto que monte estratégicamente situado sobre Ibañeta y encarado a la hondonada de Valcarlos, tuvo que ser otro muy distinto en el ataque, teniendo en cuenta su peligrosidad por la cara norte, desde cuyas boscosas laderas intermedias próximas al collado los vascones pudieron permanecer escondidos, al acecho, mientras se iba adentrando confiada la retaguardia, pendiente del precipicio que bordeaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al oeste de la capilla de San Salvador arrancan las primeras rampas de Guirizu, por donde sube hacia la cumbre la línea axial pirenaica que viene del cerro de Roldán, que parece señalar un rosario de doce rudimentarios parapetos de caza alineados, que semejan peldaños para los pies de un gigante. Un ramal transversal asfaltado cercano al kilómetro permite acceder a un rellano que ocupa una torre metálica de comunicaciones, un paraje idóneo desde el que admirar la mejor perspectiva que cabe de Ibañeta, insólita por tratarse de una visión vedada a los peregrinos medievales, incapaces de apartarse de los caminos, cuanto más de aventurarse a escalar las cimas para contemplar paisajes. Sin embargo, a esa perspectiva hay que añadir el sentimiento tremendamente desmitificador que ofrecen alturas y distancias, lo que se traduce a los ojos del observador atento en que Ibañeta pierda de golpe su clara condición de sumomonte, la excelsitud que se le otorgó por todos los que venían por Valcarlos arriba… El ascenso a la cima de Guirizu se presiente cercana, aunque el esfuerzo no ha de faltar por terreno pedregoso, cubierto de embravecida maleza de oteas. No hay caminos, pero facilitan el paso las paceduras de los rebaños, esos diminutos senderos, paralelos y escalonados, que circundan algunos montes y que trazan pacientemente las ovejas lachas en sus diarios recorridos. Por la ladera pueden verse vestigios de viejas trincheras que semejan fosas abiertas, rellenas en parte de esquistos sueltos, que deben de corresponder a los parajes en que instalaron "los ingleses sus campamentos en 1813", según refería Madoz; es decir, la brigada WIND que perseguía al derrotado mariscal napoleónico Soult. El viento arrecia con fuerza en el último tercio; es el efecto de compresión del desfiladero, que provoca el resecamiento de la escasa vegetación de la cumbre, anchuroso y aplanado calvero de suaves lomas. Un grupo de hayas abatidas por los rayos crea un entorno desolado de troncos enhiestos, secos, muertos y carcomidos, algunos tumbados entre arbustos. "Árboles derribados por la pesadumbre de los años o por la fuerza de las tormentas pirenaicas" (6), expresó Juan Iturralde y Suit en su romántica y apasionada visita a los montes roncesvalianos a finales del siglo XIX. Otros árboles, en cambio, han acabado rehaciéndose, transformándose en sugerentes figuras que reconstruye la imaginación de quien las contempla un tiempo. He ahí la de una mujer con la melena que ondea al viento y que de rodillas, en actitud suplicante, permanece vuelta de cara a la mole del Astobizcar, por cuyos lomos trepa la estrecha carretera de Lepoeder; entonces vía romana y primigenio camino jacobeo por donde entraron el obispo Gotescalco, primer peregrino que se conoce, y el clérigo Aymeric Picaud. No se divisa ni Ibañeta ni Roncesvalles, pero un peñasco que rodase por la ladera se estrellaría con seguridad contra las casas del recinto monumental. Todo en derredor parece paisaje pensado para una emboscada, acaso por la sensación de dominio que siempre infunden las cimas de los montes. El paisaje empieza a ser grandioso en todas direcciones. Lejano, hacia el norte, se distingue el rojizo Arradoy, "gorramendi" que preside la comarca de St-Jean-Pied-de-Port. Más cercano se ve el espolón de formas redondas que se desprende del eje pirenaico por Lindux y que corona el Lauriñak, una de las tenazas del desfiladero valcarlino de La Reclusa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De regreso a Ibañeta, también a unos cuantos pasos de la capilla de San Salvador, al otro lado de la carretera, arranca un intrigante como anchuroso camino, el "Gabarbide", más conocido por "Palomeras", cuyo uso ha de remontarse a la trashumancia neolítica que enlazaba los altos pastizales del valle de Aézcoa con los de Alduides o Quinto Real, compartidos desde la Edad Media por las comunidades campesinas de una y otra vertiente. El camino, sin apenas altibajos, penetra entre hayas revestidas de un espeso manto de musgo, en medio de un ámbito propicio para toparse con perfiles zoomorfos de extraños animales en las más insólitas posturas y con inquietantes peñascos casi sepultados, que bien pudieron ser el esfuerzo vano del hombre primitivo por desplazarlos al lugar escogido para un dolmen, o bien las piezas de alguno erigido en la cima que acabó derrumbándose al ceder los reblandecidos terrenos. Cómo dejar de lado que pudieron ser peñascos arrojados por los vascones contra las tropas carolingias. Los cronistas hablaron repetidas veces de caída de rocas que sembraron el pánico entre los hombres, precipitándolos a lo más hondo del barranco subyacente. Los días lluviosos el camino se convierte en lodazal merced a las diminutas regatas que se deslizan sinuosas por la ladera, ya definitivamente cantábricas. Los negros limacos que se arrastran imponen una nota desagradable en el bosque, que contrasta con el vuelo nervioso de pequeñas bandadas de pájaros que cruzan raudos de una vertiente a la otra. Todo el año hay aves que van y vienen; Roncesvalles está lleno de vida en silencio. El sol de la mañana que ha rebasado el gigante Astobizcar se desliza entre los árboles siluetados, difuminados por la fina capa de neblina que levanta el rocío de la noche. En lo más crudo del invierno, escarchadas las cruces de palo depositadas por los peregrinos junto a la capilla del collado, el camino de Lindux amanece blanco, refulgente con el sol, crujientes las pisadas. Nadie pasa. El ámbito jacobeo empieza a difuminarse poco a poco para entrar en el de dólmenes y cromlechs. El silencio reinante del bosque se interrumpe por el estrépito de un arroyo que se precipita en cascada. Las hayas dejan paso a los alerces japoneses, esos pinos de hoja caduca que por otoño adquieren tonalidades doradas casi rojizas, no exentas de una belleza que no desmerece del entorno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Caminarían presurosos por ese camino los vascones tras consumar la matanza de francos? Posiblemente, tratándose del más seguro por dirigirse al intrincado Quinto Real, cuyos montes siguen alejados de las rutas usuales de paso del continente a la península. Haberlo hecho monte arriba a la cumbre del Guirizu nada habría solucionado, aislado y sin salidas entre barrancos permanentemente enfangados, como tampoco habría sido aconsejable remontar el camino de Lepoeder, que lo penoso de la subida habría ralentizado la celeridad que se requería en aquellas circunstancias con un Carlomagno colérico que no tardaría en acudir en socorro de su gente. El sendero no tarda en desembocar en el Trona, despejado collado axial que vigilan desde los extremos cuatro búnkers casi ocultos entre crecidos helechos, juncos y zarzamoras. El lugar constituye una irumuga o trifinio de los términos municipales de Burguete, Roncesvalles y Valcarlos, cuyas iniciales aparecen grabadas en un tosco mugarri prismático a la vera del camino. Fama tuvo en otro tiempo como "usateguieta" (palomera), paraje al que acudían por octubre los cazadores de Burguete siguiendo el "Rosariobidea", el camino del rosario, el que rezaban al despuntar el día, dispuestos a tender las redes de árbol a árbol para encauzar el vuelo de las aves que venían de Francia. Todo consistía en una demostración de destreza lanzando paletas de madera al aire desde dos puestos avanzados; se pintaban de blanco con el fin de que las infelices bandadas picasen el vuelo, creyendo que así podían burlar al temible gavilán o halcón que confundían con las paletas (7). Viejo sistema presente aún en Echalar, en la comarca norpirenaica de las Cinco Villas de la Montaña, que en estos montes roncesvalianos ha sido sustituido por potentes escopetas que disparan los cazadores desde elevadas "trepas", esos puestos camuflados entre las copas de las hayas más altas. Tras Trona viene una empinada cuesta que conduce al Lindux, collado también axial cuya importancia en el pastoreo neolítico fue notoria, y que hoy comparten a partes iguales España y Francia, y en concreto, los municipios de Burguete, Valcarlos y el francés de Banca, nuevo trifinio que se forma en el mugarri o borne internacional número155. A un lado arranca la suave ladera del monte Trona (1.166), en cuya despejada y alomada cima pueden verse trincheras circulares. Al otro, se ve la que asciende al Pic Lindux (1.221), axial, trifinio de los términos de Burguete, Quinto Real y Banca, un paraje solitario que deja entrever el misterio que siempre lo caracterizó. Hay vestigios de cimentaciones cuadrilongas que sugieren alguna fortaleza rudimentaria y también hondas trincheras en círculo, excavadas cuando las últimas guerras con Francia, que a su vez pudieron ser reexcavadas sobre las medievales que dispusieron los pastores para esconderse en ellas con los rebaños cuando veían merodear a los ladrones de ganado. Por el Lindux pasaba la vieja demarcación de la diócesis de Bayona, como pone de relieve el topónimo "Burdincurutze" (cruz de hierro). No faltó tampoco en Lindux la excentricidad de un autor francés, Henry Richter -contaba Jimeno Jurío-, que sostenía "que la región de Lindux fue frontera, límite de la Aquitania romana y de un país extranjero, imaginando la existencia de mugas monumentales en estas crestas" (8).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De vuelta al mojón 155, la excursión caminera toma otra dirección, hacia el norte, siguiendo el espectacular espolón que flanquean los valles de Baigorry y Valcarlos, gemelo del que formándose en el Sayoa de Velate llega hasta los pueblos de la basaburúa de Baztán. El sendero enseguida se adentra en terreno francés, cruzando un curioso artilugio, ingenio de pesos y contrapesos formado por una rampa con cuadrículas metálicas, dispuestas de tal modo que impiden que el ganado pase, lo que no debe volver a ocurrir a tenor de las antiguas disputas por los pastos. A unos cien metros del descenso, profundamente horadado por vehículos de cazadores, el camino se bifurca; un ramal se interna por el "Foret d'Hayra", uno de los barrancos más salvajes de Baigorry, hasta salir a la aldea de Banca, que coincide con una antigua ruta de peregrinos baztandeses a Roncesvalles; el otro prosigue por el espolón entre puestos de caza, acompañando a la alambrada internacional, subiendo y bajando los suaves collados que se suceden uno tras otro. Algunos mapas constatan la presencia de cromlechs, siempre difíciles de distinguir por la maleza y la falta de perspectiva. Primero hay que rebasar el Pic Achistoy (1.230) que corona el borne 157. A un lado y otro de la alambrada suelen sestear los rebaños, disfrutando del aire fresco que corre por las cimas. La presencia de dolinas invadidas por juncos, que pudieron ser trincheras alguna vez o nacederos de regatas que se secaron, esconden en algún caso simas peligrosas. Cercano se ve ya el prominente Lauriñak o Laurigna (1.292), el más alto de la zona, del que Pascual Madoz había dicho que "sus cúspides están peladas y sus faldas pobladas de robles, castaños, cerezos y hayas". A él se asciende por un diminuto sendero trazado entre pedregales descarnados al borde de los precipicios por los que se encaraman las hayas de Valcarlos. Hay peñascos apenas sostenidos a punto de caer; algunos parecen haber sido apalancados. Todo en derredor tiene algo de extraño. El mugarri 161 corona la angosta cima que comparten ambos países; desde ella se capta el espléndido paisaje de Basse Navarre con los pueblecitos que parecen apiñarse en torno a la villa de St-Jean-Pied-de-Port. Un vigía ahí apostado podía avisar con suficiente antelación a otro apostado en Guiziru, y este a su vez a otro en el camino de Pamplona. La ladera norte, desarbolada, herbosa, desciende en busca de otros collados y alturas, que siguen dividiendo Baigorry y Valcarlos. Los múltiples senderos que se abren en todas direcciones permiten descender a los solitarios caseríos, y desde ellos a los núcleos de población, pero las distancias y los laberintos que se originan lo desaconsejan. Las horas diurnas no dan para tanto; mejor es regresar a Ibañeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(1) Menéndez Pidal, Ramón. La Chanson de Roland. Pags. 193-194.&lt;br /&gt;(2) Abadal, Ramón. La expedición. Pags. 59-60.&lt;br /&gt;(3) Lacarra, José María. Investigación de historia navarra. Pag. 74.&lt;br /&gt;(4) Martín Duque, Ángel. Príncipe de Viana, nº 217, 1999.&lt;br /&gt;(5) Jimeno Jurío, José María. O.c. Pag. 92.&lt;br /&gt;(6) Iturralde y Suit, Juan. Obras. Pamplona, 1990. Pag. 281.&lt;br /&gt;(7) Benito Urtasun Villanueva y José Antonio Pedroarena. Temas de Cultura Popular, nº 157, Burguete, Pamplona, 1983. Pags. 25 y 26.&lt;br /&gt;(8) Jimeno Jurío, José María. O.c. Pag. 108. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-3765827463343799028?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/3765827463343799028/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=3765827463343799028' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/3765827463343799028'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/3765827463343799028'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/guirizu-lindux-y-laurinak-montes-de-la.html' title='Guirizu, Lindux y Lauriñak. Montes de la huida de los atacantes vascones'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-6399946453488123195</id><published>2009-03-09T17:58:00.000+01:00</published><updated>2009-03-24T13:09:26.984+01:00</updated><title type='text'>Los peligrosos pasos de Valcarlos</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbbciNSBkfI/AAAAAAAAMSQ/NgNLYZmVGmE/s1600-h/01_06_Valcarlos_con_el_Auza.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311675290769002994" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 269px; TEXT-ALIGN: center" alt="Los barrancos de descenso de Roncesvalles a Francia por Valcarlos" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbbciNSBkfI/AAAAAAAAMSQ/NgNLYZmVGmE/s400/01_06_Valcarlos_con_el_Auza.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Ese paisaje sombrío, envuelto en desolación y misterio, que define la canción de gesta, tiene su mejor lugar de contemplación desde el collado de Ibañeta. Los relatos medievales denominaron al gran valle que se extiende hasta las tierras llanas francesas, Porz de Sizer, de Sícera o Ports Ciserei, los puertos en los que concluía el antiguo Pays de Cize. Valcarlos, en su extremo más alto, escarpado y agreste, era el escenario al que se recurría cuando había que detener el paso del invasor, que para eso "interpuso la naturaleza la inmensa pesadumbre y fragosidad del Pirineo ", escribió José de Moret en el siglo XVII. Los versos de la canción de gesta consideraban los puertos de Valcarlos como tierras yermas, y así se mantuvieron hasta entrado el siglo XIII porque nadie quería vivir en medio de una de las rutas más transitadas de la antigüedad, expuestos a toda suerte de depredaciones y asaltos. "Los barrancos del puerto de Cisa, el puerto de Ibañeta, la llanada de Roncesvalles y sus alrededores, fueron durante mucho tiempo lugares casi deshabitados " , anotó el erudito francés Gaston Paris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el afianzamiento del Camino de Santiago desde el siglo XII, el valle empezaba a humanizarse con la presencia de algunos hospitales, meros monasteriolos que no eran mayores que una borda y que pronto serían absorbidos por la abadía de Leire y por la colegiata de Roncesvalles, algunos con nombres casi legendarios como Capeiron Roge y Caballo Blanco, ambos se supone que muy cerca de la embocadura del gran desfiladero. Fue a mediados del siglo XIII cuando empezaron a verse las primeras muestras de organización social con la instauración de un "lugar de vecinos del pueblo", un "Irauzqueta" que no tardó en constituirse en parroquia de San Juan de Irauzqueta, que posteriormente pasó a serlo de Santiago merced al auge que iban adquiriendo las peregrinaciones. Surge entonces una primera población, el caserío de Elizaldea, "al lado de la iglesia ", que acabará convirtiéndose en la actual villa de Valcarlos, capital del término municipal que se extiende desde Arnéguy al collado de Ibañeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquellos primeros topónimos o se perdieron o fueron relegados algunos han sido recuperados y ubicados tal cual antaño. Otros no, como creemos que sucede con el que corresponde al nombre cooficial del municipio, Luzaide, que aunque no es anterior al siglo XIII hay quienes mantienen que se trata del genuino del valle. Su significado es "viento de angosturas " , por lo que parece indicar que era la referencia que se reservaba al gran desfiladero, la espectacular atea origen de las turbulencias que resecan la vegetación cimera de montes como el Guirizu o collados axiales como el Igalepo en la ruta de ascenso a Lepoeder. Aquellos nombres acabaron sucumbiendo ante el definitivo y universal de Valcarlos, cuyo origen se cree que está en el "Karlestal " mencionado en una traducción al alemán de la canción de gesta, de donde a su vez procede el "Vallis Caroli " que recoge el "Codex Calixtinus " en el siglo XII. Se ha pensado también que su origen es autóctono, impuesto por las primeras gentes del valle pero se hace difícil creer que fuesen capaces de transmitírselo a cronistas y peregrinos tan lejanos como Aymeric Picaud. Parte del confusionismo generado viene determinado porque menciones y alusiones provenían siempre de allende el Pirineo. No será hasta el siglo XVII cuando aparecen las primeras referencias desde Navarra, envueltas en mayor o menor grado en los ecos que dejaron las emboscadas carolingias. José de Moret decía que el valle era el espacio en el que "vuelve a quebrar la tierra en mucho mayor profundidad, abriendo los montes por los lados una canal en medio que corre derechamente por dos leguas españolas hasta Valcarlos, último lugar de Navarra. Es la Quebrada de los Vascones, donde sensiblemente quiebra el Pirineo y abre el paso más fácil y así el más frecuentado. " Idéntica perspectiva mostró en el siglo XIX el tantas veces citado diccionario geográfico de Pascual Madoz: "Los vascones, al ver a Carlomagno metido en el desfiladero, cayeron sobre su ejército, volcaron sobre él los peñascos de las cumbres que lo estrechaban y acorralaron su retaguardia... Valcarlos se halla situado en un barranco al descenso del Pirineo, hacia la parte de Francia. Tiene 128 casas divididas en los barrios de Gaiñecoleta, Gaindola, Elizaldea, Azoleta y Pecocheta. Comprende dentro de su circunferencia los montes de Altobiscar, Lindus y Adarza, cuyas cúspides están peladas y sus faldas pobladas de robles, castaños, cerezos y hayas. El terreno es montuoso y estéril. Lo atraviesa el río Valcarlos que se forma al pie de sus montañas. Tiene tres caminos de herradura que conducen a San Juan Pie de Puerto, a Roncesvalles y a Alduides, en mediano estado."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbWZEe9PzUI/AAAAAAAAMRg/QVbL3K2OWZc/s1600-h/el+rio+por+el+desfiladero.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311319637861846338" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 215px" alt="Río Valcarlos por el desfiladero" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbWZEe9PzUI/AAAAAAAAMRg/QVbL3K2OWZc/s320/el+rio+por+el+desfiladero.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Tampoco un intelectual como Arturo Campión, a caballo entre el siglo XIX y el XX, podía olvidarse de lo que significó el valle norpirenaico: Valcarlos es nombre histórico. Su dependencia del acontecimiento bélico de Roncesvalles es notoria. Indica el camino por donde pasó Carlomagno, y según la opinión común en Navarra, el paraje donde fue derrotado parte del ejército franco." (Fantasía y Realidad, Pamplona,1972). Más realista que todos ellos fue José María Jimeno Jurío, a mediados del siglo XX, trazando las primeras anotaciones topográficas entremezcladas con los relatos medievales: Saliendo del núcleo urbano de Valcarlos se pasa por el angustioso estrechamiento de Gaindola, donde las montañas cortadas a pico y perdiéndose en el cielo, encañonan el camino y el torrente Valcarlos, cuyas aguas cristalinas corren por el fondo del abismo. Continua luego el formidable paisaje de La Reclusa, con las imponentes moles de pizarra gris del Mirachilota, al norte de Gañecoleta, combinadas con las praderas y los bosques verdes por Olaberri y los acantilados rocosos que parecen acechar peligrosamente al caminante desde lo alto de Chirrisquin, hasta salir a la fosa de Gorotsgaray, desde donde se contempla la hondonada cubierta de boscaje de hayas y la cima de Ibañeta señoreando desde el portillo el fabuloso paisaje."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vía natural de paso. El camino más transitado era el de Valcarlos. Había otros modos de cruzar el Pirineo a un lado y otro de Roncesvalles, pero el acceso de Valcarlos era el más natural desde la prehistoria, muchísimo más que lo que pudo haber sido el paso de Irún junto al mar. " El que pasa a Francia por la canal de Valcarlos es el paso ordinario" (Moret). Las crónicas medievales cuando referían que un pueblo, ejército o comitiva real atravesaba la región de Aquitania en dirección sur, era porque la intención era enfilar los valles contiguos de Arnéguy y Valcarlos y ascender la vertiente norte hasta el legendario "Monte Roncesvalles", primera meta que llevaba a la otra gran frontera natural de la antigüedad, el río Ebro, donde unos y otros habrían de escoger las distintas direcciones que los repartía por suelo peninsular. Pero el paso por Valcarlos no siempre estuvo supeditado a las dificultades en los desplazamientos de pueblos y de ejércitos, a las intensas nevadas o al mal estado de los caminos anegados por las aguas de escorrentía. En varias ocasiones se convirtió en trágico destino de entrada y de salida para el invasor, que se topaba con los asaltos emboscados de quienes aprovechaban la disposición natural del entorno para enfrentarse a enemigos muy superiores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Angosturas, precipicios y montes escarpados proliferan en todo el trayecto, pero sólo una parte se prestó para la sorpresa. Ese ámbito va del desfiladero al collado de Ibañeta, y era recorrido por el único camino activo desde la antigüedad, utilizado por los celtas y por Carlomagno, y por los peregrinos desde el siglo XII. La ruta, apartada hoy de la carretera, se mantuvo alejada de la montaña que más concitó la atención de los historiadores, Astobizcar, pensando que desde sus empinadas laderas sobrevinieron los asaltos, pero los medios de lucha utilizados en los siglos VIII y IX habrían resultado ineficaces, no en cambio desde Ibañeta y el monte Guirizu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbWZVKpIunI/AAAAAAAAMRo/nW-GdJTOTjI/s1600-h/nieblas+val.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311319924466563698" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 183px" alt="Valcarlos bajo las nieblas frecuentes" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbWZVKpIunI/AAAAAAAAMRo/nW-GdJTOTjI/s320/nieblas+val.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los romanos, años antes de pisar Hispania en el 218 a.d.C., lo desconocían casi todo acerca de los Pirineos y del Ebro, craso error que provocó la partida impune desde la península de los ejércitos cartagineses de Aníbal y de su hermano Asdrúbal, este último probablemente por Roncesvalles, después de subir desde Jaén. Debían el desconocimiento a la inexactitud de las apreciaciones del geógrafo griego Strabón, convencido de que tanto la cordillera como el río tenían un trazado de norte a sur. Nunca había pisado Hispania. Aquella distorsión del suelo peninsular, cuando se trasladó al primer mapa, dio origen a la famosa piel de toro. Cuatro años después, en el 214 a.d.C., los romanos llegaban a tierras de la futura Navarra con datos firmes sobre su orientación, pero sin saber apenas nada acerca de los valles y montes por encima del paralelo de Pamplona, que desde un primer momento encuadraron en un impreciso como ambiguo "Saltus Pyreneus " , que no acabó de perfilarse hasta tanto las legiones no cruzan la cordillera en el 24 a.d.C., abierto el trazado de Roncesvalles, que unía la Tarraconense con la Aquitania recién sometida por el general Publio Craso. Los anales y crónicas del siglo IX que dieron cuenta por primera vez de las dos derrotas de ejércitos francos, seguían mencionando el Pyrenaei saltum " pero también el Pyrenaei wasconum" o Pirineo de los Vascones, algo más preciso por cuanto se relacionaba con el alto Valcarlos de "opacitas silvarum" los hayedos y robledales enmarcados entre altas laderas y hondos barrancos, que siguen impresionando a los peregrinos de los xacobeos que marchan monte arriba hacia el collado de Ibañeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La traición dejó&lt;br /&gt;expedito el camino&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A comienzos del siglo V tiene lugar la movilización de los Bárbaros - suevos, alanos y vándalos-, que en pleno invierno del año 406 consiguen cruzar el Rin helado, rompiendo de ese modo el limes romano. Se ha calculado que pudieron ser hasta 300.000entre hombres, mujeres y niños, la mayor parte suevos, que conducidos por unos 80.000guerreros, arrasaron la Galia, avanzando decididos en dirección sur, hacia los Pirineos que tenían intención de cruzar para establecerse en la península ibérica. A finales del 407 alcanzaban los montes de la divisoria, y aunque es imposible determinar itinerarios, rutas y lugares de acceso, todo revela que se internaron por Valcarlos, la ruta habitual desde la prehistoria. No parecía que nadie pudiese intentar siquiera frenarlos después de recorrer triunfalmente extensos territorios, pero es histórico que Valcarlos y el puerto de Ibañeta estaban férreamente cerrados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasar a la península resultaba imposible y toda aquella gente tuvo que asentarse a orillas de los Nives, en tierras de la futura provincia francesa de Basse-Navarre. Dos años retenidos por impedírselo los hispanorromanos de Pamplona, que habían acudido al Pirineo con esa misión. Los hechos se conocen mal, pero se sabe que en la Cuenca de Pamplona vivían dos ricos patricios hermanos, Dídimus y Verinianus, dueños de extensas propiedades por la península, que mantenían con gran número de siervos, parte de los cuales acudieron a Roncesvalles. San Isidoro de Sevilla fue el primero que dio cuenta de las intenciones de los invasores en su "Historia de los Vándalos": "Irrumpieron con ímpetu directamente hacia los Pirineos, donde los esperaban Didymum et Veranianum, romanos nobilísimos. " Julio Caro Baroja, el ilustre etnógrafo, mantuvo que el ayuntamiento de Barañáin, aledaño a Pamplona, debe su nombre al segundo de los hermanos, emparentados además con el emperador Honorio, de origen hispano. A él se dirigieron reclamándole ayuda en aquella angustiosa situación para Hispania, pero la respuesta que reciben fue una misiva de buenos propósitos destinada a la generalidad de pueblos de la península.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbWZh6tJhKI/AAAAAAAAMRw/Yq5ooslM-5s/s1600-h/arneguy.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311320143526724770" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 242px" alt="Arneguy, pueblecito francés donde concluyen los puertos" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbWZh6tJhKI/AAAAAAAAMRw/Yq5ooslM-5s/s320/arneguy.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los hermanos siguieron adelante con su propósito. Obvio es admitir que la fuerza reunida no constituía un ejército, ni su número habría podido resistir un solo combate contra los miles de guerreros bárbaros. Tampoco hubieran podido las partidas de vascones que arremetieron contra la retaguardia carolingia al mando del conde Roldán. Pero sabían los pamploneses de comienzos del siglo V que había que tentar la suerte de los desfiladeros, lo único con que podían contar en aquellas circunstancias, y la falta de precedentes de un ataque en Valcarlos les otorgaba más méritos: "Los hermanos Didimo y Veriniano, apostados en las cumbres de Ibañeta, les cierran el paso con una hueste particular de siervos y colonos vascones". (Joaquín Arbeloa).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sostienen algunos historiadores que los bárbaros cruzaron en realidad por la vía romana transpirenaica, lo cual resulta inverosímil con miles de personas desplazándose entre parajes abruptos, expuestas a vientos gélidos y a extravíos, sin manantiales por ninguna parte, sin leña que cortar de bosques inexistentes y sin pastos para los animales. Tampoco los hermanos habrían podido recurrir a parajes desde los que frenar a aquella masa humana. Acaso la cara norte del puerto de Lepoeder, pero sólo parcialmente ante las opciones con que contaba el enemigo para recurrir a otros accesos próximos indefendibles. Los bárbaros si no se adentraron en la península durante dos años fue porque Valcarlos permanecía cortado, e intentarlo habría sido a costa de muchas vidas. Pero las cerraduras del Pirineo, como decía Moret, cedieron al fin en el otoño del 409 cuando Dídimo y Veriniano fueron sorprendidos por la espalda por tropas romanas usurpadoras, lo que demuestra que la vertiente cispirenaica que sube del enclave de Roncesvalles a Ibañeta fue siempre acceso fácil, corto y rápido, con un desnivel de algo más de cien metros, que hace que un caminante alcance el puerto en unos veinte minutos. La misma operación por la vertiente norte, desde la frontera de Arnéguy, a unos 20 kms., supone emplear buena parte de una jornada. La tragedia llegó desde Pamplona con el ejército usurpador que a la sazón se hallaba promoviendo la rebelión por el interior de la península. Las legiones habían dejado de existir en los primeros siglos de la era cristiana. Lo que había eran ejércitos que se nutrían de bárbaros federados, faltos de la lealtad, el valor y la abnegación de los legionarios. Los hechos capitalizados por los bárbaros que cruzan el Rin en el 406 dejaban al descubierto la debilidad del imperio de Honorio con sede en Rávena. Era la ocasión propicia que aprovechó entonces quien habría de convertirse en el más notorio de los usurpadores o tiranos, Constantino III, que alzado en armas desde Britania se proclama emperador, soñando con crear un pequeño imperio con Britania, Galia e Hispania. El usurpador cruza el "English Channel" y se adueña de la Galia, estableciendo su sede en Arles. Hay quien piensa que porque en Hispania consideraba Constantino que había muchos patricios emparentados con el legítimo emperador, es por lo que envía a su hijo Constante con el título de césar, acompañado del general Gerontius, un bárbaro que procedía de las legiones de Britania. "Habiéndose levantado en este tiempo el tirano Constantino en la Gran Bretaña y ocupado parte de las Galias, envió a su hijo Constante, transformado de monje en césar, a España con jueces y gobernadores de sus provincias y tropas de ciertos bárbaros que por haber tomado sueldo del emperador Honorio, llamaban honoríacos" (Moret).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tardan en hacerse con toda la Tarraconense desde Zaragoza, donde Gerontius instala su cuartel general. Allí recibe la noticia de la marcha de los bárbaros hacia los pasos del Pirineo. Constante se desentiende y su general determina acudir al Pirineo, pero no para frenar a los invasores, sino para enfrentarse a los hermanos Dídimo y Veriniano, temiendo que por su parentesco con el emperador legítimo fuesen socorridos finalmente, poniendo en peligro el dominio de Constante en Hispania y el de Constantino en la Galia. Los hermanos son apresados y enviados a Arles, donde fueron ejecutados ante Constantino. Los bárbaros encontraron entonces el camino expedito. Nadie los pararía. Durante dos años asolaron la península desmantelando cualquier atisbo de reacción de la población hispanorromana. Pero Gerontius había actuado por su cuenta y riesgo. No tenía permiso para dejarlos pasar. Viendo que iba a ser destituido, o algo mucho peor, es cuando opta por rebelarse contra padre e hijo y proclama emperador de Hispania a un oscuro personaje, Máximo. Cruza el paso de Roncesvalles y se encamina a Arles, donde sitia durante varios meses a Constantino. Ante esa nueva situación interviene el legítimo Honorio, que sopesando lo peor entre lo peor, decide enviar sus tropas a Arles para aplastar a Geroncio, que es derrotado y que huye en dirección a Hispania, donde acaba suicidándose. Constantino, sitiado, se entregó a las tropas de Honorio al mando de Constancio, y es llevado a Rávena, donde es asesinado en el 411.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El duque visigodo&lt;br /&gt;sobornado por los francos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el 541 aconteció otro hecho de gran importancia, también relacionado con el intento de impedir el paso a los invasores francos que, como Carlomagno siglos después, tras una campaña de depredaciones por tierras ribereñas del Ebro, se disponían a cruzar el Pirineo de Roncesvalles. Los reyes merovingios Childeberto y Clotario I, que eran hermanos, acompañados de tres hijos del primero, habían partido de la ciudad de Dax con un potente ejército en dirección al paso de Valcarlos. Nadie les impidió llegar a Pamplona, ni proseguir la marcha a Zaragoza, la ciudad que había que conquistar. La "Crónica Cesaraugustana " señalaba: "En este año (541), los reyes francos, en número de cinco, entraron en Hispania por Pamplona. Llegaron a Zaragoza y la sitiaron durante cuarenta y nueve días."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Zaragoza resistió y los francos optaron por extender los saqueos a toda la Tarraconense. Hay quien supuso que la interrupción del asalto a la ciudad se debió al hecho de tener noticia de que un ejército visigodo les había cerrado el paso del Pirineo. San Isidoro en su "Historia Gothorum" constató que los francos fueron perseguidos por los visigodos que envió expresamente el rey Teudis al mando del duque Teudiselo, pero más que persecución lo que debió haber fue lo único razonable en aquellas circunstancias: cerrarles el camino de salida en Valcarlos. Y así fue. Aquella fuerza de visigodos tomó posiciones en los desfiladeros con la ayuda excepcional de los vascones, sus acérrimos enemigos, acaso por suponer que de ese modo aminoraban la presión visigoda sobre sus territorios. Teudiselo les había cortado el paso a los francos, y estos, que vieron muy pronto lo que eso implicaba, optaron por intentar el soborno del frágil e indeciso Teudiselo, que aceptó, pero sólo para permitir el paso de unos cien mandos militares. El resto de la expedición fue aniquilada o apresada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La emboscada&lt;br /&gt;desbaratada a tiempo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre el 806 y 812, los vascones se someten voluntariamente al emperador Carlomagno ante la presión de Amrus ibn Yusuf, gobernador de la Frontera Superior con sede en Tudela, la ciudad ribereña que había fundado cargo que desempeñaba en nombre del emir omeya de Córdoba, Al Hakam. Al cabo de aquel periodo, cansados una parte de los vascones de la dependencia ultrapirenaica, deciden rebelarse en Pamplona. Golpes y contragolpes, obediencias y desobediencias, iban a ser frecuentes según las circunstancias y los intereses de unos y otros. Las cosas cambiaban de un día para otro con una Pamplona que era amenazada desde Aquitania, pero que desde el 714 estaba sometida a los dictados de los emires, cuya fuerza era débil en zonas tan lejanas. Buena parte de navarros y pamploneses preferían continuar con los musulmanes que, al fin y al cabo, les dejaban hacer lo que quisiesen en tanto pagasen los impuestos. "En Pamplona unos eran partidarios de aceptar la protección carolingia, y otros de mantener y acatar los pactos acordados con el emir, lo que suponía el pago de tributos con el subsiguiente reconocimiento de su personalidad y autonomía" , escribió José María Lacarra. Desde el 778 había quienes preferían la intromisión del poder carolingio. El problema, según Jaime del Burgo, era "que unos y otros no eran capaces de permanecer mucho tiempo sosegados... Mientras navarros y pamploneses se acogían a la protección carolingia en el 806, los Banu Casi del Ebro habían de someterse a la obediencia del emir". Menéndez Pidal aclaraba que "estos navarros que ahora suenan por primera vez en la historia no son sino una fracción particular de los vascones", que desde comienzos del siglo IX empezaban a dejar de ser conocidos con la vieja denominación que debieron atribuirles los celtas, pues sabido es que se ignora como los vascones se llamaban a sí mismos. Los emires cordobeses, durante aquella centuria, conscientes de sus limitaciones en el control de la zona de Pamplona, hubieron de contar con la ayuda de la influyente estirpe de godos renegados, los Banu Qasi, sabiendo además que su poderío y arrojo los llevaría a hacer y deshacer en todo el valle del Ebro, unas veces fieles y obedientes y otras, las más, rebeldes y desafiantes colaborando con el sector de vascones que mandaban sus parientes los reyes Arista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbWY3RLGF9I/AAAAAAAAMRY/rpeiPgpDD9U/s1600-h/desfiladero+gaÃ±ecoleta.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311319410823534546" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 341px; CURSOR: hand; HEIGHT: 204px; TEXT-ALIGN: center" alt="El desfiladero por Gañecoleta" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbWY3RLGF9I/AAAAAAAAMRY/rpeiPgpDD9U/s400/desfiladero+ga%C3%B1ecoleta.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Las aceifas moras -campañas expedicionarias de escarmiento- se repetían una tras otra cada año, pero aun así resultaban de menor trascendencia que las provenientes de la Vasconia Citerior, que tenían marcada intencionalidad política. El año 812 fue de agravamiento de la situación en la Vasconia Ulterior, la futura Navarra, lo que provocó la presencia en Pamplona del propio rey de Aquitania, Ludovico Pío, que acudió al frente de un ejército con el propósito de restablecer el orden. "El rey Luis, después de haber apaciguado la revuelta de Gascuña, quiso asegurarse de la fidelidad de la gente de Navarra. Atravesó los montes y vino a Pamplona. Allí permaneció el tiempo que le pareció, tomando las medidas oportunas, hecho lo cual se volvió a marchar", constató el Astrónomo Lemosín en la "Vita Hludowici Imperatoris", escrita hacia el 840. Los Arista entonces se ven obligados a dejar el poder, que toma el delegado que trajo consigo el rey, Velasco el Gascón, el Balask al-Yalasqi que citan los relatos islámicos, que se convierte en nuevo señor de Pamplona hasta el 816. Aplacada la revuelta, el rey se dispone a emprender el regreso. Lo hace por donde había venido, por Valcarlos, "donde tuvieron lugar varios acontecimientos memorables " (Jimeno Jurío). Los vascones que le eran hostiles le habían preparado una emboscada en "el difícil paso del Pirineo en el que su padre había sido derrotado y en el que él a punto estuvo de serlo"(Sánchez Albornoz). El relato del Astrónomo es claro: "Al volver por los desfiladeros, los vascones nativos, siguiendo su natural y tradicional costumbre, intentaban tenderle una emboscada. Para defenderse de la natural y acostumbrada perfidia de aquella gente y evitar que no le sucediese un descalabro como el de su padre, cogió a las mujeres e hijos de aquellos montañeses, que ya se encontraban al acecho, y para que sirviera de escarmiento apresó e hizo ahorcar al primero que se acercó a desafiarlo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquellos hechos debieron de influir en Pamplona, cuyo gobierno profranco no parecía que fuese a perdurar mucho tiempo ante las presiones de los que preferían a los musulmanes. Estos, que no vieron con buenos ojos la intromisión de allende el Pirineo, decidieron mandar un ejército. La decisión la toma el emir Al Hakam, quien envía a Pamplona a su general Abd al-Karim ibn Mugayt, que actúa con contundencia durante trece días "hasta que los enemigos quedaron desbaratados y emprendieron la huida " . Velasco el Gascón huye y vuelven al poder los Arista: el primero de la enigmática dinastía, el que los historiadores suelen llamar "Iñigo " a secas o "Iñigo ¿Jiménez? " al desconocerse su patronímico, o uno de sus legendarios hijos, Iñigo Iñíguez o Fortún Iñíguez, que se muestran muy unidos a los Banu Qasi, ya dispuestos a intervenir en la siguiente gran emboscada de Valcarlos, la del 824, cuando "Ludovico Pío decide enviar a los condes Eblo y Aznar al sur del Pirineo para restablecer la autoridad imperial en tierras de Pamplona " .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Un conde en libertad,&lt;br /&gt;el otro ejecutado&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel año 824 entra por Valcarlos un ejército de Ludovico, reforzado con un número considerable de gascones, es decir, vascones de las regiones hoy vascofrancesas, como confirmaban los Annales Regios: "Eblus et Asinarius comitis cum copiis Wasconum ad Pampilonam missi " . Lacarra indicó que no había la menor duda de que se trataba de wascones colaboracionistas, que nunca por lo demás se había podido demostrar que hubiesen prestado ayuda a sus vecinos del sur en las emboscadas pirenaicas. La de aquel año iba a ser de consecuencias mucho más dramáticas que la del 778 contra Roldán, hasta el punto de sospecharse que pudo haber matanza total y absoluta. La entrada, como de costumbre, fue sin complicaciones. José de Moret: "Ludovico encargó a los condes don Eblo y don Aznar que, con ejército numeroso, atravesasen el Pirineo y pasasen a Pamplona. Habiéndolo juntado el ejército, atravesaron el Pirineo sin hallar resistencia que se lo estorbase " , y añadía no sin razón que "para los francos sus entradas siempre son felices y las retiradas desgraciadas". La tragedia vino al regreso. "Con ejército arrebatadamente juntado, comenzaron a seguir las marchas de los condes, que ya comenzaban a entrar por el Pirineo con gran circunspección por la memoria de los riesgos pasados&amp;amp;hellip Los francos y vascones aquitanos, turbados con la impresión vehemente del acontecimiento, comenzaron a ceder y a perder el buen orden de los escuadrones... Los navarros, sintiendo el desaliento del enemigo, le habían ceñido de suerte con los escuadrones y cerrado tanto los pasos que era sin provecho la fuga... La matanza fue terrible aquel día&amp;amp;hellip Los condes Eblo y Aznar vinieron a manos de los vencedores", concluye Moret.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los relatos del siglo IX confirmaron emboscada y descalabro con la única intervención de "Hispani Wascones, Navarri et Pampilonensis " . Los Annales Regni Francorum h. el 829 decían: "Terminada la misión que los llevaba experimentaron la ordinaria perfidia del lugar y el genuino fraude de los habitantes. Rodeados por estos y destruido todo el ejército, cayeron en poder de sus enemigos". La táctica era la misma, dejarlos pasar y "empeñarlos bien adentro en la quebrada, donde dificultosamente podrían revolverse " (Moret). El Astrónomo anotó que el ataque se desencadenó "in ipso Pyrenaei iugo " , es decir, en el mismo yugo pirenaico, que es lo mismo que decir Ibañeta. Nada tenía por qué ser distinto al 778, pero sí el desenlace, lo que confirma para los historiadores que hubo presencia efectiva de musulmanes Banu Qasi. Lo deducen después de descubrir que a uno de los condes lo dejen volver a su casa mientras que al otro lo envían a Córdoba para ser ejecutado. Annales Regni: "A Eblo lo enviaron a Córdoba para el rey de los sarracenos (Abderramán II), pero a Aznar, porque les tocaba en afinidad de sangre, lo perdonaron dejándole volver a su casa " . Claudio Sánchez Albornoz: "Los vascones insidiosos y terribles en el paso del Pirineo son siempre los montañeses , los hispanos y navarros . Los de Pamplona, lo mismo en el 778 que en el 812. Los que auxiliados por los sarracenos derrotaron en el 824 a los gascones de Eblo y Aznar... Derrotados por fuerzas aliadas de vascones libres y de renegados, entonces en buenas relaciones con el emir de Al-Ándalus " .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La nieve de Valcarlos&lt;br /&gt;contra un reino&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 982 debió de ser el año en el que el rey de Pamplona, Sancho Garcés II Abarca (970-994) parte hacia Roncesvalles y se adentra por tierras norpirenaicas con intención de socorrer a su cuñado el Duque de Gascuña, Guillermo Sánchez o Guillaume Sanche (960-999), cuyos dominios habían invadido los piratas normandos, derrotados al fin en la batalla de Taller, a unos 20 kms. al norte de Dax, ciudad en la vía romana y en el camino de Santiago. Otras fuentes sostienen que su intención no era ésa, sino hacerse con la región de Gascuña. Lo que importa resaltar ahora es que estando el rey en aquellas tierras recibe la mala noticia de que los musulmanes se acercaban a sus dominios por la parte oriental, probablemente desde Zaragoza. El rey y su gente se puso inmediatamente en camino hacia el paso de Valcarlos, pero no pudo alcanzar la cima del puerto. Nadie se lo impidió. Fue la meteorología adversa de aquella noche de otoño, la que dejó una copiosa nevada que cerró los caminos del valle. La caminata se hacía imposible, y los esfuerzos por apartar la nieve debieron de ser ímprobos, aunque la leyenda cuenta que se debió a las improvisadas abarcas. Quien mejor contó lo acaecido fue José de Moret, cuya larga cita bien vale la pena: "El regreso se lo había de estorbar el invierno, que iba ya entrando y cerrando los pasos del Pirineo..., arrojando una desmedida y muy extraordinaria copia de nieve de que miraban cubiertas todas las montañas que a no mucha distancia en torno la coronan. Pero daba en los ojos al ejército en la marcha la pesadumbre inmensa del Pirineo, que de las llanuras de Francia más despejadamente se registra, con el erizado ceño de tanta nieve que le oprimía y el espanto de haberlo de pasar.&lt;br /&gt;Llegaron las tropas a la raíz de los puertos, y requiriendo el rey la disposición del paso por exploradores noticiosos del país, se halló del todo intratable el Pirineo con desmayo de todos, que daban por perdida la jornada. Mandado desmontar a los de a caballo, porque fuesen menos peligrosas las caídas a pie y que los caballos, aligerados de la carga, saliesen mejo, comenzaron a subir el puerto y a romper las nieves. Marchaba el ejército deshilado tomando muchas veces a tiento los caminos por estar cubiertos de nieve. Cayeron muchos en los profundos barrancos disimulados. Acabó de atravesar el rey el grueso del Pirineo, y recogiendo al ejército a la falda de él, en tierra ya más benigna, le dio algún descanso. "&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La invasión francesa&lt;br /&gt;que no pasó de Ibañeta&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valcarlos aún no iba a cerrar su vieja leyenda de paso peligroso, arduo y lleno de vicisitudes. Se vio un día señalado, el 21 de marzo de 1684, que pudo ser de consecuencias nefastas para Navarra. En aquella ocasión los motivos y las razones nada tenían que ver con ataques emboscados. El escritor navarro Florencio Idoate, en "Rincones de la historia de Navarra " (1979), definió los hechos como "pequeño zarpazo " y "ligero amago" , pero no quita que pudo convertirse en el último "roncesvalles " de la historia de haber podido llegar a tiempo los 800 paisanos navarros a los que a la sazón se les encomendó la defensa de los pasos del Pirineo. Lo insólito fue que nadie en Navarra se percatase de que aquella mañana de marzo subía por Valcarlos hacia Ibañeta un ejército francés compuesto por 10.000 hombres, 6.000 de infantería y 4.000 de caballería, más otros 900 que permanecían en San Juan de Luz. Cuanto más porque, al igual que el rey navarro siglos atrás, se encontraron con muchas dificultades por la nieve caída durante la noche. La fuerza de conquista la mandaba el mariscal Bernardin Gigault Bellefonds (1630-1694), uno de los militares favoritos del rey de Francia Luis XIV, el Rey Sol, que acababa de declarar la guerra a España por las posesiones de Luxemburgo y los Países Bajos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocas semanas antes habían penetrado en tierras catalanas. Superaron los inconvenientes de la nieve y alcanzaron la cima de Ibañeta. Lo insólito fue que no pasasen del collado y que permaneciesen en él 24 horas cabales, a la espera de recibir órdenes, que una vez que llegaron fue para ordenar la retirada hacia Francia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el enemigo ya encima de Roncesvalles, el Virrey Iñigo de Velandia informó inmediatamente a la Diputación: "La última noticia que acabo de recibir es de estar ocupado el puesto principal dentro de los límites del Reyno, en la ermita de San Salvador de Ybañeta. " Seguidamente se procedió a la "llamada a fuero " que tanto temían oír los habitantes de los valles pirenaicos de Esteríbar, Erro y Arce, los más cercanos, que los obligaba a acudir a la taponadura de los pasos fronterizos cuando amenazaba el francés. Y allá fueron "con la brevedad que pide tan peligroso accidente, sin tener tiempo para llevar provisión ninguna y habiendo sido los primeros que acudieron a la defensa de los pasos, no se les había socorrido con cosa alguna", alegaron en la queja formulada a los pocos días a las autoridades. Se logró reunir una fuerza de 800 hombres, pero la prontitud no impidió que los franceses permaneciesen apostados en la línea de Ibañeta, el sitio que tenían que ocupar los navarros. El invasor se había anticipado y además tenía el camino expedito hasta Pamplona. Los paisanos evitaron la matanza general de haberse presentado en Roncesvalles aquel 21 de marzo. Nadie desde el lado sur de Ibañeta podía sobrevivir a un ataque de diez mil hombres con las posiciones tomadas. Lo que hubiera sucedido con seguridad no pareció importarle mucho a las autoridades estatales de Pamplona, dispuestas a sacrificarlos a todos. El llamamiento que cursan a Madrid lo deja bien claro: "Nuestro mayor desconsuelo es no tener las fuerzas correspondientes a nuestra voluntad y amor para sacrificarlas todas al servicio de V. M., como lo están nuestras vidas y haciendas, hasta derramar la última gota de nuestra sangre. " &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-6399946453488123195?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/6399946453488123195/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=6399946453488123195' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/6399946453488123195'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/6399946453488123195'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/los-peligrosos-pasos-de-valcarlos.html' title='Los peligrosos pasos de Valcarlos'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbbciNSBkfI/AAAAAAAAMSQ/NgNLYZmVGmE/s72-c/01_06_Valcarlos_con_el_Auza.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-197239993184213120</id><published>2009-03-09T17:46:00.000+01:00</published><updated>2009-03-24T13:09:26.984+01:00</updated><title type='text'>La emboscada carolingia fue en el alto Valcarlos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Carlomagno, rey de los Francos -Karolus gratia dei rex Francorum et Langobardorum-, cruzó el Pirineo por el collado de Ibañeta en la primavera del 778 en dirección a Zaragoza, la ciudad que le habían prometido entregar los musulmanes rebeldes a Córdoba. Pero no pudo ser. El regreso lo hizo por el mismo camino, vía Pamplona y Roncesvalles, para emprender el descenso por la hondonada y desfiladero de Valcarlos, la salida natural a las tierras aquitanas. La historia, los acontecimientos de la marcha y lo que acaeció aquel día 15 de agosto, difieren enormemente según se trate de las crónicas de los siglos IX y X y de la “Chanson de Roland”. Veraces y ajustados a la realidad, aquellos primeros relatos apenas habrían salido de los monasterios. Nadie los conocería salvo algunas personas, como cierto monje normando de nombre Turoldus que gracias a ellos pudo componer los miles de versos de la más famosa de las canciones de gesta. Pero el poema épico describía unos hechos que no coincidían en casi nada con lo escrito anteriormente. El rey abandonada España al frente de las fuerzas de vanguardia, mientras dejaba en Roncesvalles a una retaguardia al mando del conde Roldán, a quien acompañaban los Pares de Francia. El rey descendió por las angosturas de Valcarlos, y ya cuando se hallaba muy alejado alguien le indica a Roldán que por el llano de Burguete y Roncesvalles avanza presuroso un ejército sarraceno. Se enfrenta con el franco y éste es derrotado. La matanza es enorme. Roldán, herido, se esfuerza para volver al alto de Ibañeta y desde allí hace sonar el olifante que avise a Carlomagno. El rey y su gente desandan el puerto y comprueban la magnitud del desastre. El poema épico concluye con la persecución del enemigo, al que dan alcance en el Ebro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que reflejaron los autores del círculo carolingio se ceñía a un entorno entre montes, el único propicio para la emboscada que tramaban vascones y navarros. Valcarlos era el sitio en el que podían albergar esperanzas de una victoria sobre fuerzas muy superiores. Los relatos se limitaban a reflejar los datos provenientes de los testimonios de los supervivientes o de las gentes que les oyeron contar las historias. Nada decían de ejércitos sarracenos ni de batallas. Sólo del asalto emboscado en parajes abruptos que conceptuaron como “Pirineo de los Vascones”. A Roldán lo menciona uno de los cronistas, Eghinard, pero no para ensalzar sus dotes de mando o los gestos heroicos, sino por tratarse de uno de los personajes fallecidos. Se cita también al senescal del reino, Ekkehart, cuyo epitafio habría de proporcionar el valioso dato de la fecha de la matanza. Hallado en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de París, primero constata que "la muerte insaciable lo raptó con su hierro para las sombras” y seguidamente, la fecha, el 18 de las calendas de septiembre -Qui obiit die XVIII Kalendas septembris-, que “según la numeración romana corresponde al 18 día antes del 1 de septiembre”, había anotado el vascólogo francés Pierres Narbaitz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cantar de gesta daba a entender que el rey había partido al amanecer del collado de Ibañeta. La retaguardia, entretanto, habría de permanecer en el lugar unas horas, pues antes de que concluyera el día 15, la matanza ya se había consumado. El poema épico sigue un lógico orden secuencial literario en el desenvolvimiento de los hechos, pero es de suponer que tanto estos como los desplazamientos de la gente se hubiesen desarrollado entre márgenes de tiempo más distanciados. Carlomagno pudo haber partido hacia Francia días antes del fatídico 15 y quedar esa fecha oficialmente para la emboscada. Difícil es imaginar que el rey y su vanguardia pudiesen acampar en el extremo septentrional del valle de Arnéguy antes de la puesta del sol. Lo es más que una vez que tienen noticia del descalabro fuesen capaces de regresar en una jornada al escenario del descalabro. Las cosas entonces tenían que discurrir muy despacio, sin desdeñar las dificultades de las vías de comunicación, amén de la influencia adversa de los fenómenos meteorológicos o de la propia altura de los puertos de montaña. Los cronistas carolingios no hablaban de una fuerza de retaguardia, sino de la cola del ejército que acababa de internarse en la hondonada y que hubo de verse afectada inmediatamente por el ataque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada malo debían de esperar los francos en los pasos de Roncesvalles sin la amenaza de ejércitos hostiles. El tránsito tuvo que ser lento y pesado. Hombres, caballos y carretas emprenderían el descenso en estirada columna, hasta dividirse en dos en la travesía del desfiladero que sale a las inmediaciones de la villa de Valcarlos. El número de hombres y animales tuvo que determinar aún más la separación. Los cálculos de Menéndez Pidal los comentó Lacarra: “Los cuatro mil caballeros de la vanguardia y grueso del ejército, en fila de tres o de dos de frente con sus peones, ocuparían unos siete kilómetros de camino. La retaguardia, con sus mil caballeros y los mulos y carros de la impedimenta, ocuparían de dos a tres kilómetros”. Cifras verosímiles que se amoldan perfectamente al camino en descenso entre el collado de Ibañeta y el promontorio en el que se alza el caserío Guardiano, que discurre por la ladera del Guirizu al borde del precipicio y que hay que considerar el más peligroso. El jesuita José de Moret fue realista al admitir que el grueso del ataque ocurrió en el alto Valcarlos. No lo fue en cambio al suponer que también se había llevado a cabo desde las primeras rampas de la vertiente que sube de Roncesvalles. “Los navarros los dejaron empeñarse bien adentro de la quebrada, donde dificultosamente podría revolver (el rey) para socorrer a su retaguardia acometida”, anotó. José María Lacarra, muy dubitativo en lo que atañe a los escenarios, se mostró consecuente al determinar que “en la vanguardia iría el ejército mandado por Carlomagno, formado por las tropas más selectas”, pero no en que “la retaguardia, de composición heterogénea, es de pensar que fuese menor la compenetración entre los diversos jefes a quienes el rey había encargado la dirección de cada unidad”, dando a entender que ésa y no otra fue la principal razón de que los vascones se abalanzasen sobre lo que veían más vulnerable. No parece factible que los atacantes fuesen conscientes en algún momento de la composición de las fuerzas carolingias. Se decidieron cuando pudieron, haciéndolo sobre la columna que se había quedado rezagada debido a la estrechez de los pasos y conscientes sobre todo de que la vanguardia, porque se hallaba muy alejada, no podría regresar a tiempo. La idea de la partición del ejército por orden expresa del rey debe de arrancar de la confusa apreciación que hizo en el siglo X uno de los cronistas carolingios, el llamado Poeta Sajón, el único que resumió los datos que se conocían de lo acaecido en Roncesvalles. El punto de vista expresado pudo haber calado en el autor de la “Chanson de Roland” y en el tipo de lucha que tenía que concebir. Ni lo uno ni lo otro fueron razones suficientes para los eruditos y estudiosos que se negaron a admitir Valcarlos como escenario de la partida y de la emboscada de los francos. Pierres Narbaitz (1910-1984) se mostraba de acuerdo en que “el estrecho valle de Valcarlos era el lugar ideal para la degollina de un ejército como el de Carlomagno”, pero no concebía en cambio “que un jefe militar de la talla de Carlomagno hubiese podido pensar en que ese camino le sería favorable.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anales y crónicas mencionaron "lugares angostos" (angustus locus) entre "tupidos bosques" (opacitas silvarum) por los que pasaba el "estrecho camino" (angustiae viae). El camino que siguieron las tropas carolingias entre el llano de Roncesvalles e Ibañeta se desconoce absolutamente. También el que atravesaba el collado hacia Valcarlos. Hay que situarse frente al ábside de la capilla de San Salvador y prestar atención al surco que han ido excavando las aguas de escorrentía hacia la vertiente de Valcarlos, porque ése tiene que ser el camino genuino, que hoy interrumpe la capilla, de ubicación distinta a las medievales. Monte abajo es fácil identificarlo. La configuración topográfica no permite otros desvíos. Tampoco antiguamente. Adosado al Guirizu, a ratos herboso, térreo, acarcavado o desdibujado por la hojarasca, el camino va descendiendo. Ancho como para un carro y bien señalizado con flechas amarillas jacobeas, concluye dos kilómetros más abajo entre hayas y pinos. El asfalto lo ha absorbido. El ataque consistió en rocas desprendidas, en lanzamiento de dardos y piedras propulsadas con gran fuerza, probablemente con cestas. No pudo haber contacto personal entre unos y otros. Los emboscados, escondidos en los bosques, se situaron estratégicamente en el "summi montis vertice", es decir, en el collado de Ibañeta y sus inmediaciones. Se desencadena la acción y enseguida surge el pánico. La gente cae despeñada al "subjecta vallis", el barranco por el que corre el arroyo que no se deja ver hasta el fondo del valle. Hay otros espacios tenebrosos en Valcarlos, pero el que baja al Guardiano es el más peligroso. La pronunciada ladera del Guiziru no deja lugar a dudas. Una mirada hacia lo alto desde el camino evidencia las consecuencias de un peñasco rodando. Ninguna desde el lado opuesto, desde el imponente Astobizcar, que se halla muy apartado para que una roca aplastase a ningún hombre. Las suposiciones de Moret acerca del papel de esta montaña llevaron a confusión a mucha gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los anales no eran crónicas, sino una ordenada compilación de hechos acaecidos al cabo de los años. Los más notorios fueron catalogados y estudiados por Ramón Menéndez Pidal. Los "Anales Mettenses Priores” (hasta el 805), anónimos, escritos en Metz a los 25 años de la masacre, son los más cercanos en el tiempo y aunque “silencian el desastre son valiosísimos por cuanto anotan expresamente la ruta seguida por Carlomagno entre Aquitania y Pamplona”, puntualizaba Jimeno Jurío. Era la primera vez en que se constataba que los francos habían cruzado el "Yugo de los montes Pirineos", otra de las maneras con que identificar Ibañeta. El regreso se confirma que fue también por Pamplona, “la firmísima ciudad que fue destruida, subyugando a vascones hispanos y también a los navarros.” Los “Anales Mettenses Posteriores” (hasta el 903) determinaban también lo mismo, pero alteraban escandalosamente los motivos de la expedición de Carlomagno: “El rey, movido por los lamentos de los cristianos de Hispania que estaban bajo el yugo de los sarracenos, llevó un ejército a esta región. Él mismo llevó el fuerte contingente por Aquitania, cruzando los Pirineos y alcanzando la ciudad de Pamplona. Arrojados de Pamplona los sarracenos y derruidos los muros de la ciudad, subyugados los vascones hispanos y los navarros, regresó a Francia" (in Franciam reuertitur). Los "Anales Regios", anónimos, aunque falsamente atribuidos a Eginhardo, fueron escritos a los 50 años de los hechos: "Habiendo decidido volverse (a Francia), entró en los bosques del Pirineo (Pyrenei saltum ingressus est), desde cuyas cimas los vascones habían tendido una emboscada. Al atacar a la retaguardia (extremun agmen) se extiende el tumulto por todo el ejército, (totum exercitum magno tumultu perturbant), y aunque los francos eran superiores a los vascones, tanto en armamento como en valor, lo escarpado del terreno y la diferencia en el modo de combatir los hizo inferiores. En la lucha fueron muertos la mayoría de los paladines que el rey había puesto al frente de las fuerzas. La impedimenta fue saqueada. El enemigo desapareció rápidamente gracias al conocimiento del terreno". La impresión de Pierres Narbaitz, contra lo que otras fuentes querían dar a entender, es que el asalto fue de consecuencias muy graves “no sólo por el saqueo del botín, sino por ser una verdadera degollina, y esto es confesado al hablarse de la muerte de la mayoría de los paladines. Hasta los más escépticos deben de reconocer que la batalla no fue una escaramuza, sino una verdadera matanza, o tal vez un auténtico exterminio.” Las consecuencias pudieron ser mucho más graves de haberse producido el asalto directamente sobre la vanguardia y haber perecido el mismo rey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cronistas propiamente dichos arrancan con la figura principal de Eghinardo, el biógrafo de Carlomagno, cuyo relato “Vita Karoli Magni”, realizado 50 años después, es el más preciso y documentado: “Marchó a Hispania con todas las fuerzas disponibles, y salvados los montes Pirineos, logró la sumisión de todas las fortalezas y castillos que encontró. Al regreso, en la misma cima de los Pirineos, tuvo que experimentar la perfidia de los vascones cuando el ejército desfilaba en larga columna, como lo exigían las angosturas del lugar. Los vascones emboscados en el vértice de la montaña, descolgándose de lo alto, empujaron al barranco a la columna que escoltaba la impedimenta que cerraba la marcha, provocando que los hombres se precipitasen al valle situado más abajo, y trabando la lucha los mataron hasta el último. Después de lo cual, apoderándose del botín, protegidos por la noche que caía, se dispersaron con gran rapidez. Ayudó a los vascones no sólo la ligereza de su armamento, sino también la configuración del lugar en que la suerte se decidía. A los francos, tanto la pesadez de su armamento como el estar en un lugar más bajo, les hizo inferiores en todo momento. Entre otros muchos perecieron el senescal Egiardo, el conde de palacio Anselmo y Roldán, prefecto de la Marca de Bretaña. Este fracaso no pudo ser vengado, porque los enemigos se dispersaron de tal manera que ni siquiera quedó rastro del lugar donde podían hallarse.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El llamado Astrónomo Lemosín, biógrafo de Ludovico Pío, se alejó un poco más, 60 años. Fue impreciso con los motivos de la expedición a Zaragoza, pero exacto con los escenarios de la hondonada a su entrada en España. “Decidió atravesar los escarpados Pirineos, y con la ayuda de Cristo socorrer a la Iglesia que cruel yugo sarraceno. Había una montaña muy alta que casi toca el cielo; una montaña de escarpadas peñas, sombría por los tupidos bosques, tenebrosos y oscuros, y con estrechos senderos que entorpecen el paso tanto de un gran ejército como de un pequeño grupo. Carlomagno consiguió franquearla con la ayuda del cielo." El retorno tenía obviamente otros tintes bien distintos en el Astrónomo: “La gloria de la feliz hazaña fue gravemente mancillada por la fortuna pérfida. Terminados los asuntos que le habían llevado a España, después de la feliz marcha de retorno, surgió un contratiempo. Los hombres de la retaguardia fueron degollados en la montaña.” El llamado Poeta Sajón es el que más se alejó de los hechos, un siglo, limitándose a dar un resumen de lo que se conocía, y aunque excepcionalmente reveló lo que nadie había hecho, que el rey iba por delante y que había pasado los puertos cuando se produjo el asalto, hay que convenir que se trata de una referencia personal. "Habiendo penetrado (el rey) a su regreso en la profunda hondonada del Pirineo, cuando el ejército cansado atravesaba por los estrechos senderos, los vascones osaron poner asechanzas bajo el sumo vértice del monte. “Una abominable muchedumbre de ladrones victoriosos que arrebatan el inmenso botín, matando a varios ministros palatinos encargados de custodiar las riquezas. Enriquecidos por los óptimos despojos, los ladrones huyen por senderos inabordables en medio de los bosques del profundo valle que sólo ellos conocían. Se ponen a salvo gracias a la huida y a la noche que se echaba encima. No dejaron rastro y no hubo posibilidad de represalias.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo transcurrió y un pesado manto de silencio se cernió sobre el Pirineo. Llega el siglo XII y los monasterios, ávidos de historias que ensalzasen hazañas y gestas de monarcas en un tiempo que empezaba a salir de los oscuros siglos medievales, se las ingeniaron para crear canciones de gesta. La más conocida la urdió el monje normando Turoldus. Conocía anales y crónicas, pero además de ello es muy probable que hubiese estado en Roncesvalles y que diese cuenta de la historia que estaba urdiendo a los monjes riojanos de San Millán de la Cogolla. Allí debió de dejar el sucinto resumen de la “Nota Emilianense”. La concepción general de la obra experimentó notables diferencias y novedades. La más notoria es el traslado de los escenarios de Valcarlos al llano de Roncesvalles, reservando Ibañeta para la muerte heroica de Roldán. Menéndez Pidal sostenía que "el poeta tardío, los poetas que formaron la versión hoy conocida, no pudiendo concebir la batalla sino dentro de los patrones de la chanson de geste, no podían hacer morir a Roldán luchando en las angosturas de un camino y barranco montañero, sino en terreno abierto.” La partida de Carlomagno hacia Francia la ciñe el cantar de gesta a la mañana del 15 de agosto. El rey se pone en marcha. Poco antes había ordenado que permanecieran un tiempo en Roncesvalles, Roldán y los Pares –Li Quens Rollant y Li.XII.Per-: Gaifer, Genier, Gerín, Balduino, Anselmo, Ogier, Yvorio, Engelier, Yvón, Otón, Berengier, Reinaldos, Gautier del Hum, Olivier, Arzobispo Turpín, Salomón, Naimo, Hoel, Astor…, personajes reales unos, muertos efectivamente en aquella fecha, y ficticios otros, convertidos en héroes de otras canciones de gesta y cronicones. Turpín, por ejemplo, oscuro personaje del que se sabe que había sido monje de Saint Denis, llamado para ocupar la sede episcopal de Reims hacia el 753. Monje privilegiado que en el 774 consiguió favores de manos de Carlomagno. Se cree que murió hacia el 800, año de la coronación del emperador en Roma, pero no hay que descartar que muriese en Roncesvalles al frente de sus propias tropas. Su personalidad la usurpó el llamado Pseudo obispo Turpín, un clérigo que se ocultó tras su nombre para prestigiar uno de los cinco libros del "Codex Calixtinus", falsamente atribuido al Papa Calixto II. Otro de los personajes centrales, aunque ficticio, fue Olivier u Oliveros, el hombre prudente y juicioso que aconsejaba siempre a su buen amigo Roldán. Real fue el conde Roldán, aunque no faltaron quienes lo negaban o le concedían escasa relevancia en la órbita carolingia, pero es histórico que ocupó un cargo de alto prestigio sólo reservado a unos pocos, ser Prefecto de la Marca de Bretaña -Brittannici limitis praefectus, con el cometido de contener a los bretones que luchaban por su independencia frente al poder de los francos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amanece en Ibañeta. Llega el momento solemne de la despedida. El autor sabe que la tragedia sobrevino en la hondonada, pero lo calla. El rey exclama: "Señores barones. He ahí los puertos y los estrechos pasajes". Roldán le responde: “Permanecerán conmigo 20.000 animosos franceses. Cruzad vos los puertos con toda seguridad”. El relato prosigue: “Han quedado en España los Doce Pares, y con ellos 20.000 franceses que no conocen el miedo. El emperador retorna a Francia.” Roldán espera, y ya cuando la vanguardia había alcanzado los campos de St-Jean Pied de Port, el conde ordena a los suyos ponerse en marcha. El poema silencia la verdad de anales y crónicas, y opta por otra realidad. Alguien indica que por los campos de Roncesvalles cabalga el ejército sarraceno de Marsil. El paso a Francia queda interrumpido. Hay que combatir en campo abierto. La emboscada se troca en batalla y los vascones en sarracenos. La derrota es estrepitosa. Roldán, herido de muerte, se encarama a Ibañeta y suena el olifante para que lo oiga el rey. Lo consigue. El rey ordena tocar también sus olifantes. La vanguardia se dispone a retornar a Roncesvalles. Es todo lo que Turoldus es capaz de respetar de anales y crónicas. “Los franceses se arman con sus cotas, sus yelmos y sus espadas recamadas de oro. Tienen escudos bien labrados, largas y fuertes picas y gonfalones blancos, rojos y azules. Todos los barones del ejército cabalgan en sus corceles y clavan espuelas durante el paso de los desfiladeros.” El cantar vuelve a citar el duro paisaje de Valcarlos en los conocidos versos: “Altos son los montes y tenebrosas las quebradas. Sombrías las rocas y siniestras las gargantas. Los franceses las cruzan con grandes fatigas. Altas y tenebrosas son las cumbres, los valles profundos y torrenciales las aguas. Resuenan los clarines por todas partes. Responden juntos al olifante. El emperador cabalga irritado, y los franceses, pesarosos e iracundos. Ni uno solo deja de llorar y lamentarse. Ruegan a Dios que preserve a Roldán hasta que lleguen al campo de batalla todos juntos. Cabalga el rey Carlos lleno de enojo. Todos los barones de Francia clavan con fuerza las espuelas. Resuenan sesenta mil clarines, y tan alto que retumban las cumbres y responden las hondonadas. Carlos cabalga a la cabeza de su gran ejército.” La “Nota Emilianense” decía lo mismo: “At ubi exercitus portum de Sicera transiret, in Rozaballes a gentibus Sarrazenorum fut Rodlane occiso”. -Mientras el ejército atravesaba el puerto de Sicera, en Rozaballes los sarracenos acababan con Roldán-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del siglo XII era también la "Crónica Turpini", un relato entregado al ensalzamiento del emperador y cuyas principales escenas se basaban en el cantar de gesta, sin prescindir de percepciones legendaristas que tanto habrían de impresionar a los peregrinos jacobeos. La crónica figuraba en el libro IV del Codex Calixtinus con el título “Historia de Carlomagno y Roldán” (Historia Karoli Magni et Rotholandi), pero fue conocida más por “Crónica Turpini” o “Crónica del Pseudo Turpín”, atribuida al arzobispo Turpín con el fin de prestigiar un relato que de ningún otro modo habría podido llegar a leerse en monasterios, sedes episcopales y cortes reales. El anónimo autor se había hecho pasar por “el bienaventurado Turpín, arzobispo de Reims, mártir de Cristo”. Turpín, como negarlo, no presta apenas atención a hondonadas y desfiladeros, ni apenas hay elementos en él que recuerden los relatos del siglo IX. Comienza con los preparativos de la venida a España en Las Landas aquitanas. “Arnaldo de Belanda atravesó el primero los puertos de Cize y llegó a Pamplona.” El ejército reunido era tan numeroso que el “estruendo se oía a doce millas de distancia”. Ocho días emplearon en pasar el Pirineo, determinó. A aquella primera referencia sigue el retorno a Francia, que como en el cantar de gesta desarrolla en un lugar encumbrado con la despedida del rey, a quien escoltan 20.000 hombres, mientras en Roncesvalles habían de permanecer Roldán y los Pares. “Carlomagno, dando crédito a las palabras de Ganelón, determinó atravesar el Puerto Ciséreo y volver a la Galia. Entonces mandó a sus preferidos, a su sobrino Roldán, conde de Le Mans y de Blaye, y a Oliveros, conde de Gennes, que con los más nobles caballeros y veinte mil cristianos formasen la retaguardia en Roncesvalles, mientras el mismo Carlomagno atravesaba con los otros ejércitos los puertos.” Acontece el asalto de los emboscados, que Turpín concibe no como vascones, sino como sarracenos, miles de sarracenos que habían esperado dos días escondidos en los montes. “Salieron al amanecer de los bosques y collados”. El ataque, según él, dejó con vida a un centenar de francos que, atemorizados, se dispersaron por la hondonada, a los que finalmente logra reunir Roldán en un lugar encumbrado. En Ibañeta también tenía que haber pensando aquel monje anónimo. "Roldán empezó a atronar el espacio con los fuertes sonidos de su trompa por si se le reunían algunos cristianos, que por temor a los sarracenos se escondieron. Algunos atemorizados, por el bosque atravesaron los puertos". Cita entre estos últimos a cuatro Pares, dos ellos, Tedrico y Balduino. Es a éste a quien hace cabalgar apresurado en busca de Carlomagno. “Apareció Balduino en el caballo de Roldán. Volviendo atrás todos con enorme griterío de todo el ejército, fue Carlomagno el primero en descubrir a Roldán exánime.” La vanguardia se hallaba acampada en el Vallis Karoli, primera vez que una obra deslindaba el Puerto Ciséreo o de Sizer, es decir, el espacio general de Valcarlos del valle verde hoy francés que empieza en el pueblo fronterizo de Arnéguy. La “Kaiserchronik” del siglo XII también se refería al “Karlestal”, al “Vallis Karoli”, al Valcarlos al que acudieron 53.000 doncellas en ayuda de Carlomagno, que plantaron sus lanzas y que florecieron al día siguiente. Aymeric Picaud, en su “Liber Peregrinationis”, contemplando la hondonada desde Ibañeta, aportaba otro dato valioso: “Al norte está el Vallis Caroli en el que se hospedó Carlomagno con sus ejércitos cuando los guerreros fueron muertos en Roncesvalles. Por él pasan muchos peregrinos que van Santiago y no quieren subir el monte&lt;/strong&gt;.” &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-197239993184213120?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/197239993184213120/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=197239993184213120' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/197239993184213120'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/197239993184213120'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/la-emboscada-carolingia-fue-en-el-alto.html' title='La emboscada carolingia fue en el alto Valcarlos'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-1447494167761577359</id><published>2009-03-09T17:39:00.000+01:00</published><updated>2009-03-24T13:09:26.984+01:00</updated><title type='text'>Valcarlos. Por donde subían los peregrinos</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbgs6dmixNI/AAAAAAAAMXQ/3hZcJtewoww/s1600-h/image006.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312045143373825234" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 271px; TEXT-ALIGN: center" alt="Villa de Valcarlos en el descenso del Pirineo hacia Francia" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbgs6dmixNI/AAAAAAAAMXQ/3hZcJtewoww/s400/image006.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Valcarlos-Luzaide es uno de los municipios navarros que forman parte de la vertiente norte del Pirineo, al igual que los de la antigua Basaburúa Menor y del valle de Baztán. Su número de orden municipal es el 248, y se encuadra en el partido judicial de Aoiz y en la merindad de Sangüesa. La población es de 460 personas, que se reparten entre la villa-capital y los alderris o viejas agrupaciones de caseríos, Azoleta, Gaindola, Gainecoleta, Pecocheta y Elizalde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valcarlos no es valle propiamente dicho como lo es Esteríbar en el camino de Pamplona, sino gran barranco, hondonada o desfiladero que se abre paso entre montes, desde el cerro axial que corona el monolito de Roldán en el collado de Ibañeta hasta el lugar fronterizo de Pecocheta. 18 kilómetros de continuo y sinuoso descenso de la N-135, que suponen un desnivel de 812 metros. Cuatro son las unidades físicas del municipio: la parte más alta e inhóspita que media entre Ibañeta y la entrada del desfiladero, el desfiladero que concluye en el viejo albergue de La Reclusa, y el entorno más apacible en el que ha prosperado la vida del municipio, enmarcado entre el lugar de Gainecoleta, la villa de Valcarlos y Arnéguy, pueblecito francés que encabeza el verde valle que se extiende hasta las inmediaciones de St-Jean Pied de Port.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Valcarlos no sólo ha de recordarse por el escenario del descalabro del ejército de Carlomagno que describieron anales y crónicas del siglo IX, o por las referencias de la “Chanson de Roland”. También por otros hechos de trascendencia histórica, como la entrada de los Bárbaros a principios del siglo V -vándalos, suevos y alanos-, que habrían de asolar la península ibérica. Imparables se encaminaron hacia el sur continental tras haber cruzado el Rin congelado en el 407. Primero fue la Galia y luego la península, pero no podían imaginar que tuviesen que esperar casi dos años para lograrlo, incapaces de romper la férrea defensa que en varios puntos de Valcarlos mantenían las gentes de Pamplona, los hermanos Dídimo y Veriniano al frente de sus siervos. Pudieron hacerlo finalmente, pero porque tropas romanas usurpadoras al mando de Constancio, que habían accedido al Pirineo de Roncesvalles desde el interior de Hispania, los sorprendieron por la espalda, lo que ponía de manifiesto claramente que la vertiente entre Ibañeta y el enclave de Roncesvalles no admitía defensa alguna. Nunca pudo ser tampoco lugar de la emboscada contra la retaguardia carolingia, ni tampoco la del año 824 que tendieron vascones y musulmanes del Ebro al ejército enviado a Pamplona por Ludovico Pío. Los escenarios eran los mismos de Valcarlos por inconcebible que resulte que aquella gente no hubiese aprendido de lo acaecido unos años antes. Pero también Valcarlos se reveló contra los propios navarros, aunque fuese indirectamente. A punto estuvo de perder el reino de Pamplona Sancho Garcés II Abarca (s. X), cuando hallándose a la sazón en tierras norpirenaicas una inesperada nevada complicó la ascensión del puerto de Ibañeta. "El tiempo y calidad del año parecía haber conspirado con el designio de los moros, arrojando una desmedida y muy extraordinaria copia de nieve de que miraban cubiertas todas las montañas que a no mucha distancia en torno la coronan…, cayendo muchos en los profundos barrancos disimulados", refirió José de Moret.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgtKXrnM0I/AAAAAAAAMXY/8o-LGl2keZE/s1600-h/image008.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 140px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgtKXrnM0I/AAAAAAAAMXY/8o-LGl2keZE/s200/image008.jpg" border="0" alt="Desfiladero de Valcarlos visto desde Ibañeta"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312045416662381378" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Valcarlos protagonista, Valcarlos causante de emboscadas, pero envuelto en oscuridad durante gran parte de la Edad Media. Las referencias literarias o documentales unas veces parecían aclarar su identidad y otras envolverlo en la confusión más flagrante. Los designios de unos no coincidían con los de otros. Se repetía la misma falta de concreción con las fábricas asistenciales de Roncesvalles. La impresión es que no se hablaba de territorios, sino de ámbitos indeterminados que se disputaban monasterios y diócesis y que aparecían dibujados entre pinceladas legendaristas. Las bulas pontificias, lejanas y distantes, disponían a su antojo demarcaciones y jurisdicciones, chocando a menudo con los dueños y señores de las comarcas, que parecía que no existían. La oscuridad medieval no acababa de despejarse. Los peregrinos, que a duras penas cruzaban el Pirineo, dudaban por qué caminos proseguir la marcha navarra a Santiago. Los territorios además no se ceñían a unos límites concretos. Había veces en que la documentación mencionaba que la “Tierra de Cisa” francesa concluía donde la parroquia de San Juan de Irauzqueta -célula de la villa de Valcarlos- y otras en la “Crux Caroli” de Ibañeta en que se convirtió la más famosa de las cruces diocesanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valcarlos hasta mediados del siglo XIV era tierra desolada, sin pueblos ni gentes. “Salen de los puertos de Sizer y de la tierra yerma. Atraviesan las montañas y las rocas tan altas que rodean los profundos y estrechos pasajes”, decían los versos de la “Chanson de Roland”. He ahí la exacta definición de lo que era el espacio de Valcarlos entonces hasta que se tiene noticia de una primera comunidad vecinal, Irauzqueta, tardía sin duda, pero porque nada podía haberse establecido en medio de parajes inseguros que cruzaban periódicamente pueblos y ejércitos, cuyos desmanes perduraron hasta finales del siglo XVIII con la entrada de las tropas de la Convención Francesa. “Los habitantes de Valcarlos vivían en un estadio económico primitivo, dedicados a la ganadería y cosechando frutos naturales hasta principios del siglo XIV”, anotó Jimeno Jurío. La primera obligación fue pagar los diezmos del ganado a la recién fundada parroquia. Luego, cuando llegaron los cultivos, hubieron de pagarlos por “las tierras recién roturadas y por otros predios sitos en el valle, que de poco tiempo acá han sido puestos en cultivo”, acredita un documento de 1333. Y si no había gentes, no había topónimos. Valcarlos, perdido entre montañas y bosques, seguía siendo considerado parte del genérico y ambiguo saltus vascón. Los romanos no le prestaron ninguna atención en el siglo I a.d.C., cuando determinan que la ruta para cruzar el Pirineo las legiones habría de trazarse por los montes del macizo que preside Orzanzurieta. Anales y crónicas del siglo IX no aportaban más que el asalto a la retaguardia carolingia había acontecido en el “Pirineo de los Vascones”, que obviamente hay que ceñir a Valcarlos. Incluso en el siglo XI seguía sin aparecer ningún topónimo representativo, aun teniéndose constancia de que el territorio formaba parte de los dominios del conde Sancho Sánchez de Erro, cuyos límites septentrionales se habían fijado en Mocossalia, en el valle de Arnéguy, y que aún perduraban en el mismo sitio en un documento de 1406 del rey Carlos III: “Hasta el Portiello de Mont Conseill que se clama Arrataqua", entonces pórtico del Pays de Cise, uno de los siete de la que fue “Tierra de Ultrapuertos" de Navarra que el rey de España Carlos I abandonó a su suerte alegando no poder defenderla. Mocossalia tenía la particularidad de haber podido ser seguramente el lugar elegido por el rey para esperar a la retaguardia que nunca llegó: “Carlomagno permanecía con su ejército mientras morían sus guerreros en Roncesvalles”, aclaraba el Pseudo Turpín, que situaba a una distancia de ”ocho millas hacia Gascuña", la distancia desde la que pudo oírse el olifante de Roldán merced a la intercesión milagrosa. "La llamada llegó conducida por los ángeles hasta oídos de Carlos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgtZT4N2_I/AAAAAAAAMXg/hIM0j4JO0oM/s1600-h/image010.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 106px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbgtZT4N2_I/AAAAAAAAMXg/hIM0j4JO0oM/s200/image010.jpg" border="0" alt="Valcarlos"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312045673339542514" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;No podían considerarse topónimos los que aparecían en poemas épicos y demás cronicones del siglo XI en adelante, en tanto que meras traslaciones originarias de la comarca francesa. Ni Sizera en la “Nota Emilianense”, ni luego Sizer en la “Chanson de Roland”, ni finalmente Ciserei en la “Crónica Turpini”. El primero y definitivo surgió en un magno relato alemán del siglo XII, la “Kaiserchronik”, escrito “Karlestal” (Valle de Carlos), que habría de pasar al latín como “Vallis Caroli” en la “Crónica de Turpín”. Topónimo que en todo caso el espacio que acotaba no era exactamente el de la depresión que se forma al pie del collado de Ibañeta ni tampoco el que el del desfiladero de La Reclusa, sino el espacio entre la embocadura septentrional y los verdes campos de La Nive de Arnéguy. En 1406 se menciona un “Baill Karles” en documentos del rey Carlos III. Los eruditos canónigos bayonenses Dubarat y Daranatz eran del parecer que “el nombre de Vallis Caroli le fue dado al valle porque conducía a la Croix de Charles” de Ibañeta, deducción que rechazó con razón Jimeno Jurío alegando que “el nombre provenía de la tradición constante que sostenía el paso histórico de Carlomagno por el valle”. No. El topónimo parece obvio que es de origen alemán, lo que no impide que fuesen los peregrinos los introductores en Navarra, como creía el romanista Joseph Bedier, y que posteriormente lo recogiesen los monjes de Roncesvalles, supuso Arturo Campión, que fue más allá al sostener que aunque “el nombre de Valcarlos no suene hasta el siglo XII, el silencio nada prueba de su existencia anterior. Valcarlos se difundió a lo lejos en alas de la fama poética, pero comenzó siendo un nombre local muy humilde”. No es factible su existencia anterior, ni parece tampoco que lo sea otro de raíz euskérica, Luzaide, hoy instituido cooficial del municipio. “Valcarlos no se llama Valcarlos, sino Luzaide. Los valcarlinos con quienes he consultado el caso me dicen que cerca de la villa existe un monte que lleva el nombre de Luzaide.” Como Luçayde data desde 1313. Su significado real tiene que estar relacionado con el fenómeno característico de los desfiladeros, las fuertes turbulencias del aire que se forman. Ni montes ni poblaciones pueden ser artífices de esa clase de topónimos, pero si caben las transposiciones, tan frecuentes en Navarra. Parece indiscutible que el Luzaide euskérico es lo mismo que “aire angosto o viento de angosturas”; es decir, las “ateas” que José María Iribarren definió como "gargantas o estrechuras de un valle", y es sabido además que “los nombres de lugar en vasco aludían casi siempre a caracteres o rasgos físicos naturales, que eran sobre todo descriptivos”, recalcó en más de una ocasión Julio Caro Baroja. Si ese topónimo lo hicieron extensible los vecinos a todo el territorio, antes era preciso que estuviese habitado, y cuando lo estuvo el primigenio parece indiscutible que fue Irauzqueta, es decir, "lugar de vecinos del pueblo” o “sitio de reunión vecinal". Comunidad originada a mediados del siglo XIII con los moradores de los primeros caseríos desperdigados por los montes, único modo de mantenerse alejados de los riesgos que entrañaba la proximidad a una ruta tan transitada desde la antigüedad. El aislamiento perduraría hasta que la gente iba disipando los temores viendo el tránsito creciente de los peregrinos jacobeos en ambos sentidos, lo que habría de determinar que hombres y mujeres acordasen reunirse a la vera del camino de Santiago. Así surgió Irauzqueta, que pronto se constituyó en parroquia de San Juan de Irauzqueta, cuya advocación pasó luego a la del Santiago Apóstol. No tardaron otros en sumarse, provenientes de las comarcas francesas, que se instalaron en una nueva barriada, en Elizalde, que significa “al lado de la iglesia” y que hoy constituye el núcleo central de la villa-capital de Valcarlos. Caro Baroja apuntaba: “La antigua villa rústica o urbana, con la anexión de la iglesia, adquiere un rasgo distintivo que le hace ya parecerse mucho en su estructura a la más moderna aldea.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbgtoe_FY1I/AAAAAAAAMXo/eniETm-77pg/s1600-h/image012.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 133px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbgtoe_FY1I/AAAAAAAAMXo/eniETm-77pg/s200/image012.jpg" border="0" alt="Hondonada de Valcarlos desde Lindux"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312045934019175250" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Carlomagno y Roldán descendieron de Ibañeta hacia Valcarlos siguiendo el camino antiguo, cuyo estado apenas podía permitir el paso a un ejército de la magnitud del carolingio. Los relatos dejaron constancia de ello. “El rey, con la ayuda de Cristo, consiguió abrirse paso” (Crónica Turpini). “Abrió el camino con hachas, piquetas, azadas y otras herramientas cuando al frente de sus ejércitos se dirigía a España” (Aymeric Picaud). ¿Qué camino tomaron vanguardia y retaguardia? Desde finales del siglo XIX, el acceso a Valcarlos desde Ibañeta es por carretera, por la NA-135, cuyo trazado circundaba por la derecha el cerro del monolito de Roldán. Hoy lo hace por el opuesto, dejando a la derecha la capilla de San Salvador. El camino genuino en el siglo VIII atravesaba el collado por el solar en el que se alza la moderna capilla, y ya se sabe que el emplazamiento actual de la fábrica no coincidía con el antiguo o antiguos. Vestigios del trazado quedan en el arranque de la vertiente de Valcarlos, aunque sea en forma de surco excavado por las aguas de escorrentía. No es el único que se interna en el alto Valcarlos. Otro ancho y bien formado avanza por la parte oriental, adosado a la ladera del Astobiscar. No es camino histórico, ni tampoco pudo ser utilizado por los carolingios. Aunque poco visitado, desde él se contemplan las mejores perspectivas de Ibañeta y del monte Guirizu. El camino concluye al cabo de un kilómetro al borde del Undarzano, el barranco más espeluznante de los que penetran en Valcarlos, aun hoy intransitable, cuyo alejamiento le reserva escaso papel en los hechos del 778. El camino que siguieron las tropas carolingias, y luego los peregrinos, desciende describiendo un arco por la ladera del Guirizu, al borde del "subjecta vallem" de anales y crónicas. Atrás se dibuja la silueta de la capilla de San Salvador enmarcada entre hayas aisladas. La piedra en homenaje a Roldán aparece solitaria en lo alto del cerro. En el camino, las señales amarillas, pintadas a un lado y a otro, marcan el recorrido jacobeo. Hay tramos muy deteriorados por las aguas de las lluvia y la nieve. Como negar que no empezaron siendo rodelas de llantas de carros de arrieros. La ladera subvertical del Guirizu se muestra desafiante con su peligrosidad manifiesta. Los días de viento encalmado trae a las mientes el silencio secular, que sólo rompe el estruendo sordo de los arroyos que empiezan a formar el río Valcarlos. Herboso, térreo, acarcavado o desdibujado por la hojarasca, ancho como para un carro de antaño, el camino tiene que ser el mismo que descubrió Aymeric Picaud desde Ibañeta: “Por ese camino pasan muchos peregrinos que no quieren cruzar el monte”, y “el monte” era el alto itinerario de la vía romana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El trazado genuino concluye en el Guardiano, el caserío que se sitúa a la misma altitud que Roncesvalles. Es el último caserío de Valcarlos, solitario y aislado sobre un altozano que se asoma a la hondonada y que aún conserva su antiguo nombre relacionado con la actividad de quien cuidaba el monte. Su magnífica ubicación permite ser divisado desde las montañas cual mancha blanca que resalta entre el verdinegro del paisaje, razón de que las guías jacobeas lo hayan elegido como punto de referencia. Es muy probable que en su solar o en las inmediaciones estuviese el último de los ocho hospitales de peregrinos que conoció Valcarlos. "Cierta casa u hospital situada y puesta en el lugar llamado Gorosgaray", que los monjes de Roncesvalles compraron a los de Leyre en 1279. Camino viejo y carretera se encuentran en el caserío, y en él también se separan, pero mientras el asfalto prosigue el descenso hacia Francia por parajes más accesibles a base de curvas a derecha e izquierda, el jacobeo se interna directamente hacia el corazón de Valcarlos entre los hayedos, en medio de una fuerte pendiente que hace agotadora la ascensión. Los días de lluvia se hace intransitable por falta de la cobertera vegetal que impide la umbría del bosque. El sabor de la ruta genuina se pierde, pero aumenta el sobrecogimiento del entorno de silencio. Las depresiones se abren a los lados. El caminante precisa en todo momento la ayuda de las marcas en los árboles para no correr los riesgos de extravíos por la proliferación de senderos forestales, que ya admitía Arturo Campión en su visita de 1880: "Yo recorrí Valcarlos antes de la construcción de la carretera, y había varias sendas que serpenteaban por el desfiladero, atestiguando ser ése paraje de mucho tránsito".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbgt2uHomuI/AAAAAAAAMXw/PfbYjLSqxVk/s1600-h/image014.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 104px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbgt2uHomuI/AAAAAAAAMXw/PfbYjLSqxVk/s200/image014.jpg" border="0" alt="Valcarlos desde Urdanarri, monte francés"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312046178599738082" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Algunos peregrinos, porque empiezan a caminar apesadumbrados por la soledad y el silencio, terminan claudicando, y tan pronto como tienen ocasión optan por incorporarse al asfalto por cualquier atajo, siempre más reconfortante y seguro cuando se ha perdido la confianza en tantas cosas. El trazado que hoy consta como jacobeo se muestra espléndido. Unos cientos de metros por debajo del caserío Guardiano se alcanza un lóbrego paraje, "Erdikobizcar", es decir, “brazo del monte en medio”, pequeño y alargado, erizado de peñascos musgosos entre los que se retuercen algunas hayas y que rodean dos arroyos que pasan con estrépito. El estrechamiento del espacio es mayor, la desorientación aumenta y la potencia del bosque atlántico se percibe claramente. A la oscuridad vuelve la luz en un claro que permite distinguir las laderas que enmarcan el valle. Los picos asoman recortándose contra el cielo. Otro momento trascendente está a punto de llegar en una inesperada encrucijada que forman cuatro caminos abiertos en los afloramientos del Ordovícico, esas rocas cuarteadas y de tonos ocreoxidados, menos oscuras y más frágiles que los esquistos devónicos. Cada uno de los trazados parte en una dirección. Uno lo hace a la izquierda en dirección al arroyo Zubibeltz o "puente negro", que recoge aguas del circo de montes que preside el Lindux y que desciende muy encajonado entre el promontorio de Erdikobizcar y la carretera que pasa por encima. Una pasarela permite cruzar el cauce, tras el cual se accede enseguida a la carretera por el mojón kilométrico 56. Algunos peregrinos se incorporan al camino en ese punto, mientras otros lo abandonan indecisos por las razones antes apuntadas. Es probable que el trazado antiguo viniera también en esa dirección; indicios hay de que en las inmediaciones se ubicaba otro de los hospitales perdidos de Valcarlos. “Cierta casa u hospital situada y puesto en el lugar llamado Gorosgaray”, que los monjes de Roncesvalles compraron en 1279 a los de Leire. Pero si de trascendencia se trata, la encrucijada es lugar para hallarla. En ese paraje, aparentemente insignificante, los peregrinos divisaban por primera vez la silueta negra y esperanzada del collado de Ibañeta, el arco perfecto que cuelga del Astobizcar y Guirizu, la ansiada meta que los dejaba a las puertas de las tierras peninsulares. Esa era la visión que ha de corresponder exactamente al "excellentissimus mons quod dicitur portus Cisere" que refirió Picaud sin llegar a saber nunca qué monte era ése. Y lo conocía bien: el collado de Ibañeta. Campión captó esa visión desde Valcarlos: "La colina de Ibañeta, vista desde algunas hondonadas de la canal de Valcarlos forma como una de las cúspides del Pirineo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbguInPgIeI/AAAAAAAAMX4/T7aBfF7oX0k/s1600-h/image018.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 124px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbguInPgIeI/AAAAAAAAMX4/T7aBfF7oX0k/s200/image018.jpg" border="0" alt="Valcarlos bajo la niebla"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312046485991334370" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El camino jacobeo prosigue en dirección hacia lo más hondo del valle. Lo hace entre tramos con visos de antiguo y reciente. Los afloramientos ordovícicos son constantes. La senda gana la luz en otro claro del bosque, un recoleto prado rodeado de castaños perdidos entre las hayas. Es uno de los principales parajes de Valcarlos. Dos arroyos confluyen con estrépito. Uno desciende del barranco Undarzano y el otro de Ibañeta. El lugar se conoce por Zabaleta, es decir, “lugar ancho”, un rellano entre montes que cautiva por su sabor pastoril. Asoma una vieja casona de piedra, hoy convertida en borda pero con trazas de haber sido otra su misión. Tal vez se trate del ilocalizable hospital del "Caballo Blanco". Zabaleta es la antesala del gran desfiladero, cuya cercanía se presiente. Los arroyos y los caminos van juntándose; también la carretera, obligada a mantener su anchura abriendo un tajo en el roquedo que se desmorona sin cesar. Las laderas caen a pico hasta casi tocarse en el agua. Las hayas a duras penas logran mantenerse enhiestas. Las más viejas, tronchadas y carcomidas, crean fantasmagóricas figuras zoomorfas. Fauces, cuellos y cuerpos corpulentos. El entorno se amolda magníficamente a los versos de la "Canción de Roldán", que parecen pensados para Casticharra, un espectacular despeñadero de afiladas rocas enhiestas a punto de desmoronarse. Desde la carretera se observa que ese podía ser también emplazamiento idóneo para que los vascones cortasen el paso a los soldados de la retaguardia que querían cruzar al llano de Francia. "Altas son las cimas. El valle es tenebroso. Grises las rocas. Estrechos los pasajes. Altas son las cimas y los árboles. El valle es profundo, estrecho y angustioso". El lugar coincide con el km. 57, que el caminante que baja de Ibañeta ahora está obligado a tomar. Ha de cruzar un puente de un solo ojo, con baranda de hierro, por el que pasa el arroyo Zubibeltz, que enseguida se une al que proviene de Zabaleta. O antes se ha estudiado bien la disposición topográfica en un mapa o es imposible comprender el entorno. El río Valcarlos empieza a formarse. En la embocadura de la foz se halla una central eléctrica. Es la casona Chirrisquin que asoma entre los árboles cual gigantesca roca. Se oye el amenazador ruido de las turbinas eléctricas, que mueve el agua que cae desde lo alto del monte por las gruesas tuberías de presión. Valcarlos ya no es bosque, sino angosta foz que se esfuerzan por cruzar río y carretera. En medio, en la ladera, a unos metros del arroyo, se halla la borda Olaberri con su redil que acoge a los rebaños de ovejas lachas. Es el km. 59. Más adelante concluye el desfiladero y aparece la casona de La Reclusa, la más histórica del valle, también antiguo hospital, cuya fama se reconocía en el siglo XIV por el rey Carlos II, “por prestar ayuda y socorro a los peregrinos y viandantes que por aquel yermo van y vienen.” Al pie, en lo más hondo, a la vera del agua, se hallan las casas de Gañecoleta, acurrucadas bajo los roquedos rojizos ya franceses, otro promontorio desde el que desencadenar una emboscada. El paraje se llama Chapitel. En él desemboca otro arroyo que baja del circo del Lauriñak. Es el km. 60. La carretera salva las pendientes por un puente de factura reciente; el viejo, de hierro, aparece cubierto por peñascos desprendidos. Ya se distinguen las casas de la villa de Valcarlos, pero no hay paisaje en lontananza hacia Francia. La N-135 se hace calle principal. A los lados se alinean casas y tiendas, que venden productos típicos en lugares fronterizos, aperos de labranza, botas de vino, hachas, cencerros…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbguXRVTgwI/AAAAAAAAMYA/OAahZJpKPDk/s1600-h/image022.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 128px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbguXRVTgwI/AAAAAAAAMYA/OAahZJpKPDk/s200/image022.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312046737808130818" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Desde la casa-ayuntamiento a altitud más baja (325 m) se distingue el “Hameau d’Ondarolle, el caserío de Ondarolle, un “quartier” o “foubourg” dependiente de la “commune” de Arnéguy, que se halla a muy corta distancia siguiendo la “départamentale” número 12, que asciende espectacularmente hasta los pastizales de Elhursaro, donde la batalla del Château-Pignon. Cuando la ocupación de Francia por las tropas hitlerianas, Ondarolle quedó en zona libre por su unión histórica a Valcarlos. Sus habitantes dependen eclesiásticamente de la diócesis de Pamplona y asisten a misa a la iglesia de Valcarlos. También el cementerio, aunque francés, ha de regirse desde la villa-capital. Valcarlos concluye al cabo de la última casa de Pecocheta (245 m. de altitud), a la vera del río La Nive, al otro lado del cual empieza Arnéguy, pueblecito de 286 habitantes perteneciente al cantón de St-Jean Pied de Port. Arnéguy es nombre que alude a algún afamado coto truchero. Su iglesia es de mediados del siglo XVII, cuando se constituyó en parroquia tras independizarse de la de Valcarlos. Sus casas son mucho más recientes y su única calle coincide con la “départamentale 933” (D.933), que se dirige hacia la capital de Basse-Navarre entre praderas de forraje cercadas por alambradas y setos y caminos que parten por las laderas en busca de caseríos y bordas. El valle de Arnéguy era realmente el "Vallis Karoli" mencionado por el Pseudo Turpín y Aimeric Picaud, en el que había acampado Carlomagno cuando le llegó la noticia de que sus “guerreros morían en Roncesvalles". Hasta ese lugar llegaron las 56.000 doncellas que habían acudido en ayuda del rey, que después de clavar sus lanzas en los campos, amanecieron floridas. Lo había señalado la “Kaiserchronik”. El valle lo recorre el Nive, nombre singular de la comarca francesa para referirse a los cursos de aguas rápidas, los torrentes, que acaban fundiéndose en uno, en el “Grand Nive”, en un paraje llamado “Les Trois Eaux”, las tres aguas, que finalmente van a parar al Adour. &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/228347829233427411-1447494167761577359?l=roncesval.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://roncesval.blogspot.com/feeds/1447494167761577359/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=228347829233427411&amp;postID=1447494167761577359' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/1447494167761577359'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/228347829233427411/posts/default/1447494167761577359'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://roncesval.blogspot.com/2009/03/valcarlos-por-donde-subian-los.html' title='Valcarlos. Por donde subían los peregrinos'/><author><name>Carlos Viñas-Valle</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/-Wp82w-i-aCU/TncTrvTuuQI/AAAAAAAAA1o/VEh3j-IJALo/s220/lafotoss.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/Sbgs6dmixNI/AAAAAAAAMXQ/3hZcJtewoww/s72-c/image006.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-228347829233427411.post-4446754829015818204</id><published>2009-03-09T16:21:00.000+01:00</published><updated>2009-03-24T13:09:26.984+01:00</updated><title type='text'>Entre collados. De Ibañeta a Lepoeder</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbbddkhP1sI/AAAAAAAAMSg/RuDHCOShWnI/s1600-h/02_06_Macizo_Astobizcar.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 269px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbbddkhP1sI/AAAAAAAAMSg/RuDHCOShWnI/s400/02_06_Macizo_Astobizcar.jpg" border="0" alt="Macizo Astobizcar por donde fue trazada la vía romana Iter XXXIV"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311676310619150018" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Roncesvalles, fue vía romana, hoy sepultada en la mayor parte del trayecto por una estrecha carretera de cinco kilómetros que se convierten en siete hasta su conclusión en la cima del Orzanzurieta. La ruta que fue primigenia jacobea, desde los días de su construcción en el siglo I a.d.C. debió de pesar sobre ella alguna suerte de prohibición, tal vez por ser de estricto uso militar, una de las razones de por qué pudo acabar convirtiéndose en desconocida, en camino muerto que sólo frecuentaban pastores y rebaños, hasta hoy en que los peregrinos de los Xacobeos la han descubierto a través de la lectura de Aymeric Picaud. Los bárbaros parece descartado que accediesen por ella, o nunca los pamploneses los hubiesen contenido; por lo mismo, tampoco los vascones habrían podido contener al ejército de Carlomagno en unos montes sin condiciones apropiadas para desencadenar un asalto emboscado sobre tantos hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Conocía Carlomagno el camino de Lepoeder? No parece factible. Los cronistas nada refirieron de marchas por las alturas; la "Canción de Roldán" tampoco, salvo vagas alusiones a unos "Porz de Aspre" tildados negativamente como "puertos ásperos", que según Jimeno Jurío deben de corresponder a la subida de Ibañeta a Lepoeder: "Aspre debió provocar en el poeta la aplicación del adjetivo 'asper' (esp.: áspero, fr.: apre, ita.: apro), como topónimo de las montañas (1). En la "Gran Enciclopedia Larousse" (2) figura también un "Aspres" en la comarca del Rosellón con que aludir a "unas colinas pedregosas, áridas, en particular entre el Tet y Tec" y un "Aspromonte", cantar de gesta francés, vinculado con el macizo italiano del mismo nombre, en el que "se narran algunas de las hazañas de Roldán en sus mocedades".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbfwvB9OXaI/AAAAAAAAMWw/ZG4V8Vv7veA/s1600-h/14_02.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 237px; height: 353px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbfwvB9OXaI/AAAAAAAAMWw/ZG4V8Vv7veA/s400/14_02.jpg" border="0" alt="Camino de subida a Lepoeder"id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311978976276536738" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A unos pasos de un búnker aledaño a la estela de la Virgen arranca el camino de Lepoeder, todavía con vestigios de ruedas de carros de los últimos arrieros en utilizar esa vía de comunicación con Francia. Otros senderos menores, apenas distinguibles entre helechales, parecen dirigirse a Quinto Real y a los barrancos de Roncesvalles y Valcarlos. Es sorprendente como en determinadas encrucijadas naturales se pone de manifiesto el afán del hombre por abrir caminos, unas veces por alcorzar sólo unos metros, otras para rebajar la pendiente para algún tipo de cargamento. Pero el genuino que emprende la subida al puerto pronto es engullido por el asfalto, salvándose únicamente el modesto sendero G.R., que despreocupado de pendientes, curvas y hondonadas, cumple su propósito de remontar los lomos de la divisoria axial. A menos de un kilómetro, donde la primera de las cerradas curvas del recorrido, hay ocasión de contemplar paisaje histórico y legendario, Ibañeta y Roncesvalles por primera y única vez desde un apacible prado, un calvero entre el hayedo, que preside un búnker revestido de tupido musgo, que semeja la figura antropomórfica de uno de aquellos pastores de antaño que cubrían cabeza y hombros con kapusais, rudimentarias capas de pelo de cabra tan apropiadas para el frío y la lluvia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El momento es apropiado, también, para recordar los versos de la canción de gesta que aluden a un prado volcado hacia España que acabó teñido de sangre bermeja, la de Roldán. El héroe seguramente expiró en el collado de la capilla, según la idea más extendida entre los eruditos, lo que no quita para que su larga agonía empezara en otra parte, un prado como el del búnker antropomórfico. Desde el punto de vista de la "chanson", Roldán fue herido en uno de los primeros combates librados a pie de puerto, tras lo cual retornó al punto de partida, seguramente Ibañeta, y acuciado por la ventura que corría su gente se encaramó a un alto desde el que divisar el campo de la lucha. Comprendiendo entonces que no había salvación optó por cambiar de vertiente y asomarse a Valcarlos, desde el camino a Lindux o desde cualquier altozano de la vía romana, con el propósito firme de hacer sonar el olifante que alertase a la columna de vanguardia. Carlomagno oye la llamada y acudirá presuroso. "A Rencesvals ha vuelto Carlos" -"En Rencesvals en est Carles venuz"-, dirá el poema, pero no lo halla en el fastigio del puerto, sino tendido en otro sitio vecino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Monte arriba, a la vera de la carretera, entre "matas de plantas aromáticas y humildes florecillas de camamila, de acónito y de digital", las bellas dedaleras que constató Iturralde y Suit en su apasionada ascensión al Astobizcar a primeros de siglo XX, en un tiempo en que los intelectuales navarros empezaban a descubrir el paisaje navarro, dos nuevos búnkers surgen vigilantes, estratégicamente ubicados. ¿Tantos eran los peligros que se temían de Francia? Pascual Madoz, mucho antes de que se construyesen, había recomendado "aumentar obstáculos estables, que hiciesen intransitable el paso de los Pirineos". Cercano a los mismos otro solitario prado concita la atención por dos anchurosos caminos que parten en direcciones opuestas; uno, con trazas de reciente, lo hace entre tojales hacia alguna majada del vallecito Arrañosin; el otro, de unos cien metros a lo sumo, marcha paralelo al asfalto entre haces de juncos, y aunque muy deteriorado por las aguas de lluvia, tiene la impronta de ser camino viejo, vía romana que vuelve a interrumpir bruscamente otra cerrada curva que circunda un roquedo grisáceo muy cuarteado, espléndido balcón del alto Valcarlos y del monte Guirizu, uno de esos parajes que coinciden con la ubicación que reservó Moret para los vascones acechantes: "Dexáronle pasar los nabarros y empeñarse bien adentro de la quebrada, donde dificultosamente podría revolver (el rey) para socorrer a su retaguardia acometida".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbfxIz7du6I/AAAAAAAAMW4/pvQEOTUIt2o/s1600-h/14_03.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 214px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbfxIz7du6I/AAAAAAAAMW4/pvQEOTUIt2o/s320/14_03.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311979419187657634" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La canción de gesta no cesa de aludir a puntos sobresalientes a los que acuden varios personajes, primero el caballero Walter del Hum con la misión de vigilar con mil hombres -"milie Frans de France"- el tránsito de Carlomagno por el desfiladero, hasta que de pronto alguien anuncia: "¡Los paganos cabalgan por los inmensos valles!". Oliveros decide comprobarlo por sí mismo desde un alto desde el que se veía la llanada, y convencido del peligro que se cernía, deja el paraje y se va al encuentro de Roldán, al que sugiere: "Haced sonar vuestro olifante". La escena se completa en el relato de Turpín, que desvela que el héroe, no dando crédito a lo que le comunican, "subió a un monte, y viendo que eran muchos, volvió atrás por el camino de Roncesvalles, por donde iban los que deseaban atravesar el puerto", pero no llamó al rey todavía, sino que decidido se lanza a la lucha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbfxUsvCsFI/AAAAAAAAMXA/lGFJDZSE4rw/s1600-h/14_04.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 216px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_UC5PerfpJxA/SbfxUsvCsFI/AAAAAAAAMXA/lGFJDZSE4rw/s320/14_04.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311979623414935634" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Próximo al peñón espera otro trecho del camino antiguo, que se interna por un hayedo de descarnadas raíces, muy estropeado e invadido por piedras desprendidas de la construcción de la carretera, pero herboso y firme cuando sale a la luz en los aledaños del "collado de la subida", Igalepo, antiguo asentamiento de bordas pastoriles, axial, medianero entre el barranco de Arrañosin y el Undarzano, uno de los más inaccesibles de Valcarlos, por donde sube con fuerza el viento "encajonado desde el fondo de la cordillera", apuntó Iturralde, culpable de que árboles y arbustos crezcan deformados, y de que en los crudos días de norte el caminante apure el paso en busca de la protección de la ladera meridional de Astobizcar, alcorzando por otro ramal intacto del camino viejo, hasta incorporarse decididamente a la carretera. Atrás queda la cota 1.300, umbral de la alta montaña, techo biológico para las hayas, "la línea que la naturaleza ha marcado para otra vegetación más fuerte", precisó Madoz, y por delante, un trecho de moderada cuesta de casi dos kilómetros hasta doblar Lepoeder, circundando el barranco Otezulo del que sube el estruendo "suavísimo, vago, casi imperceptible" (Iturralde) del arroyo que discurre por Roncesvalles, corredor de collado a collado al que hay que prestarle la debida atención porque varios eruditos, hace ya algún tiempo, se mostraron convencidos de que ahí se perpetró la emboscada contra Roldán, habiendo acomodado la topografía bélica de los cronistas del siglo IX, ceñida a la hondonada valcarlina, a los altos parajes de la ladera del Astobizcar, todo a raíz de las aventuradas impresiones de José de Moret en el siglo XVII, primero en mezclar a tan emblemática montaña en los hechos del 15 de agosto, que por hallarse en "lugar superior y muy ventajoso" los vascones esperaron en ella a los francos, tanto si partían por Valcarlos como si lo hacían subiendo a Lepoeder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos siglos después, Joseph Bedier, prestigioso romanista francés que se ocupó de Roncesvalles, no vaciló en determinar que "los vascos, escondidos en los bosques de Altobiscar, cortarían el paso a los francos que subían por el flanco de la montaña entre Ibañeta y el puerto de Lepoeder y los precipitarían al barranco (4). Nadie duda que es perfectamente posible cortarle el paso a un ejército en ese tramo de la ladera de Astobizcar, ineludible desde la prehistoria para cualquier sendero, vía romana o carretera, pero 
